Capítulo 2

El juez lo miró con dureza para luego mirar el reloj.

-Lleva media hora de retraso. –El abogado tragó saliva, rezando porque Richard apareciera por la puerta en cuestión de segundo.

XXX

Kate, al lado de su abogada, no paraba de dar vueltas por el pasillo del juzgado. Estaba nerviosa, muy nerviosa. Y preocupada. Desde el día del bautizo nadie había sabido nada de Castle. Y, ahora, ni siquiera se había presentado para firmar el divorcio. Algo en su interior le decía que las cosas no estaban bien.

Además, saber que se había ido en su Ferrari borracho hacía que su mente no dejase de martillearse, pensando que podría haber tenido un accidente.

-Tengo que irme –le dijo a su abogada. –Necesito averiguar dónde está y si está bien.

-Pero…

-Me tengo que ir. –se despidió, caminando deprisa hacia la puerta de salida.

XXX

Al primer sitio que había ido a buscarlo, había sido la casa en la que habían vivido juntos. Utilizó su llave para entrar y cerciorarse que no estaba en algún rincón. Pero no. La casa estaba vacía, tal y como la había dejado cuando se marchó.

Al loft tampoco había vuelta después de salir para ir al bautizo. Según le había informado el portero.

Ahora estaba en la comisaria, intentando rastrear su móvil o los movimientos de su cuenta corriente. Su móvil estaba apagado por lo que le era imposible utilizar el GPS de este para hallar su ubicación. Y sus cuentas no habían sufrido ningún tipo de cambio desde el día antes del bautizo.

Suspiró. No tenía ni una sola pista por dónde tirar para encontrarlo.

XXX

-Lanie… -las puertas de la morgue se abrieron para dejar paso a una llorosa Kate que se abrazó a su amiga nada más llegar hasta ella.

-Te dije que era un error. –le susurró la forense.

-No, no apareció y no tengo ni idea de dónde puede estar. Lanie, estaba borracho y… Dios, ha podido pasarle algo. –Lloriqueó en el hombro de su amiga.

-Seguro que está bien, Kate. Tal vez no apareció porque no quería divorciarse, tú sabes cuánto te quiere el chico escritor.

-Algo dentro de mí, me dice que le ha pasado algo, que no está bien.

-Vamos, tú nunca has sido supersticiosa, no me vengas ahora…

-Como le haya pasado algo me muero…

-Está bien, seguro que lo está –intentó animarla su amiga.

-Ahora lo entiendo, Lanie. Ahora entiendo lo que Rick me decía. No quiero ni pensar lo que tuvo que sufrir él cuando me vio desangrándome en el suelo…

-Kate –acarició la espalda de su amiga para intentar tranquilizarla.

-Me iba a divorciar de él, Lanie, por un desacuerdo con mi trabajo. Solo quería protegerme y yo… Antepuse mi trabajo a sus miedos, a él, Lanie. Al amor de mi vida y, ahora, no sé dónde está. Y si está bien… -la detective no pudo seguir hablando por culpa del llanto.

-¿Lo has buscado bien?

-Mmhmm. No está en ningún lado. Su móvil sigue apagado y sus cuentas no han sufrido cambios.

-Los Hamptons. ¿Has mirado allí?

Beckett se separó para mirarla.

-No, allí no. Tengo que ir. –La forense tiró de ella cuando fue a irse.

-Así no voy dejar que te vayas. Estás demasiado alterada para conducir. Espera que me cambie y yo te llevo. –Kate aceptó.

XXX

-No hay nadie, Lanie. Aquí tampoco está –sollozó la detective, sentándose en los escalones de la entrada de la casa de la playa.

-Tiene que estar en algún lado. No ha podido desaparecer así cómo así. –El móvil de la doctora comenzó a sonar.

-Lanie –dijo en modo de saludo.

-Yo –respondió Espo. –Hemos estado llamando a todos los hospitales de Nueva York y a las comisarías, nadie sabe nada de Castle.

-Ok, llamad si encontráis algo. Aquí tampoco ha habido suerte. Castle no ha aparecido por aquí desde la última vez que estuvo con Kate.

XXX

Hacía casi una semana que le habían perdido el rastro al escritor. Días que habían sido un auténtico infierno para Kate que no dejaba de llorar ni lograba encontrar consuelo en nada.

Hasta Gates había colaborado en la fracasada búsqueda.

-Aparecerá, Katie, aparecerá. –Le susurró su padre.

-Es mi culpa, papá. Yo… yo debería haber sido más compresiva con él. Pero no. Comencé a gritar que era mi vida y que era mi trabajo. Estaba aún convaleciente del disparo y no entendí sus miedos de perderme. "No puedo volver a verte morir entre mis brazos, Kate, ¿no lo entiendes? Dos veces, dos veces he visto cómo se te iba la vida y no podía hacer nada por salvarte. Por favor, no sigas poniéndote en peligro." –citó. –Y yo… oh, papá. Íbamos a divorciarnos por no ponernos de acuerdo. Y, ahora,… no está.

-Seguro que necesitaba tiempo para pensar y está en algún lugar tranquilo. Regresará cuando esté preparado.

-Necesito volverlo a ver. Abrazarlo y no soltarlo nunca. –Gimoteó, abrazando más fuerte a su padre.

-Ya verás que será pronto, Katie.

-Papá –sollozó –lo he entendido. He entendido que no puedo vivir sin él que me da igual mi trabajo. Me da igual todo. Solo lo quiero a él. Necesito que Rick lo sepa. He aprendido la lección.

-Hija, se lo dirás. Dale unos días más. Estoy seguro de que Richard tampoco puede vivir sin ti.

XXX

-¿Dónde estoy? –preguntó con la voz ronca a alguien que vestía de blanco. Irguió un poco su cabeza y observó que estaba en una camilla. Sus brazos estaban lleno de vías y tenía conectado un medidor de pulso.

Intentó levantarse pero aquel hombre le puso las manos sobre sus hombros.

-No puede levantarse. –se llevó una mano a la cabeza, había sentido una punzada de dolor. –Está en el hospital, tuvo un grave accidente de coche.

-¿Qué? –preguntó, sorprendido. Y, en ese mismo instante, varias imágenes de aquella tarde de sábado aparecieron en su mente. Él saliendo de la fiesta corriendo. Su Ferrari volando por la carretera. Conduciendo sin mirar los carteles que indicaban las direcciones de los destinos a los que se podía dirigir. La llamada. Era una llamada de Kate. Desvió su mirada de la carretera para colgar y… todo se volvía negro.

-Ha tenido suerte. Pudieron sacarlo antes de que el coche en el que iba explotase.

-¿En qué hospital estoy?

-En el único que hay aquí. ¿No sabes dónde está?

Rick frunció el ceño, algo que dejó de hacer inmediatamente al sentir dolor en su ceja derecha.

-Estás en Ardmore, Pennsylvania.

-No… -Cerró los ojos. ¿Tanto había conducido? -¿Qué me ha pasado?

-Tienes varios puntos en la ceja derecha. Un esguince en una de tus muñecas. Moretones por todo el cuerpo. Algunas contusiones. Y sufriste un fuerte golpe en la cabeza que te dejó por varios días inconsciente.

-¿Cuántos? –inquirió.

-6 días.

-¿Tantos? Oh, Dios.

-Sí, pero has tenido mucha suerte. Podrías haber muerto. Tu coche cayó por un barranco. Si en ese momento no llega a haber nadie cerca…

-¿Y mis cosas? Necesito hacer una llamada.

-¿Tus cosas? Todo se quemó. Lograron sacarte a ti pero no llevabas nada encima. Ni siquiera sabemos tu nombre.

El escritor suspiró.

-Richard, mi nombre es Richard Castle.

-Bien, señor Castle, si no tiene más preguntas, avisaré al doctor para que lo revise.

-¿Puedo hacer una llamada?

-Supongo que sí. Mientras te sepas el número.

XXX

-¿Cuándo podré irme, doctor? –le preguntó Rick cuando este terminó de revisarlo.

-Por lo pronto un par de días más para ver cómo evolucionas. El golpe que sufriste en la cabeza fue muy grave.

Bufó.

-Me han dicho que quieres hacer una llamada –Asintió. El médico le tendió su móvil.

-Gracias.

-Pasaré a recogerlo en unos minutos.

-Ok, gracias doctor. –Repitió.

Dando vueltas al aparato entre sus manos, pensaba las opciones que tenía. Eran pocas, muy pocas. Con la agenda en el móvil, ¿quién se sabía los números de sus contactos? Estaban su madre, Kate; a esta no podía llamarla. A su madre tampoco. No estaba en el país. Por más que intentó recodar, no se sabía ningún otro número. ¿Cómo podía tener tanta mala suerte?

Con la ayuda de uno de los enfermeros logró averiguar el número del bufete de su abogado. Gracias a su web en Internet.

Al principio, lo había regañado por desaparecer así, pero cuando le explicó el motivo, se preocupó por él.

-¿Qué pasó con la vista?

-Se canceló.

-Ah –dijo solamente.

-Katherine se veía preocupada.

-Claro, no iba a poder divorciarse de mí.

-No, me refiero a que estaba preocupada por ti. Hasta ha venido varias veces a verme para saber si yo sabía algo. Me dijo que la avisase. Me dio su número.

-No le digas nada de esta llamada si vuelve a ir.

-Pero… Ok, está bien. Así será. Eres mi cliente

-Necesito que me mandes dinero y algunas cosas.

-Espera que cojo papel y boli.

XXX

Cuatro días. Cuatro días más tuvo que estar ingresado. En esos cuatro días se las había ingeniado para que su abogado, gracias a algunos contactos, lograse que la vista fuera al día siguiente. Dos horas después de la hora de llegada de su tren a Nueva York.

Las últimas imágenes de Kate con Demming no paraban de rondarle en la cabeza, haciendo que su enfadado aumentase. Además, lo que lo había distraído de la carretera había sido su llamada, precisamente.

XXX

Entró acompañado de su abogado. Kate, que ya estaba allí, caminó hacia él nada más verlo entrar.

-Oh, Rick, ¿qué te ha pasado? –preguntó, preocupada. Cuando vio los moratones en su cara, la venda que cubría su ceja y su mano inmovilizada. Fue a tocarlo pero el escritor se apartó.

Beckett notó cómo sus ojos se aguaban ante esa reacción y la mirada fría de él.

-Rick… -su voz denotaba tristeza.

-Creo que hemos venido aquí para divorciarnos, no para hablar de lo que me ha pasado. –No le dio tiempo a contestar. Caminó hasta la sala dónde firmarían su apta de divorcio.

XXX

-Aquí pone que su cliente no quiere nada. –se dirigió a la abogada de Kate.

-No. No le parece justo.

-Ok. Entonces, teniendo en cuenta de que no hay hijos de por medio, por lo tanto, no hay problemas de custodias. Si ninguna de las partes tiene ninguna objeción, podríamos pasar a firmar.

Los abogados miraron a sus clientes. Rick asintió sin dudar. Kate al ver su afirmación, lo hizo titubeando, intentando controlar sus lágrimas.

-¿Quién empieza? –preguntó el juez, poniendo el bolígrafo y los papeles en el centro de la mesa.

El escritor fue el primero en firmar. No vaciló.

-Su turno. –Acercó la carpeta hasta Beckett.

Con los dedos temblorosos, tomó el bolígrafo.

Escuchaba de lejos la voz de su abogada, indicándole dónde tenía que firmar. En ese momento todos los ojos estaban puestos en ella.

-No puedo… -dijo con la voz rota, levantándose y saliendo de la sala.

XXX

La detective se había escondido en el baño de señoras. Desde que había cruzado la puerta, no había podido dejar de llorar. Su abogada había intentado tranquilizarla sin éxito.

Escuchó el ruido de la puerta abrirse.

-Kate… -la puerta del cubículo donde se había escondido se abrió, dejando paso a un preocupado Castle. Se arrodilló frente a ella. Esta sollozó y todo su cuerpo tembló. El escritor limpió sus lágrimas con sus dedos. –Kate…

-No puedo, Rick, no puedo firmar. Yo no quiero divorciarme de ti. Yo… -se mordió el labio –yo te quiero. Casi me vuelvo loca buscándote. No podía dormir, no tenía hambre, no… solo podía pensar en ti y en lo mucho que me hacías falta. Lo siento, lo siento mucho. Por favor, no me pidas que firme… -le pidió entre sollozos.

-Shh –Castle puso un dedo sobre sus labios. –No. Mírame, Kate. –La cogió de la barbilla para que sus ojos se encontraran. –Yo tampoco quiero divorciarme de ti. Te quiero. –No hizo falta decir nada más, se abalanzó sobre él, abrazándolo. Castle gimió de dolor. Tenía un fuerte golpe en el pecho.

-¿Te he hecho daño? –se separó un poco para mirarlo, preocupada.

-No –le sonrió para reforzar su palabra y volvió a abrazarla, besando varias veces su cuello.

-¿Qué te ha pasado? Te he estado buscando, los chicos y Gates me han estado ayudando pero... no teníamos ninguna pista.

-Tuve en un accidente. No sé cómo pero llegue hasta Ardmore, Pennsylvania.

-Dios, Rick… sabía que te había pasado algo. No debiste irte así, no…

Castle la agarro de la cara cuando notó que se estaba volviendo a alterar.

-Estoy bien. Por suerte, no me pasó nada. Estoy aquí, Kate.

Rodeó su cuello con sus brazos.

-Te quiero –susurró en su oído. El escritor sonrió.

-Yo también te quiero.

Varios minutos después seguían en la misma posición.

-Me encanta estar abrazado a ti pero, está posición es algo incómoda. Me duelen las rodillas –se quejó, divertido Richard. -¿Qué te parece si nos ponemos de pie?

Kate rió y se levantó sin soltarlo.

-Le dije a mi padre que cuando te encontrase, te abrazaría y no te soltaría nunca. –Le confesó Beckett.

-Me gusta la idea. -Sonrió. –Pero, ¿sabes qué más me muero por hacer?

-¿Qué?

-Besarte. –Hizo que Kate lo soltase un poco, lo suficiente para que quedasen cara a cara y poderla besar. Al principio, rozó solo sus labios, deleitándose con esa suave caricia. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se habían besado. Pero cuando sus lenguas se encontraron, el beso, dejó de ser suave para dar paso a una batalla de lenguas.

-Voy a dejar la comisaría –confesó, cuando se separaron con su frente pegada a la de su marido. –Tú eres lo más importante de mi vida. Estos días he comprendido lo que me dijiste.

Rick volvió a besarla.

-No tienes que dejarla, solo alejarte del peligro.

-No –acarició su mejilla –puedo seguir haciendo justicia ejerciendo de abogada.

-Serías una abogada muy sexy. –Los dos rieron ante ese comentario.

-Rick… -titubeó, poniéndose seria. –Me dijeron que te fuiste porque me viste con Demming. –El escritor apretó la mandíbula. –Nosotros solo hablábamos… de ti. Hablamos de cuando colaboró con nosotros y lo celoso que tú te pusiste. Mírame –le pidió, cogiéndolo suavemente de la barbilla. –Yo solo te quiero a ti.

-Pero reías con él y no te importaba su cercanía. Hasta te cogió la mano y le sonreíste. –Se giró molesto. Había entrado en el baño dejándose llevar por su corazón. Ver a Kate así le había terminado de romper el corazón. Se había dejado llevar por sus sentimientos y, ahora, que ella misma se lo había recordado, la rabia había vuelto.

-No. No es lo que crees. Recordamos eso que te he dicho y me cogió la mano para darme ánimos. Me dijo que tú y yo estábamos tan enamorados que estaba seguro que volveríamos. Que todo se iba a arreglar.

El escritor no dijo nada. Ni siquiera se movió, siguió dándole la espalda.

-Por favor, -se abrazó a él por detrás –no te vuelvas a enfadar. Yo… yo no podría soportarlo. Estos días sin ti han sido un infierno y cuando desapareciste… Pensé que me moriría si no volvía a verte. Rick –dijo rodeando su cuerpo para poder mirarlo a los ojos –perdóname. –le pidió con los ojos y la cara llena de lágrimas.

Castle suspiró. No podía verla así. Rodeó su cintura con uno de sus brazos y la estrechó contra su pecho.

-Ya –siseó. –Por favor, no llores más.

-Perdóname –sollozó.

-Te perdono –besó su pelo –pero solo si dejas de llorar. –añadió.

Kate ahogó un sollozó.

-Ya no lloro –dijo todavía con la voz llorosa por el llanto. Rick rió al ver su reacción. –Te quiero mucho, amor –le susurró sobre los labios antes de besarlo.

XXX

–Creo que será mejor que volvamos a casa, a nuestra casa –entrelazó sus dedos con los de ella y se acercó su oído para susurrarle algo –me muero por hacerte el amor.

Kate sonrió y tiró de su mano para salir de ahí.

Fin

Tenía pensado que este fic sería corto. Incluso, ayer mismo acabé de escribirlo. Tampoco creo que diera para mucho más. Pero, creo, no sé si es solo mi impresión, que algunas cosas quedaron un poco "rápidas", pero es que tampoco quería enredarlo más.

En fin, gracias por haberlo leído. Espero que os haya gustado :)