Fan fic de " Slayers " by Ameban y Natcha. Todos los derechos de autor están reservados a Hajime Kanzaka y Rui Araizumi y Tokyo TV, SOFTX; los personajes y el contexto. El argumento y personajes muy secundarios, son míos. Comentarios y opiniones, al final de la obra.

Esta es un fanficion compartido escrito entre Natsuky Ayanami ( Natcha es su ID en y yo. Se trata de una comedia escrita de "Slayers" escrita entre por partes entre las dos: hay capítulos y escenas escritas por ella y otras por mí y el guión general está un poco hecho entre las dos. Intentamos que no se note qué ha escrito quién, así que adaptamos la forma de escribir de las dos para encubrirlo. La versión aquí expuestas puede no ser la definitiva, ya que la historia no está totalmente terminada. Pero ahora se trata solo de pasar un buen rato y reírse, así que los "flamers" y demás, que se hagan a la idea.

A disfrutar...


Capítulo-2: "Todos juntos en unión hasta darnos el morrón."

-¡Estamos cerca! –Lina parecía realmente confiada en sus sentidos. La mirada de sabueso del guerrero también era de bastante convicción.

-Me dan miedo cuando se ponen así- murmuró Ameria a su acompañante. Zelgadiss miró a la princesa con cara de comprensión justo antes de estornudar.

-Salud –dijo con educación la joven, Zel iba a decir algo cuando volvió a estornudar.- Salud de nuevo. Oye Zel… Creo que alguien debe de estar hablando muy mal de ti en estos momentos…

Zelgadiss miró a la princesa con el entrecejo fruncido.

-¡¡Viene de esa casa! –Lina y Gourry habían salido al claro junto al acantilado y miraban la casa como si se tratase de la tierra prometida, en lugar de una destartalada mansión que amenazaba no solo con caerse en cualquier momento.

-¿No pensareis entrar hay de verdad?- preguntó incrédula la princesa.

-¡Si hay comida por supuesto que si! –exclamó la hechicera pelirroja corriendo hacia la casa seguida por el guerreo.

Zelgadiss se encogió de hombros y ante la incrédula mirada de Ameria se dispuso a seguirles. La princesa dio un paso hacia delante pero piso algo extraño. Miró hacia abajo recogiendo extrañada el trozo de papel arrugado que había bajo su bota. Lo estiró un poco y lo ojeó por encima.

-Zel…-

La quimera se detuvo al comprobar el leve temblor en la voz de la joven

-¿Qué ocurre Ameria? –preguntó ligeramente molesto.

-Creo que no deberíamos entrar…. –le tendió la hoja de papel. Zelgadiss la hojeo durante unos segundos tras los cuales miró a la princesa con una sonrisa.

-¿No iras a decirme que ahora crees en estas tonterías? –tiró el papel y la tomó por la muñeca.

-Pero Zeeeelll….

La quimera se detuvo en las escaleras frente a la puerta principal de la mansión, más que otra cosa debido a que la princesa se había afianzado en los escalones y no podía moverla sin hacerla daño.

-Ameria, ese tipo de cosas son las que se inventan los locales para asustar a los viajeros y bandidos de ruinas, piénsalo bien por un momento… ¡¡Fantasmas! –Señaló la casa y una sonrisa sincera y genuinamente divertida se formó en su rostro- ¡¡¿Crees de verdad que aquí va a haber fantasmas!-

La joven vaciló hurgando avergonzada la tierra con una bota.

-Bien… supongo que no…-

-Pues a dentro, a saber cuanto durará la casa en pie con esos dos locos sueltos sin nadie para controlarlos.-

Ameria levantó los ojos sorprendida hacia la quimera. ¿Había sido eso una broma? No tuvo tiempo para asegurarse. Zel la arrastró hacia el interior.

Ameria todavía tenía un pie en los escalones de la puerta, cuando sintió una corriente de aire frío golpeaba su cara proveniente de la oscuridad. Un leve escalofrío recorrió su espalda cuando además captó un leve hormigueo como de unos dedos jugando con su nuca. La princesa gritó y se abrazó fuertemente al cuello de la quimera. Zelgadiss se quedó tan desconcertado y turbado que no se dio cuenta que a su espalda la puerta se estaba cerrando lentamente hasta que se oyó un fuerte golpe de entrechocar madera y ambos quedaron en la oscuridad más absoluta.

-¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAHHHHHHHHH!- gritó la princesa al borde del histerismo ahora aferrada más fuertemente a la quimera.

-Ameria…. –en la oscuridad se escuchó un susurro estrangulado- …me estás ahogando…-

-Lolo siento… -la princesa soltó lo que tenía aferrado inmediatamente agradeciendo a la oscuridad por ocultar el rubor de sus mejillas.

-¿Dónde estarán los demás? –preguntó para cambiar de tema.

-No lo sé –alzó la mano convocó mentalmente el hechizo de luz, pero nada surgió de su palma- ¡Que extraño!… Ameria…-

-¡Creo que oigo algo! –un segundo de silencio y la quimera sintió como alguien le tiraba de la ropa- veo luz, muy débil pero la veo.

-Pero Ameria, mi magia no…-

-¡¿Queréis algo de comer! -

-¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAHHHHHHHH! –gritó de nuevo Ameria al ver una silueta de aspecto fantasmagórico surgir de la nada

-Vamos Ameria que no es para tanto -Gourry había salido de tras alguna puerta tras el recibidor utilizando la espada de luz como antorcha para conseguir algo de claridad aunque la primera impresión era un tanto distinta- Hemos encontrado un pollo con especias en la cocina. –Incluso en la penumbra podían distinguirse manchas de comida en su cara-Pero si queréis algo deberíais correr antes de que Lina arrase con todo.

-No, si se seguro que ya no…-

-EXTRAÑOS –murmuró una voz femenina en tono sepulcral- EXTRAÑOS EN NUESTROS DOMINIOS.-

-EXTRAÑOS –dijo otra voz, esta masculina pero resultando igual de sepulcral aunque con un leve tinte de incomodidad. Se extendió el sonido de cadenas al ser arrastradas por el suelo en toda la sala.

-Zelelel…. –la princesa se aferró fuertemente al brazo de la quimera. Ésta no se inmutó, el sonido de las voces le era sospechosamente familiar.

-¡¡Qué chicos, ¿nos vamos! –preguntó una jovial Lina que también había surgido de la nada y a la que iluminaba tenuemente la espada de luz como al resto destacando sus pendientes y los amuletos de su ropa.

-¡¿Pero no has oído eso Lina! –preguntó Ameria aterrorizada, sin tratar de ocultarlo por más tiempo.

-¿Oír el qué?-

-PAGAREIS CON VUESTRAS VIDAS EL PERTURBAR NUESTRO DESCANSO.-

-¡¡¡¡ESO! –gritó la joven princesa

-Ameria… me haces daño –murmuró avergonzada la quimera, pero la joven no se soltó.

-Tranquila chica… es sólo el viento filtrándose por alguna hendidura –Ameria la miró con escepticismo. Zelgadiss permaneció callado intentando identificar la voz que le seguía resultando familiar.

Lina arrancó la espada de luz de las manos del guerrero antes de que pudiera decir nada, y vagó a tientas hasta que encontró el pomo de la puerta de salida principal. Lo giró pero éste no cedió.- Me temo que la puerta está atorada, en las casas viejas suelen ocurrir éste tipo de cosas.

-NUNCA SALDREIS CON VIDA DE AQUÍ.-

-¡¡¡Ayyy! -Ameria saltó en el sitio- ¡¡No puede ser el viento Lina, además ALGUIEN me ha pellizcado el TRASERO! –la princesa miró de forma sospechosa a la quimera, que no la prestó atención.

-¡Claro! –los ojos de Zelgadiss se abrieron de par en par al reconocer de qué se trataba; la voz no era igual, por eso había tardado en reconocerla, pero se le aproximaba bastante… aunque era imposible. La voz pertenecía a un muerto.

-VUESTRAS ALMAS VAGARAN ETERNAMENTE.-

-¿A dónde vas Zelgadiss? –preguntó la hechicera pelirroja

-NO PODEIS HUIR.-

La quimera no contestó, se dirigió siguiendo el sonido de las cadenas que cada vez se hacía más fuerte y las voces más profundas hasta detenerse ante una puerta. Los demás le siguieron intrigados y permanecieron expectantes cuando esta la abrió.

-¡¿PERO QUÉ!…-

En la penumbra de la sala recién descubierta, un par de siluetas se volvieron hacia los recién llegados, una de ellas chasqueó la lengua.

-Pues vaya…-

-¡¿Qué demonios haces tu aquí! –preguntó la quimera con furia y odio goteando en cada palabra- ¡¡Deberías estar pudriéndote en el infierno, bastardo!-

-¿Qué ocurre Zelgadiss? – Lina avanzó hasta situarse junto a éste, sus ojos pestañearon en una mueca de perplejidad sumada a la incredulidad seguida del estupor- ¡¡¿Pero qué! –preguntó emulando a su antecesor.

La espada de luz fluctuó débilmente proporcionando una tenue luz en la habitación. Rezo murmuró algo incómodo retirándose unos extraños aparatos de los oídos mientras Eris soltaba de mala gana un micrófono tirando de los cables de éste hacia el suelo. Se produjo un silencio tenso hasta que los sonidos de cadenas al ser arrastradas por el suelo llenaron de nuevo la casa.

-Eris…. –la mujer cabeceó débilmente al Monje Rojo, se puso de pie y tras encender un par de lámparas de aceite que pendían de la pared con el mero toque de su dedo, se aproximó ahora en una habitación bastante bien iluminada, aún extraño aparato lleno de cristales iluminados de diferentes colores. Manipuló un par de ellos y el sonido de cadenas ceso.

-¡¿QUÉ DEMONIOS OCURE AQUÍ! –exigió saber Zelgadiss que apenas podía controlar su temple.

-¿Parece que no te alegras mucho de ver a tu abuelo? –comentó con indiferencia el Monje Rojo se puso de nuevo en pie y se sacudió los ropajes.

-Señor Rezo, ¿Qué debemos hacer ahora? –Eris rebulló intranquila- Esto no estaba previsto.

-¡¿Qué no estaba previsto! – Las manos de la quimera temblaban por el estupor y la indignación.

-No, pero ya no es asunto nuestro, sólo veníamos a sustituir a los habituales, esto no nos concierne –contestó el Monje Rojo ignorando por completo a su nieto rojo de furia, al igual que sus ropajes.

-Lina… -Gourry tiró levemente de ella hacia atrás- ¿Quién es ese hombre y porque Zel parece tan enfadado con él?-

La hechicera pelirroja suspiró cansada y murmuró por lo bajo:

-No lo entiendo, pero yo diría que es Rezo… El auténtico, no un clon.-

-¿Y por qué pareces tan sorprendida Lina, que pasa con ese tal Rezo para que todos incluso Ameria estéis tan sorprendidos?-

Lina no pudo suprimir una colleja

-¡¡¿Estas tonto o qué! ¡¡Pues porque se supone que está muerto! –murmuró alzando la voz por pura desesperación- ¡¡Nosotros mismos le matamos ¿no te acuerdas!-

-Eso es cierto estimada Lina -comentó en tono despreocupado el sacerdote rojo a su espalda. Tanto ésta como la quimera pegaron un bote en el sitio. -Pero la muerte es un termino que los humanos no alcanzamos a comprender con claridad hasta que la aceptamos como nuestra. Tiene bastantes posibilidades.-

-¿Y NO HABÍA NINGUNA DE AGONIZAR ETERNAMENTE? –preguntó furioso, pero a su vez confuso Zelgadiss reticente a utilizar la fuerza. No podía olvidar que Rezo siempre había tenido más poder que él.

-Siempre tan escéptico mi querido Zelgadiss, me alegra ver que nada ha cambiado en mi ausencia.

Zelgadiss estaba perdiendo la paciencia, entonces se hizo eco de un portazo al otro lado de la casa.

-Señor Rezo, viene más gente. ¿Qué hacemos?-

-Déjalo, ya no tiene importancia.-

-¡¡¡Chicoooss, ¿Dónde estáis? –la voz se trataba inconfundiblemente de la de la mujer dragón- ¿chicoooosssss, ¿estáis aquí?-

No hubo ningún tipo de respuesta, en la sala se miraron los unos a los otros excepto Zelgadiss que continuaba mirando duramente al sacerdote sin saber muy bien como actuar.

-¿Ves, ¡te lo dije! Aquí no los íbamos a encontrar – comento la voz cantarina del mazoku- La casa esta deshabitada lo que quiere decir que aquí no hay comida y por lo tanto, aquí no pintan nada. ¡¡Ese oráculo tuyo es una autentica estafa, Philia! –risas jocosas por parte del sacerdote.

Silencio. Gruñidos. Golpes secos.

Estruendo.

-No veeeooo naaadaaa –Martina trató de escudriñar más en la oscuridad de la sala desde una ventana abierta en el segundo piso, que formaba el tejado.

-¿Por que no lo dejas ya? –la Serpiente Blanca gateó hasta su lado y bostezó aburrida mirando hacia el interior- No se ve nada, apenas se oye… si por la mañana no han salido daré mi trabajo por finalizado. Me pagas y me voy.-

-Pero todavíiiiaaaa no sabeeemos que está pasaaandooo ahí dentrooo, ¡yo quiiieeero enteraaaarme!

-Pues entra dentro de la casa –propuso cómicamente Naga a una aterrorizada princesa. Esta la miró de hito en hito y negó rotundamente con la cabeza.

-Ni loooca me meto ahí dentrooo –Martina volvió a su que hacer con la ventana y la Serpiente Blanca comenzó a reírse estrepitosamente.

-¡¡Pero que miedica no me dirás que realmente crees que la casa está embrujada!-

-Puuueees claro que si.-

Una idea maliciosa pasó por la mente de Naga. Quizá una pequeña broma…

Convocó una pequeña corriente de aire frío que azotó la espalda de la princesa, ésta estaba tan absorta buscando cualquier tipo de movimiento dentro de la casa que no lo advirtió pero cuando la Serpiente Blanca recorrió su espina dorsal con un dedo y acto seguido murmuró sombríamente: "Todos moriréis" Martina pegó un alarido cayéndose por la ventana hacia abajo… no sin antes aferrar el cabello de la hechicera y arrastrarla consigo hacia el interior.

Estruendo.

-¡¡¡AAAHHHHHHHHHHHHH! –gritó una histérica princesa de Zhoana en su caída vertiginosa, aunque ambas toparon con algo blando.

-¡¿Qué ha sido eso! –preguntó Ameria asustada corriendo hacia la habitación contigua según se superaban las escaleras al primer piso. Los demás excepto Rezo, Eris y Zelgadiss la siguieron. La aprendiza de Rezo volvió a manipular el extraño aparato de cristales luminosos cabeceó y tanto ella como el Monje Rojo abandonaron también la habitación. Zelgadiss permaneció sólo unos segundos, gruñó algo incoherente y les siguió hacia la habitación grande del fondo.

-Ay, ay, ay….- surgió un quejido lastimoso de la masa humana (por así decirlo) que se había formado en mitad del salón del caserón abandonado y medio derruido ahora visible por una luz blanquecina, entre los que se podían distinguir Xelloss, Philia, alguien parecida Martina y otra silueta de proporciones considerables.

-¡¡¿Pero que a pasado aquí! –preguntó furiosa Lina dando patadas a un brazo que sobresalía.

-¡¡¿Quién es el osado que se atreve a atacar a NAGA, la SERPIENTE BLANCA! –La mano afianzó el tobillo de la hechicera pelirroja y tiró de ella haciéndola perder el equilibrio cayendo de espaldas. Una mujer surgió del manojo de carne adquiriendo una pose prepotente y altiva. Alzó una mano hacia su boca e iba a comenzar a reírse cuando se fijó realmente en quien había tirado al suelo.

-¡¡¿Lina! –un leve temblor se fijo en su ojo derecho. La hechicera pelirroja se puso en pie de un salto y cargó a su espalda tratando de ahogarla.

-¡¡Cuánto tiempo, Naga!….. –comentó en una sonrisa falsa y forzada en sus labios. La Serpiente Blanca arremetió un codazo que pegó de llenó en la hechicera pelirroja.

-¡¡Si, mucho tiempo! –confirmó la otra arrancándose a Lina de la espalda y lanzándola hasta estrellarla contra una pared. Acto seguido la hechicera pelirroja estaba de nuevo en pie y volvía a por ella.

-¿Alguien sabe que está ocurriendo aquí? –preguntó Zelgadiss cuya atención se había desviado momentáneamente del Monje Rojo.

-¿A lo mejor es una amiga de Lina? –propuso el guerrero rascándose sorprendido el cabello.

Ameria estaba demasiado ensimismada mirando con fijeza a la desconocida como para decir una sola palabra.

-¡¡¡AAAAAAHHHHHHHH! –gritó Martina cuando recobró plenamente el conocimiento. Se puso en pie y corrió hacia la puerta principal por donde (casi)todos habían entrado antes, tiró de ella, la empujo y lloriqueó dándole patadas pero ésta no se abrió. -¡¡Que mi queeeeriiiido Zooomeeeester me prooooteeeeja! –lloriqueó histérica tratando vanamente de abrir una ventana de cristales opacos que se confundía fácilmente con una pared.

Philia por otro lado gritó algo incoherente, sacó su maza y empuñándola con determinación golpeó de forma reiterada al demonio que la sonreía con un dedo alzado.

Rezo y Eris se miraron mutuamente y sus rostros adquirieron una mueca dispar.

Con todo el estruendo formado en la sala, entre los gritos, las voces, los alaridos, las risas estridentes, las miradas de odio y los rezos a Zomester, una voz callada, casi imperceptible creo el silencio absoluto en la sala.

-¿Gracia? –preguntó tímidamente Ameria a la joven de medidas envidiables que saltaba divertida sobre la hechicera pelirroja.

Todo el mundo centró su atención en la princesa y posteriormente en la mujer. Naga parpadeó confundida y tras unos momentos de confusión preguntó de forma dudosa: ¿Ameria?

-¡¡Hermana! –gritó alegremente la princesa aferrándose a la cintura de la hechicera. Naga la abrazó hasta casi dejarla sin oxígeno. Un abrazo que no tenía nada que envidiar con los de su padre.

-¿Pero cómo? –preguntaron las dos al unísono y estallaron en carcajadas (normales)

-¡¡Auxilio! –gritó Lina debajo de ellas. Ameria saltó de inmediato hacia otro lado avergonzada, Naga bajo a regañadientes no sin antes pisarla la cabeza.

-¡¡¡QUIERO SALIR! –lloriqueó de nuevo la princesa de Zhoana corriendo hacia el salón a toda prisa.

Miró absorta a todos los presentes reunidos en lo que debía ser el Salón principal de la planta baja, y al ver a Philia tomando una taza de té de forma nerviosa corrió hacia ella para aferrarla por la camisa y zarandearla histérica. -¡¡NO HAY SALIDA, ¡¡¡¡MORIREMOS TODOS AQUÍ DENTRO!-

Philia miró extrañada a la joven de cabellos turquesa, se puso en pie y trató de abrir la puerta. El pomo no giró y la puerta tampoco emitió sonido alguno. Soltó despacio el pomo y tras suspirar de forma delicada rugió arremetiendo contra la puerta armada con su maza y lanzando rayos por la boca.

-¡¡Así Philia! –animó el mazoku divertido a su espalda- ¡¡Demuestra tus encantos femeninos!-

La mujer –dragón se giró de forma violenta lanzando rayos por toda la habitación en un esfuerzo inútil de alcanzar a Xelloss que saltaba constantemente de un lugar a otro, colgándose de las paredes y ocultándose tras la gente. La sala se lleno de explosiones precedidas de humo y gritos que sólo cesaron cuando Philia casi taladra la cabeza del Monje Rojo después de que el mazoku le utilizara como escudo ante ella. No le dio de lleno, pero le quedo un bonito peinado. Rezo frunció duramente los labios de forma imperceptible para el resto a causa del humo que apenas se podía ver más allá de un par de centímetros.

Más explosiones y más humo.

Los rugidos de furia contenida de Philia y las risas del demonio taladraban la cabeza del Monje Rojo. Un tic se instaló en sus ojos brevemente

-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡BASTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! –grito Rezo fuera de si.


Continua en el Cap-3.