Madge cerró los ojos y dejó que su mente volara ¿Que estarían haciendo en el distrito? Probablemente nada hubiera cambiado. Su padre estaría haciendo la misma faena de siempre. Su madre seguiría inconsciente o adormilada en la cama. Katniss estaría de caza, o en casa, junto a Prim. Gale estaría haciendo lo mismo que ella.
Sintió como temblaba ligeramente. Cerró los ojos con más fuerza. Entre la tempestad de emociones que hervía en su sangre, una sola palabra retumbaba por su cuerpo. Por su mente. Por su corazón. Como un relámpago que la atravesaba de arriba abajo. Una palabra cruel. La explusó. Pero la palabra siguió resonando en su cerebro. Volvió a rechazarla. El dolor que ahora le producía esa palabra era demasiado grande. Intentó perderse en las imágenes de lo acontecido ese fatídico día… Prim… Andrew… El sacrificio… El dolor… la esperanza… Pero la palabra seguía resonando… en el caos de sus pensamientos. Grabada tan profundamente que le dolía hasta la sangre imaginaria que sentía derramar.
Gale
Los ojos le dolían, propensos a las lágrimas, cuando pensaba en que nunca podría volver a ver a Gale.
Y lo peor de todo, que aunque viviera el no la amaría.
A parte de eso, sentía verdadero terror por lo que se avecinaba. Le esperaba la muerte. Ella no sabía hacer nada. Tendría que aprovechar al máximo su entrenamiento.
Conocía perfectamente el funcionamiento de los juegos, y eso podía ser una gran ventaja. Había tenido la oportunidad de conocer a cantidad de tributos. Como máximo dieciséis, claro, pero no recordaba haber conocido ningún tributo con uno o dos años. Solo recordaba que cada vencedor tenía una manera diferente de afrontarlo.
Más bien dicho cada distrito tenía una manera diferente de afrontarlo.
Los tributos del distrito 1, 2 y 4 solían estar orgullosos de su victoria. Sobre todo los del 1 y 2. Aunque siempre había excepciones, como Annie Cresta. Pobre chica. Johanna Mason también le había parecido una vencedora extraña. Igual que el resto de vencedores de distritos ajenos a los profesionales.
Pensó en Andrew Mellark, ¿Qué debía pensar de ella? ¿La mataría? Por supuesto que no iba a perdonarle la existencia. Cuando eras escogido en los juegos del hambre, ya no importaban la moral, la ética, los sentimientos, la razón… no. Cuando llegabas a los juegos, solo tenías que ganar. Y todos lo sabían.
Se despegó el sinsajo del vestido por vigésimo quinta vez. Ojalá Maysilee guie mis pasos, pensó. Ojalá este sinsajo me dé suerte, porque desde luego a su primera portadora no se la dio, meditó mientras le daba vueltas en su palma. Fregó las sabanas con la mano. Eran tan suaves. Siempre había pensado que vivía en unas condiciones comparables al capitolio, hasta que entró en el tren. Todo era tan ridículamente lujoso.
Effie llamó a su puerta con insistencia, y tuvo que ponerse en marcha. Se quitó el vestido blanco y se puso otro azul claro. Sin embargo, conservó el sinsajo pegado a la tela, cerca del corazón.
Cuando llegó a la mesa, inmediatamente se le hizo la boca agua. Quizás fuera la hija del alcalde, pero jamás había visto tal cantidad de comida, de tantos colores, texturas y olores. Se sentó junto a Andrew, que parecía tan obnubilado como ella. Effie exclamó.
—¡Podéis comer tanto como queráis!
Porque pronto estaréis muertos, pensó inmediatamente Madge. Cogió un trozo de pan. Incluso el pan parecía más tierno siendo del capitolio. Incluso el agua parecía más limpia allí. Se llevó un trozo a la boca. Estaba delicioso. Le dieron ganas de probar todos y cada uno de los platos, pero se contuvo y empezó a tomarse un plato de sopa. Por el rabillo del ojo vio como Andrew se ponía todo lo que le cabía en el plato, pero aun así comía con delicadeza.
Effie Trinket los miraba, orgullosa. Le encantaban los tributos de ese año. Rubios, con ojos azules, facciones finas y hermosas. Educados. Modestos. Sabían comer con cubiertos. No eran para nada como los críos de la veta anteriores. Al fin le habían tocado unos tributos decentes. Se preguntó que tendría el estilista preparado para ellos. Tenían que aparentar espectaculares. Por primera vez, Effie deseó de verdad que ganaran los juegos.
La cena transcurrió tranquilamente, aunque las entrañas de los tributos anduvieran autodestruyéndose. Madge tenía los nervios de punta, cualquier movimiento que hacía Andrew le parecía una amenaza. Andrew, por su parte, solo planificaba estrategias para sobrevivir. Para conseguir patrocinadores y ser el tributo más popular. Enorgullecer a su madre. Sus hermanos. Su padre. Ser el orgullo del distrito.
Entonces Haymitch entró al vagón restaurante. Apestaba a bebida. Madge aguantó la respiración, arrugando la nariz involuntariamente. Sentía miedo por saber que ese borracho tendría que guiarlos dentro y fuera de la arena. Sentía hasta arcadas.
Haymitch observó a Madge, con su nariz arrugada y su expresión de desasosiego. Podía ver el miedo enterrado en el fondo de sus ojos, luchando por ser ocultado. Le recordó tanto a Maysilee. Ella era igual a Maysilee. Hasta llevaba un sinsajo pegado al vestido. Era ella. Sintió como casi se trasladaba al año del vasallaje. Él era el muchacho sentado junto a la chica rubia, y no el hijo del panadero. Estaba sentado con otros tres tributos más, sufriendo una lenta y dolorosa muerte. Sintiendo la arena del reloj en medio de su cabeza, haciéndole casi perder la razón.
La voz de Effie, indicándole que se sentara lo despertó, pero ni por asomo lo condujo al presente. Todavía sentía la arena encima de su cráneo, aplastando su cerebro con el peso de veinticuatro años de tortura. Solo el alcohol parecía aminorar el peso en sus hombros. Ocultar esa carga del cual nadie podría librarle.
Madge y Andrew miraron a su mentor con ojos exasperados. El tenía que guiarlos, y sin embargo no se podía ni tener en pie más de quince minutos. Madge tenía ganas de gritarle, pero no lo hizo. Tenía la sensación de que no podía hacerlo. Sería contraproducente. Así que lo siguió mirando, esperando a un milagro.
Haymitch miró a Madge con más detenimiento. No era igual que Maysilee, pero pequeños rasgos la hacían parecer su hermana. Esas ligeras pecas. Ese cabello ondulado, con algún que otro mechón rebelde enzarzado en su frente. Un rostro dulce. Una nariz respingona. Unos labios pequeños. Unos ojos azules grandes y aterrorizados. Con las pupilas contraídas del pánico. Agitados. Llorosos. Le dieron lástima.
Madge por su parte observó al borracho de su mentor. Había sido un hombre apuesto, sin duda. Cabello oscuro y frondoso, aunque eternamente despeinado y encrespado. Piel olivácea, nativo de la veta, sin duda. Un torso delgado, pero poco firme. Hombros tensos. Barbilla bastante prominente, pero aparte de eso un rostro bien proporcionado, aunque envejecido antes de tiempo y marcado por la tragedia. Ojos grises y ojerosos. Turbios, atormentados. Incluso tristes. Fijados en ella. Sintió un escalofrío muy desagradable.
Andrew y Effie los observaron extrañados. Effie entendió al instante el motivo de sus miradas, pero Andrew se quedó confuso. Supuso que se conocían, pero no creyó que mantuvieran algún tipo de amistad. No creía a nadie capaz de ser amigo de Haymitch.
Un avox pasó a recoger sus platos vacíos. Madge despertó del trance, y miró a Haymitch de nuevo, pero esta vez se enfadó de verdad. Andrew admiró asombrado como esta fruncía el seño y se preparaba para soltarle un gran sermón. Sin embargo, Madge respiró hondo y solo dijo.
—¿Tienes algún plan para nosotros?
A Haymitch no le pilló por sorpresa. Todos los años igual. Por muy educados que parecieran ser, todos los tributos acababan haciendo la misma pregunta. A veces disfrazada, pero otras no. Al no encontrar respuesta, Madge lo miró todavía más enfadada, y decidió marcharse a su cuarto. Volaba sola. Effie observó la escena e intentó arreglarlo como pudo.
—Espera querida, ¿no quieres ver las cosechas?
Madge escuchó la irritante voz de Effie y se le ocurrieron dos respuestas. Una respuesta adecuada y correcta, aunque falsa, y la verdadera respuesta. Al diablo, voy a morir de todas formas, se dijo. Habló mientras se marchaba.
—Ya les veré las caras cuando vengan a matarme.
N/A: ¡Hola a todos/as! He aquí el segundo capítulo. Siento la tardanza, pero he estado de viaje unos días. Espero que os guste el desarrollo de la historia, y perdonad si no es cronológicamente exacta. Hace tiempo que no releo los juegos y no me acuerdo de cómo iba exactamente. Si encontráis algún fallo, no dudéis en hacérmelo saber con una review o mensaje privado.
Gracias a Andrix Mellark y a Andy por sus reviews, y a los demás por los favs y las alertas ¡nos vemos en el próximo capítulo!
