¡Hola a todos! Aquí estoy nuevamente con esto que se suponía iba a ser un One Shot, pero que se ha convertido en una historia de varios capítulos. Está dedicada a la bellísima Miss Aka-chin, así que linda espero que te gusten mis locuras y lamento el ooc, los arcoiris rosas, ponys voladores y demás. No me hago responsable de los traumas que pueda causarte :V
¡Te adoro y gracias por estar conmigo todo este tiempo!
Advertencias: OCs y mucha felicidad(?)
Disclaimer: Diamond no Ace no me pertenece, es propiedad del sensual(?) Terajima Yuji-sensei, si fuera mío uyyy...sería más bizarro que Daiya no B. Yo sólo hago esto con fines de diversión.
Perfect Plan
Capítulo 2
Cuando el plan perfecto no es tan perfecto
—Las cinco, las cinco, ya son casi las cinco. —Mei canturreaba mientras peinaba su cabello y le sonreía al espejo de su habitación.
—Mei-san, me alegro que ella aceptara la cita. —Itsuki, sentado en el borde de la cama, lo observaba con una sonrisa sincera.
Realmente estaba feliz de que su senpai no haya sido rechazado y esperaba que esa algarabía le durara mucho tiempo porque así no tendría que lidiar con un pitcher frustrado en el amor y su vida estaría asegurada. Además, dejaría de importunarlo a las cinco de la mañana cada fin de semana para obligarlo a entrenar en el bullpen. Sí, ahora podría desvelarse los viernes mirando anime sin preocuparse por no dormir sus ocho horas completas.
—¿Qué cosas dices, Itsuki? Es obvio que no pudo resistirse a mis encantos y justo ahora la tengo comiendo de mi mano. —Una boba sonrisa brotó de sus labios y esa expresión infantil con los mofletes inflados se apoderó de su rostro.
Mei no era la clase de chico que invitaba a alguien salir, sino todo lo contrario. Varias cartas aparecían al final del día en su casillero y contenían proposiciones de todo tipo, algunas más refinadas que otras, con un sutil olor a perfume, pequeños dulces u otra clase de obsequios. Incluso señoritas de otras escuelas lo hacían con la ilusión de que al menos recordara sus nombres. No iba a negar que se comía los caramelos y que usaba las cosillas útiles que recibía, pero nunca había aceptado salir con ninguna de las remitentes porque ya le gustaba alguien.
—¿Cómo me veo, Itsuki? Y sé honesto o le diré a Fuku-chan que fuiste tú quien se comió sus galletas de malvavisco.
—¡Pero si fuiste tú, Mei-san!
—Nunca dije que iba a contarle la verdad. Anda, dame una opinión sincera de hombre a hombre.
Cuando Mei se ponía serio como estaba era imposible llevarle la contraria. Itsuki suspiró y echó una mirada a su compañero: vestía unos pantalones blancos, una playera negra con una camisa a cuadros encima, una chamarra ligera y zapatos deportivos.
—Te ves bien. —Y no era mentira. Mei era un chico muy atractivo y cualquier cosa le sentaba de maravilla, no como a él que se sentía más soso que una anguila.
—¡Genial! Entonces me voy, asegúrate de que el entrenador Kunitomo no note mi ausencia. —Ordenó antes de salir de la habitación y perderse en los pasillos de los dormitorios.
Ese fin de semana, por estar tan cerca el torneo de otoño, el entrenador les había pedido que permanecieran en los dormitorios porque deseaba darles instrucciones para los próximos juegos y hacer unos cambios en la alineación inicial. Claro que a Mei la instrucción le había entrado por un oído y salido por el otro, él ya tenía sus propios planes y no pensaba cambiarlos por nada del mundo. No es que estuviera dejando de lado sus obligaciones, pero realmente tenía que ir a cita, tenía que hacerlo.
—Llegué justo a tiempo. —Sonrió mirando el reloj en su muñeca.
Faltaban escasos cinco minutos para que las manecillas marcaran las cinco en punto y el ánimo en el parque parecía de lo mejor. Payasos, globos, música y el olor a churros llegaban hasta él invitándolo a entrar, pero debía esperar a su acompañante antes de hacerlo.
—En verdad estás aquí. —La voz de Ro, que sonaba más tímida de lo usual, se dejó escuchar. Llevaba puesto un bonito vestido ajustado en la parte superior, resaltando su pecho, y algo suelto en la parte inferior pero sin llegar a ser completamente acampanado. El largo cabello color miel lo tenía suelto cayéndole de un lado nada más.
—Estás muy… —Hizo una pausa no muy larga para observarla mejor. No encontraba una palabra apropiada para describirla porque realmente le parecía la chica más hermosa que había visto en su vida, pero tampoco quería soltarlo por temor a arruinarlo todo—…Linda. Te ves muy linda ¿Entramos? —Le ofreció el brazo para que nadie diga que no puede ser todo un caballero. Si hasta le había pedido consejos a Carlos, solo algunos, para saber qué hacer o decir.
—¡N-no digas esas cosas! —Ro golpeó el brazo de Mei y lo jaló adentro del parque, casi a rastras y evitando en todo momento que pudiera ver su sonrojado rostro. Se había pasado horas escogiendo la ropa que usaría y haciendo varias pruebas de maquillaje. Desgraciadamente Ri tenía toque de queda en Inashiro así que no pudieron hablar más que usando la web cam y solo por un rato.
—¿A dónde quieres ir primero? —Mei preguntó deteniéndose un momento frente a un puesto de algodones de azúcar que miraba de reojo insistentemente.
Ro, que sabía lo adicto a los dulces que era el rubio, entendió la indirecta y sin pensarlo se acercó al vendedor y compró el algodón más grande que encontró, uno muy bonito color rosáceo.
—Para ti, gracias por el helado del otro día. —Le sonrió momentáneamente para después voltear el rostro—Tómalo y come. —Empujando el dulce contra el pecho del rubio, se alejó de ahí dejándolo solo. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué cada vez que estaba junto a él tenía esa inmensa necesidad de golpearlo? Si esa molesta sensación en el pecho continuaba seguramente no querría salir con ella otra vez.
—¿Estás bien? —Posó la mano sobre su hombro y no pudo evitar preguntarse si estaba haciendo algo mal porque ella tenía la cara de querer salir huyendo.
La jovencita giró el rostro y bajó la mirada. Su cita ni tenía cinco minutos y sentía que lo estaba arruinando.
—N-no es nada. —Justo iba a soltar un comentario hiriente, aunque no era eso lo que quería, cuando los restos del algodón de azúcar en los labios de Mei la hicieron reírse a carcajada limpia— ¡Tan lindo! ¿Acaso no sabes comer? —Le quitó la servilleta que venía con el algodón y le limpio la boca con delicadeza sin dejar de reírse pero más suave—Continuas siendo un niño.
A su mente vino una tarde de verano hace bastante tiempo:
Flashback
—Date prisa, Ro, o llegaremos tarde y no podré verlo.—Rillene, tan mandona como era y sigue siendo, apuraba a su amiga que iba varios pasos atrás. Estaba desesperada pues ese día se llevaría a cabo el juego de despedida del equipo de beisbol de los niños de sexto grado. Cuando Miyuki Kazuya pasara a séptimo grado dejaría de verlo un año entero y eso la hacía sentir inmensamente triste.
—Si la profesora se da cuenta de que escapamos del colegio, van a reñirnos.
—Entonces te hubieras quedado. No necesito que me acompañes. —Rillene hizo un puchero y con fingido enojo se echó a correr.
—¡Espera, Ri! —Ro intentó darle alcance pero no lo consiguió y terminó rindiéndose. Se sentó en una de las bancas que estaban camino al campo de beisbol y frunció el ceño. Su amiga hacía berrinches constantemente y era muy difícil lidiar con ella a veces—Yo ni quería venir ¿Quién querría ver a un grupo de chicos ensuciándose la ropa y bateando una fea pelota?
—¡¿Estás hablando mal del béisbol?! —Una chillona voz como de ardilla casi le rompe los tímpanos.
—¿Quién eres tú?
—¡Soy Narumiya Mei y seré el mejor pitcher de Kanto, no, del mundo ! —Un niño rubio y ojiazul apareció tras ella sonriéndole confianzudamente—Te hice una pregunta y no me has contestado ¡Responde!
—El beisbol es aburrido y feo. ¡No me gusta! —Lo único que conocía sobre ese deporte era que duraba mucho porque su abuelo solía mirarlo desde el mediodía hasta la tarde de los domingos.
—¡Mentira, es el mejor deporte! —Estaba muy ofendido. Que sus hermanas criticaran su deporte favorito era una cosa, pero que una chica completamente extraña lo hiciera era algo imperdonable—¡Pobrecita! —exclamó de repente—¡Seguramente nunca has jugado al beisbol y por eso no sabes lo que te pierdes! —El enojo se había transformado en pena—Vamos a jugar, te enseñaré que es divertido y seré tu primer amigo. Apuesto a que no tienes ni uno. —Si hacía una buena acción, su mami lo iba a recompensar comprando un bote de helado para él solo.
Sin esperar respuesta la arrastró hasta un descampado cercano a la ribera del río. Ahí cogió unas varas y sacó una pelota y un guante de pitcher de su mochila.
—No quiero jugar contigo…—Se soltó y retrocedió unos pasos. Ese niño sí que era raro y molesto. Sobre todo muy confianzudo.
—¡No seas amargada y vamos a jugar! Sólo traje esto, así que yo seré el pitcher y tú el bateador. —Buscó por todas partes algo que pudiera servir como bate y le entregó una vara para después alejarse unos pasos—Mis lanzamientos son geniales, así que debes sentirte afortunada de que lance para ti. Además tus ojos están apagados, es porque estás triste ¿cierto? ¡Si jugamos seguramente vas a sonreír!
—¿Triste?...yo…bien…¿Para qué es este palo? —Ro le preguntó pero solo recibió como respuesta una bola que esquivó por muy poco—¡¿Por qué hiciste eso?!
—¡Estamos jugando! Se supone que debes batearla. —Mei corrió hacia donde estaba la bola y luego regresó al montículo improvisado— ¡Una vez más!
—¡No! ¡Mejor yo lanzo! —Fue hacia él y le arrebató la pelota.
—Como quieras, también soy un gran bateador y sé robarme las bases. —No era tan cierto, el bueno en eso era su amigo Carlos.
—Bien…aquí voy. —No sabía por qué continuaba siguiéndole el juego, pero al menos ya se estaba divirtiendo. Tal vez el béisbol no era tan malo.
—¡Voy a batearla al otro lado de la ciudad!
Y claro que eso no sucedió. Al final Ro lanzó tan fuerte y tan mal, que la bola se impactó contra la cabeza de Mei. Afortunadamente las hermanas del chico estaban buscándolo y lo encontraron justo a tiempo para llevarlo a casa con tremendo chichón en la cabeza.
End Flashback
¡Hasta la fecha se sentía culpable por eso! Sospechaba que en parte era su culpa que Mei fuera un niño tan…especial… ¡Por eso tenía que cuidarlo y hacerse responsable de él! La verdad es que sabía perfectamente que su carácter provenía del trato que recibía en su familia, pues al ser el menor era extremadamente consentido.
—¿Quieres ir al carrusel?
—Eso es para niños.
—¿Y quién dice que aún no lo somos? Te lo diré: Los adultos, esos que en el fondo de sus corazones desean seguir siendo niños pero han escogido no serlo.
—¿Eh?
—Quiero decir que si algún día me convierto en un adulto en el exterior, elegiré permanecer como un niño en mi interior. Nadie puede impedirme eso y no tiene nada que ver con madurar.
—Dudo mucho que alguien como tú madure…
—¡Oye! Estoy hablando seriamente y me sales con eso. Al menos deberías apreciar este momento de sabiduría.
—Lo hago, pero es extraño escucharte hablar así.
—Todos creen que solamente soy un bocazas que alardea sobre sus habilidades, sobre ser el príncipe…no, el rey del montículo y que no hay nadie mejor que yo; pero nadie comprende ni toma en cuenta lo mucho que me he esforzado para conseguirlo, los sacrificios que he hecho y, sobre todo, las lágrimas que he derramado. Nadie entiende que por ser la estrella tengo que asumir por completo una responsabilidad que es compartida…no es como si sólo de mí dependiera ganar o perder…no es como si fuera agradable saber que tus malos hábitos se contagian fácilmente y eso influye en el equipo de forma…negativa.
—Mei…—Susurró su nombre por primera vez.
—¡Bah, me haces decir muchas tonterías juntas! ¿Estás segura de que ese algodón de azúcar no tenía alguna cosa extraña? —Al menos se había liberado un poco. Seguramente al sentir la presión sobre sus hombros y las miradas de todos posadas sobre él olvidaría todo lo dicho y se concentraría en hace bien su papel como el príncipe mimado y orgulloso de Inashiro. Y seguramente eso traería consecuencias nada bonitas, pero es bien sabido que nadie aprende en cabeza ajena y él, particularmente, necesitaba caer de bruces al piso para levantarse con más fuerza y rectificar sus errores.
—Yo creo que eres un buen chico…uno muy bueno. Nadie se preocuparía por una extraña si no tiene un gran corazón alojado en el pecho. —Pensó lo último aunque quiso gritarlo a todo pulmón—Entonces, ¿vamos al carrusel?
Una enorme sonrisa infantil fue suficiente para indicar un "sí". Dieron una vuelta sentados en una de esas carrozas tan bonitas del juego y sus manos rozaron un par de veces. Ambos se echaban miraditas de reojo de vez en vez, pero no se atrevían a encararse por completo. Mei no se consideraba alguien cursi, pero de repente le nacía un molesto cosquilleo que lo invitaba a decir alguna cosa bonita que callaba por temor a que ella pensara que iba muy de prisa, aunque en internamente sentía que las cosas habían tardado demasiado. A Ro las ganas de golpear al rubio contra la pared se le habían pasado, aunque no dudaba que en un futuro le volvieran, por ahora estaba muy tentada a recargarse sobre su hombro y dejar que lo que tenía que pasar, pasara. Así tal cual.
—¿Qué clase de chica te gusta, Me…Narumiya-kun?
—Mei está bien, yo te llamo por tu nombre, Ro. Y me gustan las chicas…eh…pues… —Se rascó la cabeza confundido pues era una pregunta que jamás se había hecho. Tenía a alguien rodando sus pensamientos hacía mucho pero describirla sería vergonzoso y tampoco la consideraba como su chica ideal, simplemente se había enamorado sin pensarlo—Nunca lo he pensado seriamente, supongo que me agradan las mujeres fuertes, no las débiles o tímidas que se esconden tras un regalo anónimo, te observan insistentemente desde las gradas sin atreverse a hablarte pero a la vez saben todo sobre ti, cocinan mal, son gruñonas, lloronas e irrintantes…
—¿Tu descripción de chica que no te gusta, es Rillene?
—¡Justamente! Pero tiene un punto a su favor: Hace mi tarea. —Puso una sonrisa pícara.
—¿Y la que te gusta?
—Uhm…—¡Qué pregunta tan difícil y tan fácil de responder a la vez! —Me gustan… ¡El tiempo en el juego se acabó!
Se puso de pie y salió corriendo pero tuvo que volver sobre sus pasos para ayudar a la chica a bajar del carrusel. ¡Rayos! Esto de las citas era más complicado en la vida real que en esos juegos tontos con los que Itsuki solía entretenerse los días de asueto. Lala-chan era un encanto y siempre decía que sí a todo, se reía de sus chistes y sobre todo ¡No podía golpearlo como Ro acababa de hacerlo!
—¿No puedes expresar tu amor de otra forma?
—¿A-amor? Y-yo no…
—¿Te gusto al menos?
—Y-yo…creo que es obvio. ¡Me gustas, tonto!
—A mí también me gustas. —Y sonrió como aquella vez a su equipo para inspirarles confianza, mostrando sus blancos dientes, cerrando los ojos y dejando que leve tinte carmín se apoderara de sus mejillas.
—¿Estás bromeando verdad?
—No, en verdad me gustas. Hace mucho tiempo y por eso le dije a Kazuya que…—Se cubrió la boca con ambas manos. Acababa de echarlo todo por la borda.
—¿Hace mucho tiempo qué cosa, Narumiya-senpai? —Siseó su nombre y hasta añadió el honorífico.
—N-nada… ¡Nada! —Retrocedió un poco—¡N-no pienses que esto es solo parte de un plan mío y de Kazuya!
—Oh…con que eso era…
—¡No es lo que piensas! ¡No es nada malo!
—Entonces explícame todo. —Se cruzó de brazos. No se sentía muy a gusto reclamando pues junto a Ri había ideado un plan para conquistarlos, para enamorarlos de a poquito y a cuentagotas, pero ¿qué tal si todo este tiempo ellos habían estado al tanto de todo? ¿Qué tal si las cazadoras habían sido cazadas por su presa?
—Bueno, nosotros dos…es que…
—Sigo esperando…
—¡Es culpa de esa mujer por acosarlo desde que estábamos en la primaria!
—¿Hablas de Ri?
Mei asintió. Era hora de hablar con la verdad y dejar las cosas en claro; ya le tocaría a Kazuya dar sus propias explicaciones si es que deseaba hacerlo. Lo único que quería era avanzar a Primera Base pues estaba harto de permanecer en Home.
—Verás…todo comenzó cuando…
Y tachan tachaaaaaaaaan...esto se acabó(?) La verdad es que aún quedan un par de capítulos para el desenlace final. Ojalá te haya encantado Miss, porque lo escribo con mucho muchísimo cariño.
Gracias a quienes han comentado, leído, dado fav y follow. En verdad lo agradezco:)
