Shingeki No Kyojin es propiedad de Hajime Isayama.

Advertencias:

Lenguaje vulgar. Violencia. Sexo implícito. Mención de violación.


El escenario la recibió en medio de ovaciones ebrias y homenajes obscenos. Ella avanzó cómo sólo avanza una diosa, bella y herida, sublime y corrompoda. Una belleza profanada, un corazón lastimado y un rostro precioso. El tubo la ayuda con su número que causa furor entre los borrachos clientes que aullan por ella, tratando de alcanzarla. Tratando de tocarla.

Tratando de herirla.

Y cómo bien dice esa vieja canción, el amor lastima. El amor hace daño, piensa deslizándose por la fría superficie de la tarima, danzando en un número lleno de insinuación, rebozante de indescencia. Christa gira en vilo, con las blancas piernas torneadas y gatea hasta el borde del escenario, dónde le acaricia la barbilla rasposa a un hombre que le recordaba vagamente a su padrastro, y se vuelve en su recorrido antes de que este pueda alcanzarle.

Fue una buena rutina, piensa, descendiendo finalmente de la tarima, dónde ya la aguarda el dueño de la taberna.-Te llaman esos dos de allá.

-Le dije que yo sólo bailaría...-Fue una mala idea decir aquello, pues la mano rasposa de ese hombre repulsivo le tomó del brazo y le tironeó con violencia.-No intentes hacerte la digna conmigo, putilla. Eres lo que eres y si quieres un lugar aquí más te vale no ponerte juiciosa. ¿qué más da? Te has acostado con más hombres de los que puedes recordar...

La empuja en dirección a sus posibles nuevos clientes y ella sonríe, rota y herida. Asustada y temerosa, cómo esa niñita que su mamá llevó al burdel en el que trabajaba y subastó su virginidad. Recuerda con despreciable claridad al primero. A ese nunca se olvida, piensa con dolor. Recuerda clara como el agua sus manos callosas, su lengua repulsiva, sus ojillos porcinos. Recuerda haber llorado cuando lo tuvo dentro, y recuerda haber llorado aún más cuando terminó. Quería que su madre le abrazara. Quería que su madre le dijese que era una buena niña. Pero ella sólo le empujó y le dijo que comenzaría a trabajra si lo que quería ella era estar a su lado.

Y Christa, cómo toda buena niña, obedeció. Pero fue mentira. Su madre era una puta, tal y cómo ella y las putas suelen ser traicioneras.

Se lamentó inútilmente. Si hubiese permanecido en el centro, seguramente pudiese ser libre de solo bailar, pero debido a las redadas tuvo que retirarse a una repulsiva taberna en el sur, dónde ser una bailarina no era suficiente para poder comer. Y cómo decía su madre mientras se arreglaba frente al espejo en su sucio departamento, hay que ser puta para llevarse a la boca algo de fruta.

-En ese aspecto, cómo en otros tantos respectivamente era una idiota...-Susurró, mientras era embestida erráticamente por el segundo cliente. El primero sólo había querido una mamada y ella le había cumplido, recibiendo los euros con una mano temblorosa de furia. El segundo quisó el servicio completo, y ahora le profanaba cómo un perro montaba a una perra. Christa gemía, sí. Pero dentro de sí no había lugar alguno para el placer, sólo para el resentimiento, el dolor y el miedo. Y adentro, muy, muy adentro se encontraba dormida la parte oculta de la niña asustada que fue. La niña que llevaba su verdadero nombre, la que desconocía y a la que temía. La niña llamada Historia, de ojos aquamarina muertos y cuerpo magullado.

El amor dolía, pensó nuevamente. El amor dolía mucho, lastimaba, hería y magullaba. El amor sólo era un arma de doble filo, que a veces lastimaba más a quién lo empuñaba que a quién se le tenía amagado. El amor dolía, cómo le lastimó el amor que le tenía a su madre. El amor dolía y no había nada ni nadie que probase lo contrario, pensó con lágrimas en los cliente le sujetó la cabellera rubia y tiró de lla al ritmo de sus estocadas. Christa jadeo, todo sonido actuado a gusto de darle al hombre una gratificación sobre su virilidad.

Cuando terminó, se derramó dentro del condón. Christa lo agradeció. Estaba harta de limpiarse los muslos enrojecidos con paños calientes debido a la estúpidez de algunos. Cuando recibió el dinero, l tabernero le tendió la mano.-Mi parte, puta.

-Yo no ví que se la mamaras al primero, o te dejases montar por el segundo...-Dice, poniendose la chaqueta vieja y gastada con manos temblorosas.-No estoy para bromas, putilla.

-Yo tampoco, cerdo.-Christa jamás se hubiese sentido capaz de hablarle de esa manera, pero la que hablaba por ella ya no era Christa, sino Historia, la desconocida. Ella era cruel, y sagaz. Era dura y fuerte. A veces agradecía su presencia.-Tampoco estoy para soportar tus mierdas, así que ábrete que quiero irme a casa.

-No hasta que me des mi jodida parte.

-Insisto...-Replicó Christa. O mejor dicho, la voz de Christa. Era Historia quién hablaba por la diosa profanada.-Tú no se la chupaste al primero ni te dejaste montar por el segundo. Quítate de en medio o te arrancaré la diminuta polla que te cargas con las uñas.

-Me gustaría verte intentarlo, puta de mierda.

Christa se encogió ante el asco de aquella pulla, pero fue Historia quién le empujó con el codo y le plantó un puñetazo antes de salir corriendo por la puerta negra de aquel horrible lugar. Jamás debió de marcahrse de con Pixis y su bar. Ahí le cuidaban Eren y Bert. Debía regresar, quería regresar...

Y al final de la calle, quiso llorar. No sólo Christa, sino la misma Historia. ¿a quién engañaba? Era el mismo infierno, era el mismo horror. Era el mismo dolor, se dijo Christa, la diosa rota frente al espejo, viend curiosa la pequeña mancha oscura que tenía en el omoplato. Dolía al hacer presión sobre ella.

Se preguntó si era un moretón. Y al final, fue Historia quién respondió con su voz, mirándola a través de sus ojos, reflejada en el espejo.-Eres una puta tonta, Christa. Y ahora, para terminarla de joder, te estás muriendo.

Al acostarse, rendida sobre su pequeña cama resolvió ir al hospital al día siguiente. Esperaba que no fuese nada grave.

Un Corazón Normal

Capítulo II

El Amor Duele

-¿No puedes dormir, ángel?...-Levi abrió los ojos de golpe y se incorporó, descubriendo a Eren sentado al poe de la cama. La cama de Irvin aún seguía vacía, lo que evidenciaba, a juzgar por la hora de que su primo no llegaría a dormir.

-En realidad no...-Bostezó, estirándose perezosamente.-Extraño, pensé que me quedaría inconsciente tan pronto me echase.

Eren le sonrió.-Podemos platicar si tu quieres...

-La verdad no tengo mucho tema de conversación, Eren. Soy alguien bastante aburrido.-Se acercó, sin embargo, a la orilla de la cama, envolviéndose con el delgado edredón.

-A mí me pareces alguien que tiene mucho que decir, ¿sabes? Me gustan tus escritos...-Señaló con el mentón las hojas pegadas en la pared del dormitorio compartido.-Tienes unos pensamientos bastante melancólicos, cómo si estuvieses triste...

Levi no dijo nada. Estaba acostumbrado a escuchar aquello...-Pero debajo de esa aparente tristeza, hay un deje de felicidad. O tal vez de duda, o tal vez de ansias... Son preciosos. Es cómo si quisieras decir algo, no sabes exactamente qué es pero... pero ahí está. En tu pecho, existiendo y deseando salir.

Levi le miró, francamente sorprendido. Era la primera vez que alguien mencionaba aquello.-También me gusta mucho cómo dibujas.

-En realidad mi primo es quién dibuja. Será un idiota, pero es bastante bueno en lo que hace. Él dice que su sueño es volverse tatuador. Irónico, teniendo en cuenta que es un pijo.-Eren rió.

-¿Y por qué no intenta ser lo que quería en un principio?

-Supongo que es porqué es idiota. Ya sabes, los rubios casi siempre son así.

Eren no se mostró de acuerdo.-Yo conocí a un chico que era rubio y para mí era la persona más inteligente del mundo, ¿sabes? Podía deducir conclusiones con sólo analizar brevemente un problema.

-Los grandes genios siempre se encuentran en lugares impensados. Estoy acostumbrado.

-¿Conoces a alguno?

-Mi mejor amiga se llama Hanji. Hanji Zoe. Es la persona más excéntrica, rara y anormal que pueda existir. La conocí cuando entramos a la facultad, mi primo Irvin y yo la encontramos buscando polvo de estrellas en la basura...-Sonrió al recordarlo. La mirada que Irvin le dedicó a la muchacha castaña era la más cursi que le hubiese visto a Cejas, y vaya que era un romántico empedernido chapado a la antigüa. En varias ocasiones, le tuvo que acompañar a casas de sus novias a llevarle serenatas y esas mierdas.

Por otro lado, Eren notó algo. Levi sonreía muy bonito. Rodó los ojos, maldiciendo su estúpidez. Levi era un ángel, era muy normal que su sonrisa fuese hermosa.

-¿Y tú? ¿Tú que tienes qué contar, Eren Yaeger de diecinueve, amante del tabaco y la tarta de frambuesa?

Eren rió.-¿Qué quieres escuchar? Tengo mucho qué contar...

Levi miró al reloj. Eran las tres de la madrugada.-Pues bien, mañana tengo el día libre. Tenemos tiempo para que te sientas libre de contar cuánto quieras...

Eren era un libro escondido que merecía ser leído. Una triste canción invernal que merecía ser escuchada y apreciada. Una obra de arte corrompida, más bella que ninguna otra jamás creada, o de eso se percató Levi.

-¿Y fueron sólo tres, Eren?

Eren negó.

-Hubo más. Muchos más, pero fueron esos tres los que me marcaron de verdad. El cuarto, Bert fue algo así cómo una vía de escape. Cómo una salida a la pesadilla en la que me sumí cuando abandoné a Marco antes de que él me abandonase y fuí encontrado por Jean.

-He comenzado a despreciar a esa basura de Jean, ¿sabes?

Eren rió, negando suavemente con la cabeza.

-No, los ángeles no deben odiar.

-¿Qué pasó después, Eren?

El susodicho se sorprendió en silencio. Usualmente nadie gustaba de escucharle, mucho menos de prestar atención. Su vida no era precisamente una obra de superación, sino más bien el recuento de la perdición de un alma maníaca de libertad.

-Llegué a Berlín y encontré a los demás. A Christa, la prostituta de la gran avenida, a Bert y a Sasha. Todos trabajan en el bar en el cuál yo solía cantar...-Levi le miró, sorprendido.

-¿Tú cantas?

-Algo por el estilo. No soy muy bueno, siempre fuí mediocre, pero los clientes de bar siempre aplaudían.-Sonrió vagamente.-¿Por qué?

-Deberías cantar. Apuesto a que tienes una bonita voz.

Eren rió.

-Bonita de lo que se dice bonita, puede que no. Pero me defiendo.

Levi sonrió.-Entonces deberías cantar.

-Un día cantaré para tí, si tú un día, prometes escribir para mí...-Le tendió la mano delgada y morena.-¿Tenemos un trato?

-Tenemos un trato.-Cerró Levi.

-¿Hecho, tres veces hecho?

-Hecho y hecho. Ocho veces hecho.

En esa ocasión, ambos rieron.-¿Cómo fue que te diste cuenta de que no eras feliz?

-Cuando dejaba que Jean me violase nuevamente, encima de la misma máquina de Pin-Ball. Nunca me sentí feliz, pero al menos en los brazos de Marco, Reiner y los otros... Al menos me sentía bien. Eran cálidos. Jean también era cálido, pero era cruel. Cada vez que me tomaba,me repetía una y otra vez lo que en realidad era; una mierda.

-Eso no es cierto.-Réplico Levi.-No eres una mierda. Simplemente eres un chico harto de la vida. Eso se entiende.

-¿De veras piensas eso?

-Claro que sí. He sentido lo que tú. Pánicos universales que te sumen en la ansiedad de saltar por una ventana. No sabes por qué, lo único que sabes es que quieres saltar por la ventana. Lo he sentido. H sentido la desesperación, claro que en diferente contexto que tú.

-¿Cómo en cuál?

-Tenía una hermana menor...-Susurró el pelinegro aferrándose a su edredón.-Se llamaba Isabel. La ví morir la misma noche que murió mi madre, estaba justo a mi lado, podía estirar mi brazo entre los metales torcidos del coche y tocarla... Tocar su manita lastimada que me sujetó los dedos hasta que dejó de respirar. Es la cosa...-La voz se le había encogido.-Es la peor cosa del mundo. El peor dolor, incluso que el de un hierro atravesándote el vientre. Incluso... Incluso el dolor de la muerte es insulso al de la desesperación de ver al ser que más se ama, morir frente a tus ojos sin poder hacer nada. Así que sí, comprendo tu desesperación, pero en diferentes circunstancias. Es...es cómo conocer su sabor. Su amargo y deshabrido sabor.

Eren le miró fijamente. El ángel se había puesto triste, y él mismo se sintió miserable por ser el causante de su pena.-Siento mucho hacer que recuerdes cosas dolorosas...

Levi negó, despacio con la cabeza.

-No...-Susurró.-No es tu culpa. El dolor sigue ahí, así cómo el dolor de tu camino, Eren. Yo también te he causado daño al hacerte recordar a Jean.

Eren sonrió.

-Son pocas cosas las que me hacen sentirme triste, Levi. Unas violaciones no son nada en comparación al ver que he puesto triste a un ángel...-Levi sonrió, dolorido.

-Me llamo Levi, Eren.

-Te llamas Levi, ángel.

Levi reposó su rostro en el borde de la cama, recargando su cabeza contra la de Eren.-Eres cálido, Eren...-Susurró.-Eres cálido...

Escuchó una suave risa triste de Eren.-Y yo que siempre me consideré alguien frío.

-Yo soy frío. Siempre he sido helado, mi hermana melliza me lo dijo. Me dijo que incluso dentro de mamá ya le molestaba mi frialdad...

-Pues es una frialdad bastante cómoda. Es cómo el beso del rocío mañanero.

-Llegas a ser bastante poético, Eren.

Eren rió nuevamente.

-Una clara ventaja de ser un cantante.

Estaba quedándose dormido. Lo supo cuando sintió el peso extra de Isabel junto a él en la cama.

-Cántame algo, ¿quieres?

Eren ya no respondió. Y él no esperó su respuesta. Se quedó dormido justo cuando de la boca del moreno, salió la primera frase de una triste canción.

-...love hurts, Love hurts, Love scars, Love wounds and marks...

Terminó la canción con lágrimas en los ojos. Parte de tristeza, parte de dolor. Y cuando se puso de pie, y avanzó al pequeño baño compartido del ángel llamado Levi, se levantó la camisa y vió el beso de la muerte marcado ya en su piel supo que le quedaba incluso menos tiempo del que esperaba.


Era una cantidad exhorbitante de discos, todos de vinilio acomodados en un orden del abecedario con impresionante pulcritud.

-¿Qué te gusta?

Eren miró al ángel, confundido.-¿Cómo dices?

-El idiota de mi primo quiere espacio para guardar los bocetos que siempre carga y me dijo que desalojase una porción de la habitación. Elige los que te gusten y llévatelos...

A Eren le brillaron los ojos cómo dos esmeraldas.-¡¿De verdad?! P-pero... ¡¿y tú?! ¿No te pondría mal perderlos?

-No los estoy perdiendo, Eren. Te los estoy dando a ti. Además...-Tomó uno al azar.-He escuchado esta canción tantas veces que seguramente Irvin ya ha pensado en quemar el disco varias veces...-Le mostró la imagen.

-Tears to Fears...-Recitó Yaeger, maravillado.-No me digas... ¿Everybody Wants to Rule the World?

Levi sonrió.-Bingo. Es más...-Lo colocó con sumo cuidado sobre el toca discos para que la música llenase la habitación. Eren rió.-¡Me encanta esa canción!

Levi sonriente ante su entusiasmo bailoteó por el espacio del cuarto, moviendo graciosamente los brazos. Eren de inmediato le secundo, entre risas y carcajadas mientras la canción avanzaba hasta el punto en el que ambos la entonaron al unísono.-Everybody Wants to...

-Rule the World...-Se miraron sonrientes antes de continuar con la curiosa danza tribalezca que ambos desarrollaban entre risillas y miradas burlonas.

Irvin entró justo en ese momento, y juró jamás volver a beber. ¿Levi bailando? ¿Levi cantando? Por la buena y misericordiosa Madre, ¿Levi riendo?

Fue su último pensamiento antes de arrastrarse medio muerto hasta su cama y dejarse caer, rendido.

-¿De verdad me la puedo quedar?

-Por supuesto. Mira, también...-Era una colección impresionante de música que le hizo sonreír cómo pocas veces lo había hecho. Cyndi Lauper, Pink Floyd, Queen... Oh por los...-¿Es lo que creo que es?

-¿Te gusta Journey?

-¡Adoro Journey!

Levi le pasó el enorme empaque delgado y extenso.-Pues llévatelo. Mejor que te quedes tú con él y no que mi imbécil primo lo tire a la basura.

Eren abrazó su nueva colección con fervor.-¡Gracias, ángel, gracias de verdad!

Levi sonrió.-Levi, Eren. Me llamo...

-Levi, ya. Lo entendí desde el primer momento, ángel.

-¿Tienes hambre?...-Eren le miró, avergonzado.

-Sí, ángel pero ya casi es medio día. Y ya me has ayudado bastante, no quiero darte más problemas...-Levi bufó.-Meh, no es nada. Esos discos hacían bulto y el sacarte del hospital es lo que cualquiera haría si alguien se ve tan desesperado por salir de ahí. En ocasiones yo también me pongo histérico.

-¿Tú histérico? Lo dudo, ángel.

-Me da la regla de cuando en cuando. Pero es que si conocieses a mi primo y a Hanji me comprenderías...-Eso le hizo reír. Finalmente, terminó comiendo un par de huevos fritos con dos lonjas de tocino y una taza de té negro. Nunca había tenido oportunidad de probarlo, pero se percató que a Levi le fascinaba. Cuando le vió prepararlo, observó enternecido aquella dedicación que le puso el ángel al té.

Y tuvo su fructífero resultado. Era delicioso y le calmó el dolor del estómago.-Eren, sé que no es mi problema, pero...

-¿Qué pasa?

-¿Irás de nuevo al hospital?

Eso le hizo palidecer. Más de lo normal, pensó Levi, acercándose a él con las palmas en alto.-Tranquilo, colega... Sólo preguntaba.

-¿Para qué ir, Levi? Estoy enfermo de esa cosa. Yo...-Vió sus manos con asco.-Yo... Yo me tengo que ir...

Se pusó de pie y avanzó hasta la puerta. Levi le alcansó a asir del brazo para detenerlo antes de...-Que no se te olviden, Eren...-En ese momento, viéndolo ahí, preocupado y tendiéndole el regalo que le había dado, Eren se sintió maravillado. Y horrorizado. ¿Cómo pudo siquiera tocarlo? ¡Si él estaba sucio! Estaba manchado, era una aberración...¿cómo pudo tocar la piel del ángel? ¡tan idiota era!

-G-gracias, ángel...

Tomó el regalo y lo abrazó fieramente antes de dedicarle una última mirada y salir del apartamento.

Levi bajó la vista, entristecido.-¿Riv? ¿qué pasó? ¿quién era es chico tan raro?

-Se llamaba Eren, Irvin. Él...-Miró de nuevo al lugar por el cuál había salido Yaeger.-...él se llama Eren.

Irvin le miró, prepcupado.-Eh, colega tienes mala cara. ¿estás mal?

-Déjalo, oxígenada.-Se volvió hacía su primo.-Te he liberado algo de espacio en el cuarto de los discos.

Irvin sonrió.-¡Genial! Mira, te mostraré algo, tío...-Se regresó a su habitación y volvió con enormes rollos llenándole los brazos.

-¿Son nuevos diseños?

Irvin asintió.-Sip. Mira, éste...-Extendió el rollo con orgullo y Levi miró sorprendido la preciosa mariposa que extendía sus alas con majestuosa belleza.-...lo hice pensando en Hanji. A ella le gustan, ¿verdad?

Levi asintió.-Le encantan. ¿y cuando se lo darás?

-¿Bromeas? Seguramente me lo lanza al rostro

Levi rodó los ojos.-Ni que fuera Mary, Irvin. Hanji sí te quiere, te lo he dicho hasta el cansancio.

-Me quiere... Pero lejos de ella. ¿Has visto cómo mira a Moblit?

-Irvin, Moblit es gay.

Los ojos celestes de su primo le miraron, sorprendidos.-¿De verdad?

-Sí, tío. Lo gritaba a leguas. Yo creo que él es la mejor amiga de Hanji. Ni te preocupes por él...-Le miró, burlón.-O mejor dicho, mejor sí preocupate. Pero por tí. La otra vez mencionó que le parecías guapo.

La cara del idiota le hizo reír.-No jodas Levi, que miedo.

-¿Por qué miedo?

-Ya sabes, colega. Esos tíos tienen consigo la peste rosa.

A Levi le recorrió un escalofrío largo y tendido.-¿Eres idiota, rubia? No se le llama así. Bueno, leí por ahí que tiene otro nombre.

-¿Y eso qué, joder? El caso es que lo traen los maricas. Moblit debería andarse con cuidado. Aquí no son tan abiertos cómo en Austria.

-Irvin, Moblit no tendrá nada en qué preocuparse si tú no dices un demonio, ¿vale?

-Rayos, Levi. No sabía que te caía tan bien.

-No es eso, tío. Pero es un amigo de mi mejor amiga, lo suficiente cómo para tener mi respeto.

-Eres bastante raro. No todos son tan flexibles respecto a eso.

-Voy a ser médico. De alguna u otra forma tendría que volverme de ese modo.

Irvin lo meditó.-Tienes razón. Oye, oye... ¿me haces de desayunar? me muero de hambre y tengo que ir a dónde Nanaba para unas prácticas con Dalliz.

-¿Qué quieres?

-Lo que Dios te dé a entender, sólo que no sea veneno o laxantes.

Levi bufó.-Por última vez, fue Mikasa quién te los dió. No yo.

-Si fue ella o tú eso no me salvo de una diarrea infernal. Oye, por cierto, ¿has llamado a Uri? Me dijo que quería hablar urgentemente contigo.

-¿Llamaste a Francia? ¿Sabes qué tan caras son las llamadas a...?-En ese momento, tocaron a la puerta.

-Yo abro...-Dijo Irvin vanzando a la entrada. Cuando abrió, estaban ahí fuera las personas que Levi sabía, le provocarían a su dedicada carrera un tumor del tamaño de un melón.-¿Levi Ackerman?

-¿Qué, aparte de idiota eres olvidadizo? ¿Qué cojones quieres, Nile?

La sonrisa de ese imbécil fue tan confíada cómo sólo él.-Deberías de mostrar más respeto. Estás hasta el cuello de pura mierda, Ackerman.

En ese instante, el mismísimo Dalliz Zacklay entró a su departamento, y tras él su padre se hizo presente. Ambos le miraron con una rabia destilando.-Toma vuestras cosas más importantes, Ackerman. Tenemos que hablar...


-¿Qué? ¿Cómo que lo han expulsado?

Hanji Zoe estaba histérica.-Ha sido suspendido un semestre. Según mi tío, tuvo que sacrificar varios miles para que Levi permaneciese en la escuela.

-Pero es que no es tan grave.

-¿No tan grave? Sacó de un hospital privado a un paciente con esa enfermedad de la peste rosa.

Hanji abrió los ojos de manera desmesurada.-¿El de inmunodeficiencia? ¿Levi conoce a alguien así?

-Y ahora que lo dices, yo también.

-¿Qué? ¿Y eso qué diablos significa?

-Hoy cuando llegué, mi primo estaba hablando con un chico bastante raro. Es decir, raro con la extensión de la palabra. Según varias enfermeras, ese muchqcho fue diagnósticado con los síntomas de esa enfermedad, la que está causando estragos en América. Y ahora resulta que le vieron irse don él cuando iban a llevarlo al ala de investigación.

Hanji maldijo.-Joder, pero ¿en qué diablos estaba pensando Levi?

En ese instante, la puerta se abrió y Kaney Ackerman entró cómo demonio echando pestes en contra de alguien que no se hallaba ahí.-¿No está aquí?

Fue Irvin quién respondió-No tío. Levi no ha venido aquí desde lo de la mañana.

-Ese estúpido, si es que aparece dile que estaré en la casa de tus padres, que me busque ahí.

-Tío, ¿Levi ya no podrá vivir en los dormitorios?

Kaney rió con frialdad.-Tuve suerte que al malnacido de tu primo no lo arrestasen, Irvin. Le avisas, por favor.

Se marchó azotando la puerta furiosamente.-Encantador...-Susurró Hanii con pesadez. Irvin bufó.

Mientras que ellos en la barra charlaban sobre la pantomimia que se avecinaba, en las calles de Berlín el menudo muchacho de ojos azules caminaba con el sol en su pleno esplendor. Sabía que estaba mal llegar así cómo así, pero de todas formas.-¿Sí?

Una menuda muchacha rubia fue quién le abrió la puerta de los viejos dormitorios encima del bar que continuaba cerrado. Con la garganta seca y el corazón algo descontrolado por la carrera que echó para que Kaney no le alcanzase, finalmente preguntó.-¿Está Eren?

Esperaba escuchar una respuesta positiva. Una que le dijese que aquel día, no todo estaba tan mal. Pero la contestación de la muchacha rubia le hizo entender que su error de sacar a Eren del hospital iba incluso más allá de una posible orden de arresto, o una simple expulsión.

-Oh no...-Susurró, aterrado antes de echarse nuevamente a correr, esta vez volviéndose en sus pasos.

Continuará.

Hermosas Criaturas, gracias por darle una oportunidad a esta historia. En sí, me inspiré en la película de HBO para comenzar a escribirla, pero será relativamente distinta. Aunque habrá elementos muy crudos, cómo en el próximo capítulo, espero que sea de su agrado. Agradzco esos comentarios tan bonitos, y agradezco aún más el haberse tomado el tiempo de leer.

Por cierto, saliendome del tema, quisiera invitarlos a darle like a la página de FaRi: Farlan x Levi. Es una pareja no muy popular, pero tiene mucho qué dar y ya verán cómo esta página por igual. Ayuden a crecer su popularidad y disfruten de su contenido,es bastante bueno.

Soundtrack Utilizado:

Love Hurts.- Nazareth.

Everybody Wants to Rule the World.- Tears to Fears.

Muchas gracias de nuevo. Los quiero!