Encallados

Capítulo II : Tentador

Las llamas de las antorchas encendidas en la tienda del comandante, combinadas con los colores rojos y oscuros de dicha habitación temporalmente erigida, envolvían el ambiente de una lúgubre tenor.

Por un instante la visión del comandante se nubló en los ojos del príncipe. Una ola incontrolable de emociones y recuerdos los arrastraban en la oscuridad, lo único que quedaban era esa mano y esa voz. Testigos de la cruda e incesable realidad.

Una gran sensación de ser observado con toda la atención del mundo, tal un buitre asechando la muerte de un animal, un animal acorralado debatiéndose entre la vida y la muerte, hasta que se diera cuenta de su inevitable destino y soltará su último aliento junto a su esperanza. Solo que en su caso, no era la muerte física que lo asechaba, no, era algo mucho mas lento y doloroso. Algo que lo perseguía en sus noches de pesadillas, algo que destruía las partes esenciales de su ser, las que lo acompañarían por el resto de sus días.

Su alma, y su mente. Y todo por qué? Por el deseo egoísta y demente de alguien.

A eso se resumía, pura lujuria.

-Veo que empiezas a recordar Príncipe Zuko...-susurro Zhao cerrando la palma de su mano en el hombro del adolescente-

Zuko solo atinó a mirarle en lo que trataba de enfocar su vista. Su corazón latía rápido, su cuerpo entero resentía el efecto de la sangre bombeada cada vez más aceleradamente, sus pulmones parecían no querer cooperar lo que provocó la aceleración intempestiva e antirítmica de su respiración, no corría pero buen lo hubiera deseado. Esa sensación que le helaba la sangre volvía con cada segundo, entumeciendo su cuerpo. No podía escapar.

Sus fuerzas lo abandonaban por más que su mente gritara "No, no te rindas!". Y sin embargo, ya las puntas de sus dedos se habían adormecido. Una señal más que sus confusos pensamientos no terminaban de entender.

-Príncipe, qué le sucede? Se ve pálido- comentó Zhao con un atisbo de burla, pero ya Zuko no parecía estar en la habitación.

Zhao sopesó sus probabilidades por un instante. Iroh estaba a algo de 30 mts de ahí, y si bien lo había enviado a la otra tienda con buenas maneras para que no sospeche, no podía descuidarse, Iroh aún habiendo perdido su título y retirado, podía presentar un grave riesgo si lo subestimaba. Por otro lado, la distancia jugaba en su favor, evitaría que un sonido sospechoso llegara a oídos de curiosos, sin contar que los guardias ocupaban sus puestos a una regular distancia y tenían prohibido aproximarse bajo pena de quemarse por el fuego de Agni si interrumpieran su sesión privada con el Príncipe.

Los riegos eran grandes, aún con todas las precauciones tomadas y sin embargo, estaba aquí, ante él. No quedaba ni siquiera distancia que valiera entre ellos, y definitivamente el joven desterrado no estaba en condiciones de resistirse.

Cuánto tiempo había pasado ya desde la última vez? Oh si... eran ya algo de 2 años y unos pocos meses más. Claro, a los pocos días había vuelto al palacio Iroh y tuvo que reprimir sus deseos satisfaciéndolos de otra manera. Torturando indirectamente al Príncipe, tejiendo intrincados complots e injertando su veneno en su restringido círculo. Tenía que saciar sus deseos de una manera u otra, y sus abusos de naturaleza carnal se volcaron en abuso psicológico, teniendo en cuenta la frágil mente del Príncipe no resultaba difícil predecir los resultados. Y es que en esa efímera temporada Azula se había convertido en toda una aliada, por lo que además de seguir con sus juego seguía congraciándose con su rey.

Se encontró acariciando su barbilla con satisfacción antes de regresar a la realidad. Nuevamente aparecía Zuko ante el, seguía sin moverse pero las llamas alrededor de ambos hombres resaltaban sus lineas, bailaban sobre su figura otorgándole un cierto halo misterioso.

Zhao no podía esperar mas, aunque Zuko parecía mas un cuerpo vacío de toda voluntad en este instante, él sabría como jalar de la cadena de su alma para que volviese y el brillo de sus ojos ámbar rogaran...

Presionó súbitamente su mano que aun permanecía en el hombro del príncipe, y con fuerza lo hizo retroceder hasta que dos pasos más tarde sus rodillas se doblaran y sin más cayeron sobre el extrañamente suave suelo, como si el mismo Agni hubiera designado el encuentro y por ello Zhao había hecho colocar esas alfombras confeccionadas en las remotas islas de la Nación del Fuego.

Estaba encima de él, de su pequeño, o ya no tan pequeño, trofeo de tiempo remotos. Su mano derecha, la más fuerte, aprisionaba sus muñecas. Su mano izquierda apoyada cerca de su rostro hacía que sus alientos solo estuvieran separados porque no presionaba sus labios.

Zuko no se inmutaba, se encontraba vacante, y Zhao solo observaba sus facciones. Solo pensaba en el ser que tuvo ocasión de gozar con anterioridad y una vez más la oportunidad se abría ante el, tenia que tomarla.

Tomarla y disfrutarla. ¿Hasta cuándo no se le volvería a presentar semejante oportunidad? Hoy en día, todo estaba a su favor, y Zuko no haría nada, no podía hacer nada. Su vergüenza no le permitía siquiera pensar en rebelarse.

Finalmente, rendido a la tentación esfumó los pocos centímetros que los distanciaban, y tomando su rostro brutalmente en su mano atacó sus labios.

Esos labios, los recordaba dulces y suaves, inocentes. Esos labios, ahora un tanto más maduros, tallados por la agonía de su destierro, con un toque de sal y amargura, señal de días y noches luchando con la intemperie en su vana búsqueda. Cuanto extrañó esos labios, y esa boca, y esa lengua.

Oh sí. No podía resistirse a poseer a este chico de noble sangre, la misma nobleza que lo convertía en el fruto prohibido pero a la vez al alcance de sus manos.

Y Zuko...revivía en tiempo real sus peores pesadillas, los imborrables recuerdos. Zuko se perdía en su propia mente, sin escapatoria entre el pasado y el presente. Un agonizante camino sin retorno hacia el mismísimo infierno.

- Fin -


Y lo dejo aquí. Si alguien lee esto, gracias y espero no decepcionarlos demasiado…lo sé, estuvo corto, muy corto.