Atención

Tenía la suerte de que el agradable doctor Carlisle se hubiera ofrecido amablemente a venir a curar a Jake, porque no me dejaban ni siquiera entrar a la casa. Lo que no podía soportar eran los enormes gritos que estaba pronunciando, seguramente como respuesta algún tratamiento riguroso que el doctor le estaba aplicando. Y sabía que así era, porque lo escuché a Billy y a él decir algo sobre huesos mal calcificados.

Ay, con lo mucho que dolerá eso. Sólo bastaba con escuchar los gritos que mi Jake daba. El sonido hacía que me encogiera de hombros, algo que mi hermana estaba interpretando mal.

— Tranquilo, Seth —me dijo al oído, pero su voz también estaba tensa—, no le pasará nada. El chupasangre le está acomodando los huesos rotos. Tranquilo.

Pero ella no sabía que no me preocupaba lo que Carlisle le estuviera haciendo a mi Jake, sino el hecho de que él estuviera pasando por eso solo, sin alguien. Sin mí.

No podía creer que el día de ayer habíamos pasado una tarde maravillosa en aquella zona apartada de la civilización y de ojos curiosos. Todavía sentía la dulzura de sus labios respondiendo a los míos, cosa que había agradecido enormemente. Era lindo saber que Jake me estaba dando una oportunidad, aunque fuera como una versión alternativa a sus verdaderos instintos, a su primordial amor.

Aún cuando ella estaba tan cerca de casarse con Edward.

Durante mi forma lobuna, él no había parado de despotricar en contra del prometido de Bella, aún cuando ella era la de la palabra final. Eso me hizo sentir un poco mal por mi amigo, cosa que me hizo querer ir a acompañarlo, pero la voz autoritaria de Sam me había retenido al lado de la futura pareja de casados.

Y qué bueno que lo había hecho, ya que le había ayudado a Edward a librarse de la amenaza, la máxima amenaza en sus vidas. Y eso se sentía muy bonito.

Un nuevo grito nos puso los pelos de punta a todos. Estábamos reunidos afuera de la casa, ya que en la pequeña sala no cabíamos todos. Toda la manada estaba aquí, incluyendo a mi madre, Billy y el viejo Quil. Todos estábamos esperando impacientemente a que Carlisle saliera de ahí y nos dijera qué pasaría con Jacob. Entonces entraría a verlo primero. No sería algo extraño en mí, ya que todos sabían cuánto me importaba él. No sabían en qué manera me importaba, pues habíamos sido lo bastante inteligentes como para ocultarlo dentro de nuestros pensamientos lobunos, pero sí sabían que él era como un hermano para mí. O eso creían que yo sentía por él.

No pasó menos de media hora cuando Jake finalmente dejó de usar su selectiva variedad de palabras altisonantes mezcladas con alaridos de dolor. A su silencio le siguieron los pasos del doctor, que salió alicaído.

— Le he administrado bastante morfina, porque su cuerpo la quema con rapidez. Por el momento puede estar un poco ofuscado, pero si alguien quiere pasar, una persona podría…

— Yo lo haré. —me ofrecí antes de que nadie más pudiera abrir la boca. Leah tensó más sus manos sobre mis hombros, no para detenerme, sino para infundirme coraje. Ay, mi tonta hermana mayor. Si no se hubiera hecho la valiente, ahora él y yo estaríamos celebrando junto a nuestros demás hermanos junto a una fogata, seguramente turnándonos para intentar acabarnos una vaca entera. Recordé ese chiste, que él había compartido con Bella hacía ya mucho tiempo, cuando todo parecía ir más fácil para todos, la primera noche en la que se me dejaba participar en la reunión.

Acepté la solidaridad de mi hermana mientras me encaminé hacia la casa, con todas las miradas posadas en mí. Carlisle me miró directamente a los ojos cuando pasé a su lado, y en ellos encontré cierto sentimiento de ternura.

— Gracias. —le dije.

— Ha sido un placer. No es la mejor forma de mostrar nuestra enorme deuda que tenemos con ustedes.

— No ha sido nada —le dijo Sam—. Pudimos liquidar con la amenaza, y con eso es más que suficiente. Al contrario, le debemos a usted por venir hasta acá a curar a Jacob.

— Tampoco ha sido nada. Seth, ya puedes pasar. —me sonrió y se fue hacia su automóvil. Ahora estaba parado en el umbral de la puerta, esperando a encontrar una fuerza que me ayudara a llegar ante él por mi cuenta, pero sin delatarme. Mientras me decidía por dar el primer paso (¡por fin!) no podía evitar sentir un nudo en el estómago. ¿Cómo estaría Jacob?

Mientras avanzaba por la diminuta sala, no podía dejar de imaginarme a un ensangrentado Jacob, quizá vendado, mientras su rostro se contraía de dolor.

Y, cuando llegué a su puerta, no me había equivocado.

Tenía los ojos abiertos, perdidos en el techo. Por la forma en que estaban enfocados, se podría decir que hacía la lucha por mantenerse consciente. Estaba destapado y completamente desnudo, con lo que no pude evitar ver las numerosas vendas que le cubrían gran parte del cuerpo, enfocándose en enrollar y cubrir, además de sus partes íntimas, las extremidades del lado derecho, donde todos sus huesos debían de estar rotos. ¡Oh, Jake!

No pude evitar soltar un sollozo.

— Cierra, Seth. —me dijo, arrastrando las palabras con un gran pesar. Debía ser el efecto de la morfina. Sin siquiera pensarlo, cerré a puerta de su habitación. Por si acaso, el eché el pestillo, pero no haría falta estando nuestros compañeros allá afuera. Bien podrían derribar la puerta sin pensarlo o bien nos podrían escuchar.

Sollocé de nuevo. ¡Qué débil era!

— No, chico. No llores. No moriré.

El tono seguía siendo algo etéreo.

— Hola, Jake.

— Lo hiciste bien, Seth. Todos pudimos ver cómo te las arreglaste con ese chupasangre invasor. Fue una buena pelea. Y nosotros que no confiábamos en ti.

— Te dije que me estaban tratando como un niño y que no estaban apreciando mis dones. Por algo estoy dentro de la manada.

— Lo sé, chico. Lo sé —intentó esbozarme una sonrisa, pero gimió de nuevo—. Ay, maldita sea. Me he olvidado de esto.

— No te fuerces. —le pedí, bajando la voz. Intenté acercar la mano izquierda hacia él, pero me detuve a medio camino. Él vio esta situación y se rio.

— Adelante —me dijo con el simple movimiento de sus labios—. Puedes hacerlo, chico.

Le sonreí tímidamente mientras terminaba de acercar mi mano, que coloqué en su frente. Cálida, pero sudorosa. Tan así de molido estaba.

Por un largo momento no nos dijimos nada, hasta que él se aclaró la garganta.

— Es muy riesgoso que estemos viéndonos ahora mismo —me dijo—. Alguno de ellos podría entrar a verificar mi avance. Ya sabes que ninguno tiene ni una pizca de respeto por los demás.

— Puedo soportar eso. —le dije, intentando sonar un poco más maduro. Recordé la forma en que él me había acurrucado para intentar serenarme, pero ahora sentía que yo debía tomar ese rol. Pasé mi mano por su frente y por su cabello, jugueteando con él por un momento. Nuestras miradas estaban encontradas, y ninguno tenía intenciones de apartarla, lo que hizo que ambos tuviéramos sonrisas en nuestros rostros. Aunque la de él era algo parecido a una mueca de dolor, no dejaba de intentar contagiarse de mi humor.

— Ven aquí. —me dijo en un susurro demasiado quedo, pero sus palabras fueron acentuadas cuando paró ligeramente los labios. Mi sonrisa se hizo aún más amplia mientas me inclinaba lentamente hacia él y nuestros labios se volvían a tocar. Nuevamente sentí un revoloteo en mi estómago, algo que era parecido a un gancho que tomaba algo en mi interior y lo hacía girar como si estuviese formándose un nudo que se expandía…

A la vez había un chispazo en donde nuestros cuerpos coincidían. Labios, mano y cabeza ardían armoniosamente en un cálido y dócil fuego.

Deshice el beso con rapidez.

— Eres un caso imposible, Seth. —me sonrió.

— ¿Y esto a qué viene, Jake? No soy tan imposible como tú crees.

— Sí que lo eres. Ayer no tenía ni idea de que algo como esto nos podía pasar entre miembros de la manada, en especial a dos del mismo sexo. Ya sabes, con ese rollo de la imprimación…

— Tal vez nuestras situaciones amorosas no tengan nada que ver con la imprimación, Jacob, eso es algo que bien puede ser una excepción a la regla.

— Sí que podría serlo. Me gustaría que así fuera.

— Mira, sé cuánto te duele…

— Pero el doctor me ha curado como ha podido.

— Me refería a lo que pasó con Bella. Lo siento mucho, Jake.

— En el fondo sospechaba que no podría ser mía de todas formas.

— ¿Pero?

— Pero no quiere decir que me vaya a dar por vencido. No todavía.

Vaya. Eso dolió.

— Jake, sabes que no tienes muchas oportunidades con ella. Se casará con Edward.

— Podría darte un golpe aún desde mi posición de minusválido temporal, chico. No te busques los problemas. —me amenazó, por con un tono que indicaba claramente que sólo me tomaba el pelo. Aún así, había tensión en sus palabras.

— Ay, Jake. Jake. Mi Jake.

— No sé si me acostumbro mucho a que me digas así, Seth. Es un poco raro.

— Ayer no te importó.

— Lo de ayer fue… vaya, intenso. Inesperado, incluso. No me creía capaz de hacer eso.

— Lo sé. Eso fue lo lindo de la situación. Lo tomaste demasiado bien, cielo.

Él sonrió ampliamente. Incluso pude ver que se había ruborizado un poco.

— Insisto, no me acostumbro a ello.

— ¿Para cuándo podrás andar por tu cuenta, Jake?

— No estoy seguro de eso, pero de lo que sí estoy seguro es que no me siento muy bien. No estoy despierto. Es la morfina, seguro que sí.

— Debería irme para que descanses, ¿no? No he de ser el único que quiere verte antes de que pierdas el conocimiento.

— No, no te vayas —me suplicó, tomándome la mano izquierda con su izquierda, que n estaba vendada. El repentino movimiento lo hizo protestar un poco, lo cual me sacó un respingo a mí también.

— ¡Jake! —dije, olvidándome por primera vez de que debíamos mantener bajas las voces. Me recobré instantáneamente—. Lo siento. ¿Estás bien?

— Claro —me respondió con una actitud algo cínica—. Ha sido un calambre, es todo.

— No tiene gracia, Jacob.

— La tuviera si no estuvieses tan preocupado.

— Me preocupé mucho. No tienes ni idea. Pensé que morirías… yo… —no puede evitarlo. Los ojos se me humedecieron—… tenía miedo al igual que ayer… tal vez sí soy muy chico para esto…

— Seth —usó un tono muy paternal conmigo—, no eres un chico. Lo has demostrado bastante bien el día de hoy, y estamos orgullosos de ello. Tu madre, tu hermana, Sam… pero en especial yo. Lograste demostrar tu valentía.

— Entonces… —murmuré, incapaz de controlar mis lágrimas—, ¿de verdad crees que lo hice bien?

— Claro que sí, chico. No es nada del otro mundo.

— ¿Y por qué ayer no pensabas así?

— Acércate. Acércate a mí.

Lo miré perplejo mientas él me hacía señas para que le obedeciera, aún cuando ni siquiera me había soltado. Obedecí limpiamente y mi rostro volvió a quedar a centímetros del suyo. Me dedicó una de sus famosas sonrisas antes de que me dejara llevar por la emoción del momento.

No obstante, éste beso fue diferente a los demás, porque hubo lágrimas involucradas. Ayer también, pero estas habían cesado en el momento correcto. Ahora parecía que venían de la mano con los besos de hoy. Aún así, no me impidió disfrutar de mi querido Jacob. Cada momento que podía conseguir con él a solas era magnífico, a pesar de que éste era el segundo momento en el que podíamos expresarnos ese afecto especial, tan insólito y a la vez tan hermoso.

Pero no era suficiente. Yo quería algo más serio con él, pero él no olvidaría jamás a Bella. Y tampoco era como que fuera a ser algo bien visto entre la manada. Nos tendríamos que resignar a momentos clandestinos como estos.

Así pues, conociendo la verdad del asunto, volví a incrementar la seriedad del asunto. Su brazo ya no sujetaba al mío, sino que lo retenía con suavidad, y su mano se mecía de arriba abajo sobre el mismo. Nuestras lenguas coincidieron un poco, pero nos estábamos limitando mucho a los labios, los cuales, debía decir, eran verdaderamente deliciosos. Estaba muy convencido de que esto tenía que suceder, de que él era mi Jacob y que yo era su Seth. Así me gustaba. ¿Por qué no podía ser así en la vida real, con nosotros siendo felices y amándonos sin importar los demás factores? ¿Por qué, siendo dos hombres, podíamos estar expuestos ante una posible burla?

No era muy diferente a lo que Leah estaba provocando con sus pensamientos melancólicos. Ya de por sí era incómodo que supiéramos del trágico triángulo amoroso en el que ella estaba involucrada, ¿pero hacernos ver a Sam de la manera en que ella lo veía? Eso no estaba bien.

No obstante, podía ser más aceptable una especie de fijación obligada e incidental que una fijación totalmente interesada y voluntaria. Leah podía intentar que todos estuviésemos detrás de Sam, pero yo tenía muy en claro a quién quería perseguir.

No tenía la menor intención de deshacer el beso, y Jacob tampoco, pero un ruido afuera de la habitación nos hizo parar en seguida, con los corazones latiendo a mil por hora. Me miró con preocupación y alarma. ¿Alguien había fisgoneado con sus súper oídos?

— Será mejor que salgas de aquí, chico —me susurró Jacob—. Ya tendremos una ocasión de platicar mejor. Y mira, quizá podamos… —me sonrió a pesar de la alarma bosquejada en sus ojos—, no sé. Puede que tú seas el indicado para rescatarme de mi maldita obsesión por Bella.

— ¿Por qué dices eso, Jake?

— Porque no soy idiota. Entre nosotros existe algo real.

No pude evitar sonreír, y más lágrimas brotaron de mis ojos. Pero eran lágrimas de felicidad. Entonces me estaba dando la oportunidad. Nada podía hacerme más feliz. Era una atención muy generosa de su parte, considerando todos los factores.

En ese momento me incliné una vez más para besarlo, aunque fuera de piquito y fugazmente.

— Anda, vete. Nos veremos cuando pueda caminar por mí mismo. Seguro que no esperarás más que unos días.

— ¿Y qué haríamos?

Mi amado fingió sopesar por unos instantes.

— Tal vez al salto del acantilado. Nunca te hemos llevado. Yo podría hacerlo.

— Sí, estaría bien, Jake. Bueno, me voy. Descansa, cielo.

— Adiós, Seth. Hasta la próxima… nene.

Mi corazón se detuvo medio segundo y después amenazó con despegar de mi pecho. ¿Me ha llamado nene? Esa era una palabra que podía dar a entender muchas cosas, pero por la forma en que la dijo, eso había sido un cumplido. Me ruboricé.

— Baja esa coloración de tu rostro, Seth, o te vas a delatar tú mismo.

— Perdón. Bueno, ya me voy.

— Ha sido un placer atenderte aún en mi proceso de sanación.

— Siempre tan atento de mí, Jake. Por eso te quiero.

Pude notar cómo él también empezaba a ruborizarse mientras yo abría a puerta y salía disparado hacia la salida, sin importarme que Paul y Jared estuvieran parados en la sala, mirándome como si yo tuviera algo interesante que decir con respecto a la condición de mi informal novio.

Bueno, sí que tenían razón. Que yo pensara decírselos era otra cuestión diferente.