Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia es de samekraemer, yo sólo traduzco con su autorización.
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Vuelve a Casa
Capítulo dos
—Sr. Cullen, ¿por qué tomó esas pastillas? —pregunté mientras lloraba de pie en su habitación dónde podía ver que él no me quería para nada. No podía evitarlo y traté de parar las lágrimas antes que volver a la casa, pero no podía evitarlo. ¿Después de todo por lo que habíamos pasado por él para terminar así? No podía contenerme.
—¡Arpía chillona! No traté de suicidarme. Tomé las pastillas que dejaste en el mostrador. En todo caso, creo que tú intentaste matarme. Pusiste demasiadas pastillas blancas en el frasco. Eso muestra negligencia criminal de tu parte. Voy a llamar a las autoridades y hacer que te arresten por intento de asesinato —me espetó.
Me giré hacia Esme y vi las lágrimas en su rostro.
—¿Qué pasó? —pregunté.
—Comenzó a actuar raro en la cena después que finalmente haya accedido a unirse a nosotros en el comedor. Después de comer la mitad de su comida, se enfermó y vomitó. Carlisle contó las pastillas que quedaban en el frasco y vio que él había duplicado la dosis de Demerol —explicó Esme.
—Tiene que tomar la mitad de esas pastillas. Tendría que haber…
—¡No hablen de mi como si no estuviera aquí, maldita sea! Tomé las pastillas que dejaste en el mostrador. ¡Intentaste matarme, maldita puta! No es la primera vez que has drogado a alguien —gritó él.
—¡SUFICIENTE! ¡Ya basta! —gritó Jasper. Por suerte, Edward recordaba a Jasper y Alice. Ellas habían estado casados por tres años, así que su relación no estaba afectada por su amnesia.
—Jasper, es mi culpa… —comencé.
—No, Bella, no lo es. No puedo quedarme sentado y ver como ponen a esta mujer a través de esta mierda por más tiempo. No puedo… —espetó Jasper justo mientras Alice puso su mano sobre la boca de él.
—Oh, ¿así que ahora mi propia familia está de acuerdo con ella tratando de matarme? Bueno, púdranse todos. Aparentemente tengo algo de dinero, así que me voy a mudar y cuidar de mi mismo. Buscaré mi propia enfermera y me desharé de este ridículo intento de cuidado que ella hace. En serio, los voluntarios de la Sociedad Protectora de Animales cuidan mejor de los perros callejeros que esta perra cuida de mí. Si son mi familia y me aman, ¿por qué le permiten trabajar aquí? —gritó Edward.
Me dejé caer al piso y lloré. Me encontraba en un punto donde no podía soportarlo más. El hombre amargado frente a mí no era el cual yo me enamoré instantáneamente, y no podía hacerlo otro día más. Necesitaba los recuerdos felices del poco tiempo que estuvimos juntos o sería yo la que tendría sobredosis de Demerol.
—De acuerdo. Prepararé los papeles, y dime a quién nombro como tu tutor. Te dejaré solo. No sabrás de mí nunca más —murmuré.
—Bella, cariño, eres familia. No lo dices en serio. Tomate una semana. Nosotros cuidaremos de él y trataremos de refrescar sus recuerdos —imploró Carlisle.
—No. No podemos confiar en el "tal vez". Él no quiera saber nada de mí así que tengo que dejarlo ir, —susurré mientras Alice envolvía sus brazos a mi alrededor.
—¿Dejarme ir? ¿DEJARME IR? Nunca estuviste atada a mí, estúpida. ¡Deja de llorar! —gritó otra vez. Comenzó a tirar cosas, y si Carlisle y Jasper no lo hubieran agarrado, hubiera destrozado toda su habitación, probablemente golpeándome con alguna de las cosas que estaba tirando hacia mí.
Pensé sobre cuando él me pidió por nuestra primera cita y lloré.
—Tu padre estará bien. Va a ser un paciente miserable, ¿sabes? —dijo Edward mientras estábamos de pie frente al escritorio así podía obtener la prescripción de pastillas para el dolor que iba a recetar para Papá. Mi padre, el gran jefe de la Policía, era tan malo como un niño de siete años cuando se trataba de dolor. Una estúpida caída de una escalera mientras estaba limpiando las cunetas de nuestra casa me había dado una vista de un padre que nunca conocí.
—Sí, lo sé. Diablos, lo mantendré drogado por un poco así puedo tener un poco de paz. ¿Cuántos de eso puedo darle antes que parezca asesinato? —bromeé.
Rió esa hermosa sonrisa profunda.
—Solo son de cinco miligramos, así que puede que se te acaben antes de matarlo. ¿Hay alguien que pueda ayudarte a cuidarlo? Tal vez la cocinera de mis padres, Katie, puede ir y hacerle compañía así puedo llevarte a cenar —ofreció.
—¿Por qué, Dr. Cullen? ¿Está pidiéndome una cita? —bromeé con una sonrisa. Él era increíblemente hermoso y no sabía como alguna mujer podría decirle que no.
—Obviamente no muy bien. Srta. Swan, me encantaría la oportunidad de llevarla a cenar cualquier día y momento de su elección, siempre y cuando sea dentro de las cuarenta y ocho horas. Eres una mujer hermosa y sería un jodido idiota si no la invito mientras que tengo las pastillas para el dolor de su padre como palanca —bromeó.
Mientras pensaba en ello, se me ocurrió que él había comentado sobre no ser la primera vez que habíamos discutido sobre pastillas para el dolor.
—Sr. Cullen, ¿por qué cree que he intentado matar a alguien con pastillas para el dolor antes? —pregunté mientras me ponía de pie.
—Porque me lo has dicho, loca de mierda. Me lo dijiste —gritó mientras Carlisle y Jasper lo sostenían. Podía decir que él ansiaba venir hacia mí, y si estaba recordando algo, necesitaba que todos se fueran.
—Salgan todos —demandé.
—No, Bella, no te dejaremos sola con él aquí. Te lastimará —respondió Jasper mientras dejaba a Edward en la cama y lo sostenía allí, este luchando todo el tiempo.
—Suéltalo antes que se lastime. Si me lastima, está bien. Fuera —ordené fuertemente.
—Edward, metete en la cama ahora mismo. Si pones una mano sobre ella, te las veras conmigo. Sé que recuerdas lo desagradable que eso puede ser —ordenó Esme.
—Sí, mami querida, conozco tu ira. No me atrevería a poner una mano en tu preciosa Srta. Swan —espetó.
Traté de ocultar mi sonrisa porque sabía el control que ella tenía sobre su hijo, y aparentemente, él también porque subió a su cama y se cruzó de brazos en desafío. Miró por la ventana, negándose a mirar a nadie en la habitación.
—Vamos a dejar la puerta abierta. Te sales de aquí antes que él ponga una mano sobre ti, ¿me escuchaste? —me instruyó Jasper severamente. Él era un gran tipo. Siempre amé a Jasper. Recuerdo cuando conocí a él y Alice.
Edward y yo estábamos en nuestra segunda cita, y ellos aparentemente se cruzaron con nosotros en la pizzería donde él y yo habíamos acordado encontrarnos para una cena rápida porque nuestra primera cita había salido muy bien. Esa noche, realmente me convertí en una estadística. Era la chica que se lanzó en la primera cita, pero desafío a cualquiera que conociera al tipo y sea capaz de resistirlo. En nuestra segunda cita, no fui mucho mejor.
—Dios, Bugsy, ¿podemos ordenar para llevar? Juro que lo calentaré después que te tenga. No puedo quitar de mi mente lo bueno que se sintió estar dentro de ti —me murmuró Edward mientras nos sentábamos en el estacionamiento de "Paolo Pizzas", besándonos como adolescentes. Había tenido que trabajar hasta tarde esa noche en la estúpida tienda de telas de diseñador donde había conseguido trabajo, así que no podíamos pasar mucho tiempo juntos.
—Elmer, eres un hombre inteligente —comenté mientras él lamia mi cuello sobre la consola. Justo entonces, hubo un golpe en su ventana.
—Mierda —siseó mientras presionaba el botón para bajar la ventanilla.
—¿Qué? —espetó a la adorable y joven mujer de pie fuera de su ventana con un paraguas y un abrigo amarillo brillante.
—¿Quién es la guapa con la que te estás besuqueando en el estacionamiento de una pizzería como si todavía estuvieras en la escuela? Hola, soy Alice, la hermana de Edward. ¿Tú eres…? —preguntó, haciendo que me riera.
—¿No se supone que estás en Tacoma? —le espetó Edward antes que yo pudiera responderle.
—Jasper tiene un concierto aquí este fin de semana. Mamá y papá dijo que no ibas a cenar, y mamá mencionó que tenías una cita. Afortunadamente, hay solo tres lugares decentes en este lugar para comer. ¿Entonces? —se burló.
—Soy Bella Swan —me presenté mientras me inclinaba sobre la consola para ver su hermoso rostro.
—Bella Swan, soy Alice Cullen-Whitlock, y ese hermoso hombre allí luciendo hambriento es mi esposo, Jasper. Ya que todos estamos aquí, ¿vamos a comer? —sugirió dando un saltito.
—¿Cómo mierda me encontraste? —se quejó Edward, aunque podía ver que no estaba realmente enojado.
—Hermano querido, conduces un Aston Martin en Forks, Washington. No es para nada difícil encontrarte —respondió mientras caminaba hacia donde se encontraba su esposo bajo el toldo.
Tuvimos una linda cena, y fuimos al "Lodge" ese sábado a la noche para ver tocar a Jasper. La cita numero tres fue una maravillosa tarde, y el sexo al final de la noche me dejó sin aliento y enamorada. Sí, estaba enamorada de Edward Cullen para el final de nuestra tercera cita. Esa cosa que hacía con su lengua… ah…
Jasper era un músico consumado, aunque su profesión era de historiador. También era un tipo grande y completamente dedicado a nuestra familia. Él no tenía familia propia, y cuando se casó con Alice, adoptó a los Cullen así como yo. Era afortunada que él fuera tan protector conmigo.
—Jasper, estaré bien. Él no me hará daño —le aseguré. Tenía una sensación en mis entrañas que Edward no me haría daño. Estaba enojado y amargado, pero sabía en lo profundo de mi alma que nunca jamás pondría una mano sobre mí.
En algún lugar dentro de él, muy en lo profundo, estaba el amor que compartíamos. Éramos apasionados, y tomé el odio que me arrojaba todos los días como su manera de liberar los sentimientos. Él no entendía porque sentía mucho por mí porque no recordaba amarme, y eso lo frustraba demasiado.
Él no podía comprenderlo, así que lo atacaba. En mi corazón, sabía… sabía… que nuestro amor estaba anclado dentro de él como una astilla en un dedo, y aunque estaba infectado con odio y frustración por el momento, eventualmente saldría a la superficie. No me iba a dar por vencida.
Comencé limpiando los libros y la lámpara rota en la habitación mientras él seguía sentado firmemente en la cama.
—¿Tienes hambre, Edward? —pregunté, recordando que había vomitado la cena.
—¿¡Perdón?! Me llamas Dr. o Sr. Cullen, —espetó.
—Disculpa, Dr. Cullen, ¿tiene hambre? —pregunté suavemente mientras apilaba los libros en la mesa de noche, donde a él le gustaban. Me pregunté si debería meter su regalo de cumpleaños entre la pila. ¿Se daría cuenta? Sí, lo haría porque solo acepta libros de bolsillo. Él odiaba las ediciones encuadernadas en cuero que cubrían las estanterías de la casa de sus padres. La primera edición que le conseguí era un hermoso libro encuadernado con piel granate. Sobresaldría entre los otros.
—Por supuesto que tengo hambre. No me trajiste la cena como se suponía. Solo me dejaste, perra sin corazón. Te fuiste egoístamente. Eres una inútil —se quejó. Ignoré su arrebato.
—¿Te tomaste esas pastillas para que volviera, o realmente intentaste suicidarte? —pregunté.
—Oh, Srta. Swan, si realmente quisiera matarme, encontraría una forma mucho más creativa. Después de todo, soy un doctor, y sé exactamente como suicidarme. ¿Crees que por un segundo me suicidaría solo para darle el gusto a ustedes? Eso es ridículo —bufó. Tomé aire profundo porque él estaba de mal humor, pero no me iba a ir.
—Entonces, ¿por qué estoy aquí, Dr. Cullen? —pregunté con cautela.
—Mis padres te emplean para cuidarme, y abandonaste tus responsabilidades. No estaba seguro de cuantas pastillas se suponía que tenía que tomar porque no había una lista. Si me vas a abandonar antes de tomarme mis pastillas en la tarde y no vas a dejar ninguna instrucción, ¿cómo soy yo el culpable? —reprendió. Traté de sonreír porque me di cuenta que estaba actuando porque yo no estaba. Tan jodido como estaba todo, me daba un poco de esperanza.
—Pido disculpas. ¿Qué te gustaría comer? ¿Tal vez algo ligero? ¿Tal vez algo de yogur con fruta? —pregunté, recordando que era su desayuno habitual antes del accidente.
—No me gusta el yogur —se quejó.
—¿Estás seguro? No lo has comido desde que he estado trabajando para ti —insistí.
—De acuerdo. Lo probaré pero no quiero que esa mujer horrible lo traiga. Será mejor que lo traigas tu misma —ordenó.
—Lo haré. ¿Te gustaría un poco de té o jugo? —pregunté con paciencia.
—Té de melocotón —espetó mientras tomaba un libro de su mesa de noche.
Tomé la lámpara rota para tirarla, y cerré la puerta detrás de mí. Fui a la cocina, encontrando a la familia sentada en la mesa. Estaban preocupados, lo sabía, pero lo veía como un gran avance que quería explorar, y ahora él estaba más tranquilo de lo que había estado en meses.
—Hey, ¿por qué los ceños fruncidos y puños? —pregunté mientras iba hacia la nevera y saqué el yogur y arándanos, frambuesas y fresas, cortándolos exactamente como lo solía hacerlo para él en las mañanas mientras se vestía para ir al hospital antes…
—Bella, no puedes seguir permitiendo que te hable así y tan horrible —dijo Alice. Podía decir que había estado llorando y lo odiaba.
Di un paso hacia atrás en el pasillo, viendo que su puerta estuviera cerrada porque no quería una repetición de la tarde. Una vez que estaba segura que él no estaba merodeando, volví a la habitación, dando la vuelta a la mesa y abrazando a todos en la familia.
—Miren, tuvo un gran avance esta noche. Él recordó una broma que discutimos cuando me invitó a salir para nuestra primera cita. Recordó que yo bromeé sobre dopar a Charlie así podía salir con él. Esa noche se burló, diciendo que no tendría demasiadas pastillas en la receta como para matar a Charlie. Sé que no lo ven como gran cosa pero no puedo evitar pensar que sí lo es.
»—Carlisle, por favor, llama al Dr. Banner y dile sobre ello. Fíjate si quiere ver a Edward o si hay algo que podemos hacer para ayudarle. Él tomó esas pastillas a propósito para que vuelva porque estaba enojado por haberme ido temprano. Él sabía que mierda estaba haciendo porque solo tomó lo suficiente para crear nauseas, no para hacer daños serios. Eso tiene que significar algo —susurré con esperanza.
Armé una bandeja para él rápidamente, girándome hacia la familia con una sonrisa tranquilizadora, y me dirigí por el pasillo hacia su habitación, recordando de tocar a la puerta porque se enojaba mucho cuando cualquiera entraba sin su permiso. Me había lanzado su jodida pelota de goma demasiadas veces para expresar su disgusto.
—Adelante —llamó. Cuando abrí la puerta, lo vi con sus lentes puestos, porque no podía usar los de contacto, leyendo en la cama.
—¿Qué pasa, Doc? —dije sin pensar. Lo vi tensarse y supe que fue algo que no debí decir.
—Lo siento, Dr. Cullen —comenté rápidamente.
—Supongo que ese fue tu intento de broma mal hecha. Claramente, no tienes humor —respondió secamente.
—Parece que sí —respondí mientras ubicaba la bandeja de desayuno en su regazo, tras haber volteado las piernas. Saqué la botella de agua de mi bolsillo para mí y acerqué una silla porque íbamos a tener una discusión.
—¿Por qué crees que intenté matar a alguien? —pregunté cautelosamente. Realmente no quería llevarme puesto el yogur a casa.
—No lo sé. Recuerdo una conversación que tuve contigo o escuché que se lo decías a alguien, seguramente cuando comenzaste a molestarme cuando estaba en el hospital. Realmente no eres una enfermera o cuidadora, ¿no? —preguntó mientras comía su yogur y frutas.
Tomé aire profundo. Otra verdad que revelar.
—No, no lo soy. Soy una diseñadora de interiores —confesé, estremeciéndome un poco y esperando a que el infierno se desatara.
—¿Por qué rayos mis padres contratarían una diseñadora de interiores para cuidarme? —preguntó. Fue una pregunta legítima, en serio.
—No lo hicieron, de hecho. Me ofrecí para el trabajo —respondí honestamente, recordando el berrinche que hice en el Centro de Rehabilitación cuando Carlisle insistió que deberíamos contratar a alguien que cuide de mi esposo. Les recordé mis papeles que me daban el poder.
—Genial, así que mis padres buscaron voluntarios. Era un doctor. Supongo que tengo dinero. ¿Acaso no podían traer a un profesional? —preguntó con dureza.
—Sí, Dr. Cullen, eres muy adinerado en cuestión de financias, pero les rogué que me permitieran hacer esto. Cuidaste de mi padre cuando estuvo herido y quería devolver el favor. ¿Recuerdas a mi padre? ¿Charlie Swan? Él es el jefe de Policía de aquí —dije, tratando de no presionarlo mucho.
Terminó su yogur y frutas y dejó el recipiente en la bandeja. No dijo que le gustó pero no se quejó. Tomó su té y dio un sorbo.
—No me suena, pero no me acuerdo de la mayoría de mis pacientes. Así que, cuéntame sobre este esposo suicida que tienes —insistió.
Luché contra las lágrimas y tomé aire profundo. Podía hacerlo, sabía que sí. Simplemente no podía mostrar emoción sobre ello.
—No era suicida, Dr. Cullen. Él era médico como tú. Estaba de camino a casa del trabajo y tuvo un accidente. Íbamos a ir a visitar a mi padre, de hecho. Fue algo desafortunado lo que pasó —respondí, resistiendo el impulso de decirle el resto de la historia.
—Oh, ¿dónde trabajaba? ¿Lo conozco? —preguntó. Medité mi respuesta porque nada bueno saldría de esto si decía algo más.
—No, no lo conocías. Así que, ¿quieres algo más o ya terminaste? —pregunté lo más suave posible.
—¿Dónde vives? —preguntó con un tono duro. No quería que cambie de humor porque se estaba haciendo tarde y necesitaba irse a dormir.
—Vivo en la ciudad. En la casa de mi marido. De hecho, yo la decoré. Cuando me mudé, vivía como un soltero… sofá, lámpara, gran televisor, cama. Siempre decía que era porque necesitaba el toque de una mujer. Me mudé y lo hice, y ahora vivo sola con mis recuerdos —susurré.
—Suena como un pollerudo si te deja entrar y cambiar todo —espetó Edward.
—No. Puedes llamarme lo que quieras y ser tan desagradable conmigo, pero no puedes hacer comentarios sobre mi esposo. No lo permitiré. Voy a… renunciaré. Mi esposo… era perfecto. Tú, más que nadie, no lo vas a degradar, ¿entiendes? Te dejaré con enfermeras que no soportaran tu mierda. Vendrán aquí como pasajeros en un torno. Mi esposo era un hombre bueno y amoroso, y no tienes permitido a hablar sobre él —grité mientras tomaba la bandeja para irme.
Él la tomó así no podía quitarla.
—Lo siento, Srta. Swan. Me pasé de la raya. Puedo ver que lo amabas demasiado e incluso un idiota como yo puede apreciar eso. Lo siento por tu pérdida —dijo suavemente. Lo miré a los ojos y vi la sinceridad que había visto tantas veces.
Mi Edward… el hombre que amaba… él estaba adentro, bajo la superficie. Necesitaba hablar con su doctor porque tenía que haber una forma de encontrarlo y traerlo de vuelta. Lo amaba demasiado como para rendirme.
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—Te di órdenes estrictas que acordaría a una visita al doctor a la vez. ¿Por qué voy a ver a ese idiota hoy? —se quejó Edward desde el asiento trasero del Mercedes. Fue por su insistencia que cuando lo llevaba a sus citas, él iría en la parte trasera y yo conduciría. Me reí ante eso, pero me pregunté si recordaba el accidente y quizás no quiera conducir otra vez.
—Lo siento, pero el Dr. Banner se va de vacaciones y perderás tu cita de la semana que viene. Si te comportas, te llevaré por helado —le ofrecí, escuchando un bufido desde el asiento trasero.
—Sra. Swan, no tengo diez años. No necesito un soborno. Quiero ir a casa. Solo… terminemos con eso. Cuanto antes termine con esta mierda, más pronto vuelvo a trabajar —espetó. Sentí mi corazón contraerse, porque mi querido esposo no sería capaz de volver al trabajo, pero si su memoria regresa, puede que lo consulte. Eso era por lo que estaba esperando. Tenía fe.
Tenía la radio encendida de fondo, y cuando escuché a Al Green, lo subí un poco. Era nuestra canción, y esperaba que tal vez, quizás, algunos recuerdos vuelvan. Él no se quejó como siempre hacía cuando subía el volumen de la radio. De hecho, la tarareó.
Recuerdo nuestra cuarta cita. Esa fue la primera noche que bailé con Edward Cullen.
—Oh, amo esta canción. Recuerdo que le encantaba a mi mamá —dije efusivamente mientras conducíamos hacia su penthouse. Era raro para mí que tuviera un penthouse en el único edificio de altura en Forks, pero así era. Estaba prácticamente vacío, pero, como el bromeó, contenía lo esencial… una cocina, una cama y un baño. Afirmó que todo lo demás era superficial. Me eché a reír.
Cuando llegamos a su casa, aparcó y me llevó hacia el vestíbulo para tomar su correo.
—Dr. C, ¿cómo está? Srta. Swan —saludó Jacob. Le sonreí y saludé. No lo conocía bien porque habíamos estado saliendo por solo dos semanas, pero él parecía conocerme.
Edward se ubicó al lado de la papelera con el correo en sus manos, cantando: "factura… basura… factura… basura". Sentí un tirón en mi falda y vi una hermosa niña de pie.
Me incliné hacia abajo.
—¿Quién eres? —pregunté.
Edward bajó su mirada y sonrió.
—Srta. Black, ¿cómo está usted en esta encantadora noche? Esta es mi novia, la hermosa Bella Swan. Bugsy, ella es tu competencia, la señorita Vanessa Black. Oh, ¿tengo? Supongo que sí, —dijo Edward, sacando dos caramelos de su bolsillo y dándoselos a ella.
Ella sonrió.
—Gracias, Dr. Edward. Tu novia es hermosa —anunció la niña.
Justo entonces, una mujer apareció.
—Vanessa Black. Vuelve a esa cocina ahora mismo. Sabes que no tienes que salir. Dr. Cullen, lo siento. Le das un caramelo y cuando te ve, simplemente gravita hacia ti. Hola, señorita. Soy Carlie Black, la madre de esta pequeña plaga —se presentó Carlie.
—Oh, detente. La soborno porque si Bella se niega a casarse conmigo, estoy cubriendo mis apuestas, aunque tendré que esperar un tiempo —bromeó Edward. Era la primera vez que hablaba sobre matrimonio, estaba sin aliento.
—Sra. Black, es un placer conocerla, y Vanessa, siéntete libre de molestar al Dr. Cullen cuando quieras —dije. Todos nos reímos y Edward le dio un beso a la niña en la frente antes de llevarme hacia el ascensor.
Una vez que llegamos a la planta superior, abrió su apartamento, acorralándome contra la puerta.
—Dios, Bugsy, no podía comer lo suficientemente rápido. He extrañado estar dentro e ti. Vamos —anunció mientras me llevaba hacia su habitación.
Prendió su laptop y abrió YouTube, para mi sorpresa. Tipeó rápido y cuando escuché Al Green cantar por los altavoces sobre estar juntos, Edward me tomó en sus brazos y sonrió.
—Baila conmigo, Bugsy.
—Oh, ¿así que te gusta Al Green? —pregunté mientras nos movíamos lentamente el uno contra el otro.
—He escuchado esta canción algunas veces, pero escuché la letra en el coche, y creo que es muy relevante para nuestra situación. Vamos a estar juntos en los momentos buenos y en las malos, tristes o felices. Me quedaré contigo, mi chica dulce. ¿Te quedarás conmigo en las buenas y en las malas? —preguntó mientras me alzaba y hacía un paso de fantasía porque yo no podía bailar.
—Buenas o malas… felices o tristes… —prometí, sincera en todas las palabras desde el fondo de mi alma.
—Estamos aquí —anuncié mientras estacionaba frente a la oficina del Dr. Banner. En las buenas o en las malas… felices o tristes…
—Genial —comentó sarcásticamente. Entramos al edificio y tomamos el elevador hacia el segundo piso. Edward tenía su bastón, pero noté que ya no dependía tanto de este, cosa que me daba esperanza.
Caminamos hacia la sala, y él se sentó mientras anunciaba su llegada. Cuando me uní a él en el sofá, se giró hacia mí.
—¿Por qué habla contigo primero?
Me removí porque no sabía como contestarle. De repente, algo me vino a la cabeza.
—Tengo que reportar tus hábitos durante la semana así los dos tienen algo de que hablar porque nunca eres gentil con él. Si no le doy un reporte, él no sabe de que hablar contigo —mentí.
—Bueno, hoy quiero estar presente cuando le des tu reporte. Estoy cansado de las mentiras y el engaño, Srta. Swan. Está pasando algo más y me lo voy a averiguar. Voy a ir contigo —ordenó.
Me preocupé pero parecía que era importante para él, así que accedí. Cuando dijeron mi nombre, él se puso de pie del sofá y me siguió, sin tocarme. Nunca me tocaba y eso me mataba, pero para él, yo era una empleada, así que podía ver la lógica. Yo no era importante. Lo entendía.
