AMBIVALENCIA
Por Roquel
Advertencias: Un poco de tortura.
Dedicatoria: A quienes se han tomado la molestia en opinar: Galy. Fairy Luna. Monica. Shingryu Inazuma. Shiroi Tsuki. Alexa Hiwatari, y a Navleu, que se tomo la molestia en corregir. Muchisimas gracias y aqui tenemos otro capitulo.
Aclaraciones: Ciertamente no me sé las edades de los chicos, según me han dicho, Bryan es menor que Tala. Pero en la historia estoy manejando que ambos tengan casi la misma edad, y sin querer me ha salido que Bryan sea unos meses mayor. Sus fechas de cumpleaños me las he inventado, pero si alguien se lo sabe, agradecere que me corriga.
Tala - Febrero, 04. Acuario.
Bryan - Noviembre, 13. Escorpion.
Ambivalencia: Estado de ánimo en que coexisten dos emociones o sentimientos opuestos.
YYY
CAPITULO 2
DOMINACIÓN
Aislados en completa oscuridad, atrapados en una celda húmeda, pequeña y asfixiante; castigados a pan y agua, sin más compañia que un silencio absoluto... así era la perspectiva de vivir en las mazmorras.
Bryan podía vivir en tales condiciones durante algunas semanas, meses tal vez, pues estaba acostumbrado a la vida en las calles, a la falta de comida y al frío. Tenía que estarlo si quería sobrevivir, una opresiva y sucia celda no sería la que finalmente lo haría sucumbir a los caprichos de Balcov.
Pero Yuriy no estaba acostumbrado a una vida de carencias. Robar era tan sólo un hobby, una forma de llamar la atención, pero había disfrutado de los lujos que su apellido le ofrecía. Y sólo su orgullo le impediría quejarse de su nueva situación, pues aunque fuese la paria de su familia seguía siendo un Ivanov.
Balcov sentía curiosidad de imaginar como dos chiquillos, con igual tozudes e igual desconfianza, trataban de convivir. Tenía la certeza de que aquellas dos bestezuelas se harían pedazos tan pronto sus ánimos se enfrentaran. Bastaba con encerrarlos en una misma jaula para ver como se hieren entre sí, y al final él estaría ahí para recoger los restos y disponer de ellos como quisiera.
Yuriy miró con desconfianza el lugar. Era pequeño y maloliente, iluminado únicamente por la luz del pasillo. Se abrazó a si mismo, queriendo sofocar sus temblores. Buscó un lugar para acostarse y la única cama que encontro, si es que podía llamársele cama al montón de paja que había en un rincón, estaba ocupada.
Dormir en el piso no era precisamente la mejor idea, le entraba repulsión al pensar en la suciedad del mismo, sin contar que con aquel frío insoportable bien podía convertirse en una paleta de hielo. Primero moriría antes de quejarse, por supuesto, el orgullo ante todo. Sin considerar demasiado el asunto se encamino hacia el rincón, con el estomago rugiendo de hambre.
Permaneció de pie, evaluando en silencio al chiquillo pelilavanda.
Bryan, con su fría mirada y un amago de sonrisa un tanto desafiante, observó con franco descaro al pelirrojo que tenía frente a él. Yuriy entornó los ojos, pero su rostro no mostró pizca alguna de emoción al mirarle, manteniendo su expresión neutral.
En ese breve intercambio de miradas ambos acordaron ignorarse. Yuriy se dejo caer en la paja, dandole la espalda al chico y se hizo un ovillo fingiendo dormir, pero a sus recuerdos acudía la mueca burlona de su tío y la seca indiferencia de su padre, negandole el descanso que tanto quería. Bryan regreso a su lugar, cerró los ojos y permaneció quieto, cansado pero sin sueño, pensando en los cuatro chicos que dependían de él y en la forma cómo harían para salir de ahí, aunque temía que no hubiera forma de escapar.
Balcov no volvió al día siguiente, ni al siguiente..., de hecho no le vieron en mucho tiempo. Perdieron la cuenta de los días que llevaban encerrados e incluso el día y la noche terminaron por confundirse. El baño era un pequeño cuarto apestoso que visitaban dos veces al día, acompañados por un guardia.
En ocasiones el frío hacia castañear los dientes de Yuriy y él tenía que apretar la boca para que el ruido no resonara en los muros de piedra mientras se encogía bajo el montón de paja para calentarse. Pero el frío que apuñalaba sus huesos no se comparaba con la eterna oscuridad..., una oscuridad que empezaba a causarle vertigo. El hambre logró que incluso aceptara la comida más repugnante que recibía en sus dos raciones diarias, pero tampoco tenía ganas de dar su brazo a torcer y ofrecerle una victoria a Balcov.
Para Bryan era natural sentir hambre y sentir frío, pero incluso en aquellas condiciones se hacía dificil ignorarlas, había mucho tiempo para no hacer nada. Poco importaba la suciedad o el olor, saber que se encontraba bajo tierra no ayudaba a que su situación mejorara; estaba acostumbrado a la libertad, a disfrutar del aire y del sol. Cuando las paredes empezaban a encogerse, cerraba los ojos mientras paseaba alrededor del cuarto tratando de pensar en algo que no fuera su recién descubierta claustrofobia.
Es posible que las dos semanas de encierro hubiesen hecho mella en su psique, porque las cosas empezaron a complicarse día a día, más aun cuando por las noches una estridente melodía resonaba en los altavoces del pasillo. En consecuencia cada uno tuvo reacciones distintas, un paranoico Yuriy sentía que bichos invisibles le subían por el cuerpo, mientras un Bryan al borde de la exasperación comenzo a padecer insomnio. Se ignoraban más abiertamente y aunque no hubiese razones para irritarse, la mera presencia ajena era suficiente para hacerlos sentir peor.
Cuando la comida no llegó a la hora acostumbrada ni uno ni otro pareció advertirlo, dieron vueltas en el sucio jergón, caminaron en círculos e ignoraron su creciente pánico. Después de un tiempo apenas si prestaron atención, nada era más importante que evitarse a toda cosa. Cuando finalmente notaron su ausencia, intercambiaron miradas, por primera vez en todo el tiempo que llevaban juntos. Sus paseos se redoblaron, la impaciencia creció, cada uno encontró más razones para odiar ese mundo.
En semejantes condiciones era común que la tolerancia se esfumara dando paso a una cólera que no tenía objetivo pero que bien podía estrellarse contra cualquiera. Ya no era importante preguntarse quién era el culpable, lo más urgente era encontrar quién pudiera pagarlo. Era indispensable mantener la cordura, aún cuando el rencor contra Balcov bien podía confundirse y ser dirigido hacia otra persona. Una persona más accesible, más cercana..., alguien que pudiera satisfacer los deseos de venganza.
El deselance de la situación era inevitable e incluso predecible.
Cuando Yuriy empezo a pasearse, nervioso, murmurando entre dientes una maldición para su tío, luchaba a su vez por ignorar la presencia ajena que le ponía irritable. Quería olvidar que alguien más le acompañaba, y la mejor manera era centrando sus pensamientos en algo que tuviera la fuerza suficiente para distraerle. Pero hiciera lo que hiciera el chico estaba ahí, inmóvil, moviéndose entre la paja. Un sonido que a sus oídos parecía el de mil cuchillos en una pizarra. Apuró el paso, temiendo enloquecer.
Bryan apretó los dientes y se tensó, viendo el rápido y nervioso vaiven del pelirrojo. Casi sin pensar se encontró mirandole fijamente con una intensidad abrumadora, deseando verlo explotar para que sus restos impregnaran de color aquellas paredes grises. Su violento caminar, el sonido de sus pasos, todo el ruido retorcía su interior hasta su cerebro y cada murmullo parecía un enjambre de abejas que resonaba con una fuerza atronadora. Sentía el irresistible impulso de callarle a base de golpes.
Sin pensarlo realmente, y actuando idiotamente como sólo Bryan sabía hacerlo, el chico espetó:
.- Quedate quieto, pequeña lombriz rastrera.
La voz mandona, cargada de fastidio, repleta de la rigidez de los últimos días, fue como un latigazo a los oídos de Yuriy. El pelirrojo se detuvo, más por la sorpresa de escucharle que por realmente querer obedecer, miró hacia el rincón donde la silueta del chico se escondía entre las sombras. Sintiéndose furioso, no por la situación sino a causa de toda la tensión acumulada, Yuriy dio un paso hacia él. La ira le nubló la cabeza, acabando con su tolerancia.
.- Ven y obligame.
Palabras mágicas. Bryan se levanto y en apenas un par de movimientos estuvo frente a él. Torció el gesto enfrentándose en una batalla silenciosa. Desafió los ojos agumarina, queriendo que el dueño bajara la cabeza, pidiera disculpas. Pero había algo en aquella mueca altanera que inevitablemente le recordó a Balcov y a la forma como se jactaba de su autoridad. Sintió un ramalazo de odio por el chico que tenía enfrente.
.- Eres un niñato imbecil .- le respondió con un amago de sonrisa sin pizca de humor, cada palabra teñida de odio y rencor. .- Ve a tu sitio antes de que te rompa la cara.
Yuriy entrecerro sus ojos, en una mueca mortal, con el cuerpo tenso, viendole sonreír satisfecho. Sin poder evitarlo recordó la mueca burlona de su tío. Riéndose de él, de su ingenuidad. Y pisoteando su orgullo sin esfuerzo alguno. Del corazón le brotó el mismo rencor que guardaba para su familia.
.- ¿Quién te ha dicho que puedes dar ordenes aquí, estupido? .- respondió con igual altaneria sin amilanarse ante la expresión que recibió en respuesta. .- Yo puedo hacer lo que se me dé la gana.
Y sin pensarlo en realidad empujo su hombro sin mucha convicción, un golpecillo que hizo a Bryan enfurecer, haciendo que toda prudencia fuese olvidada. No se podría decir quien ataco primero, porque lo cierto fue que ambos lanzaron golpes y esquivaron a un mismo tiempo.
Bryan sabía golpear, y Yuriy sabía esquivar. Bryan tenía la fuerza, acostumbrado desde pequeño a las peleas callejeras, Yuriy lo aventajaba en rápidez, no por nada había sido un hábil carterista.
Se detuvieron a respirar cuando Yuriy cayo al suelo, después de recibir un golpe directo al rostro. Palpando la sangre que escurría por su nariz, el pelirrojo rugió de rabia y lanzó una patada a las rodillas de Bryan. Ya en el suelo lo inmovilizo subiendose a él. Bryan aferró la mano que golpeaba su rostro, se agitó y logró darle la vuelta a la situación. Siguieron rodando, sin dejar de golpearse como si no existiera un mañana.
Estaban descargando quince dias de frustración, encierro e ira, donde la identidad del destinatario carecía de valor. Imperioso era deshacerse del sentimiento de impotencia, sin importar que lo hicieran en la persona equivocada. Sin saberlo ambos habían entrado en el juego que Balcov tuvo el cuidado de preparar para ellos. Hicieron lo que Balcov esperaba que hicieran y actuaron como marionetas en sus manos.
YYY
.- Señor, .- llamó Hensley después del saludo militar al que estaba acostumbrado.
Henry Hensley, un tipo robusto que solía atemorizar a todos por igual, había formado parte del ejercito diez años atras: Un sargento de mal genio que terminó desertando cuando sus métodos de enseñanza fueron reprimidos al ser considerados inhumanos. Fue Balcov quien lo sacó de la calle, quien le ofreció un puesto en la abadía como Jefe de Operaciones Especiales. Era el único que conocía la totalidad de tuneles bajo la abadía, además de ser el encargado en impartir los castigos, reconocidos particularmente por su crueldad.
Balcov, sumergido en sus papeles, no se molesto en levantar la cabeza para indicarle que escuchaba, bastó con agitar la mano para que el hombre continuara.
.- Me pidió que le informara en cuanto hubiera disturbios en la celda número tres de las mazmorras, señor.
.- ¿Hizo lo que le ordene, sargento?
.- Sí, señor.
.- Bien. En ese caso espere un hora, Hensley, si no se calman para entonces tiene mi autorización de reprenderlos de la forma como crea más conveniente. Si se muestran impertinentes le permito tomar el asunto en sus manos. Cuando lo considere apropiado, aviseme.
.- Sí, señor.
Jason Krause se recostó en su silla, entrelanzando ambas manos sobre su regazo.
.- Creí que llegarían al mes sin perder los estribos, .- susurró para sí, contemplando el techo con interés.
.- Y lo habrían hecho, .- respondió Balcov sin darle importancia. .- pero no tenía intención de dejarle al tiempo la rendición de ambos chiquillos.
.- Eso supuse¿cómo lo hiciste?.
.- Música todas las noches. .- alzó el rostro y esbozo una sonrisa. .- Y hace dos días ordene que se cancelaran sus raciones diarias. Con sus nervios a flor de piel sólo había que esperar.
.- Con dos chicos en una celda individual es natural que su rivalidad saliera tarde o temprano. Pero creo que te estas tomando muchas molestias.
.- Valdra la pena una vez que iniciemos con el proyecto.
Jason enarco ambas cejas.
.- Ciertamente dudo que puedas entrenarlos, pareciera que son resistentes a todo tipo de manipulación.
.- Si el encierro a pan y agua no funciona, entonces Hensley se encargara de enseñarles un poco de disciplina. Los demás vendrá como tenga que venir.
Krause sacudió la cabeza, sin poder evitar una sonrisa.
YYY
Bryan encajo muy bien el golpe que recibió en su estomago mientras trataba de apartar la mano que le aferraba por la garganta. Tenía el sabor de la sangre en su boca, pero la adrenalina fluía en sus venas intoxicando sus sentidos. Sólo tenía ganas de acabar, destrozar, pisotear...
Yuriy golpeó de nuevo al sentir que un puño acertaba su costado derecho. Había dejado de sentir el dolor, aunque cada músculo gritara por un descanso. Tampoco tenía intenciones de abandonar, sin importar cuanto tiempo hubiese transcurrido. Tenía que despedazar a quien se atrevía a burlarse de él. Inmerso en su lucha, ignoró el ruido de pasos acercándose. Lo siguiente que supo fue estaba en los brazos de un guardia.
Fue entonces que sus ojos se toparon con la mirada recia de hombre plantado en la entrada.
.- Lamento arruinar su diversión, .- espetó con firmeza, mirando a uno y a otro sin parpadear. .- pero han de saber que se prohibe pelear dentro de los limites de la abadía...
Bryan soltó un bufido y mirandole con descaro le espetó:
.- ¿Y eso tendría que importarnos?
Hensley no altero su expresión de estudiada seriedad, aún cuando sus ojos se entornaron imperceptiblemente. Miró a Bryan con interés, como si nunca hubiera visto a un chico de verdad. Entonces esbozó una tenue sonrisa, demasiado torcida para ser agradable.
.- Tu nombre.
.- ¡Pudrase en el infierno!
.- Iremos juntos entonces, mientras tanto sugiero que cuides tu lengua.
.- ¿Y si no me da la gana?
.- Entonces la lección de hoy será aprender a obedecer las reglas.
.- Prefiero quedarme aquí y morir, gracias.
.- Cuando termine contigo te aseguro que desearas tu muerte.
Y con un simple movimiento de cabeza los guardias los llevaron fuera.
Se debatieron furiosamente pero la fuerza de los guardias era superior a la suya y su energía se había ido en su pelea anterior. Subieron una escalera hasta llegar al descansillo principal. Tomaron el pasillo más alejado y continuaron en línea recta, hasta el siguiente descansillo para bajar a las cocinas. En la parte trasera había una puerta oculta que comunicaba con el exterior.
Hacía un frío aun peor que en las mazmorras, el suelo estaba cubierto de nieve y el viento te hería el rostro. Yuriy tuvo que inclinar la cabeza para soportar las rafagas que le golpeaban el cuerpo. Dieron un rodeo al edificio, pasaron junto a la bodega y después dejaron atrás a las habitaciones del personal, encaminandose hacia el muro exterior. Conforme se acercaban descubrieron un pequeño cuarto cubierto de nieve y tan fuera de la vista que habría sido imposible verlo de lejos.
Dos de los guardias entraron llevando al pelilavanda, quien luchaba freneticamente en brazos de su captor. Hensley se volvió hacia el pelirrojo, le regalo otra mueca fría e hizo una seña al hombre que lo sujetaba. De pronto el chico se vio entre la nieve, con la bota de uno de los guardias sobre su cabeza y su piel siendo lacerada por el frío.
Cuando trató de levantarse fue pateado y pisoteado, pero se mantuvo en silencio aunque la cabeza amenazaba con estallarle. Lucho valientemente, recibiendo a cambio puñetazos y puntapies. El mundo amenazaba con perderse si eso continuaba y no queriendo empeorarlo, permaneció quieto con el corazón latiendo violentamente.
.- Me parece que tenemos a un chico listo aquí, .- escuchó decir.
Yuriy notó que el rubor le subía al rostro a causa de la furia. Lo que vino después fue un largo sermón sobre obediencia, sumisión y aprendizaje, en cada frase especialmente importante la bota que lo mantenía incrustado en el piso aumentaba su fuerza. Yuriy mordió las quejas para evitar humillarse, pero no por eso dejaba de sentir que el cuerpo entero resentía aquel trato.
Un par de botas entraron en su campo de visión y permanecieron ahí.
.- Es bastante sencillo de aprender, .- añadió Hensley con seriedad. .- si obedeces no habrá necesidad de ser herido.
Yuriy apretó los labios con terquedad, decidido a no dejarse intimidar. Hubo un brusco movimiento antes de que el dolor le hiciera gritar, era como si la piel de su brazo izquierdo estuviera desgarrandose desde el codo hasta la muñeca. Se dio cuenta de que algo caliente y vizcoso resbalaba por sus dedos. Yuriy gritó de nuevo cuando esa misma sensación se repitió en su brazo derecho. Su piel desgarrandose, quemando...
.- Eso te recordara que ahora perteneces a Balcov.
Yuriy le ignoró..., ignoró a todos menos al dolor y entonces los maldijo con un vocabulario nada propio de un chiquillo. Una mano ajena se enredo en su cabello y tiró hacia atrás con tal fueza que el pelirrojo no pudo evitar otro grito e incluso un gemido. Vio de cerca los ojos oscuros de Hensley, que rebozaban autoridad y peligro, entonces su cabeza fue a estrellarse con el piso.
.- Un buen chico jamás grita. .- fue la afirmación
Las únicas palabras que acudieron a la mente de Yuriy fueron:
.- ¡Pudrase en el infierno!
Escuchó que alguien chasqueaba la lengua en señal desaprobatoria. Le llovieron golpes y patadas. Yuriy reaccionó por instinto al encogerse y cubrir su cabeza. Lo último que supo fue que la nieve se teñia con su sangre y que por fin dejaba de tener frío. Sólo existía la oscuridad.
Bryan intento levantar la cabeza cuando escucho que la puerta se abría sin ver a quienes entraban. Había sido atado a una especie de tronco que lo mantenía arrodillado, limitando sus movimentos de tal forma que no podía liberarse de ninguna forma. Una mordaza amortiguaba toda palabra insolente que intentara escapar. Le habían despojado de su camisa e incluso lo habían bañado con agua helada. Decir que se estaba muriendo de frío era nada. Hensley dio la vuelta y se puso frente a él, esbozando la misma leve sonrisa que antes le viera.
.- Tienes que aprender modales, .- repuso Hensley con ligereza. .- aquí no aceptamos chiquillos impertinentes. Tampoco toleramos la estupidez o el fracaso. Y te equivocas si crees que puedes imponer tu voluntad.
Bryan soltó un resoplido mordaz, que fue perfectamente audible. Hensley hizo una seña con la mano, pero desde la posición de Bryan nada podía verse. Sólo escucho pasos, y uno que otro ruido metalico. Hensley vino a sentarse en un pequeño banco que había frente a Bryan.
.- Se te permite vivir aquí y a cambio entregaras tu lealtad incondicional. La lección de hoy sera para vigilar lo que sale de tu pequeña boca.
Se escuchó un estallido e inmediatamente después Bryan gritó al sentir sobre su piel una descarga de dolor que lo pilló desprevenido. Casi no tuvo tiempo para conectar ideas cuando el siguiente latigazo cruzo su espalda de lado a lado, con la misma fuerza que el anterior. Un tercero, un cuarto..., el noveno dejo zumbando su cabeza de pura agonía.
.- Te enseñare por qué bajaras la cabeza ante tus superiores y por qué obedeceras cada orden como si de ella dependiera tu vida. Esta abadía será todo tu mundo y daras lo mejor para ella. De lo contrario tu y yo nos veremos de nuevo. Y entonces te hare conocer el verdadero dolor. Escucha tus gritos, aprende de ellos.
Bryan perdió toda visión del mundo en el mismo instante en que el latigo volvió a tocar su piel. Sólo era consciente del dolor que resonaba en cada fibra de su ser y de su propia humillación a manos de ese hombre. Pero tampoco podía ahogar sus gritos, porque ellos le mantenían vivo, porque sólo así podía mantenerse cuerdo.
Uno tras otro los golpes rasgaron el aire antes de estrellarse contra su piel desnuda. Y una y otra vez se detenían para hacerle consciente de la magnitud de su dolor. El olor a sangre se esparció por el aire y los gritos, amortiguados por la mordaza, resonaron através de los muros y se perdieron entre la nieve.
Una eternidad después todo cesó, Bryan cayó desmadejado, con el cuerpo débil y la respiración entrecortada, incapaz de hilvanar pensamientos coherentes. Dolor, puro dolor. Hensley no sonreía, en su rostro había decisión y dureza como aquel que ha olvidado lo que es sentir compasión.
.- Recordaras este día cada vez que te den ganas de comportarte estupidamente.
Aún con el velo que cubría sus ojos, Bryan entrevio un largo fierro con la punta de un rojo intenso. Pero tampoco tenía ganas de pensar en eso. Quería sumirse en su agonía y dejar que todo pasara. Ni siquiera prestó atención cuando Hensley se levantó. Fue un breve respiro antes de que Bryan sintiese un dolor agudo que le arranco un grito desde lo más hondo de sus entrañas. Un grito que resonaría en sus oídos aún en el silencio de la noche.
El dolor penetró por su espalda con la fuerza de un rayo y se extendió por su cuerpo a una velocidad pasmosa, hasta cubrir cada fibra de su ser. Y creció hasta volverse insoportable, sobreponiéndose a cualquier pensamiento, quemando y despedazando su cuerpo...
Esa agonía le hizo desmayarse.
Fuera nevaba. Una helada brisa soplaba desde el norte, barriendo la ciudad en un ritual cotidiano. Peatones que se arrebujan entre sus abrigos para mantener el débil calor de sus cuerpos. Niños que suben los escalones de dos en dos acudiendo al llamado de sus Madres. Padres que llegan a casa después de un dificil día de trabajo. Personas en cuyas vidas no hay tiempo para pensar en huerfanos.
El misterio de la abadía se extiende más allá de sus muros. Dentro resuenan los pasos de los chicos que se dirigen a cenar, pequeñas voces que se acoplan al silencio para después desaparecer...
Decenas de vidas que dependen de una sola persona.
YYY
.- Debo felicitarte, veo que lograste domar a tus cachorros.
Balcov sonrió torcidamente, sin tomarse la molestia en mirar al recién llegado.
.- Sus heridas aún sangran, Krause.
.- Lo que digas, ahora que tus dos fierecillas no tienen fuerza para oponerse a nada, se han incorporado a la vida de la abadía con bastante rápidez. Ha pasado una semana sin incidentes.
.- Bien sabes que aquella pasividad acabara tarde o temprano.
.- Diría que ellos inclinaron la cabeza y ahora saben a que atenerse.
.- En realidad aprendieron a ser parte de un sistema que detestan, pero en cualquier momento pueden explotar. Mira esto: Aquí, .- señalo la pantalla de la izquierda, donde Yuriy aprendía los principios básicos de un beyblade. .- tenemos polvora..., y aquí, .- mostró la pantalla dos lugares más abajo donde Bryan tomaba su clase de lectura, .- tenemos fuego.
.- ¿Bomba de tiempo?
.- Sería divertido que así lo fuera.
.- ¿Tienes algo en mente?.
.- Han estado ignorandose desde que salieron de la celda, sabes por qué.
.- Mmhum..., porque se mostraron débiles el uno con el otro, porque son rivales a muerte y porque creen que se odian, cuando en realidad su orgullo herido les impide ver que tú eres el enemigo, y que sólo estan odiando al chico que representa su desprecio por ti.
.- Tal vez es tiempo de que sus antipatias vuelvan.
Jason no prestó atención mientras releía las carpetas que traía bajo el brazo.
.- Harás que pelen para mantenerlos bajo control, .- murmuro distraídamente .- es un buen truco. Por ciert, Balcov..., lamento decirte que las pruebas con las bestias bit fallaron de nuevo.
Eso logró arrancar a Balcov de sus contemplaciones.
.- Creí que habías estabilizado su nivel de energía.
.- Y lo hice..., pero Wolborg y Falborg se salieron de control. Tuvimos que detener el proyecto o habrían destruido la mitad del laboratorio.
.- ¿En dónde estuvo el fallo?
.- Todavía no lo encuentro.
.- Entonces comienza a buscarlo.
Krause cabeceó, sin apartar la atención de sus notas.
.- El Tala prototipo 00, murió ayer. Paro cardiaco. .- respondió a la silenciosa pregunta. .- Elnúmero12 comienza a padecer insuficiencia renal, es posible que no llegue a fin de mes. En cuanto al09 sufre de crisis nerviosas, lo mantendremos en estudio y a final de mes lo daremos de baja. Los demás siguen en observación, aunque no hay forma de que lleguen a buen termino.Ushakov ha empezado a trabajar en el siguiente candidato de tu lista.
Balcov torció el gesto.
.- Voltaire vendrá la próxima semana¿qué tenemos sobre su nieto?
.- Hum..., el avance de Kai es notable. Tiene un talento natural, ha mejorado bastante desde que llego. Sin embargo, no logra acoplarse con la replica que tenemos de Dranzer, si al menos pudieramos...
.- El anciano jamás entregara la reliquia familiar, olvidalo, Krause. Tienes suerte de poder contar una replica.
.- Si, bueno..., la energía de Dranzer disminuyo considerablemente después de la última prueba, así que estamos tratando de contrarrestar el efecto.
.- Bien, envía el informe a mi oficina. Tengo que ver a Ushakov en la enfermeria.
Jason levantó la cabeza, con el entrecejo fruncido.
.- ¿Por qué?
.- Revisión de rutina. Yuriy debe cambiar sus vendajes y Bryan necesita que limpien sus heridas.
Krause compuso una expresión entre divertida y exasperada.
.- Vas enloquecer a esos niños, apareciendo siempre que tengan que estar juntos.
Balcov amplió su sonrisa.
.- Cada quien elige a quien quiere odiar.
YYY
De colores grises, la enfermería contaba con veinte camas individuales, todas ellas puestas a una distancia prudencial, sin cortinas o paredes que cubrieran la intimidad de los pacientes; al fondo un par de puertas conducían a un consultorio privado. Era, sin duda alguna, un lugar agradable: Temperatura medianamente aceptable, sin importar el olor a medicina. Y con excepción de los guardias apostados en la entrada, resultaba perfecto para meditar en silencio.
Yuriy cruzo las puertas sin tomarse la molestia de tocar e inmediatamente sus ojos se encontraron con las orbes lavanda. Y como siempre sucedía, un peligroso rencor golpeó su estomago.
.- Hum...¿día dificil?
Como Yuriy no tenía nada que decirle a ese hombre, apartó la vista al reconocer la voz. Oscura, con un deje de burla en ella, pero fría en esencia y terriblemente mordaz. Había alguien más con él, reconoció al notar el sonido de otro par de pisadas; se apoyo en la pared, sin dejar de mirar el suelo.
.- El primero. .- escucharon decir y sin palabras Yuriy se adelanto.
Avdotya Ushakov, además de ser una laboratorista especializada en los Proyectos de Biogenetica, era la doctora a cargo de la enfermería. Siendo la única mujer que vivía en la abadía, era de esperarse que la gentileza no fuera su mejor cualidad. Esbelta y hermosa, con un bello aire de insensibilidad, era la mejor en su trabajo sin que por ello mostrara preocupación por sus pacientes.
Ushakov cambio los vendajes de Yuriy. Sus brazos mostraban la piel extremadamente rojiza y frágil, llena de pustulas sangrantes, desde el codo hasta la muñeca. Cuando los metió en agua fría el pelirrojo apretó los dientes temiendo que el dolor jamás desapareciera. Se despojo de su camisa y dejo ver su torso repleto de moretones, también tenía el labio partido y algunas raspaduras; pero no profirió ni una queja cuando la mujer los toqueteo uno a uno. Cuando terminaron de vendarle nuevamente las heridas, se apartó de la mesa sin que en ningun momento su mirada se fijara en Bryan.
Balcov observaba la escena con obvio deleite y les hizo saber que estaban recibiendo un trato especial, cosa que a ninguno de los dos le importo. A Bryan poco le importaba lo que aquel hombre tuviera que decirle; su vista continuó fija en el pelirrojo, como si con ella pudiera herirle.
Fue el turno de Bryan para despojarse de su camisa. Las cicatrices seguían abiertas y dolían como los mil infiernos pero no permitía que ningún otro signo de debilidad se hiciera presente. Gritar había sido suficiente para sentirse humillado. Bryan mantuvo su expresión neutra mientras aplicaban antiseptico a sus heridas, pero cuando los dedos de la mujer rozaron la parte baja de su espalda se mordió la lengua para evitar el grito que amenazaba con desgarrarle la garganta. Una huella rojiza en su piel, resultado de haberla marcado como si fuera ganado, que permanecería de por vida en su cuerpo.
El recuerdo de que todo descaro podía llevarte a la muerte.
Balcov los acompaño de vuelta a sus dormitorios, complacido al ver que ambos había perdido el interes en debatir sus ordenes. En ningun momento mostraron petulacia o rebeldía, de hecho permitieron que Balcov dispusiera de sus vidas. Su rencor se habían esfumado dejando un vacío repleto de heridas. En el pasado habrían gritado, saltado y mordido, pero ese odio se había vuelto contra aquel que les vio padecer y sufrir.
El orgullo no puede soportar mostrar debilidad ante nadie.
Yuriy se alejo con dirección a su dormitorio sin preocuparse por la fija mirada que tenía sobre su espalda. Una mirada incendiaria que hubiera sido capaz de fundir a cualquier trozo de hielo, pero que a él no le causaba ni siquiera temor.
Continuara.
n/a
Eh, actualice rápido y eso es porque los capitulos son cortos, ya tenía más de la mitad, y porque me apuro antes de entrar de nuevo a la uni. Así que mientras subo éste capitulo me pongo con el resto de las historias. Je.
Balcov es perverso..., y tiene una mentalidad algo retorcida, si bien creo que su manera de manipular a los chicos va más allá de castigos fisicos. Tanto Bryan como Yuriy poseen un orgullo gigantezco, aunque distintos de cierta forma. Uno fue criado en completa libertad, y el otro sólo conoció el desprecio de su propia familia; así que mientras que Bryan detesta la autoridad y no se rige bajo ningún codigo, Yuriy desprecia a quienes le subestimen y le reten.
Para Balcov la mejor manera de dominarlos es atentando contra ese orgullo. Y una buena ofensiva es ponerlos uno contra otro. Bryan golpea y Yuriy reacciona; desgastan sus fuerzas e ignoran a su enemigo en común. Pero claro, eso es el principio.
Cualquier duda, aclaracion o sugerencia es bienvenida. Gracias. Hasta el proximo capitulo.
