A ver continuamos acá. Saludos y besos. Espero les guste.

María Salomé.

Quería escribir más, pero los proyectos de la universidad me tienen mal :(.


Severus Snape se tambaleó al instante en el que aquel hechizo escudo provino de la varita de Harry Potter. Voló varios metros lejos del punto en el que estaba y se escuchó una pequeña explosión.

El hombre había terminado en el suelo y se escuchó un quejido, mientras giraba sobre sí mismo, sosteniéndose un brazo y tratando de ponerse en pie.

Harry jadeaba con el conocimiento de que había cometido uno de los errores más grandes de su vida.

Y con la varita aún en alto.

Todos miraron al profesor de pociones, sostenerse un brazo y girar sobre un costado. Parecía muy doloroso. Pero no solo él se quejaba.

Escucharon al otro lado, una especie de alarido. Todos habían girado sus rostros para encontrarse con un joven enclenque de lo que parecían ser dieciséis años de edad, que trataba de ponerse en pie.

Increíblemente parecido a...

¿Severus Snape?

Pero más joven.

Por fin, Severus Snape se había puesto en pie y caminaba sosteniéndose aquel brazo herido en el que sostenía su propia varita. Podía verse la sangre gotear de su mano y mientras caminaba, los alumnos se apartaban, abriéndole paso. No sabían a quién se dirigía exactamente, pero tenían una vaga idea.

Y así había sido. Severus Snape sostenía a Harry por las solapas de su camisa mientras el joven lo observaba directamente a sus negros ojos que parecían destellar.

Jamás lo había visto tan enfadado. Sus labios temblaban y su mano apenas podía sostenerlo. Cayó al suelo aparatosamente y trató de acomodarse las gafas, mientras Snape le observaba desde arriba. Se inclinó y con su mano libre, lo puso en pie de forma agresiva y Harry retrocedió dando traspiés.

— Estás en graves problemas. Oh sí, Potter. Estás en problemas.

Harry estaba consciente de que todas las miradas estaban posadas sobre él, mientras trataba de respirar y Snape sonreía de forma maquiavélica.

Pero todos dejaron de hablar al escuchar otra voz al final de aquel salón de clases. Snape había alzado la cabeza al sonido familiar de aquel timbre de voz.

Lo reconocía en cualquier parte.

Sonaba a sí mismo.

— Pero... ¿dónde estoy? ¿Qué ha sucedido? Y... ¿quiénes son todos ustedes?

Los jóvenes se apartaron mientras el muchacho se acercaba al tumulto en frente. Mientras más se acercaba, más se notaba el parecido entre su némesis adulto y este nuevo personaje.

¿Acaso que lo hechizara había significado que se había desdoblado en un menor tamaño? No, eso no tenía sentido. Entonces...

¿Había hecho una regresión?

— ¿Dónde demonios estoy y por qué...?

Pero el joven de dieciséis años de edad, se había mirado a sí mismo. Sorprendido. Estaba seguro de que frente a él se encontraba un "yo" adulto con su propia imagen.

— ¡Oh... entonces he viajado en el tiempo!

No. No había viajado, Potter lo había hecho viajar. Y Snape no salía de su escepticismo. ¿Qué diablos suponía el mundo y la paradoja; que tenía que hacer para resolver aquel enorme dilema en el que estaba metido?

Mandar a su yo joven a su tiempo y matar a Harry Potter.

No. Que las niñadas de su "protegido", las resolviera Albus Dumbledore.

Él no iba a mover ni un solo dedo. Estaba harto de tener que lidiar con el trío de oro y sus desastres infantiles. ¡No era una niñera de tiempo completo!

— Muy bien, Potter. Realmente muy bien.

Eso había dicho Draco Malfoy, mientras todos observaban al joven y emocionado Snape, que seguía sosteniendo la teoría de que había viajado en el tiempo.

— Al despacho del director, Potter. Ahora— eso había dicho Snape entre dientes.

Sí. Estaba en grandes aprietos.