Bueno, pues esta vez me toca a mí, Chibi Rukia, hacer la pequeña introducción tan típica de todo autor que se precie (y los que no también xD)

¿Qué decir que no dijese Halane en el capítulo anterior?

Realmente poco. Además, mi imaginación para hacer n/a anda un poco de capa caída hoy noche, a las 0:44 de la madrugada. Este no es un capi demasiado largo, pero tiene de todo un poquito y ya va introduciendo la situación de verdad. Tal como dijo mi querida compi de fics, el anterior era un poco capítulo piloto. Lo orgullosas que nos sentimos el día en que lo escribimos… cómo cambia la perspectiva con el paso del tiempo xD

Para la tranquilidad de las anti-OCs o de las que han venido ojo avizor, aunque dispuestas a dar una oportunidad, aún no salen xD para mejor mentalización de las que se han molestado en leer, a las que se les da las gracias ___ con o sin review. Aunque no se ha de negar que los reviews se agradecen xD

Y… poco más a comentar, realmente. Al menos que se me ocurra. Pediré la colaboración de mi querida Halane para saber si se necesita matizar algo más.

(Se escucha hilo musical ante la ausencia de Chibi Rukia)

(Se corta el hilo musical)

Gracias a la oportuna intervención de mi socia, he detectado nuevos puntos a los que hacer referencia:

By Halane:

Debido a cambios improvisados en la distribución del contenido para facilitar la "publicación", al final no sé si son 50 capis. Nothing else (matters?)

Pues bien, ahora creo que sí que está todo. Ya sabéis. No comáis demasiados dulces, manteneos lejos de los enchufes si acabáis de salir de la ducha, y nunca, nunca aceptéis acompañar a individuos de fachada sospechosa. Eso reservadlo para los tíos buenos xD

¡Locos locos saluditos de estas dos frikosas!

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-Hmm, venga ya... Una manzana no puede ser violeta...- articuló Lavi incoherentemente, girándose con pereza.

Una almohada le impactó contra la nariz, obligándolo a despertarse un poco. Parpadeó varias veces, bostezó, se pasó una mano por la cara, dio tres o cuatro vueltas, se sentó sin prisas, bostezó otra vez, se estiró gimoteando y, dando por finalizado el proceso de conectar con el mundo, miró a su alrededor.

-Mueve el culo, imbécil.

-Buenos días a ti también, Yu- replicó torciendo los labios- ¿Por qué estoy durmiendo en tu casa?

-Porque el golpe que te diste te hizo efecto retardado y te desmayaste quince minutos después.

-¿Golpe?- preguntó confundido, llevándose la mano a la parte de atrás de la cabeza y apartándola con un grito al tocar el tremendo chichón que tenía. Se le vino la noche anterior de pronto- ¿Cómo hice para golpearme la parte de atrás de la cabeza si caí hacia adelante?

-Tsk. Ni idea- replicó el japonés dejando la almohada en una silla que había en un rincón mientras se decía que Lavi era capaz de eso y muchas cosas más extrañas- Ahí tienes ropa, si quieres cambiarte- dejó caer desde la puerta, haciendo un gesto indefinido hacia una ordenada pila a los pies de la cama. Salió dando un portazo y Lavi se dejó caer sobre la almohada con un gemido.

-¿Cómo puede acumular tanta mala leche en tan poco tiempo?- preguntó al aire- Bueno, de todas maneras la fiesta fue increíble.

Se oyeron un par de golpes en la puerta, que se abrió sin más, dejando paso a una señora mayor de cabellos blancos pulcramente recogidos y con un sencillo vestido negro.

-Ah, Baa-chan. Buenos días- saludó con una cariñosa sonrisa, que se ensanchó al ver la bandeja con el desayuno casero que dejaba en la mesilla- ¿Te he dicho alguna vez que te quiero?

La mujer rió con suavidad, adoptando un gesto entre la simpatía y el reproche.

-No debería decir esas cosas- riñó, abriendo las pesadas cortinas y apagando la luz que Kanda había encendido para despertarlo.

-¿Por qué no?- se lamentó con un puchero- Apuesto a que el amargado de Yu nunca te recuerda lo maravillosa que eres- cogió una tostada y la mordisqueó. Mermelada de frambuesa-. Deliciosa- alabó.

-No le diga al señorito Yu que le he traído el desayuno. Ya sabe que no le gusta mucho- guiñó un ojo y el pelirrojo sonrió.

-Tranquila. Será nuestro secreto. Y vaya un secreto, no tengo ninguna gana de escupirlo.

La señora volvió a reírse y se fue, no sin antes colocar las deportivas tiradas de cualquier manera una junto a otra a los pies de la cama.

Lavi suspiró y se estiró un poco más sobre la cama mientras se terminaba su tostada y se bebía de un trago el vaso de zumo de naranja. Cuando hubo acabado, dejó la bandeja sobre la mesa y comenzó a ponerse los pantalones de pie, dando saltitos para poder entrar en ellos sin demasiados problemas, todavía con un trozo de pan en la boca. Tragó, se abrochó el cinturón, cogió las deportivas y comenzó a ponérselas. Entonces, el móvil sonó. Enredó todas las sábanas buscándolo hasta que dio con él, metido dentro de uno de los bolsillos de su chaqueta. Lo cogió sin siquiera mirar el número.

-¿Diga?

-¡¡Lavi!!- se sobresaltó un poco al escuchar la voz de un hombre anciano, evidentemente enfadado.

-¡Ji-ji!

-¡Pedazo de idiota irresponsable! ¡Necio!

-Vamos, vamos, jiji, no te preocupes, hombre, que estoy bien. Estoy...

-¡Sé perfectamente dónde estas! La señorita Lena me llamó anoche y me explicó lo que había pasado, y me pidió que esperase a hoy para llamarte... ¿¡Cómo se te ocurre, pedazo de insensato!?

El muchacho bufó mientras aguantaba las riñas del hombre al otro lado del teléfono, e intentó ponerse el otro zapato aguantando el aparato con la cabeza y el hombro.

-¡Y encima causándoles problemas a Kanda y a su niñera! ¿Es que no tienes vergüenza, muchacho?

-Sabes bien que no, Panda. Ya me disculparé con ellos ahora cuando baje- cortó, antes de que le replicase por su respuesta-. Siento haberte preocupado tanto.

-¡Bah! ¿Quién te dice que estaba preocupado por ti?- aunque Lavi no pudo verlo, supo perfectamente que el hombre se había sonrojado- Si tuviese que preocuparme por cada locura que haces, me habría dado un ataque a estas alturas.

El muchacho soltó una carcajada, haciendo que el hombre gruñese y, a la vez, suspirase aliviado, sonriendo levemente.

-¿Has desayunado bien?

-Para tu información sé cocinar, mocoso.

-Ya- contesto, escéptico-. La última vez que lo intentaste, la cocina acabó ardiendo. Lo tuyo es leer, no cocinar, Panda.

-¡Te he dicho que no me llames así!

-Volveré a casa en un rato, supongo. ¿Te apetece algo especial de comer?

-No.

-Valep, pues haré lo primero que se me pase por la cabeza, pero luego no te quejes, que te conozco. Procura que no se te caiga una montaña de libros ni nada por el estilo hasta que yo llegue, y le daré "cariñosos" recuerdos de tu parte a baa-chan, que seguro que se alegra de saber de ti. ¡Hasta luego!

Colgó antes de que le diese tiempo a responderle nada por lo que le había dicho y se metió el móvil en uno de los bolsillos del pantalón. Cogió la camiseta, que estaba en una silla, y se la puso. Se revolvió un poco el pelo, se acomodó el parche que le estaba molestando y tomó su chaqueta, saliendo de la habitación y bajando rápidamente por las escaleras.

-¡Baa-chan! ¡Baa-chan!

Se paseó por el salón -mirando hacia otro lado cuando pasó cerca de la cristalera rota- y por los pasillos, y al no encontrarla se dirigió hacia la cocina, donde la mujer hablaba cariñosamente con Kanda, entregándole un bento con su comida, que el muchacho metió en su mochila con cuidado. Se extrañó bastante y buscó el reloj, viendo que eran las ocho menos cuarto.

-Hostia, qué temprano es...

-¿Qué hora pretendías que fuera, estúpido?

-Señorito, no diga esas cosas. Señorito Lavi, he de informarle que estamos a lunes, y como es normal, ambos tienen clase dentro de cuarenta y cinco minutos.

-¿¡Lunes!?- preguntó, alarmado.

-Pues claro, subnormal, lunes. Después del domingo suelen venir los lunes. A veces me cuesta creer que seas el mejor de la clase...

-¡Oye! Que he tenido una noche difícil...

-No lo digo por eso, lo digo porque sólo a un idiota se le ocurriría preparar una fiesta un domingo teniendo clases al día siguiente- cogió su maleta y se despidió de la mujer con un apretón en el hombro-. Me voy- como siempre, a Lavi le sorprendió el tono tan suave que había utilizado para hablar con ella.

-Que tenga un buen día, señorito.

-¿Vienes o no?- preguntó, dirigiéndose a Lavi bastante más bruscamente.

-Supongo, pero, ¿qué pasa con mis libros?

-Te jodes. No haber hecho el idiota- salió de la casa sin esperarlo.

-Uf, qué humos- bufó, se acercó a la mujer y le dio un cariñoso beso en el pelo- ¡Me voy, baa-chan, que este se pira sin mi! ¡Gracias por el desayuno!

La mujer salió tras él y los despidió desde la puerta agitando levemente la mano.

-¡Que tengan un buen día!

Lavi se metió las manos en el bolsillo en cuanto hubo alcanzado a su amigo, que parecía caminar con toda la intención de dejarlo atrás.

-Eh, Yu- lo llamó repentinamente serio-. Venga, no me jodas, no seguirás enfadado, ¿no?

El otro le lanzó una mirada fulminante y le giró la cara con un bufido.

-Joder- Lavi se pasó la mano por la cara con resignación.- A ver, no seas así. Fue un accidente. Por favor, ¡si ni siquiera bebí! Te juro que tuve toda la intención de portarme bien- esbozó una sonrisa burlona-. Por una vez- bromeó.

-¿Cómo pudiste caerte por la ventana?

-Ni idea, pero todavía agradezco que fuera en la planta baja.

Se sorprendió al atisbar una leve sonrisa en los labios del japonés.

-Cierto. Si hubieras caído por una del segundo, habrías manchado la terraza de sangre.

-Creo que con caer por una del primero ya habría manchado- comentó.

-No creas. Tienes la cabeza muy dura.

Lavi se tocó el golpe en un gesto de sufrimiento.

-Eso pensaba yo hasta ayer- gimoteó-. ¿Se te ha pasado?

-Tsk.

-Lo tomaré como un sí- aceptó con una carcajada mientras el otro reducía la velocidad-. ¿Vamos a por Lenalee?

-Sí.

Siguieron caminando entre alegres comentarios del pelirrojo y respuestas indiferentes por parte de Kanda hasta llegar a la puerta de un edificio bajo y algo antiguo donde ya los esperaba Lenalee, ataviada con una sencilla falda vaquera y un largo jersey blanco que dejaba descubiertos sus hombros. Llevaba unas botas blancas y bajas, con cordones rosados, y sobre su hombro había una mochila azul celeste.

-¡Buenos días!- saludó, acercándose con un trotecillo alegre- ¿Qué tal dormisteis? ¿Estás bien, Lavi?

-Sí, aunque Yu intentó asesinarme con una almohada a eso de las siete, pero creo que he conseguido sobrevivir sin mayores secuelas. Me pregunto qué me habría lanzado si no me hubiera despertado...

-Una lámpara- respondió Kanda como si hubiera dicho que iba a llover.

-¡Kanda!- se escandalizó Lenalee.

-¿Qué?

-Olvídalo- suspiró, colocándose entre los dos con resignación. Bostezó-. Dios, estoy agotada. El día se me va a hacer eterno.

-Vaya, ¿no tienes clase de filosofía hoy?- preguntó Lavi con retintín.

-¡No digas tonterías!- replicó sonrojadísima, pegándole en el brazo herido.

-¡Eh, tramposa!- se quejó Lavi- ¡En la herida no!

-Perdón, no me acordaba.

-Además, si el profe está bueno, está bueno. ¿Verdad, Yu?

-Tsk. Supongo.

-¡Kanda! ¿De qué lado estás?

El japonés se encogió de hombros como dando a entender que del que le coincidiera.

-Vaya par- se quejó la chica, y caminó durante un rato de brazos cruzados, aunque poco a poco iba recuperando su habitual aire amable.

Pronto llegaron a un edificio de paredes desgastadas e interior recargado, y la chica sacó su móvil para darle un toque a Allen, cosa que no llegó a hacer porque el chico apareció por las escaleras a toda carrera.

-Ho... Ho... la- jadeó.

Los otros devolvieron el saludo de maneras diversas y después siguieron su camino al instituto entre bostezos agotados por parte de todos menos Kanda.

-Dios, Yu, tú no eres humano, ¿cómo puede ser que no parezcas nada cansado?

-Porque no lo estoy. He dormido.

-¿Cuánto? ¿Tres horas?

-Menos. Me levanto a las seis.

-Buf, lo que hubiera dado yo por dormir al menos eso. No he pegado ojo- comentó Allen.

-¿Y eso?- inquirió el pelirrojo, dándose la vuelta y empezando a caminar hacia atrás para mirarlo.

-Psss, nada. Lo de siempre- dijo con un gesto vago, y Lavi asintió comprensivo.

-¿Tienes que trabajar hoy, Allen-kun?- interrogó Lenalee.

-No, ahora han cambiado los turnos, porque abrimos los viernes por la noche. Trabajo los martes, miércoles y viernes de tarde y me quedo esa noche. Después voy a ayudar un rato al mediodía el sábado.

-Vaya.

-Joder, qué palo, ¿no?- exclamó Lavi.

Kanda largó una especie de gruñido que pareció de compasión, aunque no lo habrían jurado.

Siguieron caminando hasta el instituto, que era un edificio cuya estructura recordaba mucho a los japoneses: grande, simple, de varias plantas y con un enorme reloj en lo más alto del mismo, con amplios terrenos rodeando el lugar, siendo la parte de atrás la usada para hacer deporte, además del gimnasio; y todo rodeado por un gran muro de piedra. Conforme se iban acercando, iban confluyendo más y más filas de muchachos desde los quince hasta los dieciocho años que, al igual que ellos, volvían al instituto un día más a seguir la rutina, con la esperanza de que, quizás, algo rompiera su monotonía.


Cada treinta segundos, alguna chica suspiraba perceptiblemente mientras el profesor seguía con su explicación, repatingado indolentemente en su silla, con la camisa blanca medio abierta y los desordenados rizos cayéndole sobre la frente. Sus labios estaban curvados en una mueca de aburrimiento supremo y su voz, agradable y monótona, era sorprendentemente inquietante.

-... y así, según Marx, habría de llegar el final de la historia, que no, no consistía en que el mundo se iría a pique, sino en un bonito lugar de paz, amor y libertad- Esbozó una súbita sonrisa que arrancó un repentino murmullo femenino y variedad de sonidos indescriptibles.- Y acabamos con Marx- "Gracias a Dios", parecían decir sus ojos, y todos rieron.

-Una explicación brillante, Tyki- comentó una de las chicas desde su sitio, donde chupaba una piruleta de colores-. Lástima que no haya tiempo de profundizar en las justificaciones de una creencia tan banal, ¿no crees?

El profesor la miró sin quitar la radiante sonrisa de sus labios.

-En efecto, Road, es una pena. Pero creo recordar haberte dicho que no me llames Tyki en horario de clase.

-Oh, venga, no seas tan estricto- Se sacó la golosina de la boca y la blandió de un lado a otro.- Después de todo, somos familia.

-Sí, pero estoy trabajando, no como tú.

-Qué aburrido- bufó la niña, echándose hacia atrás en su silla.

Dejó vagar sus ojos por la clase mientras Tyki iniciaba otra explicación y se fijó en Allen, que atendía muy concentrado. Un mechón del extraño pelo blanco le caía sobre la frente, tapándole el ojo en el que tenía esa marca de nacimiento tan curiosa, y sus labios brillaban como si acabara de lamerlos. Arrancó un pedacito de goma y se lo lanzó disimuladamente, haciendo que mirara a su alrededor. Le dedicó una atractiva sonrisa que lo hizo sonrojarse. Suspiró y se volvió hacia su "profesor".

Allen aprovechó que ya se había descentrado para buscar a Lenalee, que dibujaba algo en su libro. "A lo mejor puedo quedar con ella por la tarde... No entendí nada de la clase de química de hoy... Y no trabajo... Pero a lo mejor ella tiene algo que hacer, o está cansada, ayer nos acostamos todos muy tarde con lo de la fiesta, así que..."; sacudió la cabeza. Tenía que atender a la clase, no podía permitirse perder nota en lo que se le daba bien. Sin embargo, no podía evitar lanzarle alguna que otra mirada de soslayo, distrayéndose durante unos segundos.

-¿Verdad que está usted de acuerdo, señor Walker?

Allen dio un bote en su silla al ver que Tyki se había acercado a su mesa y lo miraba con una sonrisilla en los labios. El muchacho no supo qué hacer; no se sentía capaz de apartar la vista de él, de modo que asintió tímidamente.

-Bien, el señor Walker está de acuerdo con que tengamos un examen sorpresa la semana que viene- Se escucharon murmullos y griteríos por toda el aula.- Y a no ser que alguien tenga un argumento lo suficientemente convincente como para evitarlo, así será.

Las voces se acallaron, se escuchó algún que otro "venga ya, profe" pero, aparte de eso, nadie dijo nada contundente para evitarlo hasta que Lenalee alzó la mano, algo nerviosa.

-¿Sí, señorita Lee?

-Verá, profesor- se giró, haciendo que su espléndida melena negra girase con ella, atrayendo aún más la mirada del adulto-. Resulta que no podemos tener un examen la semana que viene porque da la casualidad de que usted tiene esos seminarios, no sé si lo recuerda.

Tyki alzó una ceja y se dirigió hacia su mesa. Cogió la cartera, sacó su agenda y la hojeó, deteniéndose en la fecha correspondiente.

-Pues es verdad, tienes razón. Tan atenta como siempre, señorita Lee- le dedicó una sonrisa-. Pues os habéis librado por esta. Y, señor Walker...

-¿Sí?

-Nadie le va a decir nada por quedarse mirando a una chica bonita como la señorita Lee, pero para eso, vaya usted al parque.

Se escucharon risillas por toda la clase y algunos silbidos, haciendo sonrojar a ambos muchachos. Road dio otro lametazo a su piruleta y los miró, divertida.

-Lo que pasa es que te fastidia que no te hagan caso después de lo que te cuesta ponerte a trabajar, Tyki.

-Road...- reprochó él- Que sea la última vez...

-Sí, Tyki- dijo cantarinamente, ignorando por completo al adulto, que suspiró desalentado.

-Hablo para las paredes- murmuró, cogiendo su libro y abriéndolo por la última página del tema-. Bien, a no ser que alguien tenga algo más que decir, pasaremos...- Sonó la campana indicando el cambio de clase, y todo el aula se sumió en un revuelo.- Podéis recoger las cosas, os habéis vuelto a librar. Nos vemos el próximo día.

Introdujo los libros en el maletín mientras los muchachos salían a tomar el aire durante el descanso de media hora estipulado. Se sentó frente a la mesa, colocando los pies encima, y encendió un cigarrillo. Escuchó a varias chicas murmurar al final del aula y salir cuchicheando y riendo, excepto una, que se quedó a su lado.

-Señor Mikk...

-Puedes llamarme Tyki, Lenalee. Al menos cuando estemos a solas...

-Pero si no deja a Road hablarle así, ¿por qué yo...?

-En medio de la clase no es lo mismo que a solas, Lenalee. Bien, dime, ¿qué se te ofrece?

-¡Ah! Sí. Verá, es sobre la lectura que nos recomendó... Da la casualidad de que el libro se les había agotado, y si usted supiese dónde encontrar algún ejemplar...

-Claro que lo sé.

-¿Ah, sí?- preguntó ilusionada.

-Sí- sacó el libro de su cartera y se lo tendió-. Toma.

-¡Ah! Pero el suyo... Quiero decir... Profesor, yo...

-Me conozco este libro de pe a pa, Lenalee, y para el siguiente tema no me hace falta, así que puedes quedártelo un tiempo.

La chica lo cogió.

-Gracias, profesor. Hasta la próxima clase.

-Hasta luego- la siguió con la mirada hasta que desapareció.

-Es una alumna, Tyki...- la voz cantarina de Road sonó acercándose a la mesa.

-Lo sé, pero no tiene nada de malo alegrarse la vista de vez en cuando- espetó, sonriente.

-¿Alegrarse la vista? "Puedes llamarme Tyki, Lenalee", "En medio de la clase no es lo mismo que a solas, Lenalee", "Déjame meterte mano, Lenalee"- se mofó dando rítmicas vueltas. Esquivó la colleja que le largó su hermanastro ante la última frase y se rió-. Venga, venga, no te enfades, Tyki-pon, era una broma amistosa.

-¿Y tú qué? Mirando a ese Allen Walker- le dio una calada al cigarro y sopló el humo en circulitos-. Es un idiota.

-A mí me parece bastante mono. Me entretiene.

-Pues yo diría que te lo han pillado- espetó con sorna. Road se encogió de hombros y le dio un lametón a la piruleta.

-Ya ves. Puedo jugar igual.

Tyki adoptó un gesto pensativo y las chicas que espiaban al otro lado de la ventana estuvieron a punto de abrazarse unas a otras para recordarse que no podían abalanzarse sobre un profesor.

-Sí. Otra cosa es que ganes- apagó el pitillo y frunció el ceño-. ¿Todas las crías de este instituto están tan salidas?- se lamentó, descubriendo a las observadoras secretas.

-Claro. Aprenden del mejor maestro, Tyki-pon- Road salió con una carcajada.