Disclaimer: Sherlock ni ninguno de sus personajes me pertenecen.
~ Sobrecarga ~
Llevaba una semana allí y no podía ser más feliz. Había conseguido trabajo como forense en el hospital Saint Bartholomew. Por fin su vida estaba tomando el rumbo que ella quería. Sus compañeros eran maravillosos y su trabajo sólo la involucraba a ella y a esas pobres personas que esperaban silenciosas a que ella contara su historia. Es cierto que no todo era de color de rosa. Los momentos en que se debía venir a identificar a un familiar eran realmente duros pero poniendo todo en una balanza, compensaba.
La puerta se abrió y el inspector Lestrade pasó al interior de la morgue. Esta era otra cosa interesante. De vez en cuando tenía que colaborar con la policía.
-Buenos días, Molly. -Saludó el hombre.
-Hola, inspector Lestrade -Saludó ella. Rápidamente fue a buscar el informe de la autopsia que había ordenado Scotland Yard.
Era extremadamente perfeccionista con su trabajo así que este llevaba preparado más de una hora. Era el cuarto informe que hacía de ese estilo en menos de una semana. Londres albergaba un asesino en serie. Así pues Molly no fue consciente del segundo hombre que entraba a la morgue.
-Molly, quiero presentarte al detective asesor Sherlock Holmes. Nos está ayudando en este caso- La aludida giró y posó sus ojos sobre el nuevo visitante a su santuario.
Su corazón se saltó un latido y toda la sangre huyó de su rostro. No podía ser. Simplemente no podía ser. Estaba bien vestido, con el peso adecuado para una persona sana, limpio … Nada encajaba con su recuerdo. Salvo los ojos. Ese intenso azul-grisáceo la habían atormentado durante semanas en sus pesadillas. Era él. El yonki que había estado a punto de morir … No, a punto no. Había estado muerto delante delante de sus ojos. En su mente siempre era "El yonki huído". Ahora debía reformular su nombre a "El detective asesor, Sherlock Holmes". Esto era de locos.
Sherlock Holmes la observó de arriba a abajo con atención durante un segundo para después cambiar su expresión por una de desdén. Obviamente no sabía quién era ella. Estiró su mano enguantada en cuero hacia ella mas Molly presionó la carpeta con el informe contra su cuerpo, casi abrazándose a sí misma, y asintió varias veces de forma rápida completando de esa manera el ritual de presentación.
La primera y la última vez que tocó a ese hombre fue para sacarle de una sobredosis. La idea de estrechar su mano como si nada le resultaba imposible. También era cierto que estaba completamente paralizada.
Él retiro la mano sin parecer en absoluto ofendido por que Molly no la hubiera aceptado. La forense bajó los ojos para observar la punta de sus zapatos y aclararse la garganta. Después le entregó el informe a Lestrade y empezó a relatar en voz alta los puntos más importantes.
-La causa de la muerte es asfixia con un cinturón, había marcas de cuerdas en muñecas y tobillos y signos de tortura. Aplicaron descargas eléctricas en vientre y pecho- Una vez terminó de hablar dio un suspiro, agradecida de volver a estar en una zona dónde se encontraba cómoda.
-¿El cuerpo?- Habló por primera vez Sherlock Holmes y su voz fue una sacudida en todo su cuerpo. Era grave, profunda. Bien usada podría derretir a cualquiera.
Molly, que había vuelto a ser un masa casi inerte, guió el camino con movimientos mecánicos hacia las cámaras dónde se guardaban los cuerpos. Abrió la que contenía el cadáver que les interesaba y se lo mostró a los dos hombres. Sherlock Holmes ya había sustituido sus guantes de cuero por unos de látex y sin pedir permiso alguno empezó a examinar el cuerpo. En este momento la forense se sintió ofendida ¿Acaso creía que no había hecho bien su trabajo? Se cruzó de brazos y esperó en silencio.
-¿Alguna idea?- Preguntó Lestrade.
-Sí, aunque hubiera sido conveniente que me hubieras llamado cuando aún se encontraba en la escena del crímen- Holmes se incorporó y se quitó los guantes – Hombre, como es obvio, treinta y dos años, seguramente no tenga una gran fuerza física. Vive solo y no puede permitirse una segunda residencia dónde llevar a cabo sus crímenes, la retuvo en el sótano de su casa con toda seguridad – El detective habló con seguridad y elocuencia. Lestrade simplemente asintió pero la boca de Molly se había descolgado.
-¿Cómo lo sabe? - Susurró la mujer, dirigiéndose por primera vez a él.
-Observando- Respondió de forma simple y escueta mientras caminaba hacia la salida. Molly no salía de su asombro. Tenía que habérselo inventado. No era posible que supiera todo eso.
-Es un hombre peculiar … Pero es bueno en lo que hace – Ella miró ahora a Lestrade el cuál se despidió de ella y salió por la puerta tras Sherlock.
La forense pasó el dorso de su mano derecha por su frente. Demasiada información en muy poco tiempo. Le iba a estallar la cabeza. El nombre del yonki era Sherlock Holmes el cual parecía ser una especie de genio … terriblemente guapo. Añadió una vocecilla en su mente. Sí, terriblemente guapo. Un dato que no había registrado antes. Pero lo que más destacó de todo, al hacer una evaluación completa del encuentro, es que el hombre parecía rehabilitado. Esto la tranquilizó enormemente. Muchas veces se había encontrado pensado que ese hombre por el que pasó uno de los peores ratos de su vida había muerto en cualquier callejón de Londres. Verle vivo y haciendo algo de provecho era un consuelo.
Dos días después Molly leyó en el Times que habían atrapado al torturador de mujeres que había sido un verdadero dolor de cabeza para la policía londinense. El hombre encajaba a la perfección con la descripción que había dado Sherlock Holmes y, efectivamente, había asesinado a esas mujeres en el sótano de su casa.
