Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fic es sin fines de lucro, solo lo hago para mi y vuestro disfrute personal.
Pareja principal:
-Gaara/Hinata
Pareja secundaria:
-Kiba/ Hanabi
Gracias por adelantado por los reviews.
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La proa del barco cortaba el agua con su avance constante, el sol apenas acababa de salir por el horizonte cuando todos en la tripulación se pusieron en marcha bajo sus órdenes.
El viento había querido darles ayuda y estuvo a su favor durante cuatro días. Hasta que llegó a aguas tibias.
Sus hombres agradecieron a través de expresiones faciales, el cambio de temperatura. Incluso él, a pesar de no mostrarlo, también disfrutaba de esa frescura que inundaba aquellas aguas.
Miraba al frente situado al lado de su hermano mientras este manejaba el timón.
Ambos en un tranquilo silencio para disfrutar del suave mecimiento del barco y la refrescante brisa que venía de sus espaldas.
Sus ojos cían se fijaron en un elegante barco de azul madera e inmaculadas velas blancas cobijado por un montón de rocas emergentes del mar. La forma daba a entender que era un barco de la marina, cosa que hizo que llevara su mano a la empuñadura de su sable pensando si dar la orden de ataque o medía vuelta. Hasta que al estar más cerca vio la bandera.
Esa especie de aspa verde no era propia de los marines.
Dejó de empuñar su arma suspirando internamente tras eliminarse esa pequeña posibilidad de poner en peligro a los suyos. Aunque eso no quería decir que ese barco no tuviera intenciones de atracarle.
-Idiota será su capitán si osan declararme la guerra.
Pasaron de largo al escondido barco y también librándose de la que hubiera sido posible amenaza de una lucha al ver que ningún tripulante de este siquiera les prestaba algo de atención al pasar frente ellos.
-¡Capitán! ¡El barco de Perro-lobo está a la vista!- Uno de sus hombres en el puesto de vigía le gritó desde lo alto señalando la dirección exacta donde se encontraba el galeón que buscaban.
Asintió como señal de haberlo escuchado y sacó el catalejo de su fajín para mirar a lo lejos. Y en efecto. Cerca de la orilla de aquella isla paradisíaca estaba anclado el barco de Inuzuka.
-Ponte a su lado.
-De acuerdo hermano.
El galeón dio un giro de noventa grados hasta quedar paralelo al Akamaru y antes de llegar mandó soltar el ancla para quedar a su mismo nivel.
-¡La tabla!
Dos de sus hombres trajeron una gruesa y larga tabla de madera para que pudiera pasar al otro lado sin problemas.
Cuando sus botas tocaron el barco ajeno, los marineros de a bordo se pusieron rígidos y en pose defensiva. Por mucho que fuera un conocido de su capitán no quería decir que fuera de buenas.
-¿Dónde esta Inuzuka? –Su voz autoritaria y ronca se dejó escuchar en toda la cubierta-. Quiero verlo. Ahora.
-Nuestro capitán se encuentra ocupado en este momento.
-Eso no me concierne, ocupado o no hablaré con él-. Vio como uno de los tripulantes del castaño dirigía por unos segundos la mirada al puesto de mandos nervosamente. Ya le había dicho sin siquiera hablar donde se encontraba su capitán.
Sin mencionar palabra subió las escaleras que lo encaminaban a aquella sala seguido por las voces de los demás sobre no poder entrar.
Abrió sin más la puerta sorprendiendo a los dos individuos que allí se encontraban por la brusquedad de su entrada.
-¡Por las barbas de Neptuno! Mira a quien tenemos en mi barco.
-Deja los estúpidos saludos para otra ocasión, Kiba.
Aún a pesar de su voz carente de emociones y rostro aburrido, no consiguió eliminar el buen humor del castaño.
-Bien, bien, tu ganas por esta vez, ¿qué te trae por mis mares y mi barco?
-El favor que me debes.
Los dos compartieron una mirada de complicidad recordando aquella batalla del pasado con la marina por culpa del galeón Akatsuki. Aquella lucha que los hizo hermanos del mar.
Bajó la cabeza con serenidad.
-Pide lo que quieras.
Iba a abrir la boca y a sacar el maltratado libro de extraña lengua cuando se le adelantaron.
-¡Ni hablar! ¡Primero aclaremos las cosas!- Una muchacha que apenas le llagaba a los hombros se puso frente a él de forma altanera-. ¿Quién te crees que eres para entrar de esa manera a este barco? ¿Acaso no te han enseñado modales? No se puede entrar de así.
Miro a la muchacha por sobre los hombros sin mostrar señal alguna en su rostro. De roca como siempre.
La ignoró dirigiendo su mirada de nuevo al castaño.
-¿Ahora te dedicas a reclutar mocosas gritonas?
-¡Serás insolente! No soy una mocosa maldito maleducado.
-Cierra la boca niña, he matado a gente más joven que tu y no dudaré en matarte a ti si sigues molestándome con tus molestos berridos.
A pesar de que debería estar aterrada como cualquier persona normal que conociera su fama, ella solo se intimidó un poco. Aunque no duró demasiado.
-Inténtalo si puedes cretino descejado.
Kiba lo detuvo a tiempo interponiéndose entre ellos cuando vio que el pelirrojo fue a empuñar su sable con una expresión perturbadora, seguramente para desgarrarle la garganta como bien sabía que le gustaba matar a sus adversarios en una pelea.
A este paso tendría que ponerle a Hanabi un bozal o Gaara la mataría allí mismo.
-Relajemos un poco el ambiente, no quiero manchar el puesto de mando de sangre.
-Puedo matarla en cubierta, no tengo preferencias de lugar.
Un incomodo silencio llenó la habitación ante esas vacías palabras siniestras salir de la boca del pelirrojo. Y es que Kiba sabía sin lugar a dudas que esas palabras eran totalmente ciertas.
Y eso era, ahora que su valiente princesa estaba abordo, un horror para él.
-La quiero viva. Nada de matar a nadie.
-Eso mismo.
-Tú cállate ya, es la última vez que te defiendo de él. Sé más respetuosa.
Cuando el castaño decidía ponerse serio, ni ella podía contradecirlo, era la palabra del capitán. La ley del barco, y por mucho que fuera la segunda a bordo debía cerrar la boca y obedecer.
Y más si gracias a eso podría salvar la vida.
-Sí capitán-. Aunque eso no quitaba el enfado y las palabras a regañadientes por parte de ella.
-¿Qué querías pedirme?
-Información-. Se acercó a la mesa en la que antes estaban los otros dos solos y sacó en viejo libro de sus ropas para dejarlo sobre la mesa-. Necesito que me digas todo lo que sepas de su escritura, Kankuro dice que es de tu lengua.
Se acercó para inspeccionar la débil portada con las estilizadas letras desgastadas. Abrió la primera página y encontró lo que sería una pequeña introducción del contenido con los dibujos de los mares cálidos como final.
Las siguientes páginas tenían brújulas que deberían indicar una dirección especifica, y sería fácil guiarse si no fuera por ese lenguaje inteligible.
-Siento mucho decirte que no sé que pone porque desconozco este idioma, pero si es verdad que he encontrado muchos manuscritos y mapas con estas mismas letras. Tesoros imposibles de encontrar porque nadie sabe descifrarlos.
Apretó sus antebrazos frustrado, la esperanza con la que inició la búsqueda de Kiba se acababa de esfumar como la arena entre sus manos.
Pudo leer los miles de sentimientos lúgubres y desdichados en los aguamarinas ojos de Gaara. Estaba devastado.
-Esto es lenguaje antiguo. Una lengua ya muerta.
Ambos alzaron la cabeza por esas palabras de Hanabi.
-¿Sabes leerlo?- El odio mutuo de antes pareció desaparecer como si nunca hubiera estado presente.
-No, yo nunca he estudiado esto. Me parece demasiado aburrido y una perdida de tiempo. Solo mi hermana encuentra interesante esto.
-¿Tu hermana sabe leerlo? –La conversación estaba yendo por un camino que le estaba empezando a gustar.
-¡Por supuesto que si! Desde los seis años Hinata lleva estudiando esta lengua desconocida-. El orgullo por su hermana se notaba en sus palabras y en el brillo de sus ojos conforme hablaba-. Ella es la única en todo el reino que sabe leerlo.
También el profesor Iruka, pero se pensaba mudar de cuidad para seguir enseñando en otro lugar. Pero a ella no le interesaba él. Su hermana Hinata sí.
Gaara sonrió en su interior por la tan maravillosa y jugosa información que esa chiquilla molesta y desvergonzada le estaba otorgando para sus fines. Sus palabras ahora mismo le eran más importantes y valiosas que todo el oro que pudiera obtener.
Kiba mirada el brillo malicioso que emitían los ojos de su amigo e intuía por esa mirada que se le estaba pasando por la cabeza también. Cualquiera que lo conociera mínimamente podría descubrirlo fácilmente.
Las siguientes respuestas de las preguntas que Gaara le haría a Hanabi serían la sentencia. Bajó la cabeza queriendo no meterse en lo que iba a suceder.
El pelirrojo se quedó mirándola mientras hablaba con orgullo de su hermana mayor, específicamente observó sus ojos. Blancos como las mismísimas perlas del océano. Recordaba algo sobre una familia aristocrática y poderosa si seguían avanzando más hacía el norte.
-¿Eres una Hyûga? – La tensión veloz le dio la respuesta que pensaba- Tus ojos te delatan.
-Lo soy, aunque a estas alturas no creo que mi familia vea bien que lleve el apellido.
Perfecto, no necesitaba saber más. Se acercó a la mesa y cerró el libro que había sacado para que el castaño le echara un vistazo para guardarlo cuidadosamente de nuevo en su fajín.
Inclinó la cabeza un poco mientras se colocaba debidamente el sombrero.
-Gracias por la información-. Mostró una diminuta sonrisa arrogante-. Sí me disculpáis, debo seguir ahora mi camino.
Pasó de largo junto a ellos y salió de la sala de mandos con una perdida Hanabi sin saber que era exactamente lo que pasaba y Kiba que le seguía los pasos con rostro imperturbable y serio.
-Ojo con lo que piensas hacer, es una cuidad arraigada y con fuertes lazos a la marina. Para hombres como nosotros es una cuidad sumamente peligrosa.
Miró al castaño sobre la tabla dispuesto a cruzar a su propio barco con un gesto nitido.
-No saben entonces con quien se meten-. Aterrizó de un salto limpio y masculino en su cubierta-. ¡Alzad el ancla, tenemos un nuevo rumbo! ¡Cuidad Shirotsuki*! –Miró de nuevo a Inuzuka-. Hasta que el mar quiera que nos veamos de nuevo.
Con el viento a su favor, pronto el imponente y elegante galeón se perdió por el camino que él no hace más de pocos días había vuelto escapando.
Suspiró cansadamente cuando las botas de pequeño tacón de su segunda al mando se acercaron a él.
-Enhorabuena, Hanabi. Acabas de vender a tu hermana a uno de los piratas más buscados de todos los mares y uno de los más peligrosos y sanguinarios.
-¿Qué?
-Venía en busca de información, quería a alguien que supiera leer eso. Y tú le has servido en bandeja de plata a tu hermana.
La vio palidecer al ver que todo era cierto tras comprender que había hecho al hablar de Hinata.
-¿Pe-pero qué he hecho?
Sintió compasión por ella, la atrajo a su pecho envolviendo sus hombros con su brazo al ver su cuerpo temblar levemente. Pronto sintió su camisa húmeda por el llanto.
-El demonio de la arena busca a la princesa.
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.
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Los cascos del caballo chocar contra el suelo de pulida piedra hacía eco en su cabeza. Se sostenía da las riendas de manera mecánica, como una muñeca. Y en verdad se sentía como una.
Vacía.
Las luces del atardecer teñían las blancas paredes del puerto de calidos y armoniosos tonos amarillos y naranjas. La dulce brisa mecía las plantas que crecían aquí y allá por toda la ciudad sumando su precioso colorido a aquella cuidad que parecía estar hecha de blanco mármol.
No le gustaba el blanco, toda la vida llevaba viendo ese color, el blanco la hacía sentirse oprimida. Quería ver azul del cielo, el verde aguamarina del mar, el tono oro de la arena cuando atardecía. Había tantos colores que ver que simbolizaban su libertad.
Pero no era posible. Su vida estaba presa de su familia. Solo Hanabi había sido lo suficientemente fuerte y poderosa para haber escapado de allí.
Tras una semana después de enviarle una carta como respuesta a la suya, descubrió que le tenía envidiaba.
Ahora su hermana volaba libremente mientras ella estaba presa.
-¿Se encuentra bien Hinata-sama? Está llorando.
Respingó al no esperar escuchar que le hablaban.
-¡Oh no!- Buscó rápidamente su fino pañuelo de encaje para secarse suavemente las furtivas lágrimas-. E-es que se me metió una mota en el ojo-. No te preocupes Ko-san.
Por la mirada que él le dedicó supo que no creyó su mentira. Lo cual era normal porque no sabía mentir bien y se veían todos sus tics corporales.
-Señorita, no debe llorar por esto-. Ella bajó la cabeza para mirar las riendas al tiempo que las apretaba-. Sé que no es lo que usted desea, pero es para ayudar al clan.
-¿A qué precio? ¿Mi libertad? ¿Mi vida? ¿Quitarme el derecho de poder decidir mi destino?
-Hinata-sa…
-No, ya basta. No quiero hablar más de este tema.
Odiaba tener que ser autoritaria y dar órdenes tal cual lo hacía su padre con casi todos en la mansión y fuera de ella, pero de no hacerlo esta vez el tema de la conversación seguiría un curso al que no quería que llegara ya que sabía que no podría soportarlo más.
No tuvo opción.
-Como usted ordene.
El camino que quedaba de vuelta a la mansión fue en un silencio sepulcral que solo el andar de los caballos y el saludo de los habitantes hacía ella mediante reverencias rompía tal espiral de incomodidad.
Los encargados de los establos fueron a recibirles cuando entraron por el portón principal.
Acarició la quijada y las crines de su blanca yegua, lo único blanco en aquella cuidad que apreciaba, para dirigirse hacía sus aposentos.
-Nana-san, no me encuentro demasiado bien. Te pido por favor, que le informes a mi padre que esta noche no deseo cenar por la fatiga.
-Si señorita, ahora mismo, ¿desea que le prepare el baño para que se sienta mejor? –Se sintió relajada al ver la afable y cariñosa sonrisa de aquella señora que en su momento se encargó de asistir a su madre cuando esta aún vivía.
-Me encantaría.
Con una reverencia la perdió de vista cuando subió las escaleras, se colgó su parasol de pulcro encaje de seda azul del brazo para tomarse el final del vestido y subir sin temor a pisarse los bajos.
Le llegó el embriagador olor de la carne y las especias, pero por muy delicioso que fuera ese olor, ella no deseaba comer.
Sabía que su malestar por lo acontecido en toda la semana no permitiría dejar la comida demasiado tiempo en su estómago sin tener la necesidad de expulsarla enseguida. Así que lo mejor era no cenar para no alarmar al servicio.
Se encontró con Nana en el pasillo comunicándole que la bañera se estaba llenando poco a poco.
Cuando entró a su habitación la encontró iluminada con los últimos rayos de sol del día, un aspecto algo apagado pero no dejaba de ser bonito ver las últimas luces en sus lilas paredes.
Se quitó el ligero chal de seda de los hombros dejándolo colgado del perchero y se quitó las orquillas que mantenían sujeto su femenino y hermoso peinado para caer su cabello, liso y en cascada por su espalda y sus hombros.
Puso el parasol junto a la cama para volver a levantarse el vestido con la intención de quitarse los tacones.
-Preciosos tobillos, princesa-. Soltó un pequeño chillido asustada virando la cabeza para ver la oscura silueta de una persona apontocada en su armario. Pudo ver que se trataba de un hombre por el ancho de los hombros y la altura considerable-. Yo que tu me bajaría el vestido como estaba, no querrás que tenga más motivos para haber venido a buscarte.
Tal cual le dijo, bajó el final del vestido ocultando sus piernas de nuevo y puso distancia entre ellos.
Vio como salía de las sombras de su cuarto y su imagen le dejó petrificada. Sabía quien era, había leído sobre él muchas veces cuando veía sus carteles de busca o captura en las ciudades que visitaba políticamente en nombre de su padre.
Su cabeza era una de las mejores pagadas que había visto en su vida. Pero por ello era también de los más peligrosos.
El demonio sanguinario.
-¡Guar...
-Shh…- Se acercó veloz junto a ella y tapó con mano férrea su boca-. Vuelve a intentar gritar y mi cara será lo último que vas a ver-. Sintió la punta de una pequeña daga justo bajo sus pechos-. O tal vez antes me divierta un poco contigo. Hace tiempo que no disfruto de una mujer.
Eso la horrorizó. Sus ojos se llenaron de lágrimas ante la idea de ser violada y luego asesinada.
-No te haré nada si te comprotas, ¿esta claro?-. Asintió con las mejillas mojadas por el llanto-. No grites.
Quitó la mano de su boca y la vio caer sentada en la cama ocultando sus sollozos con la ayuda de sus manos. Estaba temblando de puro terror.
-¿Q-qué quieres de mi? S-si buscas dinero coge el que quieras, pero márchate, por favor.
-No busco dinero, aunque me he tomado la licencia de tomar de las arcar de tu padre algunas cuantas gemas y doblones-. Se acercó a ella y por acto reflejo Hinata cerró los ojos temerosa-. Te busco a ti.
Abrió de nuevo los ojos y viró un poco el rostro encontrando su cara a escasos centímetros de la suya.
En cualquier otra circunstancia, estar así de cerca de un hombre la pondría ruborizada hasta las orejas y el cuello. Pero no precisamente la situación era la misma actualmente a pesar de que el pelirrojo era mortalmente apuesto.
-¿A-a mi? ¿Por qué?
-Solo tú eres capaz de llevarme a aquello que tanto he buscado desde hace años-. Volvió a poner se en pie y abrió la ventana que daba al patio trasero de la mansión. La misma por la que había entrado-. Vamos, te vienes conmigo.
Lo miró con las marcas de las lágrimas aún en sus mejillas ahora con algo más de color y una mirada incomprensible.
-¿I-ir contigo? M-mí padre no va a consentir tal cosa.
-No te estoy pidiendo un favor, princesa Hyûga, te lo estoy ordenando. Ven aquí ahora-. Ante su nula movilidad, observándola sentada refinadamente en su empalagosa cama de dosel con volantes y muñecos de peluche, frunció molesto el ceño-. Si a si lo quieres bien. Lo haremos por las malas.
Antes de tener tiempo a reaccionar para algo más que tomar asustada su parasol, se la colgó al hombro como si pesara una pluma y se acercó al alfeizar de la ventana.
-¡¿Q-qué haces?! Le dio una serie de golpes en la espalda con su pequeño parasol para que la bajara al suelo y pataleaba sin cesar- ¡Su-suéltame salvaje!
-Cállate-. La silenció con una nalgada que la hizo chillar sorprendida y avergonzada al mismo tiempo.
Bajó con asombrosa agilidad por las azules tejas de la mansión pasando desapercibidos gracias a la oscuridad de la noche hasta que llegaron al suelo saltando sobre las cajas de madera apiladas que se encontraban junto a la cocina.
Corrió deprisa y con paso constante por las calles, ocultándose varias veces en los callejones cuando pasaba algún guardia por los alrededores vigilando. Él portaba minuciosos cuidado para que no los descubran como que ella no gritara alertándolos.
Aunque se extrañó bastante al ver que estaba cooperando demasiado bien.
Fue fácil saber cuando pasó frente a un escaparate de cristal que ella llevaba todo el camino desmayada por la impresión.
Cuando llegó al barco no se extrañó al ver las caras anonadas de sus hombres al ver que tenía una mujer desvanecida sobre el hombro y venía agitado.
-¡Rápido! ¡Arriad de nuevo las velas y subid el ancla antes de que den la alarma! –Dio un par de pasos para ir a sus aposentos pero la inmovilidad de su tropa lo detuvo de nuevo- ¡¿A qué esperáis?!
-¡Sí capitán!
Subió las escaleras de cubierta para ir a su camarote personal, el cual abrió de una patada, y la dejó tumbada en la cama para salir y ayudar a los suyos para agilizar las cosas.
En el mismo momento que el galeón se acercaba a la entrada del puerto tras zarpar, la alarma de la mansión resonó por toda la cuidad alertando la desaparición de la heredera de los Hyûga.
-Mierda, ¡Más rápido!
-Vamos todo lo rápido que el viento nos permite capitán.
Si no le quedaba más remedio tomaría ese plan. A pesar de que solo un loco optaría por ello.
Él estaba desesperado por huir sin ser capturados.
-Para despistarlos escaparemos entonces por el acantilado.
-Pe-pero eso es un suicidio, hay miles de rocas salientes que pueden dañar el barco. Y estamos en plena noche.
-Si no hacemos eso nos atraparan y seremos ahorcados o fusilados por los marines, ¡¿quieres eso?! –Recibió una serie de apresuradas negaciones con la cabeza-. ¡Pues a trabajar!
Miró con determinación al frente. Al negro profundo del mar en las tinieblas de la noche que regalaba la luna menguante.
Solo el mar decidiría si quería verlos sobrevivir a la huida esa noche.
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El segundo capitulo por fin, tenía unas ganas horrorosas de escribirlo, ¡No podéis ni imaginarlo!
Gracias a Hanabi se origina todo, habrá que darle las gracias por meter la pata xD Ella crea el Gaahina en esta parte del proyecto ;)
Especial gracias por reviews a:
Clouder,
tsubaki2345
.3
maria.
karla-eli-chan
y
Aisha Uchiha
Hasta el próximo capi. Cuídense.
Publicado el 1 de Agosto del 2014.
