CAPITULO 2.
El día aún permitía subir a los árboles, el verano estaba cerca y el sol tardaba un poco más en ocultarse. Candy subió a su árbol favorito con un cuaderno, y la pluma estilográfica que Terry le había dado. Tenía que hacer su tarea, su esposo había hecho el esfuerzo todo ese día, de escribir cada una de las situaciones que habían pasado por dudar, por no preguntar, por no esperar al otro. Sabía que las cosas se habían arreglado, sin embargo, las heridas seguían ahí… era como Albert le había dicho, una taza si se cae y se rompe puede pegarse, pero nunca volverá a ser la misma taza.
Ella amaba a su esposo, jamás dudaría en amarlo, pero nunca pensó que su intento de ayudar a todas las personas la alejaría tanto del hombre que era su otra mitad.
Odiaba tener que estar sentada tanto tiempo, pero debía hacerlo si esa era la forma de recuperar la confianza con su esposo. La rubia suspiró y comenzó a escribir, Terry le había comentado que él estaba tratando de escribir como si relatara una obra de teatro; ella no escribía así, pero le gustaba escribir cartas a sus amigos. Se habían prometido ser sinceros al escribir, si quería ser sincera quizá escribiría como si le contase a la señorita Pony esta historia, con ella era totalmente transparente.
Querida Señorita Pony, como esta. Me imagino que bien.
Sé que aunque nunca leerá esto, decidí elegirla a usted como la persona a la que le escribiré esta larga carta para contarle mis últimas aventuras y desventuras, pues es usted la persona que con verme a los ojos sabría si escondo algo o me estoy mintiendo yo misma. Usted y la hermana María, pero creo que ella me retaría si lo leyese.
Cómo sabrá vivo en Stratford Upon Avon, con Terry…si mi Terry. Ahora soy Candice White Grandchester, baronesa de Salfok. Aunque para las personas que solo se relacionan con mi esposo a nivel del teatro soy Candice Graham, el apellido artístico de Terry.
Trabajo en el hospital de Stratford, y ahora estoy pensando en especializarme en pediatría, siempre me han gustado los niños y que mejor manera de cuidarlos si comprendo sus necesidades. Mi tiempo lo divido entre mi trabajo, mi esposo, el comité de preservación del legado de Shakespeare, la casa y últimamente estoy intentando colectar fondos para la casa hogar y el hospital de Statford. Uno de los doctores del hospital me dijo una vez que ponía mucho en mi plato, pensé que se refería a mi almuerzo; pero ahora que estoy escribiendo esta larga carta historia me doy cuenta que se refería a todo lo que me propongo hacer.
Quizá por eso es porque estoy obligada a escribir esto, creo que realmente servirá para que veamos las cosas con los ojos de alguien que ve la historia de fuera.
Luego de la boda, pensé que nada podía afectarnos, amo a mi esposo con todo el corazón, ese mocoso malcriado arrogante se ganó mi corazón desde que tenía 14 años, y más de 10 años después lo sigue teniendo; así como yo tengo el suyo. A veces, habían pequeñas rabietas de Terry por el té, su principal obsesión, realmente entra en crisis si el té no es té inglés. En América hay tantos tipos de té que no comprendo cómo puede diferenciarlos. Además he tenido que aprender a ser un poco ordenada para competir con su deseo que las cosas estén siempre en su lugar. Aunque él también ha tenido que ceder, por ejemplo, aunque sigue llamándome tarzan pecosa, o señora pecas, ya no hace bromas pesadas como cuando me encerró en esta vieja casa que aún estaba en reparación y me dijo que el fantasma de Shakespeare se paseaba por aquí. Si ya sé, que estoy mayor para creer en fantasmas, pero fueron los 15 peores minutos que pasé en esta ciudad o eso pensaba. También ha tenido que aceptar que siempre seré una persona distraída y no ha faltado la oportunidad en que ha terminado con su ropa cubierta de té caliente o de tinta por mi distracción; creo que ya se acostumbró.
Pero como le decía, he sido feliz junto a Terry…sin embargo, hace unos meses nos visitó su madre, para pedirle a Terry que aceptara participar en una película en Hollywood en California, en la que ella actuaría el papel de una madre alcohólica y Terry sería su hijo; un empresario avergonzado de su origen y la vida de su madre.
Realmente yo me emocioné, y vi en el semblante de Eleanor, el deseo que Terry compartiera esto con ella, así que me propuse ayudarla en todo lo que pudiera. Comencé por tratar de hacerle entender a Terry que era una gran oportunidad el trabajar junto a su madre, pero no, él no quería salir de Stratford, ponía de pretexto al inicio que no quería hacer cine, y además que pronto reestrenaría el papel de Hamlet en Stratford en la reinauguración del teatro; que además hay un evento de caridad para recaudar fondos, etc. Pero es que yo no comprendía su negativa, el papel ya se lo sabe, es como si yo tuviera que repasar como curar una herida, ya me lo sé, lo mismo él con el papel de Hamlet, es su mejor papel, lo ha hecho tantas veces que creo que puede hacerlo dormido y nadie en el público se daría cuenta.
Además, no me gusta ver a la señora Baker triste, Eleanor me ha llegado a querer como una verdadera hija, y a mí no me gustaría ver a mi madre triste. Pero no Terry, él tiene sus ideas, así que decidí presionarlo un poco ya que no escuchaba razones. Decidí que si mis mimos no habían funcionado, pues usaríamos otra estrategia, sería un témpano de hielo. Realmente me costó, porque me encanta darle todo mi amor, pero no tenía de otra, y fue duro, pero a la vez estaba molesta y una parte de mí quería que no se acercara. No entendía cómo podía ser tan cabezota, se trataba de su madre, la mujer que le dio la vida.
Para Terry, y creo que será difícil escribir esto, aunque sepa que usted no la va a leer; es difícil no vivir en una eterna luna de miel, mi marido es un hombre muy apasionado, a veces parece un leoncito necesitado de amor, lo cual tengo que admitir que disfruto y no puedo negarle nada, pero si no quería escucharme y ver el apuro de su madre, la falta de pasión al menos lo haría pensar, y funcionó.
Luego que firmó el contrato y la señora Eleanor regresó a América, tuvimos un mes para organizar todos los pendientes. Desde que acciones tenía que hacer mi esposo, para que todo estuviese listo para el nuevo lanzamiento de Hamlet, pasando por la gala de recaudación de fondos, el viaje, su nuevo guión, la casa, los pagos, mi seguridad, en fin; creo que también había mucho en el plato de mi esposo. Sé que me dirá que hemos pasado situaciones más difíciles, sin embargo, todo esto era nuevo, y yo no quería decepcionarlo, ni él a mí.
Un día que tuve que quedarme hasta tarde en el hospital, llegué retrasada a mi reunión para la organización de la gala de reinauguración, este comité era presidido por Lady Cadawell, una mujer algo mayor que yo, quien ha sido la responsable del desfile y preservación de los lugares relacionados a Shakespeare desde que vino a vivir a Stratford con 25 años y ahora tiene 35. Este William sí que le da trabajo a la ciudad…
Pues estaba tan cansada que me quedé dormida en la reunión…si lo sé, soy una dormilona, pero de verdad estaba cansada. Pensé que Lady Cadawell me diría algo cuando desperté pero siguió su reunión como si nada. Cuando todos se despidieron quise disculparme por mi falta de educación, pero me sonrió y me dijo que se sentía feliz de tener a una baronesa en la ciudad, que ella no tenía un título de cortesía pero su padre había sido nombrado Barón y como su hija conservaba el título de Lady. Que la familia Grandchester, era una de las más reconocidas en Inglaterra, y que era un gusto tenernos viviendo en la ciudad.
Antes de eso no me dirigía mucho la palabra, al igual que otros miembros del comité, pues estaba ahí por Terry, pero muchos de ellos no entendían porque yo trabajaba como enfermera, si tenía un esposo que podía darme una buena vida. He aprendido a no seguir explicando que no trabajo por el dinero pero eso solo hace que las personas me vean como excéntrica, así que he aprendido de mi esposo a no dar demasiadas explicaciones.
Pero como le decía, en todo momento me llamaba Lady Grandchester, le dije que me llamase Candy, que no usaba el título de Lady, pareció sorprendida; pero luego sonrío y me dijo que esperaba que yo la llamase Rose. Le dije que la madre de uno de mis primos se llamaba Rosemary y pareció encantarle. Poco a poco fui viendo que detrás de esa fachada de nada se mueve si yo no lo digo, había una mujer que intentaba ser alguien en aquella ciudad, y que por ser mujer tenía que hacerlo a través de lo que había aprendido en sus años escolares. Me recordaba un poco a Flammy, huraña y distante, pero con un vacío en el corazón. Me di cuenta que por ese carácter nadie era parte de sus amistades, la respetaban por su título y su influencia pero no la apreciaban. Definitivamente me recordaba a Flammy.
A lady Cadawell, le gustaban las flores como a mí, así que pensé que era una buena forma de alegrar a esa mujer. Durante nuestro paseo por el jardín de rosas y narcisos me contó que se casó con el hombre que su padre eligió ya que su familia estaba en la pobreza y era la forma de arreglar las cosas en su familia. Me conmovió lo difícil que fue para ella tener que casarse con un hombre mayor, que solo quería un heredero y el cual nunca pudieron tener. Me decía que era tan hermoso que Lord Grandchester, - siempre lo llamaba así- y yo, nos hubiésemos casado por amor y no por obligación de nuestras familias.
Me propuse alegrar a aquella pobre mujer cuyo destino se había definido por un acuerdo de familias. Además de gustarle las flores se sabía de memoria un libro sobre el significado de cada flor y como podían expresar sentimientos al regalarse determinada flor a una persona. Trató que yo lo leyese pero cuando vi el tamaño del libro decliné, era suficiente con mis libros de medicina para agregar más horas a mi día. Tiempo después llegó a mi casa con una extraña flor que se colocaba sobre los árboles para que floreciera, se llamaba clavel del aire. La coloque sobre este árbol que era mi favorito.
En agradecimiento y para verla contenta la invite a cenar, estaba feliz pues más allá de las invitaciones que obligatoriamente la sociedad en la que vivíamos realizaba por cumpleaños o eventos especiales no era invitada a compartir en ningún lugar. Esa noche a pesar del cansancio mi esposo fue amable y trató de entablar una conversación con Rose. Dado nuestro apurado ritmo actual de vida, la conversación fue sobre la película de Terry y su próximo viaje.
Rose se ofreció a hacerme compañía y estar pendiente de mí como una guardiana, cosa que hizo que Terry se pusiera en mi defensa diciéndole que yo no necesitaba una guardiana. Entiendo a Terry, el cree que fuera de querer tenerme el mayor tiempo posible con él cuando no estamos trabajando nadie tiene que apresarme. Sin embargo, en ese momento pensé que solo era una forma de hablar de Rose, ya que era la manera rígida en que la habían educado.
Luego de esto, tuve la primera discusión seria con Terry. Rose Cadawell era una mujer solitaria a quien yo le había abierto una puerta a la amistad, pero a quien yo veía tan necesitada de compañía que en cuanto me veía regresar del trabajo llegaba a la casa y se auto invitaba a cenar, o no se retiraba cuando Terry regresaba del trabajo.
El colmo fue un día que olvide decirle a Terry que teníamos visitas y bajo en ropa de casa y descalzo a cenar, y aunque a mi esposo no le importan los convencionalismos sociales, no le gusta que nadie entre en su intimidad y eso incluye su ropa y sus pies descalzos. Fue la primera noche que no dormimos juntos estando los dos en la misma casa. Traté de calmarlo pero no hubo forma, así que se fue del comedor y dormí sola abrazando su almohada tratando de comprender porque se había molestado tanto. Creo que para él su casa es su castillo, y no le gusta tener que ser más Terruce Graham dentro de estas paredes.
Entendía que mi esposo quería estar estos días a solas conmigo, pero ella me parecía tan solitaria. Sin embargo, tendría que hablar con ella, pero como si adivinase que iba a mencionarle algo, ese día me dijo:
- Candy, es maravilloso que me permitas compartir la cena contigo y Lord Grandchester, estoy tan sola en esa gran casa que me dejo mi esposo. No sabes lo afortunada que eres de tener tantas personas que te quieran y respeten.
Fue como si adivinara que iba a pedirle que no nos acompañara, hable con Terry que solo serían unos días hasta que él regresara de la filmación y de esa manera no tendría que pasar las noches sola cuando el no estuviese. A regañadientes aceptó.
Imagino su rostro señorita Pony, al decirme si lo supiese, que estaba bien que yo ayudase a esa mujer, pero que mi primer afecto debía ser hacia mi esposo. Como hubiese querido tener quien me aconsejara en ese momento. Terry dice que mi principal defecto es que creo que todas las personas son buenas, y él con su cinismo particular, cree que si piensa mal acertará.
Faltando poco tiempo para que Terry se marchase, recibió un telegrama de Eleanor en el que le comunicaba que debía tener un asistente con él en su viaje. Mi querido esposo entró hecho una furia en mi sala de té, usando su peor lenguaje sin haberse percatado que lady Cadawell me acompañaba. Está demás explicar lo incómodo de la situación, sin embargo, ella nos ofreció una solución al tener un conocido que podía acompañar a Terry en su viaje. Mi esposo no es un divo como algunos otros actores que he conocido, pero Eleanor tenía razón, Hollywood no era Stratford, ni Broadway; necesitaría un apoyo para sus actividades.
Días después conocimos a Karl, quien resultó ser una persona con las cualidades necesarias, no solo para hacer su trabajo, sino para no sacar de sus casillas a mí a veces temperamental esposo. Con todo esto, el día de la partida llegó, una noche antes Terry estuvo explicándome todo lo relacionado a gastos que dejaba para mí. Yo tengo el dinero de mi trabajo, pero generalmente lo uso para donaciones, pues él no deja de ser Terry y una cosa es que yo trabaje y otra muy distinta que use mi dinero en la casa, para él eso no está a discusión, es su responsabilidad.
Además me pidió que no usase en su ausencia los zafiros regalos del duque de Grandchester su padre, eran las únicas joyas que el duque pudo heredarle a su hijo, al no ser hijo de su matrimonio con la duquesa. Eran unas joyas realmente magníficas, pero la última vez que las usé fue en la fiesta de cumpleaños de la tía abuela, que por supuesto, fue el evento del año en la sociedad de Chicago. Y no crea que los usé por vanidad, no soy muy aficionada a las joyas; pero a Terry le fascina ver la cara de mis parientes cuando tenemos algo que ellos no tienen, principalmente Elisa. Es uno de esos rasgos de venganza infantil que él jamás perderá, así que los usé pero algo sucedió con los broches que en un momento comenzaron a fallar y si no los perdí esa noche fue porque aunque soy una distraída mi esposo siempre está pendiente de lo que sucede a mi alrededor y él se percató.
Despedí a Terry con un dolor en el pecho que no había tenido nunca en sus continuas giras. Sentía que esta vez era diferente.
Los días comenzaron a pasar, y lady Cadawell tuvo la idea de ofrecer una recepción en su casa con algunas de sus conocidos de Londres, dada la distancia muchas de esas personas se quedaron en su casa una temporada. Rose me contó muy emocionada todos los planes que tenía para sus invitados, y me pidió ayuda para organizarlo todo. Por primera vez me tuve que negar, había tenido días difíciles en el hospital, y tenía las reuniones y actividades del comité, además sentía una extraña melancolía de estar sola en la casa por las noches.
Rose me miró como si le hubiese dado una bofetada, no era mi intención ofenderla. Pero no quería comprometerme a algo que no iba a poder solucionar. Le explique todas las obligaciones que tenía, pero le prometí asistir a la cena formal que daría y tal vez a alguna otra actividad de las programadas. Eso pareció complacerla y cada noche que me acompañó a cenar, me contaba lo planeado. Dos noches antes de la cena, me preguntó que me pondría, le dije que aún no lo había decidido. Como si fuese una chiquilla Rose hizo que subiéramos a mi vestidor a ver cuál de todos mis vestidos debería usar. Me pareció divertido, como cuando Annie venía a visitarme y pasaba horas mostrándome lo último de Nueva York y París. Como sabe no soy aficionada a la moda, pero es divertido oír hablar a las personas de sus gustos.
Ahora recuerdo lo que en algún momento me pareció una conversación trivial en una de nuestras cenas. Hablábamos con Rose sobre el papel de las mujeres en la sociedad, ella aún era un poco reticente a entender sobre mi trabajo, teniendo Terry una buena posición. Le explique sobre mi punto de vista, que yo creía que había una diferencia entre el hecho de trabajar para sentirte realizada y trabajar por necesidad, yo había hecho ambas cosas y no me avergonzaba de ello. Siendo tan confiada como soy, le conté sin embargo, que Terry jamás había aceptado que yo usase mi dinero en nuestra casa, podía usarlo para caridad, para comprar regalos, libros, irme de tiendas con Annie si lo deseaba.
Aunque mi esposo me había acompañado a ejercer el sufragio cuando este le fue permitido a las mujeres, y estuvo ahí para protegerme de las personas que protestaban por esto, y a la vez era una reivindicación de principios al ser Terry un personaje conocido, en el tema de la casa no cedía. Supongo que ser el hijo del duque de Grandchester, par de Inglaterra, te marca en algunas cosas. Así que con la mayor confianza le conté las indicaciones de Terry sobre gastos y el uso de las joyas en su ausencia.
Pero volviendo al tema de la moda, Rose repasaba mis vestidos como una chiquilla. Luego me pidió ver las joyas que podía usar. Me dejé llevar por su entusiasmo y le mostré las esmeraldas que Albert me había dado para mi compromiso, los rubíes de mi primer baile con Anthony, y otras joyas regalos tanto de mi padre adoptivo como de mi amoroso esposo. Entre todas estas los zafiros reales regalo del duque de Grandchester resplandecían.
Le conté a Rose la historia de los zafiros, y muy emocionada me dijo que debía usar un vestido azul de seda con escote que Annie me había regalado y los zafiros. Me negué categóricamente diciéndole que era la única promesa hecha a Terry durante su ausencia. Rose comenzó a insistir que el vestido perdería su gracia si usaba joyas de otro color, pero le indique que entonces me pondría otra cosa.
Al final me convenció diciéndome que ya que no la acompañaría en todas las actividades con sus invitados, al menos la complaciera con usar aquella combinación que ella había elegido para mí, que ella nunca tuvo hermanas y menos una amiga con la que pudiera hacer ese tipo de cosas. Al fin estaba abriendo un poco aquel duro corazón, viéndola disfrutar como una chiquilla, y pensé que si tenía cuidado con las joyas nada malo pasaría. No era la primera vez que hacíamos Terry y yo una travesura, así que no se molestaría si los zafiros regresaban a la caja fuerte.
Por primera vez desde que comenzó a escribir, Candy se dio un momento para respirar. Realmente nunca pensó que aquellos zafiros estuvieron a punto de acabar con su matrimonio. Siempre pensó que las personas no eran malas por naturaleza, sino que había circunstancias en su vida que las llevaban a tomar malas decisiones. Si ella hubiese perdido aquellas joyas porque se hubiesen caído al estar con Terry, o porque la caja fuerte hubiese sido abierta, hubiese visto tristeza en los ojos azules de Terry, pero no decepción. No era una casualidad ahora que lo pensaba, que las joyas tuvieran el color de los ojos de Terry y de su madre.
Volvió a retomar el cuaderno, tenía que avanzar si deseaba que las cosas se aclararan.
Yo estaba entre las pocas personas de Stratford que estaban invitadas, y dado que me encontraba sola llegué retrasada a la velada al no tener la puntualidad inglesa de Terry apurándome. Rose es una persona que ama el protocolo inglés y no desperdiciaría esta oportunidad para realizarlo, así que tuve que escuchar que me introducían a mi llegada como Lady Candice White Graham Andley, Baronesa de Salfok, de la casa de Granchester. Sentí tantas miradas sobre mí, pero mi anfitriona se apresuró a salir a mi encuentro.
- Rose, creo que te enredaste con mis nombres.
- Au contraire chérie, eres la señora Graham, pero eres Lady Andley del clan escocés, eres la baronesa de Salfok, y eres una Grandchester.
- Mi esposo y yo no usamos nuestros títulos.
- Querida, no dudo que con tu gracia y encantos podrías convencer a toda esta gente de donar a nuestro evento, pero como la Baronesa de Salfok tendrás más posibilidades. Recuerda que aunque Lord Grandchester no heredará el ducado, nadie le negaría algo a la nuera del duque de Grandchester, además hazlo por los niños y tus pacientes.
- De acuerdo, quizá tengas razón.
- Sé que la tengo, ahora déjame presentarte a algunas personas, te ves bellísima, tú amiga Annie, tiene un gusto genial para la moda, y esas joyas son el complemento perfecto.
- Y veo que tú te has deshecho de tus moños.
- Seguí tu recomendación de usar un poco más suelto el cabello, amiga.
Lady Cadawell me presentó a varios de sus invitados, era obvio que esas personas no estaban ahí por afecto a la anfitriona, sino por pasar unos días de ocio en una ciudad diferente, aburridos de Londres. Me vi rodeada de personas que no estaban interesados en aportar parte de su fortuna a los menos favorecidos, sino en querer saber sobre la carrera de mi esposo, o sobre la relación de la familia Andley con la casa de Grandchester.
Algo me decía que buscara un pretexto para retirarme, sin embargo, uno de los invitados se acercó a solicitarme un baile en el pequeño salón que Rose había adaptado para la ocasión, quise negarme pero me dijo que había sido compañero de clases de Terry cuando habían estado internos en Eton, colegio del que por supuesto expulsaron a mi ahora esposo. Igualmente le agradecí pues conocía lo temperamental de mi esposo y no quería que se prestase a malos entendidos.
Me retiré hacia un grupo de personas, donde se encontraba Rose conversando, para evitar cualquier otra invitación. Me encontraba escuchando los detalles de la renovación del teatro cuando la mano de aquel caballero frente a todas esas personas se extendió a mí nuevamente invitándome a bailar, con el pretexto de ser un antiguo amigo de mi esposo.
Acepte la invitación, y luego que nos encontrábamos en la pista una pieza de foxtrot comenzó a sonar. Este baile era un poco más movido que los tradicionales valses que bailara con mi esposo. Trate de seguir los pasos y disfrutar de aquella contagiosa melodía, en menos tiempo del que había previsto la música terminó y en ese momento se anunció la cena por lo que pasamos al comedor.
La conversación giró alrededor de las obras del teatro, la reinauguración, y el ser cuestionada por la ausencia de mi esposo, a lo cual hubo exclamaciones a favor y en contra de haberse unido a la nueva moda de las películas. Estaban ya sirviendo los postres cuando descubrí algo que me hizo quedarme sin aliento. Me levanté presurosa y vi a Rose seguirme en mi carrera.
Caminaba por la casa desesperada, tanto el brazalete como el collar de zafiros no estaban, ya no los llevaba puestos…
Rose al verme levantar bruscamente, se puso a buscarme. Cuando vio mis ojos llorosos, solo alcance a decirle, los zafiros….
Pensé que me ayudaría a buscarlos, pero lo que hizo fue regresar donde los invitados, y contarles lo sucedido. Me sentí tan expuesta, pero luego pensé que tal vez entre todos los encontraban y esto no pasaba de un mal momento. Pero nada, luego de una hora, los zafiros de la casa de Grandchester habían desaparecido. La policía llegó pero no encontraron nada, y para colmo de malas tuve que aguantar preguntas tontas como si estaba segura de haberlos usado, o si había visto algo sospechoso. Pero lo que hizo que la velada finalizara estrepitosamente, fue el hecho que la policía interrogo a los sirvientes y no a los aristócratas ahí reunidos. No pude soportarlo y les grité todo lo que se me ocurrió. Al día siguiente, trataba aún de entender lo que había sucedido…
Candy detuvo su escritura al ver un vehículo ya conocido acercándose. Se quedó esperando en el árbol a que el ocupante entrase al jardín. Desde la distancia vio aquel cabello castaño que ahora lucía corto. El caminó en dirección a la casa, cuando decidió levantar la mirada y la vio sentada en la rama del árbol. El hombre levantó la mano para saludarla, sonrío y entró en la casa sin ver atrás.
La joven mujer sintió que las lágrimas iban a empezar a derramarse silenciosamente. Antes de ir a Hollywood su esposo parecía un chiquillo que regresaba del colegio, siempre embromándola, ya fuera por sus pecas, su adicción a los dulces o su distracción del día. Recordó la última vez que la había encontrado en el árbol, había subido a hacerle compañía y se habían quedado abrazados hasta que la luna había salido.
Sus pensamientos la llevaron a la vez que la había encontrado divisando a través de las ramas del árbol a los vecinos que nunca había conocido. Tenía poco de vivir en Stratford por lo que no sabía que detrás de su residencia había otros dos terrenos, había pasado por ahí en una ocasión pero no vio a nadie, así que estaba vez estaba tratando de ver quiénes eran. Terry la encontró en esa loca actividad como una chiquilla, la alcanzó en el árbol y luego la bajo sin importarle las protestas de la rubia.
- Tarzan pecosa y entrometida, no sería más fácil si hacemos una visita social como dos personas normales.
- Tu no haces visitas sociales, mocoso engreído.
- No, pero por mi entrometida mujercita es posible que soporte hacer un par de visitas si soy recompensado.
- Y por qué debería recompensarte malcriado
- Por ser tan buen marido. Comprensivo, dulce, apasionado, buen mozo…
- Y además arrogante, altanero…
La calló con un beso. Se la llevó cargada a la casa ante la mirada de estupor de los sirvientes, y subió con ella a la habitación.
- Candy amor mío, no sabes que eterno se me hace el tiempo sin ti.
- Terry…
No salieron en toda la noche, se dedicaron a amarse hasta desfallecer, luego bajaron a la cocina a buscar algo de comer; regresando a la habitación para seguir amándose. Al día siguiente llegaron tarde a sus trabajos, pero no pudieron evitarlo. Eran felices así.
Candy regresó a la realidad actual sabiendo que era la hora de la cena y esperaba pasar la noche con su esposo contándole sobre su trabajo del día. Cuando subió a su habitación, Terry ya se había cambiado para cenar. Ella se puso de puntillas para darle un beso en la boca y preguntarle cómo había estado su día, él simplemente le sonrió y dijo:
- Lo mismo de siempre. Te espero en el comedor.
Cenaron casi en silencio. Al finalizar la cena Terry se dirigió al estudio. Ella lo siguió al momento imaginando que iba a seguir escribiendo. Ella se sentó frente a él. No dijo una palabra y él solo le sonrió.
- Pasa algo pecosa.
Ella no le contestó, se levantó de la silla, y fue a sentarse sobre las piernas de su esposo.
- Terry, quieres subir conmigo? – le digo sonrojándose.
- Tengo trabajo. – le respondió dándole un beso en el cuello.
- Terry…aún me amas? – dijo la rubia mirándolo con el rubor en sus mejillas.
- Claro que te amo pecosa, - le contestó el ojiazul con asombro.
- Pero, antes no te importaba dejar el trabajo para estar conmigo
- La vida pasa Candy, tú y yo sabemos que nada es estático. Además tengo que ponerme al día con muchas cosas. Como dijiste temprano, recuperaremos el tiempo perdido en las vacaciones.
- Si, comprendo.- dijo la rubia con decepción.
- Puedo hacerte una pregunta Candy
- Si, dime
- Has sido feliz conmigo, Candy?
- Inmensamente feliz Terry, por qué lo dudas?
- Solo era una pregunta pecosa, que descanses.- le dijo dándole un beso en la frente.
- Quieres que te espere despierta?
- No Candy, buenas noches.
La joven mujer llegó a su habitación, sintiendo un peso horrible sobre sus hombros. Sabía que había rechazado de manera sutil a su esposo por la mañana, y él no era nada sutil para demostrarle su inconformidad. Era la primera vez que él se acercaba luego de todo lo que habían pasado y ella lo había rechazado. Tomo nuevamente el cuaderno para escribir.
Un día después de la pérdida de los zafiros, Lady Cadawell me visito para comentarme que había vuelto a revisar la casa pero no había encontrado nada. Además me llevó el periódico donde se notificaba en primera plana la pérdida de las joyas. Terry ni siquiera había llegado aún a California y yo ya era noticia de primera plana, al menos solo era el periódico local. Continuaba buscando la forma de recuperar las joyas, cuando una mañana me entregaron un telegrama, lo abrí con pavor:
Enterado pérdida joyas. Hablaremos a mi regreso. Deja que policía se encargue. Muy molesto.
No entendía como se había enterado, esperaba tener una solución cuando mi esposo regresara.
Volvió a cerrar el cuaderno, Terry no subiría hasta muy entrada la noche. Se dio la vuelta para dormirse, pero algo se revolvió dentro de ella.
- No Terry, he sido inmensamente feliz contigo y voy a volver a serlo, te lo juro.
Diciendo esto se durmió con un plan en la cabeza.
Continuará...
Agradecimientos: Gracias a skarllet-northman, Nally Graham, Mary silenciosa, Zucix, anita ruiz, AyameDV por sus reviews. Espero sigan disfrutando de esta historia que tiene un especial significado para mí.
Phambe: Merci beaucoup pour vos commentaires, je me suis souvenu de la langue française j'ai étudié à l'école. J'espère continuer à profiter de l'histoire.
