Un muchacho de once años acababa de cruzar el umbral de su casa, iba muy cargado con un gran baúl y una lechuza. Al entrar se encontró frente a frente con un hombre de mirada fija como el acero, una mujer con la cara roja de furia y un niño de diez años asustadisimo.
-Márchate Sirius- gritó el niño- rápido ellos…
-Cállate Regulus- le dijo su padre secamente. El miró a Sirius quién asintió imperceptiblemente.
-¿Como te has atrevido a volver?-la mujer empezó a gritar bajo la mirada de aburrido resignación del niño- Traidor de…- la mujer fue callada por la mano de su marido. El niño palideció.
-¿Cuántos latigazos por Gryffindor?- preguntó con orgullo y valentía. Su padre lo miró con despreció y su madre le dio una bofetada.
-Ninguno- dijo el hombre sacando su varita y provocando que Sirius le mirara extrañado- Crucio- gritó.
El niño empezó a retorcerse en el suelo, sus gritos eran fuertes y seguidos pero los de su hermano eran todavía más intensos mientras gritaba su nombre e intentaba llegar hasta él, cosa que impidió su madre. La tortura duró apenas cinco minutos pero al terminar el joven león había perdido la conciencia. Fue llevado sin muchas contemplaciones a su cuarto.
-Te prohíbo que lo vayas a ver Regulus- le dijo su madre.
El muchacho asintió mientras miraba a su hermano que yacía sobre la cama con su pelo negro esparcido a su alrededor y con una expresión de dolor en el pálido rostro. Al llegar a su propio cuarto se programó el despertador que le había regalado a escondidas su prima Andrómeda para la una de la noche, que su madre dijera lo que quisiera que él vería a su hermano mayor.
Esa noche, Regulus se deslizó silenciosamente en el cuarto de su hermano al que el creía dormido. Fue por eso que se sobresaltó al ver como abría los ojos al sentarse el en la cama.
-¿Como te encuentras?- le preguntó ansiosamente.
-He estado mejor.- le respondió él- ¿Y tú?
-También- le respondió- Háblame de Hogwarts- pidió.
-Es genial Reg,- dijo él sonriendo- la verdad, tienes que terminar en Gryffindor…
-No- dijo él rotundamente- Seré una serpiente.- Sirius se incorporó entre muecas de dolor.
-Reg si terminas allí creerás lo que ellos, si terminas en Slytherin todo habrá terminado.- sentenció.
-Todo a acabado- le dijo el mirando al suelo. Sirius iba a interrumpir pero Regulus continuo- No me digas que podemos escaparnos, que no nos encontraran. A la hora de cenar papá me ha explicado que, si se aplica esa maldición mucho tiempo a alguien él…- la voz de Reg se rompió pero cogió aire para proseguir- él termina enloqueciendo.
-¿Te han amenazado con volverte loco?- gruñó Sirius furioso.
-A mi no Sirius- gruesas lágrimas surcaban el rostro del niño- No puedo permitir que te hagan nada, Sirius yo…- no pudo proseguir puesto que estalló a sollozos. Sirius lo abrazó contra él y lo consoló acariciándole el pelo hasta que se calmó.
-Reg- le dijo dulcemente- podríamos irnos, un amigo mío nos dejaría vivir con él y…
-Nos encontrarían.- le interrumpió Reg- ellos… - tragó- ellos siempre nos encontrarán y te harán daño, vayamos donde vayamos. La única solución es darles el hijo que quieren. Tengo que convertirme en ese.
-Me estás diciendo que pretendes convertirte en un engreído, ególatra, estúpido, racista…- empezó Sirius enfadado.
-No Sirius- le interrumpió él sonriendo- pretendo salvar tu vida, si para hacer-lo tengo que convertirme en eso lo haré.
-Reg- dijo Sirius angustiado- se avecina una guerra, el nuevo régimen va a intentar conseguir el poder por la fuerza y si estás en Slytherin los apoyarás y yo voy a combatirlos, no podría…
-Sí Sirius- le volvió interrumpir él- y tú vas a enfrentarte a los malos, pero para eso tienes que llegar sano y salvo y no puedes estar loco. Tú serás un héroe- Sentenció.- y por tus cartas tus amigos también.
-Pero Reg…- intentó hablar él.
-No- dijo firmemente el niño- escúchame ahora,- su hermano asintió- en una guerra hay tres tipos de personas: los héroes, los peones y los malos ¿correcto?- su hermano volvió a asentir- nuestros padres quieren a un peón de los malos en la familia ¿OK?- Sirius asintió por tercera vez- Tú has nacido para héroe, lo sé, por eso yo debo ser el peón, será mi manera de ayudar al bando de los buenos y, cuando tu estés fuera de peligro, ya encontraré otra forma de hacerlo.
-Regulus- dijo Sirius- por favor, no hagas esto.
-Yo debo de ser peón y tú un héroe Sirius- repitió su hermano.
-Tú ya eres un héroe- afirmó este- pero Regulus no hagas esto, por favor. Cuando alguien finge ser algo se lo termina creyendo y no quiero que tú pienses lo mismo que esos monstruos además de que te olvidarás de mí y…
-Puede que olvidé quién soy y lo que está bien o mal pero nunca me olvidaré de ti Sirius, lo prometo. Que duermas bien- le dijo antes de besarle la megilla y salir del cuarto.
Sirius se volvió a estirar en la cama mientras se juraba a sí mismo que no dejaría que su hermano se saliera con la suya.
