Capítulo dos
Quien juega con fuego acaba quemándose.
El despertador llevaba sonando desde hace una hora cada cinco minutos. He estado a punto de levantarme unas cuantas veces pero siempre me he quedado en el intento. No hay prisa. Me repito una y otra vez. Eso hasta que vuelves a mirar la hora, pensando que tampoco será tan tarde, y ves que ya son las doce del mediodía y habías quedado a las once y media para ir a comprar el regalo de Louis, tu amigo que hoy cumple años.
No me preocupo. Si alguien me hubiese echado en falta, me habría llamado. Pero no ha sido así.
Miro el móvil de nuevo. Vale, retiro lo que acabo de decir. 5 llamadas perdidas de Júlia. 2 de Zayn. Tengo que estar bien dormido para no escuchar el móvil cuando me llaman.
Estoy a punto de levantarme cuando alguien enciende la luz y salta sobre mi cama.
-¿Se puede saber hasta cuando vas a estar durmiendo? - Me grita Júlia. -¡Hemos quedado hace media hora, Harry! -Zayn, mi amigo, también está allí. Es quien ha encendido la luz. Se apoya en el marco de la puerta, cruzando los brazos y me mira. Me siento a regañadientes y me rasco la cabeza con la mano izquierda. Luego bostezo.
-No había escuchado el móvil, estaba en silencio. -Miento. -¿Qué hacéis aquí? -Pregunto mirando a mi amigo que sonríe, mientras comenta lo mala que ha sido mi excusa.
-Hemos venido a buscarte, ¿no lo ves? -Contesta ella. -¡Venga, vístete! Es para hoy. -Júlia sale de mi cama, me coge del brazo y empieza a estirar, obligándome a levantarme. No me queda más remedio que hacerlo, así que salgo de la cama, llevando sólo los calzoncillos y abro el armario. Cojo los primeros pantalones de chándal que veo -unos negros con dos rallas blancas en los lados- y una camiseta de manga corta azul. Una vez vestido, voy al baño a peinarme un poco y después desayuno.
Júlia me sigue allá donde voy, como si me estuviese vigilando para que haga las cosas. En realidad, no me molesta sino que me gusta que me siga. Mientras tanto, me va explicando que me han estado esperando durante media hora y como no contestaba las llamadas, han decidido venirme a buscar a casa. Mi madre les ha abierto justo antes de marcharse a trabajar.
-Júlia, ¿por qué no te sientas un rato? -Comenta Zayn, acercándose a ella que está en la puerta de la cocina mientras yo me preparo algo para comer. Júlia se gira y lo mira con mala cara. -No hace falta que sigas a Harry todo el rato, es su casa, no se va a perder. -Sonrío, intentando no echarme a reír.
Júlia no vuelve a decir nada en todo lo que queda de mañana, sólo cuando a veces le preguntamos sobre su opinión en el regalo de Louis.
-Harry, ¿pero no te das cuenta de que Júlia va detrás de ti desde hace tiempo? -Me pregunta Zayn, una vez hemos llegado a casa. Voy a la cocina, donde empiezo a preparar algo para comer.
-Sí lo sé, se ve desde lejos. -Comento.
-¿Entonces? ¿No te molesta que sea tan pesada?
-No, me gusta que me vaya detrás. -Zayn no dice nada. A diferencia de mí, él odiaría que una chica le siguiese siempre. Le parece molesto. A mí no me importa. Si le gusto, le gusto y prefiero que lo demuestre y que al menos intente hacer algo para que yo sienta lo mismo. Aunque en este caso no suceda. -Me gusta seguirle el rollo. -Sonrío. Mi amigo se sienta en una de las sillas que hay en la cocina y sigue mirándome. -Si Júlia quiere seguirme, que me siga. No le voy a decir que no.
-Pero parece que le estés diciendo que sí.
-¿Realmente estamos hablando de esto, tío? ¡Dejémoslo! Nunca hemos hablado así y esta no va a ser la primera vez. -Me quejo, intentando terminar con esta conversación.
-De acuerdo, haz lo que quieras. -Pone los ojos en blanco, se levanta y sale de la cocina.
A los cinco minutos me llega un mensaje al móvil de la chica de la que estábamos hablando: Harry, te importa que vaya después a arreglarme a tu casa? Y obviamente, no puedo contestarle que no.
Una vez en el tren dirección Barcelona, me siento junto a mi amigo y delante está ella. Sé que me está observando pues siento su mirada encima de mí pero no me giro. En vez de eso, empiezo a hablar con Sofía, quien se ha visto obligada a sentarse encima de Zayn porque no había más sitio libre. Está nerviosa, se le nota, pero no le digo nada. Sé que mi amigo lo ha notado también y en vez de solucionarlo de alguna manera, apoya su mano en su pierna. Sonrío de una forma inconsciente e intento mantener la conversación viva, hasta que la llaman por teléfono y he de parar.
Noto el pie de Júlia rozándome la pierna pero no me inmuto, la dejo hacer. Sé que en algún momento se cansará y después cuando yo vaya a hablar con ella, se hará la enfadada porque no le he hablado durante todo el trayecto. Siempre hace lo mismo, es muy predecible.
Cuando finalmente bajamos del metro, después de haber hecho transbordo en Plaça Catalunya, Ona, la amiga de Sofía y Louis, ya nos está esperando. Es alta, muy delgada, de piel blanca. El pelo es oscuro y lo lleva liso. Lleva un vestido blanco ancho con un cinturón delgado color marrón justo debajo del pecho. Tiene unos tacones no muy altos del mismo color que el vestido.
Sofía se acerca a ella, se dan dos besos y se abrazan. Después nos presentan a todos y la seguimos hasta su casa, que por suerte, no está muy lejos.
Hemos podido prepararle la fiesta sorpresa a Louis en su casa porque los padres de Ona no están en toda la semana, así que teníamos vía libre para hacer lo que quisiéramos. Tuvimos suerte de que ella es amiga tanto de Sofía como de Louis y Niall, su primo, ya que aunque no nos conociera al resto, ella accedió a dejarnos su casa con la condición, obviamente, de no romper nada y ayudarle a limpiar al día siguiente.
Me acerco a ella para preguntarle si queda mucho por preparar y si sabe por dónde están el invitado y su primo, para ver cuánto tiempo nos quedaba. Júlia me ve y se acerca también. Creo que estoy empezando a entender a que se refiere Zayn con "pesada". Le sonrío y le paso mi brazo derecho sobre los hombros. Ella lo aparta rápidamente, enfadada, tal y como había pensado antes. Vuelvo a apoyarlo y esta vez me salgo con la mía.
La casa de Ona era grande. Nada más abrir la puerta principal, habíamos de subir unas escaleras que nos llevaban a la primera planta, donde se encontraba la entrada. De allí, pasábamos a un largo pasillo con varias puertas, las cuales nos llevaban a las diferentes habitaciones de la casa. La primera a la derecha era el comedor.
Era cuadrado, con las paredes completamente blancas -lo cual me preocupaba un poco el hecho de hacer una fiesta allí-, decoradas con algunos cuadros familiares. Había dos sofás pegados a la pared, dejando mucho espacio en medio. El mueble de la televisión también estaba pegado a la pared. Seguro que Ona lo había preparado todo así. Del techo colgaban algunas serpentinas y en el suelo había algunos globos de colores.
-Ya está casi todo hecho. He bajado el portátil y los altavoces de mi habitación y los he enchufado. Los he probado y la música se escucha bastante bien. Por ello no hay problema. Después... en la mesa pondremos la bebida. Tengo hielo en el congelador, así que más tarde ya lo sacaremos. Sofía compró el otro día un pastel que también está en la nevera y tengo también las dos velas. Ahora hay que ir a buscar las tres bolsas de patatas que compramos y las ponemos. Mm.. ¿falta algo? -Todos intercambiamos miradas pero nadie contesta. -Bien... Sólo una cosa. Si alguien fuma, que salga al balcón, no quiero que después quede el olor, con el del alcohol ya tendremos suficiente.
-¡Perfecto! -Dice Sebastian, dejando las bolsas con botellas de alcohol en la mesa.
El móvil de Ona empieza a sonar y todos quedamos en silencio. Una vez cuelga, nos informa que Niall y Louis están a punto de llegar, así que todos nos empezamos a mover rápidamente.
Joanna y Norah, que habían comprado confeti, nos pasan una bolsa a unos cuantos, así que cuando nos vamos a esconder, ya tenemos cogido un puñado.
Llaman a la puerta y todo el mundo empieza a alterarse.
-¡Ahora silencio! -Advierte Sebastian. Ona asiente con la cabeza, dándole razón al chico rapado, y sale del comedor, apagando la luz y dejándonos a todos allí escondidos. Escuchamos sus pasos mientras baja las escaleras y abre la puerta.
Serena, que está junto a mí, está a punto de empezar a reír, así que le tapo la boca con la mano y me quedo mirándola. Respira y parece que se le pasa la risa. Aparto lentamente mi mano y ella sonríe, dándome las gracias.
Escuchamos como suben las escaleras, mientras van hablando y Louis se pregunta por qué está todo tan oscuro. La chica pone la excusa de que ella estaba en su cuarto y no hay nadie más en casa. Y justo cando iban a pasar de largo, Ona le pide al chico del cumpleaños que le traiga algo de la cocina -la cual tiene la puerta en el comedor-. Él, que no se espera nada, entra en el comedor y enciende la luz para poder ver bien.
-¡SORPRESA! -Gritamos todos, levantándonos, saliendo de nuestro escondite y tirándole confeti.
