¡Holitas! Me sorprendió mucho la acogida que tuvo este modesto fic… y muchas gracias por sus reviews. Aunque, eso sí, me gustaría que hubiera más fics de Itazura… Pero a decir verdad, el anime terminó de una forma tan feliz que no se puede pedir nada más. n_n. Ok, a continuación una nueva entrega de Flores en primavera, espero que sea de su agrado.
ADVERTENCIA
Hem, hem. Como es sabido, Itazura na Kiss no me pertenece, es de Kaoru Tada-sensei, que en paz descanse y de su esposo (creo) por el que gracias a su intervención, tuvimos los dos últimos capítulos en el anime.
FLORES EN PRIMAVERA
CAPITULO 2:MI VERDADERO YO
-¡Ayuda por favor! ¡AYUDA!
La joven señora que sostenía a un nervioso niño en brazos, gritaba desesperada, atrayendo la atención de la gente que pasaba por allí y que empezaban a rodear a una pareja tendida en el suelo. Las reacciones de las personas del reducido círculo eran diversas: Unos marcaban a toda prisa el número de emergencias, algunas mujeres y los hombres de espíritu más débil, lloraban por la triste suerte de la joven, y los demás comentaban respetuosos los incidentes del hecho acontecido.
-Aléjense por favor, se ruega que se aparten del lugar – repetían los paramédicos que ya habían llegado y se disponían a atender a la chica inconsciente, mientras bajaban de la ambulancia una camilla para trasladarla al hospital más cercano del lugar.
Naoki no podía ver absolutamente nada… todo daba vueltas en su cabeza. Se sentía mareado, quizá por lo repentino de todo o por lo inverosímil de la situación: en un momento Kotoko había estado caminando junto a él, riéndose, llena de vitalidad… y al segundo siguiente él la veía echada en medio de la pista, inconsciente a los estímulos del exterior.
-Señor hágase a un lado, por favor. Vamos a proceder a estabilizar al herido.
Proceder
Estabilizar
Esa última palabra caló en la mente del joven doctor, quien de pronto salió de su ensoñación. Se levantó y se apartó de la muchacha, mirándole con ojos serios y tristes. Se sentía avergonzado de si mismo. ¿Cómo había podido actuar de esa manera? ¿Por qué?
Y al hacerse esa pregunta, su mente le dio la única respuesta razonable.
Era ella. Ella le hacía actuar de esa forma.
"Sólo puedo ser honesto conmigo, teniendo a Kotoko a mi lado" – se dijo, recordando una ocasión, después de hablar con Aihara-san en una noche helada, cuando Kotoko huyó de la casa por la poca atención de Naoki hacía ella.
- En ese tiempo yo estaba celoso del chico Kamogari… ¡Era tan extraño todo! No comprendía ese nuevo sentimiento que emergía de mi alma… y yo la hice padecer…
-¡SEÑOR! ¿Es usted el esposo de esta joven? Venga con nosotros.
Naoki miró al paramédico con ojos extraños y con un suspiro, subió a la ambulancia, donde los bomberos y Kotoko lo esperaban.
Su mente comenzaba a trabajar de nuevo. Cogió mecánicamente su móvil y marcó el número de su casa y de algunos amigos. Debía recuperar el tiempo perdido de inmediato.
-¿Qué? ¡¿QUÉ DICES QUE LE PASÓ A KOTOKO? … No,… es…imposible… sí… iré…
El hombre colgó el teléfono y haciendo oídos sordos a las preguntas de sus empleados salió corriendo del local, con los ojos llenos de lágrimas que luchaban por no rodar por sus acaloradas mejillas.
-Mi niña, Kotoko… si te pasa algo… ¿Qué le diré a tu madre cuando la vuelva a ver…?
Shigeo Aihara, recordaba a la madre de Kotoko, su difunta esposa. Una situación bastante parecida fue la que le causó la muerte. Durante años y años, esa vieja herida no cicatrizaba. Antes bien, se abría nuevamente al ver a su pequeña hija tan parecida a la madre: Noble, divertida, valiente y decidida… y tal vez algo torpe, pero había algo en esa niña que generaba de inmediato las simpatías de los demás.
El padre hacía memoria de como sufría cuando de pequeña, Kotoko se golpeaba la cabeza sin darse cuenta, jugando con alguno de sus amiguitos. Su preocupación al llevarla al hospital aunque ella protestara, su alivio al hacerle los exámenes y escuchar las aseveraciones de los doctores al decirle que no tenía ningún tipo de problemas. Él la había estado cuidando celosamente mientras estuvo bajo su custodia.
Al principio, temía que aquella hija suya no encontrara un hombre que la quisiera, que la corrigiera con cariño y que le tuviera paciencia. Pero al enamorarse su hija del primogénito de su mejor amigo, su corazón se encontraba alegre y tranquilo, porque veía que en esa extraña relación de amor-indiferencia, existía la posibilidad de la felicidad de Kotoko. Naoki Irie, era el hombre destinado a estar con ella. Aquél muchacho frío y aparentemente sin emociones, era la pareja ideal de su hija, ya que ambos tenían en abundancia lo que el otro no poseía. Si bien Naoki era inteligente y guapo, no tenía ningunas esperanzas para el porvenir. Fundaba su vida en el conformismo producto de los diversos halagos de sus profesores y compañeros. Tenía buenas notas, un promedio sobresaliente y eso le bastaba. Sabía que al salir de la preparatoria, iría a la Universidad de Tokio para estudiar Administración y salvar la empresa de su padre. No tenía proyectos ni sueños.
Kotoko tenía una personalidad completamente diferente. Una muchacha algo torpe, pero decidida y constante, que conseguía todo lo que se proponía. Tras más de cinco años de persistencia, logró su objetivo: Que Naoki Irie la amase y la eligiera como su futura compañera. Y no le bastó sólo con eso. Cambió el rumbo de su vida para convertirse en una mejor esposa para aquel doctor con el que se casó.
Y ahora, esa niña a la que tanto amó, estaba en Kami-sama sabe en que estado, debatiéndose entre la vida y la muerte.
Y su madre también pasó por ese trance… - que parecidas son las dos. – pensó el cocinero, con una sonrisa melancólica dirigiéndose a toda prisa al lugar a donde su yerno le había indicado.
-Kotoko, resiste – repetía mirándola, su preocupado esposo.
-Ella superará la crisis, señor – dijo con una sonrisa alentadora una joven enfermera. La chica se había quedado (como todas) embobada ante la apostura y porte del joven Naoki que, con su natural perspicacia, se había dado cuenta de aquellos sentimientos. Pero contrario a otras veces, en las que se sentía halagado por aquella admiración, se le hacía en esos instantes, sumamente penoso.
Con una ligera inclinación de cabeza, respondió a aquella enfermera, la cual, al verse ignorada de esa forma, decidió alejarse y no flirtear con él, decepcionada tal vez por su frialdad e indiferencia.
Un doctor, ya entrado en años, se acercó donde estaba Naoki y sin hacerle caso examinó rápidamente a la joven paciente y con un suspiro, hizo un extraño gesto, que hizo que dos practicantes se acercaran prestos a la camilla, llevándose a toda prisa a la chica inconsciente. El castaño hizo el amago de seguirla, pero el viejo galeno no se lo permitió.
-Tranquilo señor. Comprendo su situación pero no debe entrar a la sala de operaciones. Podría resultar contraproducente para usted.
-Soy médico y he atendido varias emergencias, así que no veo la razón por la que…
-Los más de 25 años en el ejercicio de esta profesión – repuso el doctor sin inmutarse-me hacen decirle señor, que por más que haya usted atendido emergencias ajenas, la intervención a la que va a ser sometida su esposa sea completamente chocante para usted. Por su bien y la de su esposa – dijo terminando el médico, mientras se alejaba – debe esperar aquí.
La puerta de emergencias se cerró justo frente a los ojos de Naoki, que quedó afuera con los brazos caídos y en el rostro una expresión de incertidumbre e impotencia.
-Kotoko…
Una voz interior le decía que lo que le había dicho el doctor era lo más sensato. Era el Irie-kun, prudente y cuya mente fría y profesional le había valido muchos reconocimientos. Pero, el verdadero Naoki, aquél que Kotoko había hecho emerger de lo más profundo de su alma, se oponía al descabellado consejo. Su deber era estar junto a ella y cuidarla. Evitar que se sienta sola y evitar el dolor de perderse a si misma.
Se paseaba de uno a otro lado, frente a la puerta de operaciones. Su rostro ya no expresaba esa cólera e impotencia, sino era inusualmente dulce y pensativo. Pocas personas habían visto esa expresión. Evidentemente, se hallaba sumido en profundos pensamientos que le hacían ora sonreír, ora fruncir el ceño.
Pensaba en los años pasados junto con aquella chiquilla. Su primer encuentro, cuando era el genio de Japón y el chico mimado de sus profesores. El modelo de todas las perfecciones estudiantiles. ¿Y ella? La típica muchacha sentimental, cuya vida debía girar obre un eje, por un ídolo y un amor secreto… y ella lo había elegido precisamente a él.
-¡Irie-kun! To…to…toma esto… yo…
-No lo quiero.
"Perfecto", había pensado el -en esos tiempos- estudiante de preparatoria. Ya no tenía que preocuparse por aquella niñata tonta. Con esa contestación tan fría había callado su boca y sus pretensiones. No reparó en esos momentos, que toda la escuela se reía de la muchacha y de su infortunado amor.
Al día siguiente, se encontró nuevamente con ella, pero esta vez, aquella chica torpe, le dejó ver parte de su alma, la que no dudaba ante nada y la que protegía su dignidad a toda costa… Aunque ello significase pegar al muchacho que admiras y amas… en frente de toda la escuela.
Y justo ese día, al caer la noche, cuando su padre le comentó de un amigo en desgracia y sus deseos de invitarlo a pasar un tiempo; él tuvo un extraño presentimiento y una emoción nueva para él inundó por completo su alma. Tenía una vaga sospecha que era ella la que vendría a vivir junto a él. Aunque exteriormente aparentaba no interesarse por aquella situación, su corazón latía agitado por alguna insólita razón. En su habitación pensaba en como se presentaría a la visita. Y cada palabra que escogía le parecía, unas muy frías y otras demasiado elocuentes. Sin embargo, cuando escuchó el timbre, bajó a la sala y se topó con la chiquilla, su rostro no reflejó ninguna emoción. Volvía a ser el mismo muchacho arrogante de la clase A frente a la integrante de la clase F. Aunque en su fuero interno algo cambiaba. En su alma se asomaba una sonrisa dulce y feliz, cuando sentía en aquella chica, sus emociones y sentimientos: la confusión y las ganas de desaparecer de ese lugar, sobretodo cuando su pequeño hermano Yuuki fue presentado ante Kotoko. Ella trataba de ser lo más agradable posible y el niño de forma irónica, le ridiculizaba ante todos.
No obstante, y a pesar que Naoki reía exteriormente por la torpeza de la joven invitada, se sentía en su risa un atisbo de secreta picardía y alegría. Y mientras reía de esa manera espontánea, algo le decía que si esa muchacha no salía de inmediato de su existencia, estaría obligado a permanecer dependiente a ella para siempre.
Y él optó por lo último.
Y él estaba allí, paseando nerviosamente frente la esa condenada puerta, con una sonrisa y una mirada casi triste, intentando concentrarse en otras cosas que no sean Kotoko.
-¡Irie! ¡Que le pasó a Kotoko! – gritaba con una voz chillona y poco agradable desde la puerta del otro extremo, un muchacho de su misma edad, no muy agraciado y con un extraño peinado.
-¡Naoki! ¿Te encuentras bien? – decía con un gracioso acento inglés, una chica muy bella, rubia y de ojos azules que acompañaba al otro muchacho, tomándole del antebrazo y caminando aprisa.
El apuesto castaño, cambió su rostro de inmediato y se puso la máscara con la que solía frecuentemente presentarse a los demás. Pese a todas las ganas que tenía de continuar usando aquella careta, al escuchar las insistentes preguntas de la pareja y al observar su verdadera preocupación, dejó ver paulatinamente, su desesperación y frustración. Irie-kun, el joven perfecto, había desaparecido dejando al humano Naoki Irie en la superficie.
-Onii-chan… Llegué tan pronto como pude. ¿Cómo está?
-¡Onii-chan! ¡Mi hija, Kotoko-chan! ¿Es verdad que sufrió esa terrible desgracia?
Acababan de llegar como un tropel, la familia Irie la cual venía a apoyar a Naoki y a visitar a Kotoko. Al momento en que llegaron ellos, el joven pensó por primera vez en su querida hija. ¿Cómo podría explicarle que su madre…?
-¿Kotomi?
-Se quedó en casa con Konomi. Ya la conoces… cuando ella enteró lo de Kotoko me mandó para aquí, mientras le decía a mamá y papá que no se preocupasen por la pequeña. –dijo Yuuki con una sonrisa contagiosa. Era evidente que su pensamiento iba a otro rumbo – pero la verdad es que yo me preocupo más por Konomi que por la niña.
Naoki sonrió. Al parecer su hermano había encontrado a su media mitad. La chica también era como su esposa: un poco torpe y atolondrada, pero de gran corazón.
Una idea se le cruzó rauda por su mente… ¿Qué le dirían a Kotomi, al regresar sin su madre? Esa niña era despistada como su madre, pero había heredado la súper inteligencia de su padre y su magnífica intuición. Deberían o bien decirle la verdad, o una mentira muy bien elaborada.
-Irie-kun… Vinimos para ver a Kotoko… ¿Cuál es su estado?
Las inseparables amigas de Kotoko en la preparatoria, se aparecían por allí. Naoki respondía con desgana a las preguntas que hacían. Todo le resultaba fatigoso, y penoso. Pero sabía que era necesario, tristemente necesario. Sólo después de aquellos interrogatorios, podría sentir como si una fuerza exterior lo envolvía y le proporcionaba ánimos para seguir de pie.
Una hora.
Dos horas…
-Kotoko,
-Estamos rezando por ti…
El padre de Kotoko, el señor Shigeo Aihara, tenía la misma actitud de Naoki: silenciosa y dulcemente triste, quizá recordando algunas anécdotas, de las cuales, se confundían entre su esposa y su hija. Al llegar no hizo ninguna pregunta a nadie. Saludó a todos con una inclinación de cabeza y se sentó a esperar.
Tres horas… La hora pasaba como un verdugo… lentamente…. Y de esa manera lenta, Naoki moría en silencio, de miedo, de incertidumbre.
Una luz cegadora apareció de pronto ante sus perdidos ojos.
LA PUERTA SE HABIA ABIERTO...
El viejo doctor salía con el rostro serio y levemente triste. Al mirar al joven, hizo un gesto de desaliento y pasó de largo. Al parecer, la cantidad de personas reunidas allí le fastidiaba. Naoki palideció. Comprendía ese sentimiento. Cuando la operación no había salido bien, se encontraba enojado consigo mismo, por no poder salvar a la paciente. Y naturalmente, no quería ver nada relacionado con el enfermo.
Con un gesto rápido, abrió la contrapuerta de la sala, y buscó a Kotoko con la mirada. Ya la veía pálida, con los tristes colores de la muerte sobre sus mejillas. Ya la veía sonriente y abriéndole los brazos, diciéndole simplemente… "Irie-kun…todo está bien, no ha sido más que una pesadilla"
Allí estaba ella, tendida y relajada, con la cabeza vendada y los ojos cerrados. Toda clase de sondas y extraños aparatos laceraban su delicada piel, le hincaban las venas. Se veía que Kotoko soportaba un terrible dolor… Pero ambos parecían comprender que ese dolor era inevitable.
-Oh, mi pobre Kotoko-chan – sollozó una voz que se oía desde la puerta. Al voltear, el castaño vio a su madre con los ojos hinchados y una expresión de profunda angustia. Los rostros de los demás tenían una idéntica mirada. ¿Acaso me ocultan algo?
Kotoko estaba viva. De eso ninguna duda. Sus signos vitales eran regulares y se había detenido la hemorragia. ¿Por qué esa opresión en el pecho y por qué esa mirada de aquel médico?
-¿Que pasa? – dijo el chico mirando a cada uno de los presentes
Kinnosuke y Chris lloraban en silencio consolándose mutualmente. La señora y el señor Irie no se atrevían a mirarlo a los ojos. Yuuki, inusualmente serio, decidió a hablar. Después de todo, el conocía mejor que nadie a su hermano mayor.
-Ella sobrevivió a la operación. El doctor dijo que la operación se complicó por culpa de un coágulo. Parece que el golpe le dio de lleno en la cabeza y se tuvo que hacer una intervención muy delicada y…
-Dime, que pasa, por favor – dijo el joven mirando a su hermano menor. Su hermoso rostro estaba imperturbable, pero su interior temblaba sin cesar.
Yuuki suspiró y prosiguió:
-Diagnóstico reservado. Ella esta viva, pero está muy débil. El doctor dijo que esperaba que ella saldría bien de ésta, pero que podría haber hay secuelas. En pocas palabras, ha dicho que tiene confianza en que sobrevivirá, pero su cerebro está dañado. Puede ser que olvide ciertas cosas, como la facultad de caminar, de comer o de hablar… Esta por demás decir, que es muy probable que al despertar no recuerde nada. Absolutamente nada. Lo siento mucho, onii-chan
Yuuki parecía sumamente afectado con la noticia. Después de todo, y a pesar de lo mal que se llevaban, Kotoko era para él como una hermana mayor. El lo salvó además de la muerte cuando tuvo ese problema de los intestinos. Le iba ser muy difícil ver a su querida hermana en ese estado terrible. No acordarse de nadie… ni siquiera de cómo realizar las actividades más esenciales… todas esas noticias le clavaban el corazón como si fuera con una filuda daga.
Naoki miró a su hermano y una vez que se convenció que él decía la verdad, volvió su rostro a la joven mujer que dormía apaciblemente en ese extraño lecho. Por favor, despierta pronto, te lo ruego.
Bajó los ojos al piso, sin querer saber nada más. Su cabeza ahora iba con la pequeña Kotomi. ¿Qué decirle? ¿Cómo tomaría la noticia que su madre había tenido un accidente de la cual salió muy mal? Naoki pensaba en no decirle nada por el momento, y ocultarle la verdad hasta que Kotoko se mejorase y en el caso que señalase Yuuki, pudiese recordarla.
Porque debe ser doloroso que un ser que amas no pueda reconocerte… debía ser difícil y frustrante…
Él no lo sabía, ni quería saberlo.
Una exclamación de su madre lo hizo volver a la realidad.
Kotoko había abierto los ojos- algo bastante raro después de una operación - pensó el joven doctor. Naoki había perdido la noción del tiempo y no reparó en las horas que habían pasado desde que se encontró nuevamente con Kotoko hasta ese momento.
Kotoko tenía sus ojos abiertos y lo estaba mirando.
Naoki sonrió, como lo hizo cuando ella dio a luz a Kotomi.
Pero ella no respondió con esa cálida sonrisa como aquella vez. Lo miraba curiosa y con evidente deseo de posar su mirada en algo.
Él comprendió de inmediato aquella verdad.
Él era un completo desconocido para ella.
Continuara
Aclaración: Konomi es la amiga de Yuuki, una chica bastante parecida a Kotoko en cuanto a la personalidad que quiere mucho al hermano menor de Naoki (hay que reconocer que cuando creció, se veía muy simpático… n_n)
Bueno, ¿que les pareció? Estuve inspirándome y viendo de nuevo algunos capítulos de Itazura para hacer este nuevo capitulo. Quiero avanzar con este fic de forma rápida, ya que por lo visto aún no se animan a escribir… Así que he dejado abandonados mis otros fic de Kenshin… jejeje.
Agradecimientos especiales a:
MayaXSoul: ¡Hola! Muchas gracias por tu review. Bueno… aquí tienes la respuesta a tu pregunta de por que Naoki actuó de esa manera. ¡Espero q sigas leyendo!
pichicoy: Muchas gracias por tus buenos deseos. Soy una súper fan de esta parejita (sobe todo de mi queridísimo Naoki-kun… u_u)
arcueid27granger: ¡Gracias por tu review! Me dan muchas ganas para continuar mi historia.
Por si se han dado cuenta, esta historia como que gira en torno a los pensamientos de Naoki Irie, mientras que en el anime, eran principalmente los sentimientos de Kotoko los que estaban presentes… Espero haber hecho un buen trabajo en ese aspecto…
Muchas gracias a las personas que han leído esta modesta historia, y si no vuelvo a escribir hasta el próximo sábado, les deseo unas felices fiestas, que sea amor y paz en sus hogares y en sus corazones.
¡Un besote grandote y muchas gracias!
hIT-CHAN.
