Hace tanto tiempo que no salía hace el exterior que había olvidado cómo se sentía la lluvia.

Múltiples gotas impactaban con su rostro, bañando su piel en una débil capa de agua la cual le daba la bienvenida a su nueva y desconocida libertad. Pronto decidió colocarse el gorro de aquella chaqueta, protegiendo así parcialmente su cabeza, aunque sus piernas ya estuvieran todas empapadas.

No sabía lo que tenía que hacer a continuación. No sabía qué es lo que sentía en ese preciso momento.

Lentamente, descubrió lo que tenía guardado entre sus manos, el último regalo de Mako: una conocida llave unida a un hilo a modo de collar, y dos papeles. Uno tenía grabado la palabra "lo siento", y el otro parecía ser una dirección, adjuntado al nombre "Korra". No era estúpida. Con esta lluvia tenía que seguir esa única pista que le había sido entregada.

Apretando los papeles en sus manos, protegió más el delicado bulto que tenía entre sus brazos y exhaló cansada. Ni siquiera sabía por dónde empezar. Había pasado demasiado tiempo, las cosas habían cambiado y aun así sentía como que aún estaba en el laboratorio, sin tener control de absolutamente nada.

De pronto, una chispa amarilla cayó a sus pies. Enseguida, más de ellas fueron estallando a su alrededor, como si se tratara de pequeños, bellos e indefensos fuegos artificiales, los cuales venían con su propia banda sonora. Ella giró lentamente, queriendo buscar la fuente de aquel nuevo mundo que la llamaba con tanto magnetismo y ahí, al frente de la calle la reconoció: era la misma exótica muchacha que había visto a través del ventanal, la cual venía cantando despreocupada bajo la lluvia, con la misma aplastante felicidad.

Estaba maravillada. Era demasiado color y vida para sus ojos. No hubiera querido apartar jamás su vista de ella hasta que notó como ésta de pronto se detuvo, acción que también detuvo la música y las pequeñas brillantes chispas que salían de su cuerpo. Observó como aquella mujer retrocedió unos pasos, apretó más su bolso contra su pecho, y enseguida se echó a correr, alejándose de ella.

Como muchas cosas, ni siquiera se lo cuestionó y de inmediato se puso a correr - con cierta torpeza - detrás de esta colorida mujer.

Desde otra perspectiva Korra estaba aterrada. Pensó en la huida como un último y exitoso recurso que le había jugado en contra, ya que aquella intimidante figura de inmediato se había puesto a seguirla, quitándole la poca cordura que le quedaba, para activar su instinto de supervivencia. Corrió como una loca hasta que llegó hasta el antiguo edificio en el cual vivía, abrió la gran puerta que jamás tiene llave y subió a tropezones la antigua e imponente escalera de madera del lobby que la llevarían hasta su piso. Cuando ya iba en la mitad del primer piso recién pudo pensar en la posibilidad de que estaba segura, ya que aquella figura no se atrevería a ingresar, pero casi pierde el equilibrio - y su alma- cuando observó aquella cabeza ingresar por entre las puertas, observarla desde abajo y comenzar a subir las escaleras para darle caza.

"¡Mierda! ¡No quiero morir! ¡¿Por qué demonios me está siguiendo?!"

Dos pisos más y llegó al descanso donde estaba su departamento. Estaba a unos metros de su salvación cuando pensó que quizás eso no se trataba de una casualidad, sino que ella ya había sido marcada desde antes, y así, sin darse jamás cuenta del peligro, ya había llegado su hora de morir.

"¿Sabe que vivo sola? ¡¿Cuánto tiempo me ha estado acechando?!"

Volteó y atrás venía. Lo único que alcanzaba a distinguir era su pálida piel y sus fríos ojos asesinos.

"¿Debería llamar a la policía? ¡No! ¡Él podría enloquecer y tratar de atacarme o algo!... Esto no puede estar pasando ¡tengo que pensar en algo! ¡Oh dios, soy una idiota!" pensaba a máxima velocidad mientras corría hasta llegar a su puerta, en ello se le ocurrió su última y desesperada carta del triunfo.

Extendiendo su brazo dió con el timbre de su puerta, y lo tocó repetidas veces.

- ¡Estoy en casa, mamá! ¡Espero que estén todos listos para cenar! - gritó, esperando que aquel extraño se rindiera al pensar que, quizás, no estaba sola.

Pero la figura continuaba avanzando a un escalofriante paso lento.

- ¡Abran la puerta! ¡Ya llegué! - continuó gritando, cada vez más aterrada. Hasta que la silueta se colocó a unos centímetros de su cuerpo.

Korra ya no pudo más. Gritó y lloró como nunca antes lo había hecho.

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Paralelamente a ello, dos personas seguían observando todo, y ambas en un silencio que no necesitaba ser quebrado.

La cámara ubicada secretamente en la puerta de Korra la apuntaba a ella y a "1001" en pantalla, y ambas estaban absortas viendo como Korra sucumbía al terror infundado.

- Por dios, mira sus mocos - rió Lin.

Ellas ocupaban el departamento al lado de Korra. Todo estaba estratégicamente pensado en aquel plan, pero eso también significaba que escuchaban los gritos y golpes que Korra le daba a su propia puerta, siguiendo con la actuación de que "su inexistente familia" saldría por ella.

Lin estaba divertida viendo la escena. El zoom de la cámara resaltaba las lágrimas de aquella ruidosa chica. Pero al parecer Kya no pudo más con el ruido, levantándose de aquel asiento.

- Ahora vuelvo. A este paso terminará rompiendo la puerta - dijo.

- Espera un momento - la llamó Lin, indicándole a que mirara en la pantalla.

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En el pasillo, cuando Korra se armó de valor para ver de frente la cara de quien sería su asesino, descubrió que se trataba de una mujer que no tenía ningún rastro de querer hacerle daño.

Enjuagándose las lágrimas y los mocos, se permitió relajarse un momento para prestarle más atención a su acosadora (las cosas no cambiaban mucho). Observando con atención pudo ver el mojado papel que la chica tenía apretado en una mano, en el cual salía la dirección de su propio departamento y su nombre. Esa extraña mujer la había estado buscando.

- ¿Qui-quién eres? - preguntó Korra, aun con su voz quebrada.

La chica tardó en responder. Aún estaba absorta en toda la gran gama de expresiones que había demostrado la mujer frente a ella.

- Mako me dio esta nota - dijo, mostrándole el papel que ya había leído -. ¿Qué es este lugar? ¿Y quién es Korra?

Korra no lo entendió. ¿Acaso no había venido por ella?

¿Había sido todo una absurda y terrorífica coincidencia?

- Esa soy yo - respondió dubitativa -. Haber, déjame ver eso - indicó, tomando aquel maltrecho papel. "¿Quién diablos es ése Mako? y ¿por qué me enviaría a esta chica que parece medio muerta?"

Observándola de reojo se sorprendió al ver que ella jamás había dejado de mirarla. Era como si quisiera devorarla con la mirada. Eso la incomodó un poco.

- Bueno, así que... ¿de dónde eres? - preguntó, queriendo cambiar su enfoque. Pero la chica negó con la cabeza. "¿No sabe de dónde viene?"

Korra se permitió darle una mirada más general. Vio que aquel empapado pantalón que vestía no le tapaba por completo las piernas, dejando ver una extraña cicatriz que rodeaba por completo su tobillo. No solo eso, en su muñeca también había algo extraño, y para qué decir de las ojeras que resaltaban en aquella cadavérica piel pálida y sus penetrantes e inexpresivos ojos de un frío color verde. Con eso Korra pudo armar una rápida historia.

- Bueno, a juzgar por tus cicatrices y los números de tu muñeca, pareciera que vienes de un hospital o... - se detuvo al ver la mirada fija que aquella chica le había dado -, quiero decir ¿había personas con ropa blanca que te pinchaban con agujas?

Se había apresurado a modificar su forma de expresarse porque no estaba segura del estado cognitivo en el cual se encontraba aquella chica, la cual no estaba pidiendo ayuda. Simplemente estaba parada delante de ella.

"No es muda ¿por qué no habla?"

El silencio le otorgó tiempo para pensar. Sin querer, de pronto las palabras de Kuvira vinieron a su mente: "Korra. Si alguien te pudiera dar un gran material para una historia ¿lo aceptarías de inmediato?"

"Estaría loca si huyera" Eso la hizo sonreír. Aquí estaba, como por arte de magia, lo que su amiga le había dicho.

Aquella chica, si bien lucía aterradora en primera instancia, no parecía querer dañarla. Ni aunque lo intentara lo lograría, ya que no se veía en perfecta salud, muy al contrario de ella. Delante tenía a una enigmática mujer con un pasado cuestionable y rico en diversas experiencias. Es justo lo que había estado buscando.

- Hey - llamó su atención -, ¿qué te parece si vamos adentro y hablamos? - la invitó, colocando amigablemente una mano sobre su hombro.

Korra volteó y sacó la llave para abrir la puerta, encendiendo la luz de su departamento a la vez que la invitaba, con su más atrayente y confiada sonrisa a pasar.

"1001" alcanzó a dar un paso cuando una fuerte voz estalló en su cabeza: "No confíes en nadie", era lo que Mako le había advertido.

De pronto todo lo que había hecho la hizo temerosa ¿cómo se le había ocurrido seguir a una desconocida hasta su casa? Pero daba la casualidad de que era la persona a quien Mako le había dicho que buscara. Pero no debía confiar a ciegas ¿o sí?

- ¿Estás bien? - le preguntó Korra, al verla titubear. Como no obtuvo respuesta retrocedió en sus pasos, quedando de nuevo junto a ella -. ¿Por qué solo te quedas ahí parada? ¿estás herida? No te ves muy bien. Hace frío aquí afuera. Ven adentro para que entres en calor - la invitó, tomándola del brazo para que ingresara.

La insistencia fue lo que hizo desconfiar a "1001", y antes de que Korra la lograra meter a su departamento, ella volteó y se echó a correr hacia las escaleras.

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- ¡Ah! ¡¿Pero qué está haciendo?! - gritó Kya al otro lado de la pantalla, juzgando el actuar de "1001" -. Apuesto a que Mako le dijo algo camino haca acá. ¡También es culpa de la líder del proyecto! ¡¿Por qué diablos ha tenido que involucrarlo?! ¡Mako no está calificado! No se le debería permitir estar en este experimento - gritaba molesta mientras se colocaba ropa más abrigada para salir al frío a buscar a "1001", pero nunca detuvo sus quejas -. ¡Vamos, Lin! Tenemos que ir por "10..."

Pero Lin no respondió, solo colocó la tomó por el brazo para que esta se calmara.

- Espera - le dijo sin abandonar la calma.

- ¿Huh? ¿Por qué? - se extrañó Kya.

- Simplemente veamos qué pasa.

- Hmm, de acuerdo - respondió, al observar como en la cámara que había en la calle, aparecía Korra corriendo para alcanzar a "1001".

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- ¡Espera un minuto! - le gritaba mientras corría.

El edificio daba hacia un parque en el cual había unos cuantos bancos donde la gente acostumbraba a pasar las tardes a tomar el poco sol con el que contaban en invierno. Y unos metros más allá se encontraba una gran reja que separaba ese lugar civilizado del peligroso bosque que comenzaba al otro lado. Justo hacia esa puerta se estaba dirigiendo aquella mujer.

- ¡No! ¡Es peligroso allí! - gritó Korra, aumentando la velocidad -, ¡No entres ahí! - gritó desde la reja, sin atreverse a entrar a buscar a la chica. El miedo a las cosas que había escuchado que ocurrían en ese lugar no le permitieron cruzar la puerta.

Poco a poco la chica se iba adentrando en la espesura del bosque. Hace poco había terminado de llover, y la temperatura estaba disminuyendo considerablemente en el ambiente. A este ritmo, todo se iba a congelar y dentro de poco comenzaría a nevar. Pensó que las ropas de la chica ya estaban empapadas, por lo que ella no sobreviviría esta noche.

Korra apretó su puño ¿por qué demonios ella había ingresado hacia el peligro? ¿estaba loca? ¿se había escapado de un psiquiátrico acaso? Podía especular toda la noche, pero mientras más pasara el tiempo, menos oportunidad tendría de encontrarla allí dentro.

- ¡Maldita sea! - exclamó Korra, abriendo la reja e ingresando al lugar.

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"1001" no había detenido la velocidad a la cual estaba caminando - escapando -. En ningún momento había soltado el bulto que tenía entre sus brazos, aquello le permitía sentir una pequeña sensación de seguridad. Por lo menos no estaba sola. Pero mentiría si dijese que no se encontraba asustada.

Sus pantalones mojados los sentía más pesados. Apenas sentía los dedos se sus pies y su nariz le ardía.

Quizá hubiera sido mejor quedarse con aquella exótica mujer, más que mal, la había seguido hasta su casa, y no obstante la había invitado a pasar al interior.

Sus pasos fueron perdiendo velocidad hasta que finalmente se detuvo. El aire que salió de su boca generó una gran y densa nube de vapor que solo le indicaba que la temperatura estaba peligrosamente baja y que solo el miedo la había privado de sentirlo.

De pronto un ruido delante de ella la hizo ponerse en alerta. No tenía con nada con qué defenderse. Estaba sola y empapada en un bosque que no conocía.

Los sonidos aumentaron en frecuencia, ahora venía por detrás. Conteniendo el aliento, se volteó lentamente hasta quedar frente a una garra que pronto envolvió su muñeca. Ella cerró los ojos esperando lo siguiente, pero nada sucedió. Cuando los abrió observó que solo era Korra, quien sin soltarla se encontraba agachada intentando recuperar su aliento.

- ¡He-hey! - dijo entre jadeos -. Este sitio es... - intento decir, elevando su vista desde abajo donde estaba, y lo que vio le robó el poco aliento que había intentado conseguir.

Arriba las estrellas se mostraban claras y brillantes, titilando y explotando en una orquesta de colores, todas al alcance de la mano. Era como si todo el universo se encontrara en ese abandonado y peligroso bosque, escondido a la civilización. Pero no era solo eso, si bajaba la vista se encontraba con las agudas copas de los árboles despojados de sus hojas, cuya presencia le otorgaba profundidad al paisaje, dotándolo de un aura salvaje y secreta. Por último, se encontraba ella, al centro de todo lo que estaba viendo. Su empapado pelo negro se pegaba en algunas partes a sus mejillas, contrastando la increíble palidez de su piel con el negro de la noche. Pero aquel lienzo en blanco no hacía sino potenciar sus otras características: la frialdad y lejanía de sus brillantes ojos verdes hacían juego con la infinita sabiduría de las estrellas sobre ellas. Sus ojos demarcados por sombras oscuras y cansinas, y sus labios oscurecidos por el frío daban un indicio de lo increíblemente hermosa que podría ser esta - ahora- escuálida y frágil mujer frente a ella.

A Korra le costó salir de su embobamiento, para recordar de golpe el por qué estaba allí.

- ¡Te dije que no vinieras aquí! ¡Hay un asesino viviendo en estos bosques!

- No puedo ir a tu departam- alcanzó a decir "1001" antes de que Korra la interrumpiera.

- Hablaremos de eso luego. Ahora, salgamos de aquí.

- Mako me dijo que no confi- quiso aclarar, pero enseguida una mano de Korra se posó en su boca, enmudeciéndola.

- Vamos - le susurró nerviosa. La oscuridad y el silencio del bosque le estaban haciendo creer que escuchaba pasos, por lo que tenían que salir rápido de allí, y la chica esta vez no se opuso.

Caminaron rápidamente de vuelta, y solo cuando se encontraron a metros de la salida, fue que Korra recién se permitió hablar con más confianza.

- Este lugar es llamado "La Niebla de las Almas Perdidas", eso porque un asesino serial vive aquí y la policía aún no ha podido encontrarlo. Aterrador ¿no es cierto? La historia ha sido tan repetida, que la mayoría de las personas cree que aún se encuentra oculto entre los árboles. Nadie se atreve a meterse al bosque ¡pero aquí estoy! ¡viniendo a rescatarte! - puntualizó.

En eso el sonido de una rama quebraba se escuchó a unos metros detrás de ella. Korra apretó más el agarre a la chica, atrayéndola más cerca de su cuerpo.

- ¿Acaso no sientes como si estuviésemos siento observadas? - le susurró, dominando el miedo -. Es suficiente. No volveremos a entrar aquí.

Si en ese momento Korra se hubiera dotado de valentía y hubiese volteado a ver hacia atrás, la sombra que estaba parada entre los árboles hubiera sido suficiente para matarla de un infarto. Pero por cosas del destino, nuevamente, se salvó y abandonó sin ningún rasguño aquel bosque al que nadie ingresaba.

Ya una vez adentro del edificio, Korra exhaló el aire de sus pulmones, tanto para tranquilizarse como para entrar en calor. Sacudió el agua de su abrigo y se dispuso a subir las escaleras. Pero observó que aquella chica no tenía intenciones de moverse de al lado de la puerta.

- ¿Qué estás haciendo? Vamos – la apremió.

- No puedo ir contigo, Korra - escuchó -. Debo ir a casa.

Korra se acercó a la chica sin entender muy bien a qué se refería.

- Mako me dijo que nadie nunca es bondadoso o generoso sin esperar algo a cambio. Sé que tú eventualmente me usarás de la misma manera como lo han hecho todos - dijo tranquilamente, observando a Korra a los ojos.

- Um... - emitió incómoda -. Mira, para ser honesta, sí quería utilizarte - dijo, dándose cuenta de que había hecho una terrible elección de palabras -. ¡Espera, no! ¡No usarte a ti! Quise decir, yo solo quería saber tu historia.

- ¿Qué quieres decir? – preguntó sin cambiar la vacía expresión que siempre tenía.

- Soy una escritora. Escribo fantasía y esas cosas. Pero no he podido crear nada bueno este último tiempo, y la verdad es que estoy desesperada... Y justo hoy, hoy tú apareces literalmente fuera de mi puerta, y tu pareces ser interesante, con una gran historia por detrás, y no lo digo solo por tu, umm, única apariencia... - sonrió, mirándola un poco avergonzada, pero lo que vió era como esa chica inclinaba un poco su cabeza, despidiéndose.

- Adiós, Korra.

- ¡Aaaah! ¡Espera! ¡Espera! - exclamó, interponiéndose frente a la puerta para que aquella chica no saliera -. ¿Qué hay de malo en contarme una pequeña historia? Y, además, pareciera como que tú no tienes un lugar en el cual quedarte ¿estoy en lo cierto?

Al parecer había logrado capturar la atención de aquella mujer. Se sentía como toda una acosadora - los papeles se habían invertido -, pero en verdad no podía dejar pasar esta oportunidad de oro. Sin embargo, no era solo su egoísta deseo de sacar provecho de esta situación lo que la estaba empujando a cometer actos tan desesperados, sino que, sinceramente, le preocupaba aquella chica, quería saber más de ella, quería brindarle un lugar en el cual pudiera reponer fuerzas para que luego se enfrentara al mundo en igualdad de condiciones, si es que quería. Pero no podía dejarla ir así como estaba.

- La temperatura está bajando, te congelarás y morirás de hipotermia antes de poder hacer algo - finalizó, agregando dramatismo a sus argumentos, lo cual le dio una gran idea -. ¡Eso es! ¡Solo quédate aquí hasta que sea primavera! Puedes permanecer conmigo hasta que el clima se vuelva lo suficientemente cálido para salir sin problemas afuera - comentó animada, tomándola de ambos brazos-. ¡Sí! Y tendrás comida y cobija gratis hasta entonces... y ropa - agregó, notando lo entumecida que debía estar -. Como único pago tu solo tendrás que contarme tu historia. Solo hasta primavera.

Aquella chica no decía nada. Era difícil saber qué es lo que estaba pensando, pero Korra estaba convencida de que una oferta así no la encontraría en ningún otro lugar.

- ¡Vamos! - la apremió -. Úsame tal como yo te estaría usando. Digo, "usar" puede sonar una mala palabra, pero si tú me usas, así como yo te uso, entonces ninguno estará tomando ventaja del otro. Eso se transformaría en "ayudar" al otro ¿no crees?

Korra estaba orgullosa del camino que había tomado su discurso. Si se le ocurrían excusas tan buenas como éstas ¿por qué no ocurría algo similar cuando se encontraba frente a su computador, lista para escribir?

- No te creo nada - escuchó que alguien decía, lo cual fue como haber recibido un balde de agua congelada.

- ¿Qu-qué?

- ¡Deja de actuar como si nos estuvieras ayudando! - dijo una voz debajo de las mantas que tenía la chica en sus brazos, descubriendo un extraño pájaro blanco, el cual era el emisor de aquel iracundo mensaje -. ¡Sólo nos estarías usando!

- ¿Pero qué clase de pájaro es este? - exclamó Korra, dejando pasar totalmente por alto todo lo que éste decía, ya que no era posible que un ave entendiese todo. Su curiosidad innata superó el enfado que no alcanzó a formarse, y de inmediato se encontró estudiando y tocando aquel suave animal, el cual, no tardó en responder mordiéndola.

- ¡No soy solo un pájaro, idiota! ¡¿cómo te atreves a juzgarme?! ¡Solo eres una humana patética!

"Wow, este pájaro es increíble" continuaba pensando Korra, sorda a todos los improperios hacia su persona.

- Vengan a mi departamento, allí podemos hablar más ¿sí? - sonrió. "¡Quiero a ese pájaro también!"

- ¡No me ignores, maldita sea! - gritaba el ave en los brazos de la chica.

- Entonces, Korra... - dijo la chica -, por favor, enséñame lo que es estar viva. Quiero estar viva, ya que tú... – "1001" levantó su mirada para verla nuevamente. Aunque ahora ya no había pequeños destellos lumínicos saliendo del cuerpo de Korra, si había distintas burbujas de colores que parecían flotar a su alrededor, iluminándola como nada que hubiera visto a lo largo de toda su vida -. Estás brillando Korra, con tantos colores... Yo, quiero ser como tú.

"¿Bri-brillando? ¿yo?" repitió avergonzada en su mente.

- ¿A qué te refieres? Pareces bastante viva para mí - se apresuró a responder, antes de que su rostro se ruborizara por lo que ella había dicho.

- No. Estoy muerta - dijo.

- No tengo idea de lo que estás hablando - se le adelantó Korra, agarrándola por los hombros -, ¡pero haré lo mejor que pueda para ayudarte! - dijo, explotando en fuegos artificiales para los ojos de "1001".

- Uhm... gracias - respondió tímidamente.

- ¿Podemos ir adentro ahora? - preguntó, subiendo unos cuantos escalones, adelantándose.

La chica se quedó unos pasos atrás, distancia que aprovechó para dirigirse al ave, que nuevamente había vuelto a meterse entre las mantas en los brazos de ella.

- Raava, sólo quedémonos aquí hasta la primavera - como única respuesta, el ave emitió un molesto "¡ugh!" como protesta -. Odias el frío ¿cierto?

- Bueno... si tú te quedas, no tengo mucha opción - finalmente emitió entre las mantas -. ¡Pero solo hasta la primavera!

Korra ya se encontraba acomodando todo dentro de su departamento. "1001" junto a Raava ingresaron hacia el interior y pronto la anfitriona se excusó para salir al pasillo a hacer una llamada telefónica, sin antes indicar que eran libres de sentirse en su casa.

Una vez afuera, de inmediato apretó el contacto de su amiga, la cual dio tres tonos antes de escuchar su amigable voz por el otro lado de la línea.

- ¿Qué quieres?

- ¡Kuviraaa! ¡Esto es increíble! - exclamó Korra emocionada.

- ¿Qué?

- ¡Siento que una enorme historia ha aparecido justo en mis narices! - gritó -, ¡justo como dijiste en el pub!

- ¿De qué estás hablando? Respira profundo y cálmate, estoy ocupada ahora mismo - dijo secretamente satisfecha.

- ¡No...! ¡no pretendas como que no sabes! Como sea, ¿cuándo vendrás? tienes que verla. Intento mantenerme calmada ahora mismo, pero esta chica parece un poco extraña... Aunque ¿quién será Mako? - balbuceó más para sí misma que para su amiga, lo cual llamó la atención de Kuvira -. Al parecer él fue quien envió a esta chica, y aparentemente le dijo algo sobre no confiar en nadie. En serio, que imbécil.

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En la oficina donde se encontraba Kuvira, esta desde un lado del escritorio se encontraba escuchando la llamada que tenía puesta en altavoz, justo para que Mako escuchara al otro lado de la mesa, el cual, por obvias razones se había puesto completamente tenso. Hasta se podía ver como su frente se perlaba en el frío sudor que todo ello representaba.

- Korra... - llamó Kuvira, sin apartar aquella intimidante mirada de Mako -. Estoy trabajando ahora. Háblale a alguien que no esté ocupado.

- Hey, Kuv ¿cuándo vendrás?

- Estaré ocupada por un tiempo, pero intentaré desocuparme para ir a verte después ¿está bien?

- ¡Será mejor que te des prisa! - respondió Korra sin desanimarse.

- Nos vemos después - dijo despidiéndose.

Cuando colgó la llamada, Kuvira esperó a que el tiempo en silencio incomodara aún más al pobre muchacho que se encontraba frente a ella. Cuando ya no se aguantaba más, fue que decidió hablar.

- Parece que todo marcha bien - emitió sin aparente preocupación.

- Lo siento... no debería haber dicho nada - se apresuró a disculparse Mako.

- Está bien. Tú y "1001" tuvieron una relación especial. Y eso no causó ningún problema - dijo sin darle importancia, mientras revisaba unos papeles que tenía a un lado de su escritorio.

Mako se atrevió a presionar aún más el ambiente.

- Es casi sospechoso lo tolerante que es conmigo, jefa.

- Es porque eres un miembro muy valioso aquí - respondió, sin jamás mirarlo -. Bien, será mejor que te retires. Tienes que mantener un ojo sobre "1001".

- Sí, jefa - dijo a modo de despedida, antes de desaparecer sin mucha prisa de aquella oficina.

Kuvira dejó de hacer lo que estaba haciendo para ver la triste expresión que este daba al salir, lo cual la hizo sonreír.

"Tolerar, dices. Eso sólo es porque eres una guía muy importante para nosotros", pensó Kuvira.

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- Al parecer tenemos un momento de relajo - se aventuró a decir Lin, descansando su mirada de las múltiples pantallas que tenía frente a ella.

- No debe ser fácil persuadir a una marioneta como esa. Es bueno que Korra la haya persuadido de quedarse - agregó Kya -. Parece que la jefa no la escogió por nada.

- Eso parece ser, y si Kuvira tiene razón, entonces Korra lo hará muy bien. Ella ya superó el primer desafío.

- Ella y su obsesión por una buena historia ¡bravo! - celebró -. Pero Lin ¿qué es lo que realmente crees? ¿está "1001" viva o no?

- ¿Cómo podría saberlo? No soy una científica. Solo soy una guardia de seguridad. Y ¿acaso ellos no la mandaron con Korra para que ella lo averiguara?

- Quizás. Bueno, viva o no, ella es un increíble sujeto de prueba. El grupo de investigación está completamente excitado debido a que creen que podría ser inmortal. Pero es un poco extraño que la jefa no haya aclarado que "1001" estaba viva como resultado de este experimento.

- Tú misma dijiste que ella era un increíble sujeto para experimentar, entonces, quizás no importen mucho los resultados.

- Pero, esa no es la Kuvira que yo...

- ¡Como sea! - la cortó Lin -. Eso es para ti y los otros científicos lo piensen. Yo estoy hambrienta - dijo levantándose -, todo este trabajo me agota.

- ¿¡Huh?!, pero si ni siquiera hemos hecho algo - respondió antes de que Lin abandonara la habitación. Ya una vez sola, observó como "1001" estaba quieta en el living de Korra, observando todo con curiosidad mientras esperaba a que esta terminara su llamada telefónica en el pasillo.

"Por lo menos ahora sabremos si ella está realmente viva o no"

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