Capítulo 2. Tus primeras veces. . . y mucho más.

"Porque sólo nuestro obstáculo es un mundo / ambos igual de salvajes.

Porque nosotros no debímos conocernos / nuestro destino no tenía por qué atarse a uno sólo.

Pero, querido / Cuando un mundo se atreve a separarnos.

. . .Aquello será quien nos una más que nunca."

' "Haru, yo. . . yo no soy como tú."

Makoto Tachibana.

Edad. 19 años.

Ocupación. Vagando por el mundo.

Era lo único que sabía de mi nuevo amigo.

La formalidad entre nosotros era inexistente, no sabía si Makoto acostumbraba a los modales de la región, pero algo extraordinario acerca de esta persona era que no era una "persona total".

Me gustaba todo de Makoto, era una persona invaluable. Más por sus increíbles historias acerca de sus recorridos por todo el mar, desde lo fría que se vuelve en áreas alejadas de aquí, lo que le gustaba era lo templado que se volvía esta costa, por eso estaba aquí:

-Cada año viajamos a aguas más cálidas cuando la temporada es fría, por ejemplo: aquí. Ahora el clima es templado y agradable, tanto que podría quedarme toda mi vida aquí, pero la temporada que domina ahora es el otoño así que no hace falta tiempo para irme de nuevo.

-Cuando sea primavera ¿volverás?

-¡Por supuesto! Esta área es mi favorita por los paisajes que muestra, además de que es muy tranquila, así nadie podrá notarme.

-Yo lo hice. . . -bromeé-

-Yo fui quien te notó primero, Haru-chan.

-¿Chan?

-Es un apodo que usamos para expresar afecto. -sonrió-

Makoto era una caja de tesoros, con sus múltiples historias que me hipnotizaban hasta que la noche se hacía presente, pero siempre había un inconveniente cuando veía a Makoto.

Tenía que meterme al mar para poder llamar su atención, y desde ahí hasta que nos cansabamos salía de él, era algo que me incomodaba en ciertas veces, así que un día decidí probar a Makoto en su resistencia.

. . .

-Oye, ¿tienes poderes?

-¿Eh? ¿A qué te refieres?

-Es decir, ¿puedes salir del agua?

-Oh ya te entendí -soltó una carcajada- sí, puedo salir del agua, también puedo convertirme en una mujer, además de un don especial en mi canto, el cual aún desconozco. Todo gracias a esta pequeña joya -resaltó de su cuello un jade pulido y cortado en forma de péndulo- si no fuera por ello, ni siquiera estaría hablando contigo.

-Ya veo. -¿Tan importante lo era? Me sorprendí al imaginar que la vida de Makoto pendía de esa pequeña piedra.

-Oye, ¿Te gustaría conocer mi mundo? -estaba más nervioso que nunca. Su respuesta en este momento era muy importante, no sabía por qué.

Makoto lo pensó un momento, eso me daba un mal presentimiento, aunque estaba en su derecho de no querer aceptar.

-¡Claro! Sería emocionante. -respondió-

Por un momento sentí una enorme felicidad, inexplicable, así como todos los sentimientos que surgían en mi cuando estaba cerca de Makoto. De alguna forma era como si su presencia fuese tranquila y cómoda, como una gran cama caliente y a su lado un intersante libro; poco a poco Makoto formaba parte de un hábito del cual me agradaba visitar y a su vez, algo que no podría dejar de hacer. Era inexplicable, así como él mismo, pero supongo que con el tiempo conoceré más y más a mi ahora entrañable amigo.

. . .

El día por fin llegó. Me dirigí sin prisa hacia la costa llevando una muda de ropa, presumí conocer tan bien a Makoto que esperaba haber adivinado bien su talla.

Era una mañana hermosa, supongo que Makoto estaría durmiendo o tal vez en mar abierto. Esa pregunta me inundó en un vacio sin sentido: ¿Qué era lo que hacía Makoto en el resto del día?

Con paso apresurado llegué hasta allá, notando que no estaba cerca, fue cuando escuché una voz muy peculiar, pero no hablaba, sólo... cantaba:

~Bellas auroras que, graciosas han de bailar / Al ritmo de una melodia desconocida y suspicaz.

Bellas auroras que, cansadas han de soñar / inmersas en una ilusión de su agrado y pensar.

Bellas auroras que, nostalgicas nos encuentran entre destellos y pasiones / uniendo con un cordón de rayos carmesí tu corazón el mio.

Bellas auroras, de colores desconocidos / porque han de morir cuando el amor nuestro se haya culminado y enterrado en el fondo de un abismo más bello como lo sería el océano. ~

Su voz resonaba en mi mente a cada segundo que pasaba, era mágico, además de que me había provocado unas lágrimas imposibles de ocultar. Un sollozo se escapó de mis labios.

-¿Haru? -me escondí detrás de un risco.

-Haru. . . Sé que estás ahí, puedo sentirte.

-¿Cómo es que puedes sentirlo? -dije, controlando mi respiración.

-¿Por qué? -su voz cada vez se hacía más y más sutil. -Porque la calidez de una lágrima es perceptible a kilometros de aquí, más si es tuya.

Se posó detrás de mi, susurrando esas últimas palabras. Mi pie se erizó en esa área a causa de su aliento rozándola, por lo que di un salto alejándome de él.

Jamás podría olvidar lo alto que era, apostaría a que era 15 cm más alto que yo, aunque su gran espalda hacia notar lo contrario.

Su cuerpo reflejado en lo celeste del mar lo hacía ver una obra de arte; perfeto y efímero, por un segundo Makoto se volvía la persona más hermosa que jamás haya visto. Era irreal y a la vez precioso, provocandome taquicardias dolorosas y a la vez agradables.

-Eh... Haru -sus mejillas se tornaron rosadas. Supongo que era porque se encontraba completamente desnudo y en porte de mi admiración.

-Oh, es verdad -extendí el pequeño morral que contenía su ropa. él lo tomó con desespero, cubriéndo con el sus partes íntimas.

-Makoto, estaré esperándote cerca de la orilla del mar -decidí darle ese espacio que antes había sido mi escondite, esperando que se sintiera cómodo.

. . .

Pasó un tiempo y Makoto se asomó de aquella roca, luciendo radiante con el traje que había elegido para él. Era una persona completamente diferente a como le conocí. Sus hombros, cuello y pecho estaban cubiertos por seda fina y especial. Aquella ropa cortaba su perfil haciéndolo ver como un caballero, un gran potencial para la aristocracia a la que yo era obligado a pertenecer.

-¿Que tal?

-Nada mal. Anda, vayamos antes que el día se consuma.

No podía gesticular palabra alguna, fue un trago de suerte que esa palabra saliese de mi boca en el momento correcto, sin embargo, Makoto sonrió como suele hacerlo, helando nuevamente mis labios.

. . .

Algo andaba mal, y no era porque Makoto llamaba mucho la atención entre las jovenes doncellas, sino que eso me causaba un dolor en el estómago. Cada que una joven preguntaba su nombre y en casos extremos: su dirección, comencé a arrepentirme a traerle a mi mundo. Él era demasiado perfecto para toda esta existencia, brillaba entre la multitud y era algo que no podía evitar. Pero, ¿por qué aquel malestar de verle sonreír con otras personas? ¿En verdad era eso ó sólo había comido algo podrido?

-Haru, estas... temblando, ¿te encuentras bien? -me salvó una vez más. Siempre él, con su voz, sus ojos y su sonrisa, sólo podria ser él.

-Claro, no sucede nada.

-¿Estas seguro?

-Por supuesto. Ahora que estamos hablando -comencé a caminar, tratando de despejar mi mente. -¿Qué tal te parece mi mundo?

-¡Maravilloso! Las personas son muy amables conmigo, además todo aquí es muy colorido y hermoso.

-¿De verdad? Yo siempre lo vi muy normal.

-¿Eh? ¡¿Qué dices?! Todo este tiempo has vivido bajo una obra de arte. -exclamó, con un brillo peculiar en sus ojos.

"Una obra de arte ¿eh?" pensé.

. . .

El tiempo transcurrió lento y delicioso, Makoto no paraba de preguntarme acerca de distintas cosas. Recuerdo su cara de pánico cuando un perro pequeño lo pilló, le ladraba de forma delicada, como si aquel perro también formara parte de la realeza, y Makoto, dulce y frágil, esquivaba todas sus mordidas. Al final una señora regordeta recogió al canino, no sin antes soltar un cumplido al ojiverde.

-Haru, debo volver, me estoy deshidratando.

-Hmm~ -solté un largo y pesado suspiro- vale.

Iniciamos nuestro camino hacia la costa, pero antes de eso recordé que quería mostrarle a Makoto algo especial, algo que era sólo mío. Compré un jarrón lleno de agua y lo guardé en el morral que anteriormente resguardaba la ropa de Makoto.

Al llegar al camino hacia la costa le tomé de la mano, sin titubear, no podía hacerlo a la altura de estas circunstancias.

-¿Eh? Haru, ¿a dónde vamos?

No respondí, sólo tiré de su brazo cuesta arriba.

-Haru... -su voz titubeó, entonces volteé a verlo, notando su palidez. Era tanta su debilidad que no pudo mantenerse en pie un moment más, aferrándose a mi mano.

-¿Qué te pasa?

-Recuerda, soy una persona del mar.

Mi corazón latió fuerte y alterado. Pulsaiones extrañas se apoderaban de mi al verle así, entonces tomé el jarrón y lo vertí en su rostro, esperando que algo de la misma cayera en su boca.

Al poco tiempo su rostro recobró el color, le tomó un par de horas de reposo, durmiendo tranquilo. Recuerdo lo lindo que se veía dormido, sus pestañas eran largas y su rostro se tornaba de una paz invaluable. Sus labios, su cabello, mojados por la esencia que le hacía permanecer con vida le daba una belleza especial; natural y puro, hasta que volvió a abrir sus ojos.

-¿Dónde estamos, Haru?

-A la mitad de un camino, ¿cómo te encuentras? -de inmediato notó que reposaba en mi regazó, mientras yo disimulaba con un pequeño libro que siempre llevaba conmigo.

Se levantó con delicadeza, sin quitarme aquella mirada tierna y recnfortante de los ojos, sentía como sus orbes esmeraldas se centraban solamente en mi. Me sentía dichoso, voluminosamente feliz, pero no sabía por qué.

-Gracias -recitó, acariciando mi mano. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al sentirle cálido una vez más, después de un tiempo de sentirle frío y blanco.

-No agradezcas, soy yo quien te trajo aquí en primer lugar.

-¡Es verdad! ¿A dónde íbamos antes de que cayera moribundo? -sonrió-

-Oh~ -ya no lo recordaba, pero aún estábamos a tiempo. -Iremos a un lugar no tan lejos de aquí, pero tenemos que apresurarnos -sentencié, entregándole el jarrón de agua.

-¡De acuerdo!

Cruzamos con paso firme hacia adelante, cuando cruzamos unos matrorales pequeños y graciosos, dejaron ver un hermoso paisaje con vista hacia el mar, la brisa chocaba contra nuestros rostros de forma hermosa.

-Desde que sucedió el accidente de hace doce años, tuve la manía de venir aquí a admirar la bella sábana turquesa que casi me asesinaba. Era frustrante y hermoso ver como se volvía indomable conforme los años pasaban, que siempre le tendría miedo y no podría enfrentarlo.

-Pero lo has hecho, Haru. Sino probablemente no hubiesemos vuelto a vernos.

-... Tienes razón.

Aquel paisaje me hacía recordar que ahí fue la segunda vez que pude ver a Makoto, cuando salté a su rescate en el momento que se sumergió, y mi patética cara al sentirme hundido nuevamente en el segundo que escuché su voz.

Era como si Makoto hubiese eliminado mi miedo al mar, que todo a mi alrededor desaparece, dejándolo a él y a mi en un vacío infinito pero agradable. Como si no necesitara a nadie ni a nada más, sólo a Makoto.

Continuará. . .

Holis :D gracias una vez más por seguir esta historia. Vendrán más sorpresas para esta hermosa parejita :'3 sus ratitos de amor, de ánimo y tal vez algo más eue' ¡preparen sus pañuelos! Hermos s jóvenes y señoritas seguidores de esta historia. ¡Os agradezco con locura! ^-^)7

Atte: Un trágico Usagi-san.