La noche en que encontraron a Tamaki besándose con otra, estaban en una fiesta. Kyoya y Haruhi estaban buscándolo para irse ya al apartamento. Tamaki estaba encima de una chica, rubia como él, aplastándola contra la pared con el peso de su cuerpo borracho y comiéndole la boca. Kyoya se quedó paralizado. No sabía si partirle la cara a su amigo o llevarse de allí a Haruhi. No hizo falta que se decidiera. Haruhi lo hizo. Vio cómo se cuadraba su mandíbula, cómo se crispaban sus manos, y cómo su puño derecho se empotró en la mejilla de Tamaki.
Parece que el dolor y el impacto inesperados lo sacaron de la borrachera. Miró a Haruhi, pura personificación de la ira, y miró a la rubia que aún retenía contra la pared. La soltó como si quemara, ahora asustado y repentinamente sobrio. Atinó a decir:
- Ella… Creí que eras tú… Me dijo que eras tú…
Pobre idiota…
Tamaki durmió a partir de entonces en el apartamento de al lado, con el resto de los chicos. Haruhi estuvo una semana sin mirarlo siquiera, y diez días sin hablarle. Y cuando lo hizo, solo fue para decirle que siempre lo querría como amigo, porque era una parte importante en su vida, pero que no podía, ni quería, ser su novia. Que lo que tenía con él ya se había roto. Para siempre.
Eso mató a Tamaki. Bueno, él ya sabía que la cosa no iba a terminar bien. Todos conocíamos a Haruhi, y desde el primer día solo estábamos esperando a que dictara sentencia…, porque todos sabíamos que su relación como novia de Tamaki había dejado de existir aquella noche. Eso era un hecho. Solo faltaba verbalizar la ruptura. Tamaki también lo sabía. Esos días de tortura, pasó a ser un cascarón vacío, y la vida y el color le abandonaron. Su sonrisa desapareció. Comía y bebía mecánicamente lo que le poníamos delante. Teníamos que decirle que se duchara, que se fuera a acostar, que se levantara, que se peinara… Teníamos que decirle todo. Él no hablaba. Había perdido toda voluntad, toda esa chispa vital tan propia de Tamaki se había extinguido. Cuando finalmente Haruhi se decidió a hablarle, vi brillar esa chispa de amor cuando Haruhi lo llamó por su nombre. Pero allí, delante de todos, Haruhi no le permitió salvar en privado ese momento de vergüenza último. No tuvo piedad. La decepción de su voz, el dolor con que condenó a Tamaki…, las lágrimas cayendo por las caras de ambos…, todos fuimos testigos mudos.
Él volvió a Japón tres días después. Pagó su error de borracho con lo que más le importaba en la vida. Perdió a Haruhi. Idiota…
