¡Hola Mundo!

En realidad este fanfic no tendría una segunda parte pero se me ocurrió escribir como va cambiando el nivel de cursilería de Smoker con los años. Así, esta sería la "explicación bonita" de la relación de Tashigi y Smoker en un futuro. Debería entonces escribir una tercera parte en algún momento de mi vida, mientras tanto espero que disfrutéis de esta.

Se estaba haciendo viejo.

Lo sabía porque ahora fumaba los puros de uno en uno, porque por primera vez en su vida había aceptado tomarse unos días de descanso o porque ahora su pelo blanco cada vez era más blanco.

O porque de vez en cuando venían a su mente imágenes que años antes habrían sido imposibles: ascensos, noticias, sorpresas...O cuando recordaba aquella mañana de invierno en la que al levantarse, vio a Tashigi con su vieja chaqueta de capitán puesta dejando sólo a la vista sus largas piernas desnudas...y él simplemente se quedó mirándola desde la puerta de la cocina. Incluso cuando aquella escena llegó a ser parte de la rutina, se quedaba allí parado.

Los años no sólo le hacían viejo, se decía a sí mismo, también cursi. A veces. Porque no regalaba flores o le compraba joyas. Su cursilería camuflada no era tan superficial. Era saber que ella le estaba mirando sonriendo antes de abrir los ojos por la mañana y que, aún sin gafas, le veía de todas las maneras posibles. Era el hacer el papeleo juntos a las cuatro de la mañana, ella con sus piernas sobre su regazo y él, casi sin darse cuenta, moviendo los dedos a través de las ondas de su pelo. Era el haber dejado de ser un Vicealmirante de cejo fruncido natural y haber pasado a ser un Almirante accesible para otra persona. Era el recordar esa mañana de invierno y a Tashigi sólo con su chaqueta.

Esa era la máxima cursilería a la que un hombre con tantas cicatrices, visibles o no, podía alcanzar. Entonces se daba cuenta de que hacerse viejo tampoco estaba tan mal.