"¿Y por qué no te quedas aquí? Aunque seas muy fuerte no tienes nada de dinero. Y si te quedas aquí serás el primero en saber sobre su regreso."
Capítulo 2: Conveniente
El desgraciado se había negado a volver. Después de todo, no había servido para nada tolerar durante tanto tiempo a los humanos. Él no había regresado, ¡el bastardo ni siquiera había muerto!
Y él mismo se había marchado, robando la nave espacial de aquella molesta e indiscreta mujer terrícola. Tenía que salir de ese planeta lo antes posible, quizás si tenía suerte lo encontraría en algún planeta cercano. Pero al comprobar que no tenía tanto combustible como para viajar hasta la galaxia en la que se ubicaba Namek, desistió y optó por alguno de clima nefasto en el que pudiera entrenar hasta que todo su cuerpo estuviera entumecido, hasta no poder sentir su propia frustración.
Cuando la gasolina se terminó, tuvo que regresar. Tal vez tendría suerte y lo encontraría ahí en el planeta Tierra. Pero al entrar en la órbita se dio cuenta de que no sería así, no pudo sentir allí su presencia.
Habían pasado tantas cosas aquel nefasto día en el que decidió volver que por un momento deseó no haberlo hecho. De esa forma no hubiera visto a ese otro saiyajin asesinando en un abrir y cerrar de ojos al ser que le había arruinado la vida durante tanto tiempo. Así no hubiera sentido la sofocante presencia del poder de Kakarotto. Quizás se hubiera ahorrado el ridículo de sentirse tan minúsculo.
Pero si había algo que él tenía era convicción y ahora más que nunca se sentía invadido de un deseo. De un propósito tan lejano e inalcanzable que le hervía la sangre.
—Vegeta, ¿quién crees que sea ese muchacho? Creí que habías dicho que no habían más saiyajins vivos.
Le preguntó la mujer, inclinándose sobre la mesa para acercarse a él.
—No lo sé —gruñó él frustrado.
—Pues, yo creo que se parecen. Ese chico era muy guapo.
—¡Bulma! ¿Qué estás diciendo? —le gritó a ese que llamaba su novio.
Repentinamente se envolvieron en una discusión que no podía interesarle menos. Él estaba demasiado conmocionado por los eventos recientes como para prestarle atención a los gritos de la pareja que tenía junto a él.
Cuando ya no pudo soportar el escándalo, se levantó de la mesa abandonando la barbacoa por segunda vez en el día con la única intención de marcharse a entrenar nuevamente. Kakarotto finalmente había regresado pero su pelea con él se había pospuesto. La abismal diferencia entre sus poderes no algo que pudiera sortear en cuestión de días. Primero tenía que encargarse de los androides que atacarían la Tierra, luego se encargaría de matar a Kakarotto.
Pasó una semana experimentando las condiciones más extremas que pudo encontrar alrededor del planeta. La ropa que le había dado aquella muchacha terrícola estaba despedazada, y comenzó a temer que, si seguía así, terminaría desnudo en algún desierto. Suspiró, su traje estaba en la lavadora de aquella Corporación.
Volvió por la noche, como siempre, esperando que no hubiera nadie deambulando por los pasillos. Afortunadamente los namekianos ya se habían marchado a un nuevo planeta y sólo quedaba esa familia extraña. Buscó aquel baño en el que se había vestido, sabía que la mujer había dejado por ahí su traje. Revolvió entre la ropa sucia y la dejó caer al suelo cuando se dio cuenta que tenía un brasier entre las manos. Las manos le temblaron, se sentía frustrado.
—Espero que hayas venido a darte una ducha —la hoyó diciéndole a sus espaldas.
Se volteó a verla, estaba envuelta en un bata con los brazos cruzados y el entrecejo fruncido. Pero luego se relajó y se rio al ver el estado deplorable de su atuendo.
—Ven, tengo algo para ti —le dijo y se volteó—. Rápido, es tarde y por tu culpa estoy posponiendo mi sueño de belleza.
Vegeta se vio obligado a seguirla, seguramente ella tendría su traje oculto en algún sitio de esa mansión y no tenía más opción que obedecer si quería volver a ponérselo.
Caminó detrás de ella por los corredores oscuros de la Corporación hasta que finalmente llegaron a una habitación llena de aparatos, tecnología terrícola bastante anticuada a su parecer.
La mujer abrió una puerta contra la pared y sacó un traje pulcramente doblado sobre una pila. Luego se lo extendió con una sonrisa de autosuficiencia.
—Fue muy difícil recrear el género del que está hecho tu traje. Cuando lo saqué de la lavadora noté que tenía un gran agujero en el medio, no puedes seguir usándolo en ese estado. Así que te hice otros… Así tendrás una muda cuando termines de entrenar.
Arqueó una ceja y sintió las fibras del traje que le había dado, era tan similar que sería muy difícil distinguirlo de su traje original.
—Pensé en hacerlo de otros colores, pero creo que el azul es tu color. No tienes que agradecerme —le dijo comenzando a retirarse—. Ahora date una ducha, ¿dónde te metiste para apestar de esta manera?
Gruñó y apretó el traje entre sus manos. Jamás alguien tan insultantemente débil se había dirigido de tal forma a él, ¡el príncipe de los saiyajin! Pero cuando ella se perdió de vista no se sentía tan ofuscado. Convenientemente había solucionado su problema, adelantándose a que él siquiera se lo pidiera. Tomó el traje una vez más y se volteó al resto que yacían especialmente acomodados para él y los tomó descuidadamente para llevarlos a su cuarto. Luego de revisarlos se dio cuenta que además había diseñado en el mismo material unos cuantos pantalones cortos.
Al llegar al baño encontró un neceser con algunos objetos de cuidado diario, tomó una botella de metal y presionó el interruptor que yacía bajo la tapa, era un desodorante masculino. Encontró un cepillo de dientes, pasta dental, shampoo, una pequeña máquina de afeitar y lociones. En su aparador había ropa de uso diario y pantalones deportivos. Tonterías terrícolas, si se lo preguntaban a él.
La presión del agua era perfecta bajo la ducha, tan relajante que por un momento se olvidó de su objetivo y pensó en todos los eventos que se habían desencadenado aquel día. Se encontró a sí mismo divertido, recordando la manera en la que aquella mujer temblaba de pavor cuando la gigantesca nave de Freezer pasó sobre ellos. Sin embargo, salió corriendo detrás de ellos con la idea de verlo por sí misma. No sólo era vulgar, grosera y gritona, tenía que admitir que también era algo intrépida.
N/A: ¡Gracias a Ashril, Flopo89, Prl16, AkandeDMS, Nuriadb y Natalia Romanoff1 por sus reviews!
