Hola de nuevo! No podía aguantar más y aquí os dejo el capítulo dos. Espero que os guste y me dejéis reviews! Me hacen mucha ilusión leerlos :).
Gracias a saitohime y Flower of Night por sus comentarios, espero que no os defraude.
Un saludo y que disfrutéis.
DISCLAIMER: No me pertenecen los personajes, sino a Masashi Kishimoto, la historia sí.
CAPÍTULO DOS
Eran las dos de la mañana, cuando un aviso de Hokage-Sama llegó a mi ventana. Era un pergamino, lo abrí y lo leí. Requerían de mi ayuda urgentemente para una misión anbu. El resto de información me lo darían en la torre Hokage.
Me levanté de la cama totalmente desganada. Justamente ese día me había quedado hasta bien tarde trabajando en el hospital. El equipo de Gai había llegado de una misión y habían acabado gravemente heridos. Tuve que operar a Neji y estuve en quirófano unas cinco horas. Salí a la una de la madrugada, por lo que solo he dormido una hora. Ni siquiera he comido, el cansancio me pudo y me quedé dormida antes de hacerme nada para comer.
Me vestí con mi uniforme anbu, me recogí el pelo y me puse mi máscara. ¿Qué sería esta vez? ¿Saldría viva nuevamente? ¿Tendré esa suerte?
Cogí mi armamento y me encaminé lo más rápido posible para averiguar de qué se trataba esta vez la misión. Tenía un mal presentimiento, unos escalofríos recorrieron todo mi cuerpo. Quizás estaba pensando demasiado… Seguro que la quinta hokage estaría de mal humor por tener que levantarse a las tantas de la madrugada. Seguro que era eso y estaba pensando demasiado.
-Aquí estoy Hogake-Sama. –Aparecí frente a ella sin que se lo esperase. Utilicé un jutsu para transportarme.
-Bien, perfecto. Entonces ya estamos todos. –Miró a todos los presentes reflexiva. –Estamos en un gran apuro. Se nos han adelantado de una manera considerable. ¡Qué demonios! –Se levantó de su silla en cólera, dándole un puñetazo a la mesa ocasionando que esta se rompiese por la mitad. – ¡Se han adelantado aparatosamente!
-¿A qué se refiere Hokage-Sama? –Dijo uno de los anbus que se encontraban en la sala.
-Los muy hijos de puta ya tienen a todos los bijuus menos al hachibi y al kyubi. –Gritó mi maestra.
-¡No puede ser! ¡Eso es imposible! ¡Cuando te entregué el maldito informe solo habían capturado al ichibi y a Sanbi. Os puse dónde se encontraban los demás jinchurrikis y como bien me dijiste que hiciese, avisé a todas las aldeas correspondientes para que dieran protección a los susodichos. ¿Me estás tomando el pelo? ¡Solo han pasado dos jodidos meses!
-Pequeña FLOR, mejor cuida esa boca tuya –Me replicó mi maestra. Se volvió a sentar un poco más relajada, giró su silla y se puso a mirar por la ventana. Pasados unos segundos, dijo –No sé cómo lo han hecho… Han emprendido durante estos dos meses con bastante delicadeza e indulgencia la captura de bijuus sin que ninguna de las aldeas se diese cuenta. Estamos en desventaja, mucha desventaja. –Se volvió a girar y esta vez nos dijo a la cara. –Os he llamado aquí para que localicéis el escondite de Akatsuki y una vez lo sepáis, me lo informéis y tomaremos cartas en el asunto por entonces. Salíd de aquí en una hora para realizar la misión. No quiero quejas. Tengan cuidado.
Todos asintieron y se fueron.
Yo fui la única que me quedé allí, dubitativa. No entendía que podía haber pasado para llegar a donde estábamos ahora. Estaba asustada, muy asustada. ¿Qué pasaría si Naruto es secuestrado y por consiguiente… asesinado? ¡Maldita sea! No lo podía consentir de ninguna manera. Si también me faltase ahora Naruto… Me quité la máscara para que me viese la cara sin impedimentos ningunos y dije:
-Maestra.
No hubo respuesta, solo silencio.
-Maestra. –Repetí. – ¿Solo buscar la guarida? ¿No es mejor matarlos ya de una vez? ¡¿De qué sirve buscar dónde se esconden y volver?! –bramé. – ¡Cómo le pase algo a Naruto juro que-¡
-¡Cállate! –súbitamente Tsunade exclamó. –No permitiré que le pase nunca a nada a Naruto. Ni a ti. ¿Crees que no he pensado en cargarme yo misma con mis propias manos a esos desgraciados? –Tsunade bajó la mirada por un segundo, a mi punto de parecer estaba desalentada y agotada totalmente. No era la única que estaba sufriendo con esta situación. –Pero es lo mejor… Tenéis que encontrar la guarida, informármelo y volver. Una vez sepamos la ubicación, todas las aldeas estaremos dispuestas a atacar. Son fuertes Sakura, y tú lo sabes. No podemos arriesgarnos a perder la vida de ninjas a la ligera. Y ahora, vete y alístate para salir.
Tenía razón. No podíamos actuar sin ser precavidos, teníamos que ser listos. Más que ellos. Y eran fuertes, y perfectamente lo sabía. Me acordé de la cicatriz que tenía en mi abdomen en ese momento. Esa cicatriz fue originada por una lucha que tuve con un akatsuki hace un par de meses. No debía actuar siguiendo mis sentimientos. Bien lo sabía y lo había aprendido en las fuerzas especiales anbu, pero aun así, hoy había actuado como la niña que era en el pasado. ¿Es que no había aprendido lo suficiente en un año, para saber que cuando mezclas los sentimientos todo sale mal? Obviamente Naruto no iba a dejar de importarme de la noche a la mañana, eso no pasaría. Pero tendría que confiar en la palabra de mi maestra… Y creer con todo mi corazón que era lo más correcto para proteger a Naruto.
Me puse mi máscara y me dispuse a marcharme y a prepararme.
-Ten cuidado. –soltó Tsunade.
-Lo tendré.
Y me fui.
Ya tenía todo listo, y lo más importante es que ya me había calmado, ya estaba preparada. Ya veía las cosas desde otra perspectiva, desde otro ángulo. Seguía teniendo miedo, temor a perder a Naruto y temor de que esta vez fuese yo la que no volviese a la aldea nunca más. Las cosas se habían complicado a un nivel superior del que yo había pensado.
Llegué a la salida de Konoha, y ya estaban todos mis compañeros listos para partir. Sin siquiera decirnos una palabra, empezamos a correr y a saltar árbol tras árbol para salir cuanto antes de Konoha. El tiempo se nos echaba encima de una manera notable.
-Si seguimos a este ritmo en una hora estaremos en la frontera del país del fuego, y una vez allí podré convocar a mis perros rastreadores, y así nuestra búsqueda será más amplia. –Dijo un anbu.
-¡Sí! –Contestamos todos al unísono.
Una vez llegados a la frontera, los perros ninjas rastreadores fueron convocados y ordenados a hacer lo que el anbu anterior les obligó. Decidimos acampar por entonces, para descansar y tener más energías al amanecer. Y si todo salía bien, a esa hora aproximadamente tendríamos ya noticias, alguna mera información o mejor aún, una ubicación de la guarida de Akatsuki. Éramos cinco contando conmigo, así que dos se pusieron de guardia en el primer turno. Pasadas las dos horas del primer turno, dónde afortunadamente nada pasó, tocó hacer el segundo turno, del cual yo me encargué de hacer esta vez. Estaba ya un poco más descansada y podría aguantar perfectamente. Me levanté y me dispuse a hacer guardia. Todo estaba tranquilo, no había ningún ruido notorio, aparte del de pequeños animales nocturnos. De repente, escuché un ruido, el crujido de la madera. Agudicé el oído. A lo mejor podría ser un animal cazando a su presa. Lo volví a escuchar. Eso ya no era normal… Algo estaba pasando. Rastreé todo el perímetro por si encontraba algún chakra, algo que se me daba bastante bien.
Bingo.
Ahí estaba. Cogí un kunai y lo tiré en su dirección.
-¡Sé que estás ahí! ¡Sal! –Bramé.
Mis compañeros se levantaron inmediatamente al escucharme gritar.
-¡Vaya vaya vaya! Pero al final va a ser que eres buena y todo. ¿Cómo has podido saber dónde estaba? –Justo en ese momento salió un akatsuki, totalmente reconocible por su capa negra de nubes rojas. No le veía la cara muy bien. – ¿Sois de Konoha no?
Todos estábamos alerta. En cualquier momento podía hacer cualquier movimiento.
-¿Qué pasa? ¿Nadie piensa contestarme o qué? –Volvió a hablar el akatsuki.
-Muestra tu cara renegado. –Soltó un anbu.
-Oh, con que era eso… Está bien. –Actó seguido apareció ante nosotros. Rubio, ojos azules, llevaba una coleta alta. Era Deidara. Le recuerdo muy bien porque fue él con el que me enfrenté meses atrás. Cómo me iba a olvidar de esa cara… Y menos habiéndome hecho la cicatriz para toda la vida. – ¿Estáis contentos ya? –Se empezó a reír a carcajadas limpias.
-Deidara. –Dije.
-Oh, sabes mi nombre, me siento bastante halagado.
-¿Sabías que íbamos a estar aquí?
-Era de esperarse. Una vez hemos hecho público indirectamente que poseemos todos los bijus menos el de la aldea oculta de la nube, y el de la aldea oculta de la hoja, era todo predeterminado que o ellos o vosotros ibais a ir en nuestra busca. Habéis tardado en enteraros ¡en serio, llevo aquí dos días muriéndome del aburrimientos esperándoos! ¡Mira que habéis sido lentos!
-Oh senpaaaaaaaaaaaaaaaai, yo también estaba bastante aburrido ¡y además, eres muy cruel conmigo senpai! ¡Yo también estaba muy aburrido! ¡Quiero diversión diversión!
De la nada apareció otro akatsuki. Este poseía una máscara de color naranja.
-Cállate ya Tobi. Me pones de los nervios. –Gritó Deidara. – ¿Por qué has salido? Quédate mejor escondido, de esto me ocupo yo. No molestes ¿entiendes?
-Pero senpai, yo también quiero jugar. –Dijo el tal "Tobi". Este Akatsuki era la primera vez que lo veía, ni siquiera estaba en los registros de criminales. No tenía ni idea de quién se trataba, y lo peor, aunque optase por una actitud infantil seguro que era fuerte, muy fuerte, y no sabíamos nada sobre sus habilidades.
-¡No! De esto me encargo yo con mi arte. –Vociferó Deidara. Acto seguido metió su mano en su bolsillo y empezó a reírse maliciosamente.
-¡Cuidado! –Grité. – ¡Va a crear arcilla explosiva, tenemos que salir de aquí!
Todos empezamos a correr. Yo opté por saltar en zigzag de rama en rama para que no pudiese darme. Algo que había aprendido de la primera vez que luché con él es que nunca era nada bueno mantenerse en un punto fijo.
¡BOOOOOOOOOOOOOOOOOM!
Las explosiones ya habían empezado, los árboles a arder y el fuego a crepitar. Seguí saltando en zigzag, aunque ahora estaba más limitada porque los árboles iban ardiendo a cada explosión que Deidara hacía. Sin darme cuenta me vi acorralada, estaba en un cerco a su merced.
-Ya eres mía. –Se posó con su pájaro de arcilla sobre el suelo. – Tu máscara me suena de algo, creo que es bastante particular.
Concentré chakra en mi puño y lo dirigí al suelo para que este se derrumbase. El suelo se abrió en dos, ocasionando que perdiese estabilidad.
-A ver si así te acuerdas mejor de mí, condenado.
Corrí hacia él concentrando chakra en mis pies para ir más rápido, y en mis puños para asentarle un gran golpe. Salté y me dirigí hacia él, asentándole un puñetazo en toda la cara con todo el chakra posible acumulado. Este salió volando por los aires y se esfumó.
Era un clon.
De repente apareció a mi espalda, poniéndome un kunai en el cuello. Me cogió por sorpresa, no me lo veía venir.
-Ya me acuerdo de ti, parece ser que sobreviviste de la explosión. Impresionante. Tú eres más interesante que tus amigos… Han durado bien poco eh. –El muy hijo de puta intentaba provocarme.
-Eso es mentira, no pueden estar muertos. No me tomes por estúpida, desgraciado.
Acercó su cuerpo más al mío, apretando más aun su kunai en mi cuello. Acercó su boca a mi oído y me susurró:
-No creo que estés en posición de refutarme, ni de insultarme. Debería de enfadarme, pero me estás gustando. –Fue asqueroso sentir su aliento en mi oreja. –Tengo curiosidad por lo que hay debajo de esta máscara…
Ese era mi momento, aproveché, hice un jutsu y desaparecí de su campo de visión. Formulé un jutsu que había aprendido hace poco, y llené todo el campo de agua. Deidara fue rápido, tuvo tiempo para volver a hacerse ese repugnante pájaro de arcilla y salió volando, escapando.
-Nos veremos en otra ocasión. –Se despidió.
Y así fue cómo nuevamente Deidara escapó de mí. Maldita sea, tenía unas ganas de matarlo tremendas, y más por haberme provocado y acercarse tanto a mí. Pero no era momentos de pensar en eso, tenía que buscar a mis compañeros, si es que de verdad no estaban muertos como anteriormente me había dicho el akatsuki. Al menos tenía que escapar de allí, porque a lo mejor seguía estando el otro akatsuki, el de la máscara naranja merodeando por ahí, y luchar no ha sido nuestra misión en ningún momento.
Corrí de aquel lugar, inspeccioné el terreno por si encontraba algún chakra, pero nada. No había absolutamente nada. Estaba completamente sola.
Me refugié en una cueva para poder descansar y hacerle el reporte de lo sucedido a Tsunade-Sama pero…
-¿Quién eres? –Dijo una voz masculina mientras me ponía un arma blanca en la nuca.
