Tal vez…
Tal vez, podríamos huir de aquí…
Tal vez, podríamos ser felices…
Tal vez, este es el peor error de mi vida…
Tal vez, él es la persona que siempre he esperado…
No lo sé, tengo miedo al pensar en el futuro…
Pero, me da terror imaginar un futuro sin él…
Shuichi se encontraba apoyado contra el alféizar de la ventana. Hace una larga hora que se hallaba en esa posición ignorando por completo los llamados de su madre y más, los de su hermano, que solo lo buscaba para molestarlo como de costumbre. Solo deseaba que lo dejasen tranquilo, al menos por un rato más. Sus ojos violetas no se apartaban ni por un segundo del camino, allá a lo lejos pasando el enorme jardín, ojos que esperaban ansiosamente a que él llegase. Shuichi se preguntaba muchas cosas, sobretodo en qué momento se habría enamorado de un hombre como él. No podía comprenderlo, solo tenía dieciséis años, pero, entendía que su corazón latía rápidamente cada vez que aquel hombre de cabellos dorados aparecía. No solo su corazón, su cuerpo entero se estremecía con el sonido de su voz. Shuichi se llevó una mano a la cabeza, despeinándose un poco ante aquellos pensamientos. – Si mi madre se enterase de seguro me mataría, pero, de todos modos… no tengo la menor idea de lo que yo signifique para él… solo ha sido un beso, y eso no significa nada. Al menos creo que para él no es nada, pero para mí, ha sido algo que ha cambiado por completo mi mundo - , se dijo el joven mentalmente, sintiéndose un poco desanimado porque las horas seguían su curso y pronto anochecería. Al parecer él no iría a la mansión aquel día, de seguro había tenido cosas más importantes que hacer. El chico de cabellos rosados se alejó de la ventana del mal humor, aunque solo era para disimular su tristeza. Lo único que deseaba era recostarse sobre la cama y quedarse dormido hasta el día siguiente, de todos modos, no tenía hambre y no bajaría a cenar. Sin embargo, apenas se apartó algunos pasos de la ventana, sus oídos escucharon pasos de caballo a lo lejos, no sabía como, pero podía escucharlo claramente. Rápidamente, se llevó una mano al pecho, no podía contener su ansiedad por verlo.
Shuichi corrió a la ventana nuevamente, una sonrisa se dibujó en su rostro. Él había cumplido su promesa, había ido a pesar de sus obligaciones. El chico se asomó todo lo que pudo por la ventana, dándose cuenta que su hermano salía a recibir a su invitado inesperado. Shuichi le lanzó una mirada furiosa, había esperado tanto y no permitiría que Koichi lo saludara primero, odiaba la confianza que tenía con su hermano mayor, detestaba no haberlo conocido antes que él, pero no podía hacer nada. En esos momentos, se calmó, respiró hondo y salió apresuradamente de su habitación para poder encontrarse con él.
Para su hermano, ese hombre era su mejor amigo… una persona amable, atenta y algo distante, alguien a quien no le importaba perder el tiempo enseñándole a cazar aves a un mocoso como Shuichi. Para Shuichi, ese hombre era su primer amor, la persona que le robó el corazón… aun no podía creer como habían cambiado las cosas, lo había detestado tanto al principio y ahora, sentía que no podía vivir lejos de él.
- Te amo, te amo tanto que no puedo soportar permanecer un segundo lejos de ti – susurró Shuichi una vez que estuvo en la entrada. Ya tendría tiempo de decírselo más tarde, a solas… al menos, eso esperaba. Cada vez que estaban solos, sentía que las palabras no salían de su garganta, sentía que su cuerpo se derretía con solo un roce tímido de sus manos...
…
Shuichi se despertó nuevamente con el corazón a punto de salírsele por la boca. Los latidos que daba eran fuertes y acelerados. Tuvo que permanecer por algunos segundos recostado sobre aquella cama para calmarse y entender que no se encontraba en su casa. - ¿Dónde demonios estoy? -, preguntó al ponerse de pie después de batallar brevemente para librarse de las sábanas. No reconocía el lugar, la habitación era el triple de tamaño que la suya y sentía que aquellas ventanas al otro lado, estaban demasiado lejos. Al avanzar unos pasos sintió un dolor punzante en las costillas, al principio no lo recordó pero rápidamente las imágenes de lo sucedido se le vinieron de golpe. Shuichi se sintió muy avergonzado, con ganas de vomitar y ligeramente mareado por las cosas asquerosas que había sido obligado a hacer. Tuvo ganar de llorar, pero no, ya había sido suficiente humillación por aquel día. Aunque, no tenía la menor idea de cuanto tiempo habría estado en ese cuarto. Shuichi pensó que tal vez aquel sujeto lo habría secuestrado y ahora lo vendería a cualquier depravado, estos pensamientos hicieron que su rostro palideciera y el dolor en las costillas aumentase. Pero, no estaba dispuesto a quedarse tranquilamente a esperar a que lo intentaran violar de nuevo. Shuichi tanteó en la oscuridad y encontró su mochila sobre una silla, felizmente se encontraba vestido y al parecer nada le faltaba. Lo primero que tenía que hacer era salir de ese lugar, no iba a quedarse para averiguar lo que sucedía. Así que, colocándose la mochila a pesar del dolor que le ocasionaba, se acercó a la puerta y la abrió cuidadosamente, sin hacer ruido. Todo estaba oscuro, el corredor parecía ser interminable pero a lo lejos pudo divisar un rayo de luz. Lo único que sabía Shuichi era que había anochecido, intentó ver la hora en su reloj pero le fue imposible hacerlo, además, si intentaba hacer una llamada con su celular podrían descubrirlo.
- Tengo que salir de aquí – se dijo en un susurro. Shuichi caminaba palpando las paredes para evitar caerse o golpearse con algo. Pronto llegó hasta aquella débil luz y se encontró con las escaleras. Sabía que la puerta no estaría lejos, quizás habría guardias en la entrada por lo que tendría que buscar alguna otra salida. Shuichi bajó las escaleras rápidamente y se escondió detrás de un enorme florero. Estaba agitado, tanto por el miedo como por el esfuerzo que le producía, aquel delincuente lo había lastimado en verdad y ahora sufría las consecuencias. Shuichi quiso sentarse a descansar un rato, se sentía extraño, al parecer tenía algo de fiebre, pero no se detendría hasta estar de regreso en casa. Pensó en su familia, en su amigo y en lo preocupados que debían estar. Shuichi empezó a sentirse más asustado, el dolor se volvía insoportable y empezaba a gemir débilmente. Y, en esos momentos, al querer apoyarse contra la mesa no pudo evitar empujar aquel enorme jarrón produciendo un sonido horrible al estrellarse contra el suelo. Shuichi se quedó inmóvil, mentalmente quería huir, saltar por la ventana y perderse en la calle pero, su cuerpo no respondía. Se sintió débil, demasiado, y cayó al suelo con la mochila a cuestas mientras respiraba pausadamente para recuperar energías. Por unos segundos, pensó que habría ocurrido un milagro y nadie lo había escuchado, pero, estos pensamientos se esfumaron al escuchar el sonido de pasos y al encenderse la luz de improviso. La escena era patética, él se encontraba arrodillado sobre el piso y los pedazos de aquel carísimo jarrón regados por todos lados. El agua había empapado la bella alfombra color vino y las rosas, todas habían perdido sus pétalos. Shuichi no supo que decir, pensó en pedir perdón para salvarse, quizás aquella persona le tendría piedad y no lo mataría, tal vez podría trabajar doble para pagarle el jarrón. Muchas cosas pasaban por su mente en esos momentos, pero cuando el hombre empezó a hablar, Shuichi sintió algo extraño, algo que hizo que levantara la mirada y observara detenidamente a ese hombre que estaba en frente suyo.
- Veo que aun estás vivo – dijo secamente.
- ¿Eh?
- ¿No me digas que olvidaste lo sucedido? Lo de aquel tipo, lo del…
- ¡Ya, ya! ¡Lo recuerdo bien! – dijo Shuichi avergonzado. Lo hubiese pateado, si es que aquel hombre no le produjera una sensación extraña dentro del pecho. Le era difícil apartar su mirada de sus rubios cabellos, de aquellos ojos color miel y de esa expresión de sicario que poseía. Ese hombre era intimidante, pero, a pesar de ello, Shuichi sentía que lo había visto en otra parte, iba a comentárselo pero él lo interrumpió.
- Fue una suerte que no llevase el auto aquel día y quisiera ir a pie. A veces lo hago para despejarme un poco… pero, no esperé ser testigo de todas esas cosas – dijo el rubio con cierto aire desagradable.
- ¡No fue mi culpa!, ¡me asaltaron!
- Corrección, te querían violar en ese callejón…
- ¡Ya deja de decir eso!
- Bueno, es tu culpa por tener cara de chica.
- ¡Oye! ¿¡Quien rayos te crees para hablarme así!?
- Te recuerdo que te rescaté y ahora estas en mi casa. Te traje al ver que te habías desmayado, encima mandé a un sirviente a ponerte una crema para la hinchazón por aquellos golpes que te dio ese tipo, ¿y así me pagas?
- Entonces, fuiste tú a quien vi antes de desmayarme… pensé que se trataba de la policía, además tenías un arma y…
- Lo sé, uno no puede andar así como así por esas calles.
- Supongo que tengo que agradecerte. Lamento mi actitud, es que pensé que me habían secuestrado y… bueno, ya no importa. ¿Cuánto tiempo he estado aquí?
- Solo un día, ya son las once de la noche. Imagino que querrás volver a tu casa antes que a tus padres les de un infarto por tu ausencia.
- Lo sé, por eso quiero mudarme a las habitaciones de la universidad y…
- ¿Universidad?, pensé que estabas en secundaria. Pareces un mocoso…
- ¡Tengo dieciocho años para tu información!, ¡no soy un…! – Shuichi se quedó en silencio repentinamente. Aquella charla, aquel hombre, todo ello parecía haber ocurrido antes. Tenía la horrible sensación de un deja vu, y eso le erizaba la piel. Los ojos de Shuichi se cruzaron con los de su inesperado salvador, aquel silencio era incómodo pero agradable al mismo tiempo. No podía explicarlo, pero no tenía fuerzas para analizar aquello. Quiso ponerse de pie, pero al voltear se encontró cara a cara con ese desconocido. Él se había agachado para ayudarlo a levantarse, Shuichi sintió aquel aroma de su perfume impregnando su ropa, ¿por qué le parecía tan familiar? No debía de tratarse más que de la fiebre jugándole una mala broma. - Quiero… tengo que regresar a casa por favor… - dijo al final el pelirosa con voz débil.
- Mi chofer te llevará – le dijo con el mismo tono de voz del comienzo.
Y en media hora, Shuichi se encontraba de camino a su casa en aquel auto lujoso que poseía el rubio. Ni siquiera se habían despedido, el rubio lo había depositado sobre el auto y después de cerrado la puerta no volteó a verlo. Shuichi se sentía intranquilo, pero al llegar a casa aquella sensación empezó a disminuir. Se sentía un poco mejor e insistió al chofer que podía caminar solo hasta la puerta, además no quería que se dieran cuenta de su estado. Y después de agradecerle por haberlo llevado, intentó poner una buena cara e inventar una excusa creíble. Pero, apenas abrió la puerta, su hermana se lanzó sobre él para abrazarlo de tal manera que Shuichi tuvo que morderse los labios para evitar gritar del dolor.
- ¡Idiota!, ¿¡dónde carajos te habías metido!? – le gritó Maiko enfadada - ¡Tuve que mentirle a nuestros padres y decirles que estabas en casa de Hiro! ¡Y qué sorpresa!, lo llamé para preguntarle por ti y me dijo que no estabas con él. ¡Estaba a punto de llamar a la policía!
- No hagas tanto ruido Maiko, estoy bien, descuida – mintió Shuichi sentándose sobre el sofá y dejando su mochila sobre el suelo.
- ¿¡Dónde estabas!? Mira tu ropa, parece que te hubieran pateado.
- Nada de eso, solo… solo me llamaron para hacer un trabajo, para reemplazar a alguien en el restaurante, ya sabes… donde trabajé en el verano. Pensé en hacer algunos turnos hasta conseguir una habitación en la universidad y un trabajo por allá.
- ¿Estás seguro? Sé que necesitas dinero Shu-chan, pero…
- Todo esta bien Maiko – dijo Shuichi sonriéndole.
- Bueno, pero la próxima vez avísame o le diré a nuestros padres que estás prostituyéndote para conseguir dinero.
- ¡Tenías que decir algo así para cerrar con broche de oro la noche! ¡Solo eso me faltaba!
- ¡Ya, ya!, ¡ve a darte un baño y luego te vas a la cama!
- Eres peor que nuestra madre – dijo Shuichi levantándose para dirigirse a su habitación.
- Lo repito, ¡yo debí haber sido la hermana mayor! ¡Esto es un error del universo!
Shuichi no la escuchó, apenas cerró la puerta de su habitación se dirigió hacia la cama para dejarse caer sobre ella. Le dolía el cuerpo, iba a tomarse unas pastillas para la fiebre pero el sueño lo venció y en pocos segundos se había quedado profundamente dormido.
Y felizmente, aquella noche no soñó con nada extraño.
A la mañana siguiente, era un milagro que pudiese moverse, al parecer la crema que aquel tipo le había mandando a poner sí había funcionado. De todos modos, esperaba no tener que verlo nunca más. Por algunos segundos, pensó que había empezado la semana muy mal y que el resto de días estaban condenados a ser igual de malos, pero, su rostro se iluminó por completo cuando Hiro le dijo que la asistente social lo estaba buscando. Shuichi se perdió la primera clase del día, pero no le importó en lo más mínimo, por fin había un lugar libre en las habitaciones y podría mudarse ese mismo fin de semana. El pelirosa estaba muy feliz, aquello era un pequeño paso para su independencia y no pudo evitar hacer un escándalo al regresar a clases para contárselo a su amigo. Al parecer las cosas estaban mejorando, pronto olvidaría todo lo relacionado a ese delincuente, de lo que sucedió en el callejón y más, la sensación que le produjo aquel desconocido. Hiro le dijo que irían a comer pizza en la noche para celebrarlo y le ayudaría a empacar sus cosas para la mudanza. Pero, a pesar de toda esa emoción que sentía por mudarse, Shuichi sentía algo en el estómago, algo que no lo dejaba tranquilo. Y, al cerrar sus ojos por unos instantes aquella tarde antes de salir del salón de clases, solo para relajarse, no pudo evitar que la mirada de aquel rubio se le viniera a la mente.
- No importa… ni siquiera sé su nombre ni donde vive. No lo volveré a ver nunca más y está bien así…
Shuichi dejó que Hiro se adelantara, él fue a pasarle unos apuntes a Ayaka que lo esperaba en el corredor. Al parecer las cosas con Hitomi nunca habían estado bien y ella lo había dejado hace algunas horas. Shuichi decidió no comentar acerca de ello, su amigo había sido muy popular desde el colegio y quizás Ayaka-chan aceptara a salir con él en alguna ocasión. El pelirosa se recostó sobre el pupitre, aun se sentía cansado, pero el cansancio era más mental que físico. – Ya deja de pensar en ese tipo, ¡no lo volverás a ver nunca más! Awww… ¡si tan solo pudiera deshacerme de esta molesta sensación! -, Shuichi enfadado se puso de pie de un salto, tomó sus cosas y salió del salón con paso firme, decidido a dejar atrás todos aquellos extraños y confusos sentimientos. Su vida estaba cambiando y no tenía tiempo para pensar en cosas extras. Pero, al encontrarse con Hiro, este estaba más animado que antes, tanto que le dijo una frase que Shuichi no pudo ignorar:
- Tanto que me lo repetías, ahora te lo diré yo… siento que Ayaka-chan es la persona que siempre he esperado, aun no le he dicho nada, es muy pronto lo sé, pero en verdad me gusta y me siento muy atraído por ella, como si nos conociéramos de antes, tenemos tantas cosas en común…
- La persona que siempre había esperado… - dijo el chico con voz débil.
- ¿Estás bien Shuichi?, ¿te sientes mal otra vez?
- No, no pasa nada.
Y con esto ambos chicos salieron del edificio.
Continuará…
