*Los personajes pertenecen a S. Meyer. La historia es mía.
Perdido en Navidad
Dic. 18: Kate en camino
Después de discutir por más de dos horas sobre los terribles planes de Edward para Navidad, y de enterarse de que el "casi" sobre su regreso significaba que viajaban el mismo día, pero no en el mismo vuelo, ni siquiera por la misma aerolínea, Kate accedió a preparar su maleta para viajar a casa de sus suegros. Sola.
Ya había conocido a Esme y a Carlisle, cuando visitaron a Edward un par de meses atrás. Había sido una visita sorpresa, pero todo había resultado bien, incluso se habían hospedado en el departamento que compartían desde seis meses atrás, y mantuvieron una relación amigable durante las dos semanas que duró la visita. De hecho, esa habría sido una de las razones por las que Edward no había encontrado ningún inconveniente en viajar separados.
Sin embargo, el enojo de Kate no era porque se llevara mal con la familia de Edward, simplemente se sentía incómoda con la idea de llegar "en avanzada" a casa de los Cullen, sin haber sido consultada. Sabía que si Edward se lo hubiera preguntado, sin duda le habría dicho que era una locura y se habría negado.
Así que, por más esfuerzos que había hecho Edward para convencerla de que era una buena idea y de que el tiempo se pasaría tan rápido que ni lo notarían, Kate había permanecido callada. Ni siquiera dejó que Edward la abrazara por la noche y no hubo sexo previo al viaje.
Kate estuvo a punto de mandar al diablo a Edward y su Navidad familiar, pero en algún punto se dio cuenta de que era eso y terminar mal con él, o bien, aceptar los planes por terribles que parecieran.
Ninguno había podido dormir bien debido a la tensión, y cuando Edward se levantó, Kate fingió estar dormida, por lo que decidió ir a preparar el desayuno como símbolo de conciliación.
—Cocinar no va a ser suficiente —dijo una sonriente Kate desde el marco de la puerta de la cocina.
—Y menos cuando pruebes lo que acabo de hacer —bromeó Edward acercándose a ella. Sabía que ambos se habían dado cuenta de que lo mejor era no discutir más—. No quiero que te vayas enojada.
—Tampoco quiero irme así —aseguró y se fundieron en un fuerte abrazo que rompieron hasta que empezó a oler a quemado y Edward corrió a intentar salvar el desayuno.
Horas después iban en un taxi de camino al aeropuerto. No habían hablado más del viaje hasta el momento que tuvieron que salir del departamento.
—¿Algo que deba saber antes de llegar a tu casa? —preguntó Kate con cautela mientras tomaba la mano de Edward y enlazaba sus dedos con los de él en señal de que las cosas estaban bien.
Edward sonrió antes de responder y apretó el agarré de Kate. —Mi familia te hará sentir en casa. No tienes que hacer nada que no quieras. Van a estar arreglando la casa, la cena, tal vez comprando regalos… si quieres los puedes acompañar o… puedes quedarte en casa.
—¿Vas a llamarme todas las noches, verdad?
—Claro. Quiero que me cuentes todo. Solo son un par de días, pero verás que ni siquiera te vas a acordar de mí de lo bien que vas a estar.
—¿Van a ir por mí al aeropuerto, verdad?
—Sí. Mis papás estarán ahí seguramente media hora antes. De cualquier forma, les llamaré en cuanto despegues para que estén atentos.
—¿Me quedaré en tu habitación?
La pregunta lo hizo reír. Se notaba su nerviosismo y le parecía gracioso considerando que su familia la recibiría con las mayores atenciones.
—Tranquila, nena. Será como cuando vinieron mis papás, pero esta vez los invitados seremos nosotros.
—Lo sé. La verdad es que… es la primera celebración formal que tendré con tu familia… llegaré sola… y… estoy nerviosa.
Edward permaneció a lado de Kate hasta el último minuto que fue posible. Se despidieron con un largo beso y un abrazo con el que intentaba infundirle algo de tranquilidad a la chica, que aún permanecía nerviosa por alguna razón que no lograba descifrar.
Gracias por leer.
