The Blue
Capítulo 2
Llevaba una hora esperando ahí sentada… Estaba por levarse y marcharse.
Faye, espera!- el chico llegaba apurado a la mesa, se sentó delante de la mujer resoplando.
¿Se puede saber dónde demonios estabas? Llevo una hora aquí esperando.
He tenido una serie de complicaciones pero están solucionadas. Tengo la información que necesitas. ¿Cómo piensas hacerlo?
Eso no es de tu incumbencia- decía la joven mientras recogía el sobre que le tendía.- ¿Solo traes información o has conseguido algo más?
¿Cómo pagas el alquiler? Siempre me lo he preguntado.
¿Estás de broma?
Bueno, tengo otras cosas que hacer, pasaré esta noche por tu casa.- dicho esto se levantó y salió de la cafetería.
.
Estaba revisando mensajes de Bob. Hacía un par de años que trabaja ayudando a la ISSP a capturar ciertos criminales. Era como volver a ser uno de sus agentes pero de manera extraoficial. Lo bueno es que le pagaban. Ya de recompensas no conseguía vivir. Antes contaba con ayuda pero él solo no era capaz de sacar suficiente para todos los gastos.
Llevaba un tiempo dándole vueltas a dar de baja a la Bebop. Se estaba convirtiendo en un enorme montón de chatarra que le daba más problemas que otra cosa.
Jet, ¿ya estás pensando en marcharte de nuevo?- la mujer rodeo el cuello del hombre y lo abrazó desde la espalda.
Me han mandado más trabajo. Pero hoy es mi día libre, lo he decidido- Jet se deshacía de sus brazos y se daba la vuelta para mirarla de frente.- Sabes que me gusta estar contigo Tina.
Lo sé, te gusta estar conmigo- dijo mirándolo con ojos tristes.- Pero no durante mucho tiempo.
Ya lo hemos hablado, yo no sirvo para el tipo de vida que tú quieres. Si decides que lo nuestro debe terminar lo comprenderé perfectamente. Pero no seré yo el que lo acabe. Llámame egoísta, sé que lo soy. Por ahora esto es lo único que te puedo ofrecer.
No puedo cambiarte. Supongo que tendré que aceptar la situación por ahora. A mí también me gusta estar contigo, por efímeras que sean tus visitas.
Se sonrieron de manera nostálgica. Era como si no estuvieran ahí, como si la imagen del otro que cada uno percibía no fuera real sino un recuerdo. Era como vivir una mentira, se consolaban mutuamente y se olvidaban el uno del otro hasta que la mentira se volviera a hacer realidad.
.
Llevaba toda la tarde revisando la documentación. ¿De dónde demonios había sacado todo esto ese imbécil?
Había fotos, extractos bancarios, transacciones de todo tipo, testimonios de distintas personas, direcciones…
Podría entregar todo eso a la ISSP pero no le interesaba. Aunque hubiera recompensa… Necesitaba hablar con él.
Mientras leía los papeles fumaba cigarrillos y movía la pierna con gesto nervioso, su talón golpeaba el suelo a un ritmo constante poniéndose a sí misma aún más nerviosa.
No había comido nada en todo el día. Solo se había tomado un café esa mañana en la cafetería. Un sudor frio le cubría la piel y le temblaban las manos.
Un golpe en la puerta la sobresaltó. Miró hacia ella y echó mano de la pistola.
¿Quién es?
Soy yo, Richard.
El imbécil había llegado. Se levantó y le abrió la puerta. Fue a la mesa y reunió todos los papeles para volver a meterlos en el sobre.
¿Es buena la información, te ayudará?
Eso parece, ya veremos a dónde me lleva.
Nunca me cuentas nada. Nos conocemos ya desde hace un tiempo. Podría ayudarte si me dejaras.
El chico la miraba fijamente. Era muy guapo. Debía de tener más o menos su edad. Sabía que se sentía atraído por ella pero ella no tenía ningún interés.
Sabes que voy por libre, trabajo sola.
Pero eso podría cambiar si quisieras. Eres la mujer más terca que he conocido. No entiendo por qué te empeñas en alejar a todo el mundo. Yo no soy un cualquiera, somos amigos, ¿no?
Faye lo miró fijamente. Las palabras que acababa de pronunciar ese chico le resultaban del todo absurdas. ¿De verdad este hombre podía ser tan inocente? Parecía un adolescente lleno de ilusiones. Deseando hacerse mayor y cumplir todos sus sueños, pero de ilusiones no se vive. Una vez ella fue igual de estúpida, es lo que hace la ignorancia, pero con el tiempo aprendió.
Yo no tengo amigos.
.
Uno de los mayores criminales atrapados en los últimos años se acaba de escapar de prisión. Te mando los datos. Lo estaban trasladando a un módulo nuevo de máxima seguridad cuando, sin saber cómo, asesinó a los guardias, robó una nave y se dio a la fuga. La ISSP está intentado que la información no llegue a los medios. Es una vergüenza la negligencia de los agentes encargados de la custodia del recluso. Se cree que alguien de dentro está comprado y lo ayudó a escapar. Su captura es prioridad máxima, Jet. No hace falta decir que la ISSP te compensará sobradamente si lo traes de vuelta.
Jet revisaba la información que le estaba mandado Bob. Amir Malab, todo un elemento. Ataques terroristas, guerra biológica, genocidio…
Está bien Bob, veré que puedo hacer.
Ten cuidado y no lo subestimes. Nos mantendremos en contacto.
Dicho esto se cortó la comunicación.
Bueno, a trabajar!
Jet dirigió a la Bebop a las últimas coordenadas donde se avistó al fugitivo. Desde ahí iba a tener que usar todo su ingenio.
.
¿Has traído algo o no?
Claro que sí. Si no supieras que traigo algo no me habrías dejado entrar.- dijo frunciendo el ceño.
Déjate de tonterías, Richard y sácalo.
Richard sacó un pequeño bolso que llevaba. Abrió la cremallera y extrajo una jeringuilla.
¿Qué diablos es eso?- exclamó enfadada.
Pues una jeringuilla
Eso ya lo sé. ¿Por qué no has traído un dosificador?
¿Sabes cuánto cuestan esos chismes? Claro que lo sabes. A mí no me sobra el dinero. Bastante me ha costado ya traer esto. ¿Acaso me vas a pagar tu parte? Porque sería la primera vez. Si me pagaras podría comprar dosificadores en vez de mendigar por jeringuillas.
No dices más que estupideces.- dijo con voz cansada llevándose las manos a la cabeza. – Al menos habrás traído distintas agujas.
Estoy sano ¿piensas que te puedo pegar algo?- dijo con una sonrisa. Al ver que la chica le mira furiosa respondió.- Claro que sí, no soy tan tonto como crees.
Nunca se había usado para esto una jeringuilla. Lo veía todo tan anticuado.
Observaba cómo Richard lo preparaba todo. Él tenía mucha más facilidad para encontrar material que ella. Hacía varios días que no se metía nada y ya estaba notando los efectos.
Cuando tuvo todo listo Richard se la ofreció.
Tu primero- le dijo Faye.
Richard entonces se puso un elástico alrededor del brazo izquierdo. Las venas resaltaban en el interior del codo. Faye observaba fascinada ese espectáculo grotesco.
Llevaba mucho tiempo enganchada, demasiado para su gusto. Pero era ahora, observando a Richard, cuando toda la situación le resulto repugnante.
Richard cambió la aguja y volvió a preparar otra dosis. Se le veía bastante colocado.
Le ofreció el brazo, él le puso el elástico pero cuando vio que titubeaba intentando dar con la vena, le quitó la jeringuilla y se ocupó ella misma.
Una inmensa felicidad la inundó. Era como si aguantaras la respiración durante mucho tiempo, tanto que te arden los pulmones, y de repente, llegaras a la superficie y respiraras aire fresco.
Richard estaba reclinado en el sofá. Ella se echó hacia atrás quedando a su lado. Una calma total la recorría, todos sus músculos se relajaban. Podía oír la respiración acompasada del hombre a su lado. Olía bien, siempre olía bien. Miró hacia él y vio que él la contemplaba. Tenía las pupilas muy dilatadas, notó que empezaba a respirar más fuerte, casi jadeando. Faye estaba absorta en sus ojos y era incapaz de moverse. Él se acercó despacio. Sus narices se rozaban y respiraban el aire del otro. Entonces, la besó. El beso empezó lento pero él lo profundizó enseguida. Faye no era capaz de reaccionar. Richard la estrechó entre sus brazos, cada vez la apretaba más y empezaba a tumbarla en el sofá.
Faye no entendía lo que estaba haciendo. Qué más daba! Solo sentía asco por sí misma. Tenía una misión que cumplir, pero cuando la acabara ya no quedaría nada más para ella.
Faye reaccionó cuando Richard se separó un momento a coger aire, lo empujo y cayó al suelo.
Fuera.- fue lo único que le dijo, y observó cómo él recogía sus cosas y se marchaba.
.
Otra vez estaba sin blanca. No podía creer que hubiera acabado de esa manera de nuevo. Ese maldito degenerado de Amir se la había jugado. Llevaba meses juntando pistas y persiguiéndolo por media galaxia, para qué?
Se había percatado de su presencia desde hacía tiempo. Tampoco se podía decir que la Bebop fuera muy discreta.
En las últimas semanas se había acercado mucho. Llevaban días en una loca persecución a través del cinturón de asteroides. Pero ese imbécil fue más listo de lo que pensaba y le tendió una trampa. Al final el mayor imbécil iba a ser él mismo. Como consecuencia, la Bebop estaba en las últimas. No funcionaban los mandos y el piloto automático estaba loco. Solo esperaba que se acercara a algún punto donde pudiera encontrar lo necesario para repararla…
Después de tanto tiempo solo, dedicado a esta absurda cruzada, ya no le quedaba dinero. Y esa condenada nave se acercaba cada vez más a convertirse en un pozo sin fondo. Lo único que hacía era tragar, tragar y tragar.
Era su casa, pero se lo iba a comer vivo. Tal vez era hora de empezar a buscar una vida nueva.
Escuchó un estruendo y algo sacudió la nave. Los equipos no funcionaban así que no podía ver de lo que se trataba. Aguzó el oído y se dio cuenta que una nave había aterrizado en la Bebop. Se escucharon más golpes y algunas compuertas chirriar.
Jet cogió su arma y procedió con precaución a interceptar al intruso. Apagó la alimentación para dejar a la nave a oscuras. Se agazapó en la sala y esperó.
Una figura se acercaba en su dirección, chocaba con parte del mobiliario. Por la complexión era un hombre. Jet esperó su oportunidad enfundó la pistola y cuando lo tuvo cerca lo agarró desde atrás por el cuello con el brazo, estrangulándolo.
Te has equivocado de nave, amigo.
El hombre no intentaba defenderse. Se quedó ahí de pie mientras Jet apretaba en su agarre. Entonces metió la mano en el bolsillo. Jet pensó que había vuelto a pecar de estúpido y sacaría un arma, pero lo que sacó fue un cigarrillo que se llevó a la boca. Sin poder creérselo vio cómo ese hombre sacaba un mechero con la otra mano y acercaba la llama. Mientras encendía el cigarro pudo verlo de perfil.
En ese momento pareció que todo se ralentizaba. Había dejado de apretar el cuello de aquel hombre sin darse cuenta. Solo podía observarlo ahí, fumando impasible, y se preguntaba si eso no sería un sueño, si no estaría durmiendo ahora mismo, como tantas veces le pasó hace años. En algún momento despertaría y volvería a su rutina intentando olvidar el pasado y seguir hacia delante.
Entonces esa extraña visión se volvió hacia él. El rostro apenas iluminado por el cigarrillo. Un fantasma, aquello parecía una de esas pelis malas que se hicieron hace tanto.
Cuánto tiempo Jet.
Pero el fantasma habló, y se dio cuenta que más que un sueño aquello parecía una pesadilla, la pesadilla de su realidad.
