Me quedé así por un rato. Parada frente a la ventana con la cabeza pegada al vidrio. Miré con expresión aburrida el caos del Geo-Frente, ahora reducido a cenizas. Escombros sueltos aquí y allá, incluso vi un brazo del EVA 01 clavado en el lago, y a su lado la Unidad 00, desecha.
Volví a la cama y me acosté con los brazos detrás de la cabeza. Miré el techo demasiado blanco de la habitación. Alguna vez escuché a Shinji hablar con Misato sobre lo perturbado que se sentía en estas habitaciones de este hospital. Tiene razón. Es imposible no sentirse atrapado, todo es demasiado blanco, el silencio es infinito y las cosas apestan a hospital.
La enfermera entró con una bandeja de pastillas y jeringas. Era una muchacha joven vestida con una bata blanca. Me sonrió con calidez y me hizo un ademán de que me sentara. La miré con el único ojo bueno que tengo mientras hacía su trabajo. Las pastillas saben bastante mal y algunas de las inyecciones duelen al principio, sobre todo la amarilla, que además pica después de un rato. Con otra sonrisa se despidió y salió dando pequeños pasitos también demasiado blancos. Apenas salió sentí ganas de dormir. Me acosté enrollada en las sábanas y dormí por varias horas.
Me despertó el olor del cigarro de Misato. Estaba sentada junto a la ventana con su chaqueta roja, mirando a lo lejos. El aire frío del exterior no me gusta.
—Tira el cigarro. Cierra la ventana— Misato sonrió y lanzó el cigarro aún encendido. Se acercó hacia mí pero la detuve.
—No has cerrado la ventana—. Después de cerrarla se sentó a mi lado, al borde de la cama.
—¿Estás bien?— Me acarició el pelo, yo asentí con la cabeza.
—¿Cómo están Shinji y la Niña?
—Están bien. Shinji está en casa. A Rei no la he visto pero sé que no fue nada serio ¿Y tu ojo cómo está?
—Ya no me duele tanto, creo que está mejor— Misato me sonrió otra vez —¿Quieres irte de aquí? Según los médicos ya estás bien—
—Sí, pero debo quedarme hasta mañana.
—Yo arreglo eso— Me guiñó el ojo y salió del cuarto. Volví a acostarme, pero no me dormí. Vi el reloj, eran las 3 de la tarde. Desde la ventana se tiene una vista panorámica del Geo-Frente, a lo lejos se puede ver el agujero gigante en su techo con forma de cúpula. Pocos son los rayos de luz logran llegar a esta profundidad, sin embargo.
Vi un poco de televisión y me comí el almuerzo, que no había visto hasta ahora. Después de comer me empecé a sentir un poco mejor y me levanté de la cama. Pasaron cerca de dos horas hasta que Misato volvió. Entró con una sonrisa triunfal y me dijo que ya podíamos irnos. Después de empacar lo poco que tenía para llevarme, nos fuimos en su carro. Estuvimos unos 15 minutos en el ascensor de carga y luego subimos a la superficie. El día estaba nublado y unos pocos copos de nieve caían esporádicamente y se derretían sobre las ventanas. A pesar de todo, no hizo demasiado frío.
Es un largo trecho desde el hospital hasta la casa de Misato y en el camino pasamos por las zonas más reconocibles de Tokio-3; la parte suburbana, el epicentro comercial, la bahía y los rascacielos. Noté especialmente la escasez de personas en las calles. Misato tuvo que tomar rutas alternas varias veces por las calles cerradas debido al agujero en el Geo-Frente. Cintas amarillas y cercos policiacos impedían el paso.
Luego de 40 minutos llegamos a su casa. Ella estacionó el carro y yo subí sin esperarla. Toqué el timbre y Shinji me recibió. Se veía ileso excepto por un par de golpes y suturas. Lo saludé entre dientes y me fui directo al baño. Olí comida al pasar por la cocina y vi a Pen-Pen cerca del televisor. Al entrar me quité toda la ropa y me paré desnuda frente al espejo. Las enfermeras me dijeron que me dejara la venda del ojo al menos un día más pero me la quité de todos modos. Está un poco rojo y tengo un corte desde la ceja hasta el pómulo. Entré en la ducha y no hice más nada que mojarme por unos minutos. Vi un poco de sangre seca irse con el agua. Tardé un largo rato en limpiarme y quitarme el olor a LCL de encima. Al salir estaba exhausta. Me vestí con lo primero que vi y fui a la mesa. Shinji y Misato ya habían empezado a comer, había arroz y un poco de pescado, y algún jugo amarillo. Comimos en silencio. Misato, que es la que suele inventar temas de conversación, sólo miraba su comida y Shinji estuvo cohibido todo el tiempo.
Después de comer me cepillé e hice la cama para dormir, pero decidí ver televisión antes. En la sala estaba Shinji sentado en el mueble, leyendo un libro. Me senté a su lado y divagué sin rumbo por los canales. Estaba bastante aburrida. Shinji, sin embargo, parecía divertirse bastante. El libro fino y pequeño, y tenía un gran pez con un anzuelo en la boca en la portada.
—¿Qué lees?— Recliné la cabeza hacia atrás con molestia.
—El viejo y el mar.
—¿Y sobre qué es?— pregunté.
—Un viejo y el mar— me dijo con una media sonrisa. Yo lo miré con ironía —Es sobre un viejo pescador que lleva muchos días sin conseguir un pez. Es también sobre un joven al que el viejo enseñó a pescar—.
—¿Aquí en Japón?
—No. En Cuba.
—¿Y por qué lees sobre un viejo pescador cubano? Tú eres joven, estudias y vives en Japón.
—Es un buen libro— me dijo en voz baja, como apenado.
—¿Pero qué sentido tiene leer sobre cosas que nunca has hecho?— le pregunté, irritada por su actitud.
—No puedes leer únicamente sobre lo que haces. Eso sí que no tendría sentido— Lo miré con expresión de que sólo habla tonterías —Si hiciera lo que tú dices, leería lo mismo todo el tiempo— A la vez que dijo eso sonó el timbre —Idiota— le dije levantándome a atender. Me paré frente a la puerta y observé por la mirilla. Del otro lado estaba Rei, vestida con un su uniforme colegial y con un bolso en la espalda.
—¿Qué haces aquí?— le pregunté apenas abrí la puerta.
—El piloto Ikari me pidió que me alojara aquí— Le cerré la puerta en la cara y volví a la sala.
—Shinji ¿Tú invitaste a la Niña a que viniera a esta hora?
—Sí ¿Está ahí?— Se levantó y corrió hacia la puerta. Fui a la cocina a buscar agua. Misato pasó buscando algo de tomar.
—¿Tú sabías que ella venía?— le pregunté.
—Sí. Shinji me había dicho— respondió dándole un sorbo a la cerveza.
—¿Y te parece bien?— Me miró con cara de indiferencia y se fue. Antes de irme a dormir vi que Rei dejó el bolso al lado del mueble y sacó algunos libros. Cuando entré a mi cuarto los escuché hablar sobre ése cuento de Shinji.
En la mañana, me despertó el mismo rayo de luz que cae justo en mi cara cada vez que duermo de este lado de la cama. Esperé unos minutos a que Misato saliera y después entré a bañarme. Shinji preparó desayuno para los tres, y también para Rei, que durmió aquí.
—¿Por qué se quedó aquí?
—Con todo lo que sucedió la última vez destruyeron la mitad del edificio en el que Rei vive. Fue tu culpa— Casi me reí —Así que Shinji le dijo que se quedara aquí. Al menos hasta Enero cuando la reubiquen—.
Estuvieron hablando todo el camino al colegio. Los adelanté y subí al tren antes. Ellos subieron a un vagón contiguo al mío y también los vi hablar durante el trayecto. Era una mañana fría así que llevamos guantes y bufanda. Podía ver mi aliento cuando respiraba. Al llegar, abrí mi casillero y un río de cartas de amor salieron de él, rosadas y con flores y tonterías. Saqué violentamente las que quedaron adentro y tomé los libros necesarios para las clases que tenía hasta el almuerzo.
La clase de Historia fue infinita y la de Física fue peor. Me senté al lado de una ventana y miré a lo lejos esperando que el reloj corriera más rápido mientras lo hacía. Cerca del mediodía salimos a comer. Al ver cuanta comida tenía decidí que compraría algo adicional. Me senté al lado de Hikari en una esquina del comedor.
—¿Qué te pasó?— Mi miró preocupada al ver las cortadas del ojo y los brazos.
—No es nada. Estoy bien— le respondí sin mirarla.
—¿Estás segura? Fue bastante feo la última vez. Las paredes del refugio temblaron como nunca— Le asentí con frialdad y seguí comiendo. Durante todo el descanso no pude dejar de mirar la mesa de Shinji y Rei. Es lo más que la he visto hablar desde que la conozco ¿Qué se traen esos dos?
El resto de las clases del día fueron igual de inútiles para mi intelecto. Ya en la tarde, antes de irme, subí al techo. Como el colegio queda en una especie de colina (es ligeramente más alto que el resto de la zona), la ciudad se ve bastante bien desde ahí. Miré los edificios lejanos de la parte administrativa de la ciudad, envueltos en esa neblina triste que parece rodear todas las cosas distantes. Puse un brazo sobre la reja de seguridad y apoyé la frente sobre él. Me quedé quieta.
Varios minutos después escuché pisadas detrás de mí. Era Mari Mikanami, la odiosa piloto del Plugsuit rosado, vestida con su ropa de siempre y sus lentes rojos.
—¿Qué haces aquí?— le pregunté.
—¿Qué haces tú aquí?— Me preguntó ella a mí. Mujer insolente —Yo también vengo aquí a pasar el rato— Miró a lo lejos —O cuando Shinji habla con Rei y no me presta atención— Me guiñó el ojo con una sonrisa. Yo me sobresalté un poco —No sé de qué hablas— Sonrió aún más y se sentó en el suelo cerca de mí.
—Ése edificio me gusta ¿Lo ves? El que es más delgado y alto que los otros ¿Cuál es ése?— me preguntó señalándolo.
—El Banco de Tokio— Volvió sonreír, esta vez sin sorna.
—Ése corte en el ojo se ve bastante feo.
—Estoy bien— Volví a la misma posición en la que estaba antes, pero empecé a tener ganas de irme.
—Si te sientes mal puedes venir conmigo— me dijo acostándose en el piso. No le presté atención y me fui. Ella rio.
Volví al apartamento de Misato una hora antes de que se pusiera el Sol. No conseguí a nadie. Sólo Pen-Pen. Es curioso, porque desde el techo vi a Shinji y Rei salir del colegio. No le presté atención y me di un baño.
