Naruto se encontraba jadeando; estaba muy magullado y muy débil. Se encontraba de rodillas en el suelo; utilizaba todas las fuerzas que le quedaban para no caer rendido.
Frente a él se encontraba un Neji de unos 9 años, sin un solo rasguño, mirando con una mezcla de asco y de molestia.
-Sigues siendo igual de débil, monstruo- dijo Neji como si estuviera hablando con un insecto.
-Te he dicho que no soy un monstruo- dijo Naruto por lo bajo mientras intentaba incorporarse, cayendo en el intento- No lo soy.
-Si vuelves a acercarte a Hinata te mataré- dijo mientras se alejaba.
Hinata lloraba al ver la estampa, intentaba acercarse al rubio, pero su primo la agarraba, impidiéndoselo.
-Naruto-kun- lo llamaba Hinata mientras ésta lloraba.
-Hinata-chan- decía como podía el rubio.
Naruto, levantó una mano para intentar alcanzar a la muchacha. Hinata por su parte hizo lo mismo, pero cuando sus dedos estaban a punto de tocarse, la muchacha se desvaneció.
-Monstruo- le volvió a decir Neji justo antes del golpe de gracia.
-NOO SOY UN MONSTRUO- gritó Naruto antes de sentir el golpe, golpe que nunca llegaría.
Naruto se incorporó de un brinco en la cama, sudado y agitado. Había sido un sueño; no, había sido una pesadilla. Una pesadilla que venía persiguiéndole desde hacía mucho tiempo.
Aunque solo la había visto una vez en su vida, consideraba a Hinata su única amiga. Siempre soñaba que Neji la alejaba de él porque decía que era un monstruo, y él siempre acababa perdiendo contra el ojiperla. Naruto apretó los puños frustrado. Entrenaba para hacerse fuerte, para que nadie volviera a humillarlo como lo hizo aquel Hyuga.
El rubio miró por su ventana y vio que el Sol apenas había salido. Suspiró resignado, todavía le quedaban bastantes horas de sueño, pero sabía que no volvería a dormirse después de ese sueño.
Se vistió y fue a la parte trasera del castillo de las Tierras del Trueno y comenzó a entrenar, solo.
Su padre había partido hacía ya un mes en una misión diplomática a las Tierras del Fuego e Iruka-sensei le decía que él no era la mejor persona para enseñarle el arte ninja del combate, que él se encargaba solo de la parte teórica.
Estuvo entrenando toda la mañana, y, como el resto de días, terminó frustrado. Sus habilidades parecían haberse estancado.
-Tss así nunca podré derrotar a Neji- decía para si el rubio mientras apretaba las manos frustrado.
En vez de resignarse y abandonar, Naruto intensificaba más sus entrenamientos, dispuesto mejorar a toda costa.
-Naruto-kun- escuchó la voz de Iruka tras él.
-Iruka-sensei, todavía no es la hora de tomar sus clases, déjeme seguir entrenando- decía el rubio sin apartar la mirada de la diana y lanzaba un kunai, que erró el tiro.
-Naruto… tienes que venir, el consejo te está esperando- las palabras dichas por su maestro hicieron que el pequeño se girase.
Iruka traía consigo una cara que reflejaba gran tristeza, eso junto con el hecho de que había sido llamado por el consejo desconcertaba al rubio.
-Iruka-sensei, ¿qué ha pasado?- dijo Naruto con voz que reflejaba la profunda consternación del niño.
-El consejo te lo dirá Naruto- murmuró por lo bajo Iruka mientras se daba la vuelta y comenzaba a caminar por el pasillo que llevaba a la sala donde se encontraba reunido el consejo.
Naruto, comenzó a correr para alcanzar a su maestro. Le llamó la atención que éste no le reprendiera, cuando siempre lo hacía.
Una vez a las puertas de la sala Iruka se paró abrió la puerta y agachó la cabeza. Le indicó con una mano que pasase, cosa que el niño hizo con desconfianza. Cuando estaba pasando el umbral de la puerta, las palabras de su maestro impactaron de sobremanera en él.
-Lo siento mucho Naruto-kun- mientras el rubio se volteaba para mirar a su maestro, la puerta se cerró, dejando al pobre rubio solo frente al consejo.
Su padre le había dicho muchas veces que el consejo eran los representantes de los clanes más importantes de sus tierras, pero aun así al pequeño siempre le habían dado miedo. Siempre lo miraban con cara de molestia, como si estuviesen en presencia de un ser que no mereciese vivir. Eso le asustaba mucho.
-Naruto-sama, siéntese- dijo un viejo del consejo.
Naruto, con pasos vacilantes, obedeció la orden, sentándose en una silla que había en mitad de aquella estancia. Estuvo así unos minutos, balanceando sus pequeñas piernas nervioso. Justo cuando reunió el coraje para hablar se vio interrumpido por otro miembro del consejo.
-Su padre, Minato-sama ha muerto.
El corazón de Naruto paró de latir. El pequeño intentaba respirar pero no podía, sentía que se ahogaba. Comenzó a negar con la cabeza. Su padre, su otosan no podía estar muerto. Debía ser una broma de mal gusto.
-Puesto que usted es el único heredero de las Tierras del Trueno, en teoría ahora es usted el Señor de las Tierras del Trueno, pero debido a su escasa edad el consejo ha decidido ejercer sus funciones hasta que cumpla la edad suficiente para ejercer el cargo- habló otro viejo.
Naruto giró su mirada, todavía en shock, y miró al hombre que le hablaba. Su cara reflejaba la seriedad más dura que había visto en su vida. Giró lentamente la cabeza, posando su mirada en cada uno de los miembros allí reunidos. Todos estaban serios, no había el mínimo vacile de broma es sus caras.
-No…no…no…es…no…es…verdad- tartamudeó el niño mientras apretaba con fuerza su pantalón, conteniendo las ganas de echarse a llorar- otosan no… otosan no está … no está muerto… el prometió… el prometió que estaría…- las lágrimas impedían al pequeño ver- el prometió que estaría siempre conmigo. –agachó la cabeza para que nadie de los allí presentes viese que se encontraba llorando.
-Naruto-sama, lo sentimos mucho, pero es la realidad; no hay tiempo para lamentos, debe entrenar para ser un digno sucesor de su padre- habló tajante otro viejo.
Naruto no les oía, sus oídos le pitaban, apretaba tanto la mandíbula que parecía que se iba a romper los dientes.
-Partirá hoy mismo a las Tierras del…- el consejero que se encontraba hablando se vio interrumpido por una onda expansiva roja.
-NO ES VERDAD OTOSAN NO ESTÁ MUERTO- gritó Naruto que alzó su cabeza. El pequeño vio en ese momento como la gran mayoría de los allí presentes abrían los ojos con pánico. El niño no lo entendía, pero la razón por la que los miembros se pusieran así era porque sus ojos, azules como el cielo, se habían transformado en rojos, el rojo del demonio, el rojo del Kyubi.
Se incorporó de un salto, tumbando la silla al instante. El niño no era consciente de lo que pasaba, pero se vio envuelto en una estela roja.
En ese instante, de repente, sus manos y sus pies se vieron atrapadas por gigantescas ramas de árbol. Cada vez que hacía fuerzas para deshacerse de esas ramas, más fuerte se volvía su agarre.
Uno de los viejos del consejo se levantó y camino hacia él. Naruto, inmerso en la furia y en la tristeza, reconoció de quien se trataba; era Hiruzen Sarutobi, el único miembro del consejo que no trataba mal a Naruto, incluso se tomaba bien las bromas pesadas que Naruto le gastaba al viejo.
-Naruto-kun- dijo mientras ponía ambas manos en los hombros del pequeño- sé muy bien por lo que estás pasando, yo también perdí a mi padre muy joven, pero refugiarte en la tristeza y en la ira solo hará que tu corazón se vuelva oscuro. Tu padre no querría eso, él querría que te convirtieras en un gran ninja, pero sobretodo en un gran hombre- y tras decir esto abrazó al pequeño ante la atónita mirada del resto.
Naruto pataleaba, intentando apartar a aquel viejo que tantas veces lo había reprendido, pero recordó que él, junto con Iruka-sensei eran quienes le cuidaban cuando su padre se iba de viaje. Poco a poco dejó de revolverse, hasta que se encontró más calmado.
-Yamato, gracias estos es suficiente- las ramas que rodeaban a Naruto fueron desapareciendo hasta introducirse en un ninja que había entre las sombras de la estancia.-dejadnos solos.
-Hiruzen no creo que sea buena idea dejarlos solos, el chico está descontrolad…
-HE DICHO QUE FUERA TODO EL MUNDO- Gritó Hiruzen mientras apretaba más fuertemente el abrazo.
Uno a uno fueron saliendo todas las personas, dejando dentro solo a Naruto y a Hiruzen.
-Estamos solos Naruto-kun, puedes desahogarte- murmuró el viejo.
El grito salió de la garganta de Naruto, desgarrándola. El llanto desesperado del niño encogió el corazón del viejo. Naruto lo rodeó y abrazó con fuerza.
-Viejo…- decía el rubio mientras lloraba- papá mintió, me dijo que nunca me dejaría solo y es lo que acaba de hacer.
Hiruzen se separó del pequeño lo suficiente como para que éste lo miraba.
-Naruto-kun, nunca digas eso, tu padre nunca te dejaría solo; me tienes a mí, a Iruka, y a tu padrino- dijo Hiruzen- cuando seas mayor entenderás que hay cosas que se escapan a nuestro control, pero ahora solo puedes ser fuerte.
-Los viejos han dicho que esta noche me marcharía, ¿a dónde me llevan?- preguntó un hilo de voz el rubio.
-A las Tierras del Té, tu padrino dijo que estarías más a salvo ahí que con él, pero que cuando llegue el momento te iría a buscar, y cumplir la promesa que le hizo a tu padre de enseñarte todo lo que le enseñó a él.
Naruto, poco a poco fue separándose del abrazo de Hiruzen.
-¿Qué le pasó a otosan?- preguntó con la más profunda tristeza de todas.
-Te lo contaré todo cuando nos volvamos a ver, si te lo digo ahora se perfectamente que harás alguna tontería.
Naruto asintió, derrotado.
Todo había pasado demasiado rápido. Se había levantado temprano, cosa inusual en él, había entrenado y le habían dicho la fatal noticia, y ahora se encontraba dentro de una carroza custodiada por un anbu con dirección a las Tierras del Té. Si alguien le hubiera dicho como acabaría el día nunca se hubiera levantado de la cama.
Estuvieron cuatro días de travesía. En esos cuatro días el anbu solo intercambio palabras con él para decirle que pararían para comer y para cenar; cosa que agradeció Naruto, que aunque era la persona más risueña del mundo, en ese momento no quería hablar con nadie; y menos con ese anbu, que lo trataba con cierta reticencia, como si le tuviera miedo, como la mayoría de gente.
En esos cuatro días el anbu solo paraba para comer y cenar, no durmió en todo ese tiempo.
Estará deseando acabar y alejarse cuanto antes de mí-pensó el rubio mientras ocultaba su cara entre sus piernas.
Naruto ya no lloraba, se le habían acabado las lágrimas de tanto hacerlo.
-Naruto-sama, ya hemos llegado- dijo el anbu mientras detenía la carroza.
Naruto bajó de la carroza y pudo ver que se encontraba a las puertas de un gran castillo parecido al suyo. La única diferencia era que a la entrada de ese castillo había un gran jardín con plantas de todo tipo.
Justo en la puerta se encontraba un hombre de unos treinta años. Tenía el pelo gris medio en punta, vestía un yukata gris y su ojo era negro. Si su ojo, porque solo se le veía uno, el otro estaba tapado por una banda. Lo que a Naruto más le desconcertó fue que ese hombre tenía su cara cubierta por una máscara.
-Bienvenido Naruto-kun- dijo el hombre mientras sonreía, o eso pensó Naruto- yo soy Kakashi Hatake, Señor de las Tierras del Té y seré tu maestro.
Naruto miró al Señor de las Tierras del Té durante un tiempo y asintió.
Kakashi frunció el ceño cuando vio que el rubio pasaba al lado de él encaminándose al castillo sin decirle nada.
-Kakashi-sempai- dijo el anbu mientras se arrodillaba ante el pelinegro.
-Yamato no hace falta tal formalismo- dijo Kakashi quitándole importancia al acto- ¿Cómo has visto al chico?
-No ha hablado en todo el camino, dejó de llorar al segundo día, y al contrario de lo que pensé no perdió el control del monstruo como lo hizo ante el consejo- dijo Yamato mientras se incorporaba y quitaba la máscara.
Kakashi se giró para mirar a Naruto, que se encontraba sentado en las escaleras del castillo, esperándole.
-No creo que el chico lo hiciera a posta, al fin y al cabo a perdido a su padre, la única persona que lo trataba como a una persona y no como a un monstruo- murmuró Kakashi.
Yamato por su parte agachó la cabeza, avergonzado. Él también había tachado a aquel niño de monstruo, cuando solo era un pobre muchacho al que le acababan de decir que la única persona que lo quería había muerto.
-En fin, voy a ver qué puedo hacer con él. ¿No has visto nada extraño en las Tierras del Trueno?- preguntó Kakashi mirando a Yamato.
-Si veo algo raro sabe que se lo comunicaré- dijo Yamato mientras se volvía a colocar la máscara- debo volver, no quiero que sospechen nada.
Kakashi se despidió del moreno y fue a por Naruto.
-Bueno Naruto-kun, ¿qué piensas de las Tierras del Té?- preguntó Kakashi mientras se sentaba al lado del rubio.
-Están bien- dijo el rubio mientras se miraba a los pies.
-Estás poco hablador, tu padrino me decía que no paras de hablar y tu padrino no suele mentir- dijo Kakashi, provocando que el rubio levantara la cara sorprendido.
-¿Conoces a mi padrino?- preguntó Naruto anonadado.
-Claro, ha sido él el que me ha pedido que fuese tu maestro durante un tiempo- dijo Kakashi sonriéndole. Naruto agachó la cabeza.
-Nunca he visto a mi padrino, siempre me mandaba regalos para mi cumpleaños pero nunca lo vi- murmuró el niño.
-Eso es porque tu padrino es un hombre muy ocupado, pero créeme que se preocupa mucho por ti- el comentario de Kakashi hizo que Naruto se sintiese mucho mejor- bueno, voy a enseñarse donde dormirás estos años.
-¿Años?- preguntó el rubio con temor.
-Los que duren tu entrenamiento, ser un buen Señor de la Guerra requiere muchos años de entrenamiento- dijo Kakashi mientras se incorporaba y comenzó a caminar por un pasillo, siendo seguido por el rubio.- bueno Naruto, este será tu cuarto- dijo mientras abría la puerta y dejaba pasar al rubio.
-Kakashi-sensei…- dijo el rubio mientras miraba el cuarto. Era una habitación muy espartana, solo tenía un armaria, un perchero y…- hay dos camas.
-Claro, una para ti y otra para tu compañero- el rubio se giró ante lo dicho por su nuevo maestro.
-¿Compañero?- preguntó Naruto.
-Veo que tu padrino tenía razón y eras un poco lento- el comentario del peligris hizo que Naruto frunciera el ceño molesto- tendrás un compañero de habitación, que también será mi alumno, llegará mañana. Te recomiendo que elijas la cama que más te guste, al fin y al cabo el primero que llega el primero que se la queda.
Y tras decir esto, Kakashi cerró la puerta dejando solo al rubio, que suspiró y se tiró en la cama que estaba debajo de la ventana. Tendría un compañero de cuarto y de clases. Esperaba que fuese alguien agradable, alguien que no lo juzgara…
Con esos pensamientos el rubio se quedó dormido después de un largo día.
No entendía que había pasado. Naruto no entendía que había pasado. Instantes antes se encontraba durmiendo cómodamente en la cama e inexplicablemente había acabado en el suelo.
-¿Pero qué demonios?- maldijo el pequeño pelirrubio sobándose la cabeza, donde comenzaba a salirle un gran chichón.
El pequeño se incorporó, todavía medio dormido, y descubrió el motivo de su caída.
Un niño de pelo y ojos negros y piel branca lo observaba desde el otro lado de la cama. Su mirada destilaba frialdad. El niño moreno lo observaba atentamente, mas no decía nada.
La mirada de Naruto se posó sobre una mochila que ahora descansaba en la que era su cama.
-Ooooeee, ¿qué bicho te ha picado? ¿Por qué me has tirado de mi cama?- se quejó el pequeño rubio.
-Hmm, quiero esta cama- dijo el pelinegro sin más cosas que decir.
-¿Qué quieres esta cama? ¡Pero si es mi cama dattebayo!- gritó el rubio furioso.
Justo en ese momento algo dentro de su rubia cabecita se encendió.
-¿Vas a ser tú mi compañero?- preguntó Naruto.
-Hmm- dijo el moreno mientras acomodaba sus cosas en la mitad del armario que quedaba libre.
-Ooeeeeee, te he preguntado si vas a ser mi compañero, ¿eres sordo?- dijo Naruto mientras se ponía al lado del moreno, molesto de ser ignorado.
-¿No es obvio que si estoy en esta habitación acomodando mis cosas es que sí que soy tu compañero?- dijo de manera borde el moreno, para seguir acomodando sus cosas mientras ignoraba a Naruto.
Naruto comenzó a enfandarse. Tenía la esperanza que su compañero de habitación fuese un chico con el que podría llevarse bien, al que poder llamarle amigo. Y en vez de eso se encontró con que el chico con el que viviría a saber cuantos años era un niñato estirado y frívolo.
-Temeeeee- maldijo por lo bajo Naruto mientras alzaba su puño para atizarlo.
Lo que no se esperaba el rubio era que el chico, que parecía distraído, interceptara el puño, lo cogiera de la muñeca y lo lanzara contra la pared.
-Tss dobe- dijo el moreno mientras lo encaraba.
Los dos niños se comenzaron a encarar, cuando la puerta se abrió.
-Veo que ya has conocido a tu compañero de habitación Naruto-kun- dijo Kakashi mientras se adentraba en la habitación. El Señor de las Tierras del Té pudo observar lo tenso que se encontraba el ambiente, y supuso que esos dos no se había presentado en condiciones- ¿Por qué no os presentáis como es debido?
Naruto, molesto miraba para otro lado, mientras que el moreno fijaba su gélida mirada en Kakashi.
-Naruto preséntate tú primero- dijo Kakashi sin dejar de mirar al moreno.
-Soy Uzumaki Naruto, hijo del Señor de las Tierras del Truen…- Naruto cayó al instante.
En ese momento recordó que ya no era el hijo del Señor de las Tierras del Trueno… su padre había muerto, y él no tenía ni idea de quien era el actual señor de sus tierras. Apretó fuertemente sus puños y su mandíbula, intentando contener las lágrimas.
Kakashi, al ver a su alumno, fue a hablar, pero se vio interrumpido por el propio Naruto.
-Soy Uzumaki Naruto, hijo del anterior Señor de las Tierras del Trueno, heredero del Clan Uzumaki-Namikaze- dijo el rubio con la cabeza en alto, intentando ser fuerte.
Kakashi observó con orgullo al pequeño rubio; su alumno empezaba a ser consciente de que tenía que dejar pasar la muerte de su padre y mirar hacia el futuro.
-Hmm…. Uchiha Sasuke, hijo del Señor de las Tierras del Fuego- dijo el moreno mientras miraba al que iba a ser su compañero de habitación.
Sasuke había oído la noticia del fallecimiento del Señor de las Tierras del Trueno hacía menos de una semana atrás. Aunque no lo quisiera admitir, aquel rubio se había ganado una ínfima parte de su respeto al afrontar semejante situación con la cabeza bien alta.
-Bueno chicos, espero que os llevéis bien, al fin y al cabo tendréis que vivir varios años juntos- dijo Kakashi mientras se retiraba- por cierto, el entrenamiento comenzará dentro de una hora; os recomiendo que no desayunéis y que no lleguéis tarde; no soporto la impuntualidad.
Y tras decir esto, se fue dejando a ambos niños solos en la habitación.
Naruto, nada más irse Kakashi, fue corriendo a SU cama, cogió la mochila de Sasuke y la tiró a la otra cama, haciendo que el moreno lo mirará mal.
-Yo llegué antes, tengo preferencia- se excusó Naruto.
-Tss, dobe- dijo el Uchiha mientras caminaba hacia su nueva cama; no le interesaba pelear en ese momento con su compañero de habitación.
Ambos chicos estuvieron en silencio, esperando que se hiciera la hora para ir a entrenar con el peligris.
El sonido de las tripas de Naruto llegó a oídos de Sasuke.
-Que hambre- se quejaba el pequeño rubio mientras se abrazaba el estómago.
-Hmm, deja de quejarte- murmuró el pelinegro mirándolo indiferente.
-¡No te hagas el duro que sé muy bien que tú también estás hambriento!- dijo Naruto exaltadamente.
En ese momento, las tripas del pelinegro sonaron, haciéndole sonrojar levemente por lo que apartó la mirada.
-Tss… ese viejo llega dos horas tarde- murmuró Sasuke intentando cambiar el tema de la "conversación".
Nada más Sasuke decir esto último, Kakashi se manifestó con un puff delante de los dos niños.
-Hola chicos- dijo Kakashi mientras sonreía, o eso pensaron los niños, pues la máscara del peligris no les dejaba ver su rostro.
-¡LLEGA TARDE!- gritó Naruto mientras lo señalaba acusatoriamente con el dedo.
-Lo siento chicos, me perdí por el camino de la vida- se excusó el maestro mientras se rascaba la cabeza.
La respuesta de su nuevo maestro dejó a los niños a cuadros. ¿Ese iba a ser el hombre que los entrenaría?
-Bueno chicos, espero que hayáis desayunado, el entrenamiento que os tengo preparado requiere muchas energía- decía Kakashi mientras se sacaba un cascabel del bolsillo.
-¡SI NOS DIJISTE QUE NO DESAYUNÁSEMOS!- se quejó Naruto, provocando la risa de Kakashi.
-¿Y si os pido que os tiréis por un puente lo haríais?- preguntó Kakashi con una sonrisa enigmática- Lección número uno, hay órdenes que deben desobedecerse para preservar un bien mayor.
-Hmm… los ninjas que desobedecen las órdenes son escoria- murmuró Sasuke mientras miraba fijamente al peligris. Su padre, el Señor de las Tierras del Fuego, le había inculcado desde que tenía memoria que la obligación de un ninja es obedecer las órdenes de sus superiores.
-Eso es verdad Sasuke-kun, un ninja que no cumple órdenes es escoria, pero aquellos que fallan a sus amigos son peor que eso…- murmuró Kakashi pensativo; sacudiendo la cabeza, como intentando apartar viejos recuerdos, alzó el cascabel- en fin chicos, el entrenamiento de hoy será el siguiente: tenéis que quitarme el cascabel, pero solo aquel que me lo quite podrá almorzar hoy.
Ambos niños se miraron; ambos estaban hambrientos y solo uno comería… aquello era una clara competición.
Kakashi miró a ambos niños y sonrió.
Ese día fue el primer entrenamiento que aquellos dos niños tuvieron juntos. Aunque no empezaran con buen pie, la relación entre ambos se fortalecería hasta crear unos lazos que ni siquiera la distancia debilitaría.
Pero esa amistad no surgiría de la noche a la mañana.
Hola! Siento no actualizar más seguido este fic, pero Crónicas de las Tierras del Fuego ahora mismo es mi principal "preocupación". A su vez, este fic no creo que supere los siete capítulos, de ahí a que sean tan cortos.
Básicamente el fic es para explicar la historia NaruHina y explicar el fuerte lazo que une a Naruto y a Sasuke.
Muchas gracias por las reviews.
Lakunoichiftv.
Pd: los que seguís Crónicas de las Tierras del Fuego… NO OS PREOCUPÉIS! Sigo escribiendo, pero es taaaaaaaaaaaaaaan complejo el capítulo que viene que no termino de darle forma, y antes que subir un capítulo catastrófico mejor me demoro un poco más y lo hago semi-perfecto.
Ahora sí, un beso y un abrazo.
Lakunoichiftv
