Los personajes no me pertenecen. Pertenecen a Clamp. Pero la historia es mía.

Summary: "En la próxima vida" me prometió antes de que yo sintiera como su vida se iba extinguiendo en mis brazos. Solo pude sentir como mi corazón se desgarraba en pedazos y me aferré a su última promesa, la de tener otra vida. Juntos. [UA]

Otra vida junto a ti

Capítulo I

Un taconeo se escuchaba mientras una joven pasaba por el portal de un bloque de apartamentos. Sakura apresuró los pasos al notar la fría y leve corriente que había en el interior del edificio y hacía que deseara desesperadamente estar bajo un manta en el sofá del salón. De repente, sonó una conocida canción en el interior de su bolso y rebuscó en él hasta dar con el móvil.

—¡Tommy qué sorpresa! ¿Qué has estado haciendo? –preguntó Sakura mientras subía las escaleras.

—Nada, prácticamente he dado de comer a Hideki, le he cambiado los pañales, le he bañado y cambiado, he limpiado la casa, he tendido la colada y he hecho un pastel para Touya –suspiró con abatimiento Tomoyo, su mejor amiga, al otro lado del teléfono—. Es una lástima que Touya no me deje volver al trabajo todavía.

—Oye, ¿no crees que es demasiado pronto para que hagas esfuerzo físico? ¡Deberías de estar descansado en vez de hacer tantas tareas tú sola! –reprendió la joven—. Si lo hubiese sabido habría ido a tu casa para echarte una mano.

Tomoyo respondió con un bufido y le quitó la importancia inmediatamente.

Al llegar a la puerta de su apartamento, Sakura introdujo la llave en la pequeña cerradura y abrió la pesada puerta con el pie en cuanto la cerradura cedió. Musitó un juramento y sujetó bien su móvil al notar que se le resbalaba por el hombro; y, sujetando el móvil entre la cabeza y el hombro, la llave entre los dedos, el archivador del trabajo en la axila y el bolso colgando del brazo, intentó llegar lo más rápidamente que pudo al sofá, donde finalmente tiró todas las cosas.

Se desplomó sobre el sofá, se quitó con un movimiento brusco los zapatos de tacón y soltó un gemido de placer al sentir el frío parquet en la planta de los pies y comprobar como la tensión cargada en los pies se desvanecía.

—¡Dios, tus zapatos me han destrozado los pies! –se quejó Sakura.

Entonces, cayó en el error. Le había prometido a Tomoyo que estrenaría los zapatos cuando salieran juntas de compras. Sakura esperó con los ojos cerrados la inevitable riña.

—¿Qué zapatos? –preguntó su amiga— ¡Oh, ¿no habrás utilizado los zapatos de piel de cocodrilo que te regalé sin estar yo presente verdad?! ¡Me lo prometiste! ¡No me lo puedo creer! ¡Oh! ¡Y no estuve allí para grabarlo!

Sakura se mordió la lengua, regañándose por haber dicho las cosas tan precipitadamente. Aquellos zapatos de "súper" tacón y piel de cocodrilo ni siquiera le gustaban, pero solo tenía unos viejos zapatos rosas que no pegaban con el traje blanco y verde que llevaba ese día. Es más, estaba en contra del uso de pieles de animales para prendas o cualquier otra cosa. Pero se lo había ocultado a Tomoyo por su reciente fascinación hacia la ropa y complementos de todo tipo de piel.

—No tenía otros zapatos decentes para la presentación ante el jefe –musitó como excusa, sintiéndose como una niña ante un padre furioso.

—¡Podrías haber utilizado los zapatos negros que compramos juntas hace dos meses! No, espera, ¿qué llevas hoy? –añadió Tomoyo después de un leve silencio.

—Me puse una falda blanca y una blusa verde.

La joven puso los ojos en blanco al saber que entonces iba la parte en la que Tomoyo la felicitaba por la perfecta combinación. Sakura se acomodó de nuevo en el asiento y cruzó los tobillos.

—¡Oh, debes de haber estado preciosa! –gimió con adoración— Pero podrías haber utilizado otra cosa como...

Su amiga comenzó a enumerar miles de formas de combinar la ropa y entre el intenso murmullo Sakura pudo escuchar un llanto al otro lado de la línea. Sintió una ola de preocupación al pensar que era su sobrinito e intentó agudizar sus oídos para comprobarlo.

—Espera –le paró la joven—, ¿no es Hideki quien está llorando? Me parece haber escuchado a alguien llorar.

—¡Sí, es su hora de comer! –afirmó su amiga al otro lado de la línea— Te llamo después ¿vale?

—¡Espera! –llamó Sakura.

Sakura cerró la boca al comprobar que Tomoyo había colgado. Iba decirle que iría a visitarle a casa al día siguiente. Su hermano Touya, Tomoyo y su pequeñín vivían en las afueras de Tokio, en una casa muy acogedora según su opinión. La pareja, incluso la misma Sakura, habían coincidido en que Tokio no era el mejor lugar para criar a un hijo, así que la pareja se mudó, dejándola sola en el enorme Tokio.

Además, no había tenido tiempo libre para visitarles, ya que tuvo que ocuparse del trabajo acumulado de su hermano en la empresa familiar mientras éste cuidaba de su amiga y, aunque no ella no hubiera estudiado administración de empresas, entendía algunas cosas y era capaz de resolver cualquier asunto que no tuviera relación con números muy largos.

Se levantó perezosamente para coger algo de un frutero que había en una mesa y al pasar cerca del teléfono, se fijó en que tenía la luz del contestador encendida. Con despreocupación, pulsó el botón de los mensajes y cogió una manzana antes de tumbarse de nuevo en el sofá.

—Tiene dos mensajes –dijo una voz femenina—. Mensaje uno: Buenas tardes, señorita Kinomoto, soy la casera. Me encontraré fuera a finales de mes y por eso me acercaré en los próximos días para que me pague el alquiler. Usted ya sabe mis normas y espero que pague lo que corresponde –dijo una dura voz.

Sakura suspiró por enésima vez y mordisqueó la fruta mientras se apartaba un mechón de pelo que tapaba su vista.

—Mensaje dos: Sakura, soy yo, tu abuelo –dijo una profunda voz—. Sé que no hemos tenido mucho contacto durante estos años y no he sido precisamente alguien cercano a ti, pero espero que puedas venir lo antes posible a Hong Kong, tengo asuntos serios que hablar contigo

Así acabó el mensaje y, cuando ella se recuperó de la impresión, recordó el porqué de la lejanía entre su abuelo y el resto de la familia. La frialdad con la que trataba a todo el mundo era escalofriante y con su predilección por la autoridad daba miedo. Además, era un hombre ambicioso y arrogante. Ni Sakura ni Touya habían conocido demasiado a su abuelo materno, principalmente por su oposición al matrimonio entre Nadeshiko y Fujitaka. Según él, Fujitaka era un hombre mediocre y sin riquezas, indigno de una gran heredera como su hija.

Sakura se tumbó en el sofá un miró fijamente una foto que tenía en una mesita. En ella aparecían sus padres, su hermano de pequeño y ella cuando era un bebé. Sakura cerró los ojos y pensó en que su madre había muerto sin hacer las paces con su abuelo. "Debió de ser muy difícil para ella desobedecer a su propio padre para casarse con el amor de su vida" pensó Sakura. Sus padres se habían amado incondicionalmente. Y por eso no podía imaginarse qué llevaría a un padre negarle a su hija su felicidad.

* * *

A la mañana siguiente, Sakura se despertó con el estómago vacío y comprobó con horror lo tarde que era. Se levantó precipitadamente del sofá, gimiendo de dolor al tener estirar sus agarrotados músculos, y corrió a la cocina para tomarse algo antes de salir corriendo hacia el trabajo. Sacó la leche del frigorífico, la vertió en un vaso y calentó la leche apresuradamente en el microondas. Mezcló rápidamente la leche medio caliente con unas cucharadas de café y mientras se lo bebía con prisa intentó sacar unas galletas de un armario.

Después, como costumbre, miró furtivamente el calendario para saber el día. Viernes 22 de octubre. Gimió con derrota al ver que ese era su día libre y que se había tomado la leche medio helada y deprisa para nada. Su estómago rugió ahogadamente y decidió hacer el desayuno.

Una hora y media después, ya había terminado de desayunar y estaba frente al espejo del baño intentando dominar su mojado pelo color miel con un peine. Y, aún con el pelo húmedo, se vistió sencillamente y salió de su apartamento para bajar al garaje.

Cogió el coche y condujo durante veinticinco minutos hasta llegar a casa de su hermano. Allí, Tomoyo la vio a través de la ventana del salón y salió corriendo a recibirla con Hideki en brazos. Sonrió con dulzura y la recibió con un gran abrazo.

—¿Qué haces aquí? –preguntó Tomoyo con alegría.

—Vengo a visitaros. ¿Para qué iba a venir si no? –sonrió Sakura con sus ojos esmeraldas brillando de alegría.

—Me sorprendió mucho verte por la ventana. ¡Pasa adentro! ¡Te voy a cortar un trozo de pastel! –invitó Tomoyo comenzando a arrastrar a Sakura hacia el interior.

Fueron por el pasillo hasta llegar a la cocina y allí Sakura tomó asiento mirando distraídamente la moderna cocina. Tomoyo colocó al bebé en un portabebés que había en una mesa y se giró hacia la nevera a por el aperitivo.

El bebé miró desorientado a su alrededor e, inesperadamente, empezó a llorar, llamando la atención de las dos jóvenes. Sakura comenzó a reír y cogió al bebé intentando calmarlo.

—No soy tu mamá pero supongo que tendrás que conformarte conmigo –se rió la castaña, viendo a Tomoyo sonreír mientras cortaba el pastel.

Sakura meció con ternura al pequeño y éste se mantuvo calmado hasta que Tomoyo se acercó para tenderle el plato a Sakura. Entonces, sus ojos comenzaron a ponerse llorosos y su barbilla se arrugó peligrosamente, amenazando con el llanto. Sakura depositó a Hideki rápidamente en los brazos de Tomoyo, no queriendo causar las lágrimas del pequeño. El niño se calmó al instante y se intentó meter el puño en la boca.

—Tienes mucho peligro, pequeñín –sonrió Sakura de nuevo acariciando la diminuta nariz—. Hideki tiene… como un instinto hacia ti.

—Instinto o tozudez. Cuando yo estoy cerca solo quiere que le coja yo –dijo Tomoyo encogiéndose de hombros—. Cada vez se parece más a su padre y no sé si es bueno o malo.

Sakura contuvo una risa y miró su pastel dubitativamente. Acababa de desayunar y no le apetecía nada. No obstante, decidió comérselo para no parecer maleducada. Inspiró profundamente y comenzó a comer aguantando una mueca de disgusto al notar náuseas en la boca del estómago.

—¿Está malo? –preguntó Tomoyo decepcionada— Es posible que se me fuese la mano con el azúcar pero creo que no está tan mal.

La castaña negó con la cabeza y se obligó a sí misma a seguir comiendo. Buscó un tema de conversación para intentar relajarse y comenzaron a hablar sobre el artículo de la muerte de la mujer de un famoso ex-empresario.

Pero, después de todo, al penúltimo bocado no pudo más, apartó el plato y, soltando una débil excusa, se fue corriendo. En la puerta de la cocina chocó con su hermano, quien llevaba los pelos revueltos y el pijama arrugado, y le empujó, ganándose una ruda queja de éste. Comenzó a vomitar precipitadamente todo el desayuno, junto con el delicioso pastel que le había dado su amiga, en el baño de su hermano.

—Sakura… ¿estás bien? –preguntó preocupada su amiga arrodillándose a su lado, acariciándole la espalda— No sabes cómo lo siento, me debió de salir fatal.

Tomoyo sonaba realmente afligida. Sakura estuvo a punto de decirle que no era problema del pastel, pero una arcada la obligó a inclinarse de nuevo sobre el váter. Cuando las arcadas cesaron se limpió la boca con el dorso de la mano e intentó sonreír con despreocupación.

—No es culpa tuya –dijo Sakura con el rostro pálido y las manos temblorosas— me debió de sentar mal la leche fría de esta mañana y también desayuné muy fuerte. Mi estómago es un blandengue.

Ese amago de broma no le sirvió a la madre de su sobrino e igualmente la acompañó a la cocina como si fuese una inválida.

—Toma –le dijo Touya tendiéndole un vaso de agua—. Tomoyo, ¿no te avisé yo que este monstruo comía demasiados dulces? Debió de darle uno de esos ataques que tienen los trogloditas. Un día se pondrá como una foca y no podrá entrar por ninguna puerta. Ya has visto lo de antes, ahora ni siquiera cabe en la puerta de la cocina.

Sakura miró malhumoradamente a su hermano por ese comentario jocoso y gruñó infantilmente mientras cruzaba los brazos. Touya sonrió con arrogancia y se sentó a desayunar.

—¿Por qué no estás en el trabajo? –preguntó Sakura al tranquilizarse.

—Hoy es mi día libre –recordó él con una ceja alzada—. No estarás echándome de mi propia casa, ¿verdad?

—No quise decirlo de ese modo –dijo la castaña rolando los ojos— pero ¿no era el sábado tu día libre?

—Lo ha cambiado –informó Tomoyo limpiando el plato que antes portaba el pastel—. Se le ha metido en la cabeza de que hay un mayor rendimiento en la empresa si los viernes los empleados están más relajados y presionarles con su presencia los sábados que trabajan solo de día.

—¿No sería mejor como antes? Así tendrían el sábado más ameno –replicó Sakura.

—No. Desde que trabajo en la empresa siempre me he tomado algún sábado libre y, justo ese día, desaparecen objetos del edificio. Nadie lo tomó en cuenta porque se trataba de material sencillo, ratones de ordenador, teclados… –dijo Touya seriamente mientras depositaba su taza de café en la mesa— pero cuando estuve de baja para cuidar de Tomoyo, hubo un robo masivo de ordenadores y de algunos cuadros con escaso valor del hall.

—Yo no vi nada sospechoso cuando iba a revisar las cosas. Pero… ¿un ladrón? ¿No se podría tratar de un delincuente? –preguntó Sakura intrigada— He escuchado que eso pasa a menudo en empresas y edificios. Delincuentes que entran por cualquier lugar y se dedican a robar y pintarrajear en las paredes. Además, ¿qué tiene que ver con los empleados?

—Yo también pensé que era un delincuente pero tras pensarlo un poco más me di cuentas de que no –dijo Touya—. Se sabe los horarios de la empresa y no se ha producido ningún destrozo material. Lo extraño es que los guardias de seguridad no han visto nada fuera de lo común y en las cámaras de seguridad no está grabado el robo. He visto los vídeos yo mismo. En un momento el objeto está, y desaparece después de un pequeño borrón. La persona que está robando tiene acceso a las cámaras de seguridad.

—¿No crees que es un poco… tonto sólo robar esas… cosas? –dijo Sakura tras una pausa.

Sakura vio como Tomoyo se sentaba con ellos en la mesa y desvió su mirada hacia su hermano, quien se había quedado callado.

—Lo es, pero es muy alarmante que hayan trucado las cámaras –dijo Touya encogiéndose de hombros—. Además, tampoco es tan paleto, ha robado los ordenadores nuevos. Lo que me preocupa es que pueda robar algo de gran importancia como mi ordenador, que contiene todos los datos privados de la empresa…

—Bueno, suerte –dijo Sakura dando una palmadita en el fuerte hombro de su hermano.

Hubo un silencio sepulcral en el que solo se escuchó el tic-tac del reloj, todos estaban algo incómodos tras la conversación. Touya dirigió su oscura mirada al reloj de la pared y preguntó:

—¿Vienes por alguna razón? Es normal que vengas a visitarnos pero es raro que lo hagas a las diez de la mañana. Creía que los monstruos se levantaban bastante tarde.

Sakura, conteniendo la furia, le pisó con fuerza por debajo de la mesa. Y, algo más satisfecha, sonrió con malicia. Su hermano se mordió la lengua para evitar que Hideki se despertara y miró con la ira reflejada en sus ojos a su hermana. El bebé se había quedado dormido y Sakura no pudo evitar darle una sonrisa de agradecimiento.

—¿No tendrás novio, no? –preguntó Touya con teniendo la irritación— Porque si lo tienes…

—¿Qué? ¡No! –negó Sakura con incredulidad ante tal paranoia— ¿Cómo se te ha ocurrido ese disparate? Solo venía a visitar a Tomoyo y a Hideki.

—¿Segura? –preguntó su hermano con desconfianza— No me creo que hayas venido solo a hablar, ya hablas lo suficiente con ella por teléfono. Además, estas muy rara últimamente.

—¡Claro que no tengo novio! –exclamó con las orejas ardiendo de vergüenza— ¿Quién sería?

—Touya, no digas tonterías –reprendió Tomoyo—. Ya te dije el otro día que no tenía novio. Es que me lo pregunta cada semana ¿sabes? –le confió a su cuñada.

Touya se encogió de hombros restándole importancia y se bebió el último sorbo de café. Después miró a Sakura de nuevo con fijeza y dijo:

—¡Como me entere de que te han visto con un chico verás!

Tomoyo aguantó una carcajada y Sakura puso los ojos en blanco, acostumbrada a los celos de su hermano. Mientras jugueteaba con uno de los peluches de Hideki se acordó del mensaje que recibió de su abuelo el día anterior y miró de soslayo a la pareja que estaba intentando negociar quién iba a comprar pañales.

—Hermano… —llamó la castaña y cuando vio que la miraba le preguntó— ¿te ha llamado el abuelo?

Touya apretó la mandíbula y los puños ante la mención de su abuelo y se irguió en el asiento. Sakura se mordió el labio inferior al pensar que había molestado a su hermano.

—No, ¿debería de haber escuchado algo de él? –preguntó tras un largo silencio, con las cejas alzadas.

Tomoyo también estaba algo tensa y murmuró que iba a llevar a Hideki a la cuna.

—Tommy, puedes quedarte. Eres de la familia –dijo Sakura con confianza.

—No pasa nada. Además, tengo que ir a comprar pañales –dijo la morena con agradecimiento.

Sakura suspiró y miró a Touya dubitativamente.

—En realidad no es gran cosa, solo me ha pedido que vaya a verle –dijo la joven intentando restarle importancia al asunto.

—¿Te lo pidió o te lo exigió? –preguntó él con frialdad.

—La verdad es que ninguna de las dos cosas –dijo ella tras pensárselo.

—Me sorprende que no te lo exigiera –dijo Touya—. ¿Qué te dijo?

—Solo que si podía ir a Hong Kong para hablar con él.

—¿Solo eso? –preguntó más relajado— ¿Piensas ir? Tienes suficientes razones para no ir.

Sakura se encogió de hombros. No le entusiasmaba mucho ir a ver a un hombre que la trataba como un trapo pero sentía deseos de saber como le iba. Quería saber si de verdad era tan frío como imaginaba o solo era una falsa apariencia. Además, sabía que era lo que hubiese deseado Nadeshiko.

—¿No estarás pensando en ir, verdad? –preguntó Touya inquisitivamente— Sabes el tipo de persona que es.

—Quizá nos estemos equivocando con él. ¿Y si quiere que nos pongamos en contacto para conocernos?

—Los pensamientos de una ignorante –bufó él—. Tonta, no vayas.

Él cruzó los brazos y Sakura le imitó y miró hacia un lado, intentando evitar la mirada de su hermano.

—Vas a ir ¿no?

Tras un leve asentimiento por parte de su hermana, dijo con determinación:

— Entonces te acompañaré.

Sakura, sorprendida, abrió la boca para protestar pero al ver la enorme decisión reflejada en los ojos de su hermano supo que no iba a desistir.

* * *

Una gran silla crujió cuando un joven se sentó y la giró hacia los ventanales del despacho. Su mirada ambarina vagaba por las verdes y majestuosas montañas que tenía como vista mientras encendía un fino cigarrillo. Cuando lo terminó, se giró y apoyó los pies enfundados en unos lustrados zapatos sobre un escritorio cercano. Entonces, alguien llamó a la puerta.

—Entre –concedió Xiao Lang.

La puerta se abrió suavemente y una joven de cuyo nombre no se acordaba, entró y se situó enfrente del escritorio. La joven unió las manos e hizo una leve reverencia.

—Siento mucho interrumpirle, señor Li –empezó—. Quería transmitirle mi profundo pésame y el de toda la empresa ante la muerte de la señora Xiao Li. Sé que no quiere nuestra lástima pero…

—Cállese –ordenó el joven con los ojos dorados de la furia—. Si sabía que no quería que nadie me molestase ¿qué diablos hace aquí? ¡Fuera!

La joven se encogió ante la imperiosa imagen que daba su jefe con la mandíbula rígida y con lo que le quedaba de coraje dijo:

—En serio, lo sen…

—¿Qué le he dicho? ¡Fuera ahora mismo! –bramó él, levantándose y señalando la puerta con el dedo.

La joven, poco acostumbrada a los gritos de su jefe, se retiró silenciosamente murmurando una disculpa.

Cuando la puerta se cerró, Xiao Lang se rió de su propio descontrol y revolvió con frustración su cabello castaño. Sintió deseos de patear algo pero se limitó a sentarse de nuevo y mirar hacia la ventana. En la montaña era donde su abuela descansaba, cumpliendo su último deseo, que era descansar en libertad, en la tierra pura y limpia.

Sintió una desazón en el corazón al pensar que ya no le recibiría en casa con un suave beso en la mejilla y los ojos rebosantes de ternura. Nadie le había entendido mejor que ella, su propia madre tampoco le comprendía y mucho menos el resto de la familia. Su abuela sabía cuándo necesitaba un abrazo y algo de cariño, cuándo quería llorar o cuándo necesitaba unas palabras de ánimo. Ahora que ella no estaba solo esperaba que pudiese descansar en paz, después de tantos años cuidando de su familia y amigos, amando a los que no eran amados.

Y ahora. Ahora nadie le comprendía y nadie podía ver el profundo dolor que había tras esa máscara de frialdad e indiferencia. Soltó otra fría carcajada y apoyó completamente la cabeza en el asiento. Sintiendo como si todo el mundo estuviese contra él.

¡Hola a todos! Lo primero que debo hacer es pedir un millón de disculpas a los que han seguido la historia desde el principio. Desde septiembre todo ha sido un descontrol absoluto porque mi madre fue ingresada en el hospital y entre eso, la casa, la mano que tenía que echar al negocio de mis padres porque mi padre tenía que encargarse de mi madre y el instituto… Sé que les sonará muy común pero espero que me perdonen. Ahora, en las vacaciones, he estado aprovechando para escribir y mirarme un poco las cosas que tengo pendientes.

Y bueno… pasando a otra cosa, ¿qué les pareció el capítulo? Me he dado cuenta de que tengo problemas con la puntuación pero no sé remediarlos xP. El chapter es algo corto pero espero subirlo y no dejarlos con la intriga porque tengo que hacer muchas cosas para las clases (digan lo que digan, 4º del la ESO es muy duro, al menos para mí) y no quiero tardar más.

También me di cuenta de que hay personas que leían el fic anterior que esta vez no han dejado señal de haber leído el capítulo anterior. No les culpo, la verdad u.u. Aunque no sé si es porque no se han enterado o porque han dejado de leer mi fic…

PD: Se me olvidó mencionarlo en el prólogo pero Sakura en chino es Ying hua. Deben de haberlo cambiado a Ying fa por la misma razón que por haber cambiado Li a Lee. Una razón totalmente desconocida para mí xP.

¡¡¡Bueno, besos y feliz año nuevo!!!