Cuando llegaron al Santuario todo parecían en calma, algunos dragones se portaron chiflados y algo reacios a que los montaron, eso era algo obvio, después de todo eran bebés, pero haciendo uso de mis habilidades logre calmarlos.
Montarlos fue toda una odisea, esa idea de Hipo me pareció bastante loca, pero necesaria para la ocasión, después de todo no se me ocurría otra manera de volver.
Me equivoqué respecto a la idea que tenía de los gemelos, yo lo recordaba tan bonitos quietos y sobretodo callados, pero verlos al perseguir un par de dragones y golpearse mutuamente peleándose por quien se llevaba al dragón más bravo, me asuste. Otro vikingo que me sorprendió fue el más robusto de todos, se llamaba Patapez, realmente no recuerdo a este chico, sólo que era muy bien portado cuando me fui. De mi sobrino sí me acordaba, igual de curioso, bravo, imprudente y retador.
Bocón era caso aparte. Él era mi más antiguo amigo y también confidente y cómplice en muchas cosas, realmente a él y a Alvin, aunque se hizo el traidor, les debo que Estoico y yo nos hubiésemos enamorado.
Finalmente volví a posar mi vista en la rubia que trataba de calmar a un bebé dragón.
Vaya que tenía talento, sólo que en el momento en que se empezó a escapar por perseguir un bichillo que había por ahí vi que mi hijo la ayudó. Compartieron un par de risas y miradas cómplices, las cuales me llamaron la atención.
-Lamento mucho lo de Estoico, la vida de Berk y la de nosotros no será la misma. -me sorprendió Bocón detrás de mis espaldas
Asentí a como pude, sin dejar de mirar a la rubia y a mi hijo, al parecer se llevaban bien, me imagino que Hipo se tomó con tranquilidad lo del compromiso de esa chica con Estoico, no los culpo, después de todo me daban por muerta, ya me había imaginado que él se hubiera casado de nuevo.
Bocón pareció adivinar mi pensamiento, porque mientras él se montaba al dragón que habíamos entrenado rápidamente, él me habló.
-Sabes, esos chicos me recuerdan tanto a ti y a Estoico. –comunicó con nostalgia.
Este comentario no me lo tome a nada bien.
-¿A qué te refieres? -le pregunté sin ocultar mi enojo, ¿acaso se atrevía a compararme?
-Pues que sean dos personalidades muy diferentes y que al mismo tiempo se complementan. –respondió encogiendo los hombros.
-¿Complementar? -pregunté curiosa, ¿a qué se refería? esa chica era prometida de mi esposo, ¿o estaba equivocada?
-¿Acaso no lo has visto? –me preguntó. –Y eso que me dicen despistado a mí. ¿A poco la madre celosa apareció y no te quieres dar cuenta?
Ese comentario me abrió los ojos a lo que no había querido reconocer Volví a verlos jugar con ese dragón, la mirada compasiva que ella le daba mi hijo y la veneración con la que le correspondía cada vez que se veían
Traté de escuchar un poco la conversación.
-¿Porqué escogiste el dragón verde? –preguntó mi hijo, algo extrañado.
-Es verde… como tus ojos.
Sonreí por el atrevimiento de ella, vaya que era una coqueta innata… igual que su madre, pero eso no quitó de mis pensamientos el hecho que me había atormentado desde hacía pocos momentos.
-¿Y porque trae mi pulsera? -pregunté en un susurro de voz, casi no me salía por la cantidad de emociones que había tenido.
Bocón emprendió vuelo, algo inestable, siguiendo a mi hijo, igual que yo.
-No sabía que le había dado esa pulsera pero me supongo que es porque le pidió que se casara con él.
Lo sabía, Estoico sólo le daría esa pulsera a alguien que hubiera robado su corazón. Esa confesión me atormentó más con mis pensamientos a los que había llegado, pues esa capucha y esa pulsera que la hija de mis amigos vestía, era porque yo los utilice cuando me hice la prometida de Estoico.
-Seguramente Estoico se la dio… -me confirmó ese dolor. –Se la dio a Hipo para que se la diera a Astrid.
Abrí los ojos aún más ante la revelación y ante el nuevo panorama que vivía.
Claro, sólo una mujer de estatus social podía vestir esas prendas, yo lo hice al convertirme prometida de Estoico y más aún al ser su esposa y segunda al mando, pero eso ya no me importó de repente, porque en realidad era la prometida de mi hijo…
-Es la novia de Hipo. –inferí asombrada, ver cómo es que delante de nosotros ambos se burlaban por la inestabilidad del vuelo en los Clavagarras que montaban.
Bocón sonrió demasiado. -¿En serio no te diste cuenta?
Negué avergonzada… ¿Cómo fui a creer otra cosa?
-Desde hace cinco años están coladitos uno por el otro, hace como dos años formalizaron su relación.
Volteo a verlos, pero en este ocasión con una sonrisa, esa chica hermosa era la lady de mi hijo, su valquiria… se trataba de aquella muchacha que superficialmente él me comentó cuando volamos ayer.
Esa envidia invisible que sentí por unos momentos ya no estaba, al contrario ahora era un orgullo que sentía por mi hijo y por su novia. Cuando Hipo me contó sobre su "lady" no creí la belleza que me descirbió, más bien pensé que será una doncella delicada y bien portada, que sólo tejiera y cocinara bien, todo el día en la casa.
Quise acercármeles, pero me vería muy mal. Aún seguía aturdida por la partida de mi esposo, sería tratada como loca si llegaba sonriendo y abrazándolos a ellos. No permitiría que la historia se repitiera, ellos debían estar juntos por siempre.
-Gracias por decírmelo Bocón, por un momento pensé que ella. ...
-¿Que ella qué? -preguntó curioso.
Negué con mi cabeza, ya no tenía caso pensar en esos pensamientos suicidas que por unos momentos pasaron por mi cabeza, lo importante ahora era ir directo a Berk y reclamar el trono que le correspondía a mi hijo, evitando que Drago hiciera más daño.
-Vámonos, a como puedan conducirlos.
Escuché la indicación de Hipo emprendiendo vuelo entre los glaciares para regresar a nuestra isla. Empecé a sentir los latidos de mi corazón mucho más fuertes, el nerviosismo me atacó por todo mi cuerpo incluso sentí algunos escalofríos llegando a temblar ante el nervio y la incertidumbre que me causaba regresar a la isla que veinte años atrás abandoné por ser cobarde.
Creo que era algo obvia porque no había dicho nada más, incluso los amigos de mi hijo a onas y habían hablado conmio, sólo lo hizo Brutaco, diciendo que yo era un fantasma.
-Todo estará bien. -me alentó Bocón sonriéndome y asegurándome que estaría conmigo en todo momento. Yo también le sonreí y me fijé que mi hijo y los demás se adelantaron un poco, pero al parecer él también me necesitaba por lo cual retrasó un poco el vuelo y empezó a volar a mi lado, me lleno de orgullo verlo así. Sin duda era una escena que creí jamás iba a pasar, pero me equivoqué, gracias a los dioses me equivoqué.
Noté que Astrid estaba teniendo algunos problemas con la actitud del dragón Y lamentablemente estaba a punto de resbalar del que montaba. Astrid, grito el nombre de mi hijo, pero obviamente él iba más adelante por lo que no alcanzó a detenerlo, provocando que la chica cayera del dragón. Escuché un grito ante la sorpresa de ella, y a como pude me escabullí volando rápido logrando interceptarla entre el dragón y el piso frío de los glaciares.
-¿Estás bien? -le pregunto, tendiéndole una mano para que volviera al dragón que montaba.
Ella sintió rápidamente evitando que se preocuparan por ella. Se apoyó en la cabeza de mi dragón, tomó impulso y como estaba colgando de la espalda del pequeño dragón, logró hacer fuerza y montarlo de nuevo, eso no lo hacía cualquiera, de casi de la nada me empezó a agradar esa chica, me recordaba lo audaz, fuerte, y atrevida que era en mis años de juventud fui.
-¿Estás bien? , me atreví a preguntarle de nuevo, sólo que con más carácter y con un tono de expectativa por una respuesta, iniciando por primera vez una conversación con ella con algo de cautela ella me asintió.
-Muchas gracias por ayudarme, señora, este dragón no es nada parecido a mi Nadder. –bromeó también, retomando el vuelo
Tanto ella como Hip se comunicaron cn la mirada, asegurandole que ella estaba bien.
Emprendimos bueno de nuevo, ahora iba volando a lado de ella, vigilando que no le ocurriera nada, en algún momento empecé a sentir a esa chica como si fuera parte de mi familia, al fin del cabo era hija de Erick y Bertha, dos grandes amigos que tuve la oportunidad de conocer y compartir experiencias que me ayudaron toda la vida Ahora le correspondería a ellos, velando por esa hija que a partir de hoy ellos también compartirían conmigo, aunque en realidad Astrid no sólo era una vikinga de Berk, era la princesa de una tribu extinta, sin duda alguna mi hijo no podía haber elegido una mejor mujer.
Me sentí algo hipócrita por la rapidez en la que cambió de opinión de la chica, en cierto momento era claro que se sintió completamente celosa de saber que ella era la prometida de Estoico, pero era obvio que Estoico jamás habría permitido que la hija de sus amigos sin mencionar la diferencia catastrófica de edades entre uno y el otro afectaran su vida, Pero de alguna forma me daba gusto que Hipo tuviera esa esperanza, ilusión y amor a lado de una mujer.
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Notas de la autora
Gracias por leer, pues Valka ya supo que era un malentendido, habrá más jejeje
Es un fic muy corto en realidad, el que sigue es de una escena eliminada
Por cierto, feliz día del maestro a a todos los que ejercemos esta hermosa profesión!
¡Gracias por leer!
Dios los bendiga
**Amai do**
―Escribe con el corazón―
Publicado: 15 de mayo de 2015
