¡Pero si se siente como ayer! No puedo creer que hayan pasado dos años y medio desde que publiqué el primer capítulo de este fic. Dios mío, no tengo perdón, en serio. Mil disculpas para ustedes que han estado esperando por mucho tiempo.
Han pasado muchísimas cosas en mi vida, la principal de todas es que mi hermosa y valiosa computadora pasó a mejor vida y guardé todos los archivos que tenían las anotaciones y la trama de este fic en una memoria… y después perdí la USB. Ya sé, ya sé, fue horrible, me sentí muy mal cuando no pude encontrar el material que tenía para continuar la historia y decidí terminar la que tenía ya casi concluida (A broken love story). Cuando terminé de escribir esa historia me prometí ponerme las pilas para ésta y… no sé qué pasó. La vida comenzó a ponerse muy complicada de repente, la escuela a ejercer mucha presión, conocí a un chico (con quien por cierto soy muy muy feliz desde hace un poco más de un año)… en fin. Cualquier cosa me impedía volver.
Hace poco me vi la serie completa de Hannibal, que es una hermosura visual, con una trama envolvente y con un grado de locura implícita que en serio me hizo alucinar. Cada frase estaba repleta de un significado tan profundo, que entonces recordé que yo escribía jajajaja. De verdad, Hannibal fue mi inspiración para volver con fuerza por estos rumbos. Me leí los fics que tengo publicados para volver a darme ánimos, y ésta historia la leí con cuidado para recordar bien algunos detalles que escribí en el primer capítulo.
Me desanimé un poco porque también recordé que hubo un review por ahí que me acusaba de plagio y, de verdad, lamento mucho si se interpretó así el primer capítulo. En esos tiempos andaba leyendo Viewfinder, así que estaba súper emocionada con el mundo gángster. Por lo tanto, para no caer en lo mismo, voy a modificar gran parte de la historia, es decir, que a partir de éste capítulo nos vamos a despegar completamente de viewfinder y daremos paso a algo original. Sí, seguiré tomando algunos pasajes de la biblia, algunas frases de Hannibal (es que en serio son magníficas), y quizá algunas referencias. Siempre que vaya a hacerlo, tengan por seguro que lo aclararé al principio de los capítulos. También voy a cambiar el nombre del fic y el debido resumen. El nombre será "Rey de picas" (que explicaré por qué en las notas del siguiente capítulo).
Doy mis más sinceras gracias a las personas que se tomaron la molestia de dejarme un review, los leí todos y me siento muy feliz y emocionada. Espero que aún sigan por aquí para que puedan seguir leyendo esta historia. No contestaré sus mensajes por ahora, pero a partir del siguiente capítulo les contestaré a los que se animen a escribirme algo, y a quienes no tengan cuenta y quieran dejarme un review háganlo, les contestaré en las notas antes de comenzar el siguiente capítulo.
Este capítulo número dos ya lo tenía escrito desde hace dos años y medio (antes de que mi lap muriera), así que lo publicaré como está y, después, voy a tomarme algunos días para analizar el rumbo de la historia. Quiero saber si les sigue interesando, si aún confían en mí para seguir con este proyecto porque, después de "El tiempo entre nosotros", espero que este sea mi fic más ambicioso y con más capítulos. Tengo muchísimas ideas para esta historia, de verdad.
Se me olvidaba decirles, también, que sólo estaré publicando la historia en este sitio porque no recuerod mi contraseña en Amor Yaoi :( eso me entristece mucho. Así que si conocen a alguien que me lea por allá, jálenlos para acá jajaja.
Así que, bueno, ya dejo la perorata para que puedan leer el capítulo y nos vemos en las notas finales. Recuerden que los personajes de Marvel no me pertenecen (por desgracia).
Capítulo 2.- Periodista de segunda mano.
"Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él."
Juan 3:17
—No, detente… b-basta… —Tony se retuerce al sentir las frías manos del hombre que le tiene aprisionado contra la pared. Son como un fuego helado que se expande por sus venas pero le duele, le consume. Él trata de quitárselo de encima, pero sus fuerzas están fallando rápidamente y hasta las piernas le tiemblan. Quiere irse ya. Quiere que ese hombre se aleje.
A lo lejos ve la salida, un pequeño punto salvador al final del túnel, y está ideando una forma de escapar, cuando alguien se cruza en su vista: es el rostro Steve Rogers. Está sonriendo de una forma diabólica y son sus manos conocidas las que lo hacen sufrir. Es quien le tortura y le aprisiona contra la pared. Él comienza a desabrochar su camisa y Tony le dice que no, que se detenga, pero Steve no escucha. El rubio lleva puesto un traje de látex negro con un símbolo raro en el centro del pecho: es un escudo con un cráneo rojo y seis tentáculos saliendo de éste. ¿Qué es eso?
Tony se estremece ante el contacto de su piel contra esa tela, y se pregunta cuándo fue que Steve le desnudó. Los dedos del rubio vagan intensamente por su columna vertebral apretándole hasta marcarle la piel y luego se cuelan entre sus nalgas, buscando su orificio para prepararle. Él hace un último esfuerzo por pedirle que se detenga, pero cuando alza sus ojos la escena es horrible: Steve está llorando sangre. Ésta sale lentamente por sus ojos azules que se han vuelto rojos con destellos negros, y él se pregunta qué jodidos está pasando.
El pánico le inunda cuando Steve sonríe de nuevo tras una breve pausa, y sus dientes se transforman en colmillos y sus dedos se introducen en su ano sin compasión, pero tiene uñas afiladas y le desgarra por dentro. El líquido carmesí comienza a correr a borbotones entre sus piernas y Tony grita, grita del dolor mientras se retuerce. Está siendo violado, usado. Ultrajado.
—¡Basta! —él grita, ensimismado por la sangre que hay a su alrededor. Se siente como mil cuchillos enterrándose por todo su cuerpo. Quiere vomitar— ¡Me duele! ¡No, Steve! —
¡No, Steve!
¡NO!
—¡No! —se incorpora gritando, sudando y jadeante, en busca de aire. Se lleva las manos al pecho y se queda ahí mirando a la nada, hasta que se da cuenta que estaba soñando. Que sólo fue una maldita pesadilla —. Joder. —murmura, pasándose las manos por los cabellos castaños y despeinándose, ansioso. Cierra los ojos de nueva cuenta y aprieta fuerte los párpados para no llorar. No. Él no es débil. No va a llorar por un estúpido sueño. Él no…Steve no…
— ¿Joven? ¿Está usted bien? —alguien pregunta al mismo tiempo que le toca suavemente el hombro y Tony salta de su lugar y avienta con fuerza la mano ajena lejos de él. Sus ojos están bien abiertos y se siente perdido y enojado, y todavía tiene miedo. Su corazón aún bombea con rapidez. Luego trata de calmarse y ve que el hombre que se ha acercado es un policía que le está mirando como si estuviera loco—. Lamento interrumpir. —
—No, está bien. Estaba teniendo una pesadilla simplemente. —él trata de formar una sonrisa, pero siente que incluso la piel de las mejillas le duele cuando quiere hacer el gesto. El policía lo mira por varios segundos, indeciso entre si debería preguntarle si ha consumido drogas o no, pero mejor se lo guarda para sí mismo y, en su lugar, dice:
—Lo siento mucho, hijo, pero no puedes dormir aquí. Tienes que irte. —entonces le desea un buen día, y se retira a paso lento con la mirada expectante a los alrededores. Está haciendo solamente su trabajo.
Tony es consciente por primera vez de su entorno y se da cuenta que está en la banca de un parque. Lleva puesta su ropa de la noche anterior y su cámara cuelga de su pecho perezosamente. Todo es igual, como si ayer simplemente se hubiera tomado un descanso. Podría ser feliz si lo que pasó con Steve hubiera sido parte de su pesadilla, pero no lo es porque aún tiene el sabor amargo del semen ajeno en la boca. Y le duele el trasero, cabe resaltar. Y, dándose un poco cuenta de las cosas reales y tangibles, lleva puesto también un saco que no es suyo ni de broma. Lo huele: tiene el aroma de Steve impregnado. ¿Cómo lo sabe? Es difícil olvidar su olor después de lo que pasó. Él hace una mueca al pensar que lleva una jodida prenda de ese estúpido puesta. Pero el día es demasiado frío como para quitárselo, así que se guarda el orgullo para otra ocasión y mejor se abotona el saco. Casi con gracia se da cuenta que está nadando en esa pieza de un traje que debe ser como tres tallas más grande que la suya, y más costoso que, incluso, la casa donde vive.
Él mira alrededor y, por la posición del sol naciente que no calienta a estas horas, deduce que son como las ocho de la mañana. Él se mueve un poco y el cuello le duele por la incómoda cama-banca donde ha pasado las últimas horas durmiendo. Seguro que ese bastardo infeliz lo mandó botar ahí después de que se quedara dormido en su sofá, como si fuera una bolsa de basura. Jodido gánster.
Se pone de pie y, andando a pasos lentos pero seguros, recorre el parque. La luz aún le lastima los ojos y piensa en su sueño y en cómo los ojos de Steve eran rojos, fríos, sin vida. Como si fuera un monstruo. ¿O acaso lo es? ¿Es Steve un monstruo?... Y la sangre que emanaba de sus gemas azules. La sangre que jamás es una buena señal para él. ¿Por qué ha soñado con ese hombre, de entre todas las personas? Él no cree en las premoniciones, pero esto le hace tener un mal presentimiento. Como si de alguna manera, él mismo se estuviera advirtiendo algo.
Una ventisca de aire frío que azota el parque le hace meter ambas manos en los bolsillos del saco y sus dedos tocan algo sin querer. Cuando lo saca se da cuenta que es un pequeño papel con una sencilla nota de caligrafía impecable. Lo lee:
No tienes derecho a deshacerte de mi saco, lo quiero de regreso. ST.
Tony gruñe por lo bajo.
Sí, jodido gánster.
o.o.o.o.o.o
La mañana fría aunada a su estado de ánimo, le hace sentir a Steve que algo va a cambiar pronto pero no sabe qué es. Que algo va a llegar como un huracán a su vida, y se pregunta a sí mismo si eso no ha llegado ya, pero no tiene una respuesta a esa pregunta. Al menos, no todavía.
Está ensimismado, recargado sobre el ventanal de vidrio que le muestra la ciudad de Nueva York desde el piso cincuenta y tres de su edificio de negocios. Las nubes no tienen una forma definida, como si las hubieran difuminado con una goma de borrar. Él se pregunta, como se ha preguntado desde que era niño, si Dios existe. Si hay un ente todopoderoso que vive arriba de ellos. Si hay alguien que ve todo lo que hace, que sabe cuánta gente ha matado, que lleva la cuenta de las mentiras que ha dicho y que sabe cuánta sangre ha corrido por sus manos. Si hay un Dios que, a pesar de saber la clase de monstruo que él es, le perdonaría y lo acogería en su reino sin titubear. Luego se sonríe por sus tontos pensamientos, porque si algo como eso existiera, sería Dios quien tendría que pedirle perdón a él. Quien tendría que rogarle de rodillas su misericordia. Steve no cree en Dios porque estuvo mucho tiempo buscando su rostro, su ayuda. Jamás encontró nada. Dios le negó el camino, le dio la espalda. Así que él tuvo que girar, mirar hacia abajo y encontró al diablo. Al diablo que lo ayudó.
—¿Capitán? ¿Estás ocupado? —él se sorprende un poco por la repentina pregunta que le llega desde la puerta de su oficina. Se gira y no sabe en qué momento ella ha entrado, porque es tan sigilosa como una serpiente y es la única persona que puede ir y venir de un lugar sin ser escuchada. Ella lo mira desde su posición, con una carpeta repleta de papeles entre las manos. A Steve le parece que es una chica hermosa. Siempre le ha parecido eso.
—No, ¿Qué sucede, Nat? —cuestiona, pasándose una mano por la cara para quitarse todos esos pensamientos existencialistas absurdos de la mente. No es momento para esto, hay que ponerse a trabajar. Se afloja un poco la corbata azul y se sienta en la silla de su escritorio, indicándole a ella que tome asiento frente a él. La chica asiente y se acerca, pero antes de sentarse, sirve un poco de whisky en un vaso de vidrio y se lo pasa a Steve. Él lo bebe todo de un solo trago sin parpadear siquiera.
—Tenemos problemas. —su voz suena grave, pero es un timbre que a él le agrada. Le gusta su voz, es sexy y grave. Sin embargo, esas palabras no son precisamente sexys también.
—¿Qué pasa ésta vez? —pregunta, exasperado. Saca un cigarro de su cajetilla y lo enciende con prisa, le da una calada y luego se sirve otra copa de alcohol mientras mira a Natasha sacar algunos documentos de la carpeta que trae consigo. El cabello rojo le resalta demasiado con ese traje blanco que lleva puesto.
—El cargamento de armas llegó al puerto con éxito, pero al contar la mercancía, Sam se dio cuenta que faltaban algunas armas. Son cien en total. No es una cantidad grande, pero-
—Pero es alarmante porque ningún arma debería estar perdida. —él le corta las palabras, tomando otro sorbo de su bebida. Hace mucho tiempo que el alcohol no le hace tanto efecto como antes. Aún puede recordar cuando comenzó a beberlo, el poco aguante que tenía. Ahora puede beber una botella casi sin pestañear, gracias a Natasha —. Si comienzas a quitar piedras de la torre, tarde o temprano ésta caerá, ¿cierto? —él termina, analizando la situación. Entonces sirve un vaso de alcohol para Natasha y espera a que ella lo beba; le da una calada más a su cigarrillo y luego continúa: — ¿Contaron las armas en Londres antes de transportarlas hacia acá? — se echa el cabello hacia atrás elegantemente, en un gesto que se ha convertido más bien en una costumbre.
—Sí, Cap. Nuestros hombres contaron las armas en el puerto de Londres y estaban todas las que te prometieron. — ella dice, saboreando el licor. Luego se pasa un rojizo mechón rizado de cabello por detrás de la oreja y le pasa los papeles que trae consigo—. Todo está en orden, como puedes ver. Las armas desaparecieron antes de llegar al puerto. Sam estuvo esperando en el lugar de encuentro desde un día anterior. No hay ninguna pista de quién pudo haber sido. No había barcos cerca que pudiéramos registrar. —
— ¡Carajo! —rechina los dientes y azota sus puños en el escritorio, enojado. Natasha ni siquiera se inmuta ni parpadea. Ella sigue tan impasible como siempre a pesar del arranque que acaba de presenciar porque conoce a Steve y su temperamento— ¿Quién se atreve a pensar que puede robarme? ¡A mí! ¡A mí! Y debajo de mis narices… —su cabello ha sufrido las consecuencias: sus mechones rubios, siempre en orden peinados hacia atrás, ahora le cuelgan sobre la frente. Steve siente el cuello rojo del coraje. Ya sin mediaciones ni un gramo de la elegancia que lo caracteriza, agarra la botella de alcohol y bebe de ella directamente. Luego vuelve a darle una calada a su cigarro y se pasa una mano por la barbilla, pensando, tratando de tranquilizarse. Necesita hacer un movimiento ya, si no quiere que las armas se sigan extraviando y caigan en las manos equivocadas. No es conveniente para su negocio, y menos ahora que ese mocoso fotógrafo está husmeando en sus asuntos. Si ese niño llega a encontrar las armas perdidas y descubre que son de su propiedad, tendrá problemas. Además, alguien está tratando de jugarle sucio y no lo va a permitir.
—¿Qué quieres que hagamos? Sam dice que puede deshacerse de todos los hombres que transportaban el cargamento sin ningún problema. —menciona casualmente, pero en su voz hay un deje de incertidumbre que Steve nota de inmediato. Lo nota porque han sido años de estudiarla para conocerla. Natasha se acomoda mejor en su asiento y luego bebe otro pequeño sorbo de su bebida, porque no es su costumbre tomar en horas de trabajo: —. Sin embargo, no sabemos si el traidor está entre esos hombres o no… Te desharías de muchas vidas inocentes, dado el caso de que ninguno haya sido el cómplice. —ella recalca.
—Nosotros no matamos inocentes, si es que los hay. —dice él, completamente resuelto—. Dudo que alguien abra la boca si Sam los interroga. Págale a alguien de los empleados que transportaron la carga para que trate de investigar qué carajos pasó. Así sabremos si hay algún cómplice por allí. —se pasa nuevamente las manos por el rostro, por el cabello. Este trabajo no es fácil. No lo es para nada. Luego continúa hablando: —. De todas formas, quiero en mi escritorio mañana a primera hora el historial de cada hombre que estuvo a bordo del barco durante la operación. Si hay algo que no me cuadre, no importa lo que sea, los mataremos ¿entendiste? —le cuestiona, recargándose en el respaldo de su silla giratoria.
—Bien. —Natasha asiente, levantándose con elegancia del asiento de cuero y comienza a recoger los papeles que le había pasado a Steve. Lo siente inquieto, alterado, más de lo normal— Hay algo que te preocupa, ¿qué es, Cap? —pregunta, con voz suave. Steve no es del tipo que le guste hablar de sus asuntos personales, y es muy difícil que él logre abrirse con otras personas. Sin embargo, ella le conoce bastante bien. Los años la han hecho perspicaz con este hombre.
— ¿Borraste las fotos de la cámara de ese niño fotógrafo? —le cuestiona, encendiendo un nuevo cigarrillo. Steve se levanta de su silla y se mueve como una pantera hacia su sofá favorito, toma asiento y alza los pies en la mesilla más cercana. Cuando la mira, Natasha asiente pero le dice que ha guardado una copia de esas fotos en una memoria USB que tiene bajo llave en su escritorio—. Bien, tráeme esa USB, revisaremos qué tanto sabe ese mocoso. —le ordena.
Lo último que escucha antes de sumirse en un completo silencio, es el sonido de los tacones de aguja de Natasha repiqueteando en el piso de madera. Después la puerta se cierra con la misma sutileza con que fue abierta, y Steve se permite a sí mismo el lujo de respirar profundo y relajarse. Necesita un buen descanso, pero este no es el momento, porque quien quiera que sea que le esté tratando de ver la cara de imbécil, se va a topar con pared.
A Steve Rogers nadie puede, ni debe, traicionarlo. Porque quien le traiciona tiene un solo destino: la muerte.
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—Buen día, viejo. —es el saludo que Tony le da a su padre en cuanto cruza la puerta de su casa y se lo encuentra en la sala. Howard está sentado en un sofá algo roído y viejo de dos plazas, y está sosteniendo una cerveza en una mano y en la otra un cigarro a medio consumir— ¿Podrías al menos dejar de ser tan cínico y ocultar esas porquerías cuando estoy aquí? —le regaña, mientras deja su cámara en un lugar seguro lejos de su padre. Luego pasa frente a él, recogiendo la ropa tirada y las latas vacías de cervezas. La casa está hecha un asco, como si vivieran vagabundos ahí.
—¿Para qué? Si de todas formas pronto me voy a morir. No voy a ocultar lo que me gusta sólo porque te molesta. —dice el hombre con la voz ronca, como si nada. Sus ojos apenas se desvían para localizar el estado de Tony y, al verlo bien con una ojeada rápida de pies a cabeza, vuelve su atención al partido de fútbol en la televisión—. ¿Dónde estuviste? —pregunta, más por obligación que por interés.
—Trabajo. —dice Tony simplemente. Ellos no hablan mucho, al menos no de este delicado tema. Howard se mantiene al margen de su trabajo porque "fotógrafo" no es precisamente la profesión que hubiera querido para su hijo. "Eres un chico inteligente, ¿por qué no estudias alguna ingeniería? Te servirá más que andar tomando fotos amarillistas por ahí", solía decirle.
Tony va a la pequeña e incómoda cocina y bebe leche directamente del empaque, luego se limpia la boca con el dorso de la mano y se queda contemplando a Howard desde su posición. Dios, se ve tan demacrado y viejo, con las canas cubriendo sus cabellos, como la nieve cuando empieza el invierno. El estúpido cáncer se lo está comiendo vivo y él no tiene ni un jodido billete para un tratamiento decente, o al menos que haga todo un poco más llevadero para su viejo. Sabe que Howard sufre física y emocionalmente, lo ha escuchado en las noches pegarle a la pared a causa del dolor, lo ha visto cientos de veces maldecirse mientras respira profundo para no llorar. Howard odia la debilidad, así que quiere hacerle creer a Tony que la enfermedad no le duele porque, a sus palabras, los Stark son hombres de hierro. Qué patético.
Termina de sacarse pensamientos ridículos de la cabeza y mejor se va a dar una ducha rápida antes de volver al trabajo, porque de todas formas llegará tarde y Nick va a regañarlo. Así que al menos olerá bien cuando eso suceda.
Mientras el agua recorre su cuerpo desnudo, cierra los ojos y un ligero recuerdo lo atormenta: las poderosas y rasposas manos de Steve Rogers en sus nalgas, sus jodidos muslos de acero, su enorme y gruesa polla embistiéndole con fuerza, castigándolo. El sabor del semen ajeno en su boca, y su viscosidad, su… Dios. Esto es enfermo de su parte. Como si en el fondo lo hubiera disfrutado, como si… no. No y no. Tony comienza a enjabonarse el cuerpo tratando de pensar en otra cosa.
Luego se queda un rato más en la ducha, pensando en el sueño que ha tenido esta mañana. No debería darle tantas vueltas al asunto, pero no puede dejar de hacerlo. Steve Rogers es una incógnita que él quiere descubrir.
Se pone su ropa y se deja el cabello húmedo, pero no tiene tiempo de secarlo porque hay algo que debe hacer antes: necesita saber quién carajos es Steve Rogers. Lo ha visto en algunas revistas, generalmente de farándula, pero a él no le interesan esas cosas así que jamás le prestó atención. Hasta ahora.
Googlea su nombre y comienza a leer una página cualquiera que luce confiable:
—Steve Schmidt Rogers, nacido el 4 de Julio de 1980. Famoso empresario y ejecutivo dueño de una cadena de clubs nocturnos populares… bla, bla… —él sigue bajando porque es información random que no le interesa mucho. Realmente ni siquiera él sabe lo que está buscando acerca de este hombre, hasta que da con un sitio web que tiene información que llama de sobre manera su curiosidad imparable. Él comienza a leer rápidamente todo lo que sus ojos pueden absorber y se queda un poco, o mejor dicho demasiado, impresionado—. Mira esto, Tony. —se dice a sí mismo y luego lee en voz alta—: Steve es hijo ilegítimo del notable general Johann Schmidt. Al parecer tuvo una aventura con una mujer llamada Sarah Rogers. El hombre no reconoció a Steve como su hijo hasta que éste tuvo nueve años, tras encontrarlo después de la muerte de Sarah. Le dio la educación que merecía y Steve estudió Contabilidad y Finanzas en Harvard, donde se graduó con honores. Después volvió a Nueva York para darle apoyo a su padre tras la muerte de su esposa, Clementine, con quien jamás tuvo hijos. Actualmente se ocupa de llevar la administración y dirigir la mayoría de los negocios de Johann Schmidt. Soltero, sin relaciones conocidas ni asociado con alguien por los últimos nueve años… bla, bla… — y hasta ahí termina la información importante.
Tony se queda pensando mucho tiempo, tratando de creer la historia que está leyendo. ¿En serio? Qué suerte haber sido encontrado por su padre años después, ¿no? Su curiosidad digna de un adulto joven lo lleva a investigar un poco de Johann Schmidt pero lo que encuentra es algo relativamente normal: un general jubilado del ejército, quien pasó la mayoría de su vida en la guerra. No hay nada más. Entonces se decide a buscar información de Sarah Rogers, la madre, y lo que encuentra no es, ni por mucho, lo que estaba esperando: amante de Johann Schmidt durante no se sabe cuánto tiempo, y murió repentinamente en un incendio. No hay nada más. Tony frunce el ceño porque en un buscador tan grande como lo es Google, él no puede encontrar más información de ella. No hay fotos, no hay alguna otra información de utilidad. Tony sabe que algo aquí no cuadra, por supuesto que no. Él es joven todavía, pero no es estúpido.
— ¿Quién eres Steve Rogers, y por qué has decidido ocultar el pasado de tu madre? —
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Ya pasa del medio día cuando Tony decide aparecer en la Revista.
Todavía le duele el cuerpo a pesar de haberse tomado unas pastillas, y está enojado porque esos bastardos le borraron las fotos que había conseguido. Todo fue por nada, maldita sea. Está esperando el tiro de gracia: el regaño de su jefe. Así que antes de que manden llamarlo a su oficina, es él mismo quien se presenta y espera pacientemente a que María Hill lo anuncie para que pueda pasar.
— ¿Quién te dijo del contrabando en el almacén del puerto? —le cuestiona al momento que abre la puerta de la oficina del jefe, anunciándose con esa pregunta. Nick Fury está revisando algunos borradores del periódico que saldrá a la venta el fin de semana. Tiene un marcador rojo en la mano con el que corrige algunos títulos que podrían mejorarse para ser más atractivos.
—Buenos días a ti también. ¿O debería decir buenas tardes? Voy a descontarte las horas que faltas a tu trabajo, mocoso. —le regaña, sin inmutarse si quiera por la manera en que ese niño ha irrumpido en su habitación. A Tony Stark le faltan modales, pero él no es quien para enseñarle. La vida misma lo hará—. Fue un colega detective que trabaja en la policía. ¿Por qué? —
—¡Porque no era verdad! —grita, exasperado. Quiere decirle también que toda esa historia fue una maldita trampa para atraerlo a las garras de ese maldito gánster, pero esa información se la ahorra porque no quiere confesar que fue "secuestrado" y que tuvo que hacerle una mamada al líder de una mafia para que lo dejaran ir. Y luego obligado a tener sexo. ¡Sí, obligado, por supuesto! Y también que lo hayan tirado como basura en la banca de un jodido parque en medio de la ciudad. No. Él no perderá la dignidad frente a más personas. De todas formas no es como si le fueran a creer—. Ese hombre te mintió. Cuando llegué anoche estaba todo vacío. Ni una maldita alma ahí. —
—¿Entonces no tienes ninguna foto? —pregunta. Tony niega dos veces, un poco irritado—. Bien, entonces olvida eso, ya saldrá algo más con ellos. —le quita importancia con un gesto de la mano, y Tony quiere, en verdad quiere, preguntarle si tiene alguna relación con Steve Rogers y si él también ha sido cómplice en mentirle. Está a punto de hacerlo aunque algo en el fondo le hace deducir que Nick no es el cómplice de un gánster, pero el teléfono de la oficina de Nick comienza a sonar y éste contesta, escucha pacientemente lo que la persona del otro lado de la línea dice, y luego cuelga. Entonces mira a Tony dos segundos, antes de decirle:—. Necesito que vayas a la guardería infantil del centro, al parecer acaban de robarse a un niño. Sigue el caso, quiero esa primicia. —toma un papel y una pluma y le escribe la dirección.
Tony se pone en marcha en menos de diez segundos, olvidando lo que quería preguntar.
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Llega al lugar del crimen en menos de veinte minutos, pero todo el lugar ya está aglomerado de reporteros que se pelean por entrar a la guardería y obtener información de primera mano por parte del personal. Tony suspira, porque odia esta parte de su trabajo. Así que, con las oportunidades nulas para llegar hasta enfrente y tomar una buena fotografía, decide esperar un poco a que los ánimos se calmen y se va a sentar a una banca de un parque cercano.
Mientras observa a la gente pasar, se pone a pensar nuevamente—qué novedad—en ese estúpido y misterioso hombre. O mejor dicho: en su pasado. ¿Quién es él y quién es su madre? ¿Por qué no hay información de ellos en la red? Se supone que Internet es la máxima fuente de información en pleno siglo XXI, y más si se habla de un personaje público como lo es Rogers. Lo único que hay es información basura repetida en todos los sitios, pero nada de cotilleos, chismes relevantes, noticias importantes.
A lo lejos distingue un puesto de revistas y se acerca sin pensárselo dos veces. Le echa una ojeada rápida a las revistas y decide comprar la que tiene en la portada al inmaculado y perfecto Steve Schmidt Rogers. Guarda rápidamente la revista en su mochila, como si estuviera cometiendo un delito y temiera ser descubierto. Le da dos monedas al señor del puesto y le sonríe nerviosamente. Luego recuerda a qué ha venido hasta aquí y se pone manos a la obra con el trabajo que le ha encargado Nick.
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El día de trabajo es pesado, lo bastante como para mantenerlo entretenido y sin tiempo de mirar por la ventana en toda la tarde. Así que cuando por fin sus ojos se despegan de los papeles de contratos que hay que firmar y algunos ajustes bancarios y financieros, Steve se da cuenta que la noche está cubriendo con su oscuro manto a la ciudad. Se permite un suspiro largo y se quita las gafas de lectura que a veces usa. Ya no es un jovenzuelo, cabe resaltar aunque le duela.
Trata de despejarse por un momento y va hacia su sofá de cuero que lo espera paciente. Sobre la mesilla yace la USB que le prometió Natasha y él no logra recordar en qué momento fue que ella entró a su despacho y la dejó. Cuando trabaja suele perderse en otra realidad que solo él conoce. Es así. Él siempre ha sido absorbido por su trabajo, pero eso le ha llevado hasta donde está y se siente orgulloso de eso.
Sirviéndose una copa de whisky—quizá la doceava del día, ya perdió la cuenta—abre su computadora portátil y mete la USB, sentándose en el sofá. Steve mira detenidamente las fotos en su laptop, una y otra vez y el tiempo pasa y él sigue observándolas, y después de mucho rato casi puede jurar que si cierra los ojos puede fácilmente recordar cada detalle de las malditas tomas del mocoso. Ha estudiado minuciosamente cada captura que ha hecho y, aunque no hay nada en esas fotografías que realmente pueda ayudarlo—o comprometerlo—debe admitir que el niño tiene talento. Sabe lo que hace y tiene buenos ángulos.
Se lleva las palmas de las manos a los ojos y aprieta fuerte, para relajarse. Después se quita la estorbosa corbata y se desabrocha el chaleco gris. Se deja caer contra el respaldo de su sofá de cuero negro y cierra los ojos, sintiendo un dolor punzante en el cuello. No recuerda haber estado tan cansado desde hace semanas.
Está pensando en la temeridad desmedida de ese chiquillo revoltoso y problemático de cabello café y ojos salvajes cuando se pierde en el mundo de los sueños.
El olor fresco de los pinos a su alrededor le tiene ensimismado. Ama el bosque, su naturaleza, sus colores, pero sobre todo ama la paz y la tranquilidad que le trae. Él puede salir a jugar al vasto patio detrás de la pequeña casita donde vive con su madre. Puede correr libremente e ir a jugar con los animales del bosque que a veces se acercan. Generalmente ve liebres y ardillas, aunque un par de veces ha ido lo suficientemente lejos como para observar un venado a veinte metros. Es simplemente sorprendente.
También puede nadar en el lago que está a un costado de la casa, aunque su madre dice que es peligroso hacerlo antes del medio día porque el agua es muy fría y puede hacerlo enfermar, o causarle algún calambre mientras nada. Él no hace mucho caso.
Ese día en específico, él está dibujando en su libreta una idea que se le ha venido a la cabeza: una trampilla para atrapar liebres. Es bastante difícil cazarlas la mayoría de las veces. Su edad, su peso y su falta de experiencia lo hacen aún más torpe. Es un niño de apenas cuatro años así que no puede exigirse tanto, pero él se esfuerza. Está terminando de darle los últimos detalles a, lo que piensa, será una trampa bastante eficaz, cuando el sonido lejano—pero que irrumpe la tranquilidad del bosque—lo hace dejar de dibujar.
Él gira la cabeza rápidamente y corre a subirse al árbol más cercano que encuentra. Es hábil para escalar así que se monta en una rama gruesa y se pone de pie encima de ella, enfocando la vista. Entonces lo ve: una pequeña camioneta de granjero se acerca lentamente por la carretera de tierra dejando tras de sí una polvareda. Él sonríe y su corazón se hincha con alegría. Baja a trompicones del árbol y corre hacia la casa, agitando sus pequeños brazos.
—¡Mamá, ahí viene! —él dice, emocionado y con una sonrisa que no se puede borrar de la cara. Sarah está en la cocina, y tiene las manos llenas de harina cuando le pone atención a su pequeño hijo. Entonces ella también sonríe al palpar la alegría del niño y se limpia las manos en el delantal rosa que lleva puesto.
—Ve a lavarte las manos y la cara, Stevie. Tu papá está llegando ya. —el pequeño niño rubio sonríe y corre al pozo que está detrás de la casa a hacer lo que su madre le ha dicho. Trata de ser rápido pero sus manitas no pueden quitarse toda la mugre de la cara. Cuando termina se seca rápidamente con la playera que lleva puesta y sale corriendo al encuentro con su padre justo cuando éste se baja de la camioneta que ha estacionado ya.
—¡Papá! —grita, completamente extasiado por verlo de nuevo después de un largo mes. Sarah se queda apoyada en la puerta de entrada pero luego sigue los pasos de Steve y va al encuentro de su esposo. El hombre sonríe también y carga al niño con un brazo y con el otro rodea la cintura de Sarah y le da un beso en la boca.
En ese momento, el pequeño Steve piensa que es el mejor día de su corta vida.
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—De verdad, no sabes cuánto me has ayudado, hijo. —una señora se cuelga del cuello de Tony y sus lágrimas le manchan la playera que lleva puesta. El castaño le da palmaditas suaves en la espalda para tratar de consolar a la mujer y luego se separa un poco porque necesita su espacio personal, obviamente.
—Al contrario. —dice él, con voz suave—. Con la información que me ha proporcionado y el dibujo a carboncillo que he hecho de su hijo, estoy seguro que lo encontraremos pronto. Mañana mismo se publicará esta nota en el periódico. —apenas está terminando de hablar cuando la mujer vuelve a arrojarse a llorar a sus brazos y Tony pasa la siguiente hora consolándola.
Después, cuando su sentido de la realidad parece orientarlo, se da cuenta que es de noche nuevamente en la ciudad y siente que es gracioso que el tiempo se escurra de sus manos, sin poder detenerlo aunque quiera. Él piensa en si debería volver a casa esa noche o no, pero prefiere no hacerlo. Así que saca su celular y teclea rápidamente un mensaje para Howard, avisándole que no llegará a casa esta noche. Su padre ni siquiera le responde el mensaje pero Tony ya sabe de ante mano que no lo hará, así que sin esperar respuesta vuelve a las oficinas de la revista Shield.
Durante todo el camino que hace a pie, siente que alguien le sigue. Es extraño, una sensación de nerviosismo que no le deja respirar a gusto y un solo hombre viene a su cabeza: Steve. Dios, que no va a dejarlo en paz tan fácil, ¿cierto? Es como si su fantasma, o su alma, o sus ojos, estuvieran pegados en su nuca, haciéndole saber que está ahí a cada paso que da, aunque se esconda. Y eso le pone los nervios de punta. Se le ocurre una idea y la pone en práctica: se queda parado en una calle no tan concurrida, fingiendo que habla por celular y voltea disimuladamente a todos lados como si estuviera buscando a la persona con quien habla, pero no ve nada extraño: la gente que anda por ahí ni siquiera lo mira porque todos están preocupados en sus asuntos. Y tal vez Tony debería estar haciendo lo mismo. Para seguir el juego sigue entablando una conversación fantasma y luego hace al amago de colgar el teléfono y se lo guarda en el bolsillo del pantalón. Entonces mete las manos en su sudadera y camina a paso rápido hacia su destino.
La sensación de ser observado solo desaparece cuando cruza las puertas de Shield y se siente estúpidamente en casa.
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—¿No deberías estar en tu casa? Has pasado la noche entera aquí. —es lo primero que escucha Steve cuando abre los ojos. Mueve la cabeza y su cuello cruje de una forma un tanto extraña. Él hace una mueca y luego se incorpora mejor en el sillón, frotándose los ojos con las palmas de las manos. Bucky le está mirando de reojo mientras prepara café en la cafetera—. Digo, yo sé que tienes un fetiche con ese sofá tuyo pero es jodidamente incómodo para dormir. —se burla suavemente. Toma una taza y sirve el líquido caliente. Camina hacia Steve y le pasa el café.
—¿Has descubierto algo que pueda ayudarnos? —le pregunta con voz ronca, bebiendo el café recién hecho. Desabrocha dos botones de su camisa para estar más cómodo y respira hondo el olor a café. Definitivamente no puede imaginarse un día sin este líquido glorioso. Bucky niega dos veces con la cabeza—. ¿Entonces qué haces aquí si tienes trabajo? —
Barnes rueda los ojos y se lleva las manos a la cintura por debajo del saco negro. Luego responde sin pausas: —Vine por ti, estúpido. Adivina: ¿Qué día es hoy? Sí, martes. Y son las 11am y no te veo moviendo el culo para ir al hospital a visitar al viejo. — ve a Steve asentir, como cayendo en cuenta que es un nuevo día y tiene cosas que hacer, mientras busca en la mesa y saca un cigarrillo de su cajetilla, pero Bucky se lo quita de los labios antes de que pueda encenderlo. Steve le mira entre ofendido y confundido—. Recuerda que tu viejo odia que huelas a cigarro. —le reprende.
Steve suspira, se pone de pie y se estira. Luego ve rápidamente su celular y, sin pensárselo dos veces, se pone en marcha con Bucky a su lado porque le espera un largo día.
Cuando salen, Natasha, enfundada esta vez en un conjunto de pantalón gris y chaleco rojo, está tecleando rápidamente en su computadora mientras tiene el teléfono en la oreja y habla con alguien a través de la línea. Ella solo desvía tres segundos breves la vista hacia él para desearle los buenos días y luego vuelve a lo que estaba haciendo, sin ninguna expresión en su hermoso y femenino rostro.
—Buenos días para ti también. —responde el rubio bostezando elegantemente. Entonces comienza a dictarle instrucciones sin importarle que ella esté haciendo muchas cosas a la vez, porque sabe que Natasha tiene una excelente capacidad para hacer eso y más—. Voy a salir todo el día y volveré hasta mañana, así que cancela todas mis citas de hoy y reorganiza la agenda de esta semana. Quiero que la información que te pedí esté en mi escritorio para cuando vuelva. Si tienes algo de tiempo comienza a evaluarla, ¿ok?... Iré a visitar al viejo así que no quiero interrupciones de ningún tipo, ya lo sabes, salvo que tenga que ver con las armas extraviadas. Nos vemos. —le dice rápidamente mientras se peina el cabello hacia atrás con los dedos y va caminando por el pasillo de alfombra roja que está desierto. Bucky le sigue un paso detrás, totalmente en silencio.
—Ten un buen día, Cap. —Natasha responde lo bastante alto como para que puedan escucharla, pero no tanto como para asemejarse a un grito.
Ellos se meten al elevador sin decir ninguna palabra y, conforme éste baja, se va llenando de gente que trabaja ahí, con él. Todos le conocen, obviamente, y le saludan con respeto y admiración sinceras, y Steve responde cada uno de los saludos con cortesía y a veces con algo de coquetería cuando son mujeres atractivas que darían lo que fuera por pasar una noche en su cama.
—Vaya, amigo, apuesto a que si no hubiéramos estado cuatro hombres en ese elevador, te hubieras montado una buena orgía con esas mujeres. —le murmura Bucky al oído cuando salen del elevador y mientras avanzan por la recepción directo a la salida principal del edificio. Steve sonríe de lado debido al comentario y le da un ligero golpe en el hombro al otro a modo de broma. Bucky ahoga una risa y se lleva detrás de la oreja un mechón de cabello que se le ha escapado de la coleta baja que lleva. Desacelera el paso para quedar unos centímetros detrás del rubio, pero lo bastante cerca para protegerle con su vida si algo llegase a ocurrir. Entonces desenfunda sus lentes negros y se los coloca, pasando después la mano suavemente por su cadera para asegurarse que trae su arma cargada y lista.
Han sido tantos años de portar un arma, que Bucky ya ni recuerda lo que se siente traerla puesta.
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Tony trabaja sin parar en la nota de la desaparición del niño hasta pasado el medio día, y va a la oficina de Nick Fury y espera pacientemente a que el jefe lea lo que ha escrito. Nick lee todo de una sola sentada y tiene el plumón rojo en la mano izquierda pero no corrige nada y Tony casi suspira de alivio cuando el hombre mayor le devuelve su borrador sin correcciones y le dice que puede mandar de inmediato su nota para la versión final del mini periódico que lanzan cuando hay noticias urgentes.
Tony casi corre a hacer lo que le han dicho y luego, sintiendo que es su deber, va con María y juntos supervisan la edición final del periódico, asegurándose de que su nota quede en el apartado principal para que la gente de la ciudad pueda verla a simple vista.
Quizá es por el tiempo que él pasa ahí metido, o por las veces que lee la nota de su autoría, pero cuando se da cuenta, la noche vuelve a caer sobre el cielo despejado para dar paso a la vida nocturna de la ciudad. No ve a Rodhey en todo el día y tampoco ha comido nada, así que pasa a la cafetería de Shield de rápido y se compra un sándwich para él y otro para Howard. Por último vuelve a su oficina y toma sus cosas y se cuelga la cámara en el cuello. Cuando está abriendo la puerta principal de Shield, prende su celular y… diablos. Tiene tres llamadas de su padre, un mensaje, y luego… cinco llamadas de un número desconocido. Es raro porque Howard jamás se molesta en llamarle, además…
—Hasta que sales de esa pocilga. Llevo más de dos horas esperándote. —le dicen a lo lejos. Cuando Tony alza la vista casi desea regresar corriendo a su oficina y quedarse ahí por una semana pero es demasiado tarde. El hombre que le está mirando fijamente con las manos en los bolsillos de su pantalón negro es nada más y nada menos que uno de los hombres de Steve Schmidt. Es el tipo de cabello largo amarrado en una coleta baja con actitud de chulo. Seguramente su perro fiel, su mano derecha—. El Capitán quiere verte. —le dice como si nada, abriendo la puerta trasera de un coche negro, invitándolo a entrar.
—¿Ah, sí? —Tony se cruza de brazos, aun con la bolsa de los sándwich en la mano izquierda, y se apoya en una pierna, con una actitud totalmente desafiante que a Bucky le resulta cómica—. Pues dile a tu jodido jefe gángster que se puede meter esas ganas de verme por el culo. Ni loco me meto en ese auto. —y sonríe de lado, pero toda su seguridad se tambaleada con una fuerte sacudida cuando Bucky, en lugar de enojarse, se ríe suavemente, con una risa grave y atrayente. Claramente se está burlando de él.
—Si yo fuera tú, cuidaría la forma en cómo hablo, niño. Y también me metería al coche. —le dice tranquilamente, como si tuviera el tiempo del mundo para mantener esta charla sin sentido. A Tony le irrita de sobremanera y no quiere admitir que está comenzando a tener un mal presentimiento.
—¿Por qué debería hacerlo? —cuestiona Tony sin cambiar su posición. Si va a fingir indiferencia lo hará hasta el final aunque contenga la respiración. Sin embargo, no se espera la respuesta que le deja totalmente sin aliento:
—Porque tenemos a Howard. —
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Ey, espero que el capítulo les haya gustado. Me gustaría muchísimo recibir algún comentario de su parte para animarme más a continuar esta historia. Estaré respondiendo sus reviews y tomaré todos sus consejos o sus ideas (si tienen algún sueño guajiro que quieran que escriba en la historia puedo incluirlo sin problema) así que siéntanse libres de dejar comentarios (sean buenos o malos) todo es bien recibido. Recuerden que el título de la historia cambiará, ahora se va a llamar "Rey de picas" así que esperen la actualización con el nuevo nombre y con cambios en el resumen.
Por cierto, si alguno de ustedes quiere platicar conmigo o conocernos más, ¡estaría genial! Pueden buscarme en instagram como "_ricitosdeoreo", o en Facebook como "Mayra Hd'z Galindo", slo mándenme un mensaje para que yo sepa que son lectores de aquí, ya que no suelo aceptar a gente con quien no tengo amigos en común :)
¡Nos leemos pronto!
Espero actualizar antes de navidad, y si no, no se preocupen, volveré jajaja.
¡Felices fiestas!
