Vitna miró la habitación que le había tocado. Era espaciosa ya que en ella había dos camas, una deshabitada. Sus maletas estaban tiradas en medio de la habitación como si nada. Sacó su portátil y lo encendió. Buscó sus altavoces y comenzó a escuchar música mientras juntaba ambas camas para formar una sola enorme. Comenzó a saltar encima de ella mientras que escuchaba New devide.
No tardó nada en que el malhumorado Kirkland apareciese remiéndale por el exceso de volumen. Continuó saltando y cantando.
En todo el pasillo se escucharon los gritos…. Todos sintieron un escalofrío. Unos pocos se atrevieron a mirar…
Arthur Kirkland estaba sobre ella encima de la cama y estaban luchando… algo parecido a la lucha libre. A pesar de que Vitna era una inofensiva chica no tuvo piedad alguna con ella. Mai se alejó y se encerró en su habitación.
En la otra la lucha acabó con la perdida de Vitna, la chica bajó el volumen un poco de la música… si antes estaba a un 15 ahora estaba a 13. Más no pudo conseguir Kirkland. La chica lo tiró (literalmente) fuera de su habitación y le cerró la puerta en la cara.
Se tiró en el suelo y comenzó a quitar todo lo que tenía en la maleta. Puso sus dibujos y sus posters por las paredes. Colgó la ropa malamente en su gran armario. Llenó sus estantería con libros… lo quitó todo pero no abrió una de las maletas que tenía como mínimo nueve candados. Esa maleta la metió debajo de la cama mientras tenía una sonrisa malvada… de esas que tienen los niños pequeños cuando van a hacer algo malo.
Cerró su habitación con llave y se fue escuchando música con su móvil patata… sí, patata, esos móviles que cuando se te caen al suelo no se rompen, rompen el suelo. El pobre solo tenía algunos rasguños a pesar de acabar cayendo desde un segundo piso, pateado, perdido en una pista de patinaje sobre hielo, caído en un acantilado y utilizado como arma… sí, seguía vivo. Bajó las escaleras y miró como los demás hacían una especie de cola. En la cual se coló hasta llegar al primero, un chico de pelo marrón. Con cara de tonto.
-Eh, tú, ¿qué pasa?
El otro se estaba meneado con una sonrisa estúpida en la cara.
-Pasta, pasta, pasta…
El chico rubio al que ya le había colado antes le respondió bien en su lugar.
-Lo que Feliciano quiere decir es que vamos a comer… y creo que espera que sea pasta—suspiró pesadamente, el pobre no soportaba a Feliciano-, soy Ludwing Bielshmidt, su compañero de cuarto.
Le tendió la mano y ella la agarró contenta, una especie de amigo más al cual fastidiar.
Más gente comenzó a bajar por las escaleras. Las puertas del comedor seguían cerradas. Si seguían así acabarían por convertirse en algo parecido a unos zombis en busca de comida. Y eso mismo lo pensó alguien más.
-¡Chicos!—los llamaron y todos se giraron al mismo tiempo. Un flash lo dejó a todos ciegos. La profesora que tenía la cámara no paraba de reírse…-venga, poneos todos juntos vamos a sacar otra foto, ¡el inicio de curso!
Vitna sonrió para sí y cuando todos se colocaron al último segundo saltó sobre varios y por alto reflejo la cogieron. La chica salió en el medio y medio de la foto. Sonriente. La siguiente foto iba a salir y esta vez tiró algo al aire que explotó dejándoles a todos con una cara… indescriptible. Todos estaban llenos de pintura azul… acaba de explotar una granada de pintura que se utilizaba en paintball. La siguiente foto salió con todos riéndose los unos de los otros menos algunos que estaban cabreados… (Kirkland). La tercera todo el mundo se dio cuenta que estaban manchados y en la última foto todos se lanzaron a buscar a Vitna. Sin duda, eran unas fotos inolvidables.
La chica se escaqueó como puedo a gatas entre las piernas de todos hasta que chocó con las de unas. Miró hacía arriba…
-Mierda—se quejó.
Kirkland estaba de pie ante ella y con una cara que asustaría hasta a Ludwing Bielshmidt, ese altísimo e implacable estudiante alemán. La agarró de la chaqueta y tiró de ella hasta que la puso de pie.
- Vitna Yae Xeng… pequeña terrorista… vas a limpiar todo esto y me aseguraré de que así sea. Como te distraigas un solo segundo te pegaré… así hasta que aprendas a ser una persona normal y corriente.
La chica le sacó como siempre la lengua y él le dio una fuerte colleja y siguió así hasta que cogió una fregona y comenzó a limpiar. A la mínima le pegaba. Kirkland no tenía conciencia, era una persona infame.
La chica se escondía en su capucha la de la sudadera mientras aguantaba el maltrato y mientras oía como los demás comían… Kirkland las iba a pagar… y muy caras. Poco después apareció el otro chico… al parecer también había hecho algo… y lo puso a limpiar con ella.
-Feliciano, no seas vago, yo ya hice demasiado así que el resto te toca acabarlo tú lo más rápido posible—le susurró en un momento que Kirkland no miraba.
El chico puso su sonrisa tonta y comenzó a limpiar lo más rápido posible. El tío era tonto, pero de remate.
Bueno, era la hora de comer y todos casi se habían ido. Solo faltaba por comer dos personas. Ella y Kirkland. Se fue a la otra parte del comedor, tenía que empezar con su venganza.
La profesora entró por la puerta.
-Arthur, recuerda que comienzas como cocinero esta semana junto a los hermanos Vargas. Pobre, con la responsabilidad del comité estudiantil y todo… no te sobresfuerces.
No, no te sobresfuerces porque yo te ganaré en una batalla sin trampas…. Caerás—pensó Vitna. Era hora de vendetta.
