¿Inseminación Artificial?
Como lo suponían ambas mujeres, el alboroto que se formó en casa de la familia Weasley fue monumental, para la historia, como cada festejo que venía después de una gran noticia llena de dicha. Ronald no paraba de repetir que pronto sería papá, y Hermione no cesaba de repetirle lo mismo conforme llenaba su rostro de besos. Ginny sonrió admirando y contagiándose un poco de la alegría que reinaba en el ambiente.
- Ginny, ayúdame con esto – pidió su madre, quien portaba entre sus brazos una pesada bandeja repleta de bocadillos y bebidas frías. – Todo esto me tomó por sorpresa, pero algo pude preparar – dejó en la mesita la bandeja. – Esta noticia es la mejor que nos ha podido llegar, ¡un nuevo nieto! Y ahora espero se casen pronto, después de tanto tiempo.
- Ya sabemos que será así, ambos están muy entusiasmados.
En realidad el entusiasmo tanto de Hermione como de Ron se desbordaba por las ventanas e iba más allá de las colinas que rodeaban a la madriguera. Ginny los miraba, contenta y agradecida por la algazara que mostraba su hermano y mejor amiga… ¡Lo que daría por sentir aquello! Parecía tan vital para sentirse completa. ¿Acaso podría quedar embarazada sin necesidad de tener a un hombre a su lado?
- ¡Ginny! – se sobresaltó ante el llamado. - Sabes que serás la madrina, ¿cierto?
- ¡Por supuesto que debo ser la madrina! No te perdonaría que no me dieras ese puesto que tanto ansío.
- Ronald está tan feliz… quiere que realicemos la boda lo más pronto posible, pero es tanto lo que…
- Me parece perfecto que sea pronto, Hermione. Y no importan los arreglos que falten, sabes que yo los puedo ayudar. Además, Audrey y Fleur meterán mano también.
- Lo sé, pero si fuera por Ron, nos casáramos mañana mismo.
- ¿Y por ti?
- ¡Me casaría hoy mismo! – rió divertida y maravillada. – Mañana me dedicaré a comprar algunas cosas para la habitación del niño, ¿me acompañarás?
- Con gusto… - su corazón osciló de manera repentina, lamentado. Todo era tan soñado para Hermione y tan inalcanzable para ella…
- Ginny… ¿te sientes bien? – seguramente había adoptado esa expresión neutra que formaba su rostro cuando pensaba en lo que no podía tener. ¿Por qué tenía que haber nacido ese afán? Esa ambición de querer sentar a un niño en sus rodillas y contarle cuanta cantidad de cuentos conocía por su madre. Los niños eran el futuro de todo, y ella simplemente se empeñaba en traer uno al mundo. – Ginny… - Hermione sacudió su hombro.
- Estoy bien – volvió en sí sacudiendo la cabeza. – Bien, sólo… creo que tomé cervezas de mantequilla de más. – Sonrió.
- Ya deja de beber, no quiero que mañana te levantes con resaca.
- Es imposible que me emborrache con cervezas de mantequilla, Hermione.
- Sigue bebiendo y veremos a que estado llegas.
- Sabes que Fleur planea una despedida de soltera apenas Ron te pidió matrimonio, ¿no? – cambió de tema.
- Por supuesto que lo sé, y justo ahora estaba hablando con ella sobre eso. ¡Está loca si piensa que vamos a…!
- ¡No seas aguafiestas! Debes disfrutar de tu última noche como soltera antes de unirte para toda la vida con mi hermano.
- No sé como al inicio no soportabas a Fleur, si ambas son tan parecidas cuando de crear alborotos se trata – Ginevra le sacó la lengua y sonrió con autenticidad.
La noche continuó entre risas y chistes. Molly se vio en la obligación de preparar más bocadillos y tartaletas al ver cómo los hombres devoraban todo el contenido de la bandeja de una. Percy, Charlie y Bill, gozaban de contarles anécdotas sobre sus hijos a su hermano menor… unas divertidas, y otras lo suficientemente terribles como para asustar al pobre hombre. Ser padre primerizo no era sencillo. Fleur y Audrey avasallaban a la embarazada castaña con tics que le serían muy útiles en el transcurso de los meses; mientras Ginny, ahogada en sus celos injustos pero inevitables dentro de ella, escuchaba con claridad cada una de las palabras que expresaban sus cuñadas.
- Te sentirás como una Gorila apenas pises el sexto mes…
- Oui… debes asegudadte de ingerir mucha fibra…
- Pero no en exceso, al igual que calcio y ácido fólico.
- ¿Ya has pensado en cómo lo llamarás?
- ¡Me enteré apenas ayer! – exclamó la castaña.
- Oh vamos, Hermione – habló Audrey, la esposa de Percy. – Yo pensé una infinita cantidad de nombres apenas el doctor anunció mi estado. Seguramente te pasó igual.
- Pues… sí pensé en varios, la verdad – sonrió – Pero el nombre es algo que debo decidir con Ron.
- Que cosas. ¡Somos nosotras quienes llevamos a una persona por nueve meses en la barriga!
- Sí, pero sin ellos estos milagros serían completamente imposibles – llevó una de sus manos a su chato vientre, sonriendo conmocionada.
- Oui – convino Fleur. - Recuefdo la primera vez que Victoire pateó dentro de mí – sonrió. – Será algo…
- Indescriptible – decretó Audrey. – A mí hasta me vivieron ganas de llorar, y cuando Percy llegó él…
- ¡¿Acaso no pueden hablar de otra cosa? – estalló, con su mirada acuosa y los labios temblorosos. El trío de mujeres la miró completamente estupefacto por su reacción. Se le fue imposible controlarse, ya no.
- Ginny…
- Yo… lo siento… yo… - empezó a llorar sin más, cansada de aguantar.
- Ginny… - Hermione se levantó del sofá y caminó hasta ella, pasando un brazo por sobre sus hombros. - ¿Qué ocurre?
- Nada, sólo… - sorbió y se secó las primeras lágrimas.
- ¡No vengas a decirme que nada! Si lloras es por algo.
- No ocurre nada, Hermione. De verdad… sólo… - miró a la castaña y luego a Fleur y Audrey, todas la observaban con preocupación. – Sólo…
- ¿Qué ocurre?
Suspiró, sintiéndose completamente estúpida, envidiosa y egoísta. Si fuera posible, se pondría a patalear cual niña pequeña por algo que desde hacia tiempo anhela. Paseó su rostro por el lugar, notando que sólo estaban las cuatro, pues sus padres se hallaban en la cocina mientras los hombres continuaban conversando en el jardín.
- Ginny…
- Yo…
- ¿Estás enferma?
- No… ¡Por Dios, no!
- ¿Por qué lloras?
No se dio cuenta de que las lágrimas continuaban cayendo. Las secó con la palma de su mano y suspiró.
- ¿Alguien te hizo algo? – negó con la cabeza. - ¡Por Dios Ginny, dime qué demonios te ocurre! – la zarandeó.
- Yo… sólo…
- Iré por la señora Weasley – dijo Audrey mientras se levantaba.
- ¡No! de verdad, no me pasa nada.
- La gente no llora por nada. Dime que…
- ¡Quiero un bebé! – bramó, alterada.
- ¿Qué…? Ginny…
- Me escucharon, quiero un bebé, un bebé – repitió. – Quiero tener un bebé, un hijo. Quiero quedar embarazada, tener miles de nombres para pensar, quiero estar como un gorila, quiero un bebé. ¡Quiero un bebé! - se arrojó hasta quedar sentada en el sofá y cubrió su rostro con ambas manos. Estaba realizando todo un melodrama. Debieron grabarla para alguna telenovela.
- Ginny…
- Las escucho a ustedes, hablando sobre lo maravilloso que es y lo única que es vivir esa experiencia. Miro como se iluminan sus ojos cuando tienen a Molly o a Victoire sentadas en sus piernas… - observó a Fleur y a Audrey. – Y noto la mirada de admiración, respeto y amor con la que las observan, simplemente son sus heroínas… y yo… yo quiero…
- Ginny…
- ¡Quiero un bebé! – rezongó, dando unas palmadas a sus muslos.
- Eso es algo por lo que no debes llorar, Ginevra. Y menos hacer berrinche como una nenita. – Hermione tomó asiento en una silla cerca del sofá, completamente seria. – De verdad me preocupé. Creí realmente que te ocurría algo malo.
- Lo siento, sólo… es decepcionante no tener la oportunidad de algo… cuando de verdad lo anhelas con todo tu ser.
- ¿Por qué dices que no tienes la oportunidad? ¿Acaso te falta un ovario?
- ¡No! Pero…
- Tu problema tiene solución y bien que la sabes, Ginevra – habló Fleur con tranquilidad.
- Ustedes no entienden. Tú… - señaló a Hermione. – tienes a Ron. Tú tienes a Percy y tú tienes a Bill. ¿De quién pretenden que quede yo embarazada? ¿Del aire? Quizá deba ir por ahí y acostarme con el primer hombre que…
- Tranquilízate, Ginny – pidió la castaña.
-¡Es frustrante! Lo único que veo cuando camino por Londres son a madres con sus bebés, y ahí ya no puedo evitar querer lo que quiero. Hasta me he imaginado robando uno de un cochecito mientras la mamá está distraída sacando el biberón del bolso… La situación me tiene…
- Completamente loca, ¡cálmate, por favor!
- ¡Quiero un bebé!
Hermione, Fleur y Audrey intercambiaron un par de miradas mientras alzaban las cejas expectantemente. Ginny mantenía sus manos unidas sobre su regazo, jugando infantilmente con sus pulgares, afligida.
- Eres una mujer joven, Ginny – habló Hermione después de unos minutos de silencio.
- Joven, vieja, no me importa… sólo quiero ser mamá, yo…
- Quizá está falta de hombre y…
- ¡No es eso! – interrumpió el susurro de Audrey hacia Fleur. Esas mujeres no podían ser discretas. – No necesito de un hombre ahora en mi vida. Sólo quiero un bebé – repitió insistentemente.
- Pues, será muy difícil si no tienes a uno ahora.
- Yo… - se calló, pensando. Sus ojos se clavaban en algún punto encima de la chimenea.
¿Por qué la necesidad de un hombre para conseguir lo que quería? Odiaba ese pensamiento así el sexo masculino fuera vital para lograr algo. Ella no deseaba entablar una relación seria con nadie por el momento. Después del ominoso día en el cual Harry había decidido salir de su vida, se había dicho, jurado y prometido no tener contacto romántico con cualquier otro ser. Pero, ¿cómo quedar embarazada? ¿Debía tomar en serio su anterior comentario y salir a follar con el primero que se le cruce en frente para quedar encinta? Ella bien podría criar a un niño por si sola; darle lo que necesitaba y muchísimo más…
- No se necesita de un hombre para cuidar a un niño de la manera correcta… - explicó, después de dejar pasar un rato. – Bien puedo traer á un bebé al mundo y ser una gran madre y un gran padre al mismo tiempo.
- Sabes que pensamos igual, Ginny, pero no…
- Estamos en la edad moderna. ¿Lo sabían? – ahora hablaba con calma y tranquilidad, ya con el semblante bruscamente repuesto. – Yo puedo… - se levantó del sofá con la mirada pérdida, pensando algo que las otras tres mujeres no adivinaban aún, pues ellas la analizaban, atentas, desde sus asientos. – Puedo…
- Ginny…
- ¡Inseminación artificial! – bramó con fuerza. Movió los brazos hacia arriba, como si quisiese tocar el cielo.
- ¿Qué?
- Así no tengo que follar con ningún desconocido y quedaré embarazada.
- ¿Estás loca?
- No es una mala idea… - miró hacia el techo para luego posar la vista en sus tres cuñadas. – Puede ser…
- Ginny, mira bien lo que dices. El llevar a un niño en el vientre por nueve meses no es cosa de juego. Tú…
- ¡No lo veo como un juego! Quiero un bebé, lo quiero.
- Ginny…
- ¿Cómo no lo vi antes? Mañana iré a un doctor y ahí…
- Parece que está muy decidida, Oui – murmuró La rubia hacia las otras dos mujeres. Hermione negó levemente con la cabeza mientras observaba a su pelirroja amiga.
- Ginny, no creo que estés pensando las cosas bien. Tan sólo…
- Está decidido – sonrió con autenticidad. – Mañana iré a un doctor, puede ser a tu mismo ginecólogo, Hermione.
- Ginevra…
- No es tan mala idea – intervino Audrey entre Fleur y Hermione. – Y si lo fuera, creo que saben que sería imposible hacerla querer hacer lo contrario. Mírenla – señaló a Ginny, ésta empezaba a formar en voz alta una lista de todas las cosas que necesitaría para los próximos nueve meses. – Se ve muy segura, y cuando ella está así, saben que es imposible hacerla desistir.
- Pero es que…
- ¡Voy a ser mamá! – vociferó Ginny dando un par de brinquitos en su mismo sitio, justo al instante en el que sus hermanos y sus padres regresaban a la pequeña sala de estar.
- ¿Qué tú qué? ¡Ginny!
- ¡Hija!
- ¡Ginevra!
- ¿Quién es el idiota!?
No debió gritarlo eufórica estando en la madriguera. ¿Su familia lo entendería? En realidad, fuera cual fuera las actitudes de todos; de sus hermanos, de sus cuñadas, de sus amigos, igual lo haría… Para los próximos meses tendría a un bebé creciendo dentro de ella así fuera lo último que hiciera…
Aunque no… No podía morir si iba a ser madre, ¿no?
Sonrió.
-Quiero un bebé – dijo a su familia que la miraba sin entender.
Estando ya en su departamento después de la pequeña celebración, pensaba con más seriedad la decisión tomada esa noche. ¿Estaría bien? definitivamente, pensaba que sí.
- Ese niño crecerá sin un padre…
- ¿Estás segura de esto, hija?
- Eres joven.
- Aún tienes tiempo.
- ¿Sabes las responsabilidades?
Dijeran lo que dijeran, ya la decisión estaba tomada, y quien la conocía sabía perfectamente que no iba a echarse para atrás. Ginevra Weasley luchaba por lo que quería… y si lo que más deseaba era un bebé, pues, simplemente lo tendría, así fuera por medio de un proceso meramente científico y no muy natural.
Suspiró, dio un giro sobre la cama y prendió la lámpara que se encontraba encima de su cómoda. El sueño no llegaba así que decidió retomar la lectura del libro que Hermione le había prestado hacía tan sólo una semana. Unas arrugas se formaron entre sus delgadas cejas al notar con qué había marcado el capítulo que había dejado a medio leer… una fotografía, y no precisamente de ella, sino de Harry.
Sacudió la cabeza para alejar los recuerdos. Aquella situación suponía estaba olvidada. Apartó la mirada de la imagen sonriente del joven moreno con anteojos redondos y la guardó en la pequeña gaveta de la mesita de madera. Las ganas de leer se habían esfumado, quería dormirse rápido, ansiosa porque el día siguiente llegara lo más pronto posible.
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El hecho de haber acompañado a Hermione a comprar una exagerada cantidad de cosas para el nuevo cuarto del pequeño (o pequeña) Weasley sirvió como un gran incentivo para hacerla apresurar su cita programada al ginecólogo. Agradecía enormemente el que el doctor tuviera el tiempo necesario para ella ese mismo día. Mientras más pronto ocurriera su milagro, mejor.
- ¿Acaso esto no te parece adorable? – la pelirroja sacó de una enorme bolsa colmada de todo tipo de cosas un pequeño juego de zapatitos diminutos y guantecitos de osito. – Parece que fueron hechos para un muñequito. Y esto… - sacó un juego de gorritas unisex y unos mamelucos con diseños de escobas voladoras.
- Creo que compramos más de lo debido. – exclamó Hermione, observando con los ojos bien abiertos la exagerada cantidad de bolsas.
- Nada que ver. Tenemos que darle a mi sobrino todo lo que necesite y mucho más.
- Ron se molestará al ver las cuentas de la tarjeta de crédito.
Ginny chasqueó la lengua.
- Él sabe muy bien que mi sobrino merece lo mejor – miró un paquete de biberones y un variado juego de sonajas. – Ese pequeño no tendrá mucho tiempo sin un primito contemporáneo con el cual jugar. – dijo, formando una gran sonrisa que mostraba su blanca dentadura. Hermione la miró.
- Ginny, ¿estás completamente segura de querer…?
- Ya lo dije – interrumpió, decidida – Mi decisión está tomada y absolutamente nada me hará cambiar de opinión. Es que… lo quiero tanto, Hermione.
- Entiendo que quieras ser madre, creo que ese es el deseo de la mayoría de las mujeres en esta vida. Pero…
- Digas lo que digas lo haré – guardó las sonajas dentro de la bolsa y se levantó del asiento del parque en el cual estaban sentadas. – Falta poco tiempo para mi cita, ¿me acompañarás?
- Te dije que lo haría.
- Es completamente común lo que voy hacer. No sé por qué te alteras tanto. – pensaba y aseguraba que Hermione deseaba que ella tuviera a la persona ideal, que todo el asunto se diera de la manera normal y natural. Mas a veces la vida no te coloca lo ideal en bandeja de plata.
- Tan sólo opino que deberías esperar. – Ginny rodó los ojos, omitiendo el comentario. Liberó una bocanada de aire y le indicó que ya debían partir hacia la clínica.
Las ansías crecieron de manera monumental después de aquella visita al doctor. Su organismo y cuerpo estaban perfectos y tan sólo debía esperar unas semanas antes de realizar todo el proceso, elegir al donante indicado y realizar todos esos exámenes rutinarios.
Miró a su alrededor mientras se dirigía con Hermione hacia la entrada de un pequeño café. Como venía observando desde hacía varios meses, madres con sus bebés iban y venían de un lado otro, colmando todas las aceras de Londres.
Sonrió. Pronto ella sería una de ellas.
Nota/a: No puedo dejar de dar las gracias por el buen recibimiento que ha tenido el fic. ¡Son unos soles! Gracias por leer y más por cada comentario. Me hacen muy feliz!
Nos leemos pronto en el próximo capítulo.
