.
Capítulo 2: Ok…let's do it!
.
Lunes (por la noche):
Hacía rato ya que la televisión estaba encendida, aunque Gohan no parecía estar prestando demasiada atención al programa en pantalla. Recostado sobre el sofá de la sala de estar, con ambas manos cruzadas detrás de la cabeza, el joven Son dejó escapar un tenue suspiro, observando fijamente hacia el techo. Se había sacado el chaleco y los zapatos, luciendo solo la camisa blanca y los pantalones marrones a juego. Recostado allí, sin ánimos de levantarse, se daba cuenta de cómo la charla que había tenido con Videl aquella tarde se negaba a abandonar su cabeza. Por un lado, se sentía más que contento por la repentina muestra de cariño que ella había tenido al abrazarlo de ese modo, pero, por el otro, no podía olvidar la cuestión del torneo de las artes marciales.
"Videl quiere que la entrene…"
Volvió a suspirar, cerrando los ojos.
Había aceptado, claro que lo había hecho. Y sabía que aquello no debía suponer ningún inconveniente para él, pues era algo que le daría la perfecta oportunidad de pasar dos largas semanas junto a ella cuando las clases hubieran acabado. Eso era bueno, pues había temido que su extrema timidez le impidiera verla durante las vacaciones.
Sin embargo, había algo que muy a su pesar lo incomodaba. Ya en la escuela, rodeado de gente a todo momento, no podía evitar comportarse como un imbécil cada vez que estaba a su lado. La perspectiva de pasar tanto tiempo a solas con ella en el medio de las montañas (porque estaba seguro de que el entrenamiento se llevaría a cabo allí mismo, en su hogar) lo ponía bastante más inquieto de lo que se había esperado. ¿Qué debía hacer? ¿Cómo debía comportarse? ¿Qué debía decir?
¡Maldición!
No era ningún secreto para nadie, por más que intentara hacerse el indiferente, que él se sentía atraído por Videl. Más que atraído en realidad. Y esa inseguridad que lo invadía cada vez que la veía, a él, que había participado en batallas en las que se decidió el destino del universo, no contribuía en absoluto a hacerle sentir que, quizás, aquella era la oportunidad que había estado esperando.
Gohan se incorporó, sentándose sobre el sofá con los brazos cruzados. Bueno, quizás no corriera el riesgo de hacer el ridículo como siempre mientras no se saliera del papel de maestro. Asintió con la cabeza, como si quisiera convencerse de su brillante conclusión. Claro que sí, eso funcionaría. Aunque, en realidad, tampoco le agradaba mucho la idea de permanecer estancado en ese papel…
— ¿Sucede algo, hijo?
Gohan volteó con algo de sorpresa, topándose con su padre de pie junto al sofá. Frunció un poco el ceño al verlo vestido de un modo tan…inusual. Goku lucía una prolija camisa blanca, un par de pantalones negros y una impecable corbata gris.
— ¿Qué haces vestido así?
Goku rio, llevándose una mano detrás de la cabeza.
—Pues bueno, tu madre y Goten fueron a casa de Bulma hoy, y ella me convenció de ir a cenar cuando hubiera terminado mi entrenamiento de la tarde. ¿Vienes?
Gohan negó con la cabeza, volviendo a recostarse sobre el sofá.
—Te lo agradezco, pero mañana tengo que levantarme temprano para ir a la escuela. Es la última semana, ya sabes…
Goku asintió, mirándolo fijamente.
—Bien. Pero dime, ¿pasa algo?
—Ehhh no, ¿Por qué lo dices?
El mayor de los Son se encogió de hombros, acomodándose la corbata, la cual parecía molestarlo a sobremanera.
—No lo sé, solo me dio esa impresión. Bueno, nos vemos luego hijo.
Gohan no supo por qué, pero en ese momento se levantó rápidamente, volviéndose a sentar en el sillón.
— ¡Espera un momento, papá!
— ¿Qué ocurre? —Goku volteó hacia él, con una expresión de sincera curiosidad en el rostro.
—Emmm…verás…—Gohan vaciló, pensando detenidamente lo que iba a decir—. Pues sucede que un nuevo torneo de artes marciales se celebrará en tres semanas, y…Videl me pidió que la entrenara.
Goku pareció alegrarse de verdad al oír aquello.
—Vaya, ¿y por eso te veías tan preocupado? ¡Son excelentes noticias, Gohan! Me alegra ver que Videl quiere seguir probándose a sí misma; estoy seguro de que aprenderá muchas cosas de ti.
Gohan asintió, sonriendo levemente.
—Sí, supongo que tienes razón…
—Claro que la tengo—contestó alegremente su padre, abriendo la puerta que daba al exterior de la casa—. Además, tal vez tú también termines descubriendo algunas cosas.
Gohan observó confuso como su padre cerraba la puerta, dejándolo completamente a solas en la casa.
"Tal vez tú también termines descubriendo algunas cosas"
Puede que Gohan no fuera el muchacho más avispado sobre la faz de la tierra, ni mucho menos, pero no hacía falta pensar demasiado para darse cuenta de que su padre había querido decirle algo con esas palabras. Eso sí que era extraño. ¿Su padre intentando darle consejos sobre mujeres? Quién lo hubiera dicho…
Relajando su espalda contra el sofá, Gohan sonrió ampliamente, cambiando el canal de la televisión.
Sí. Tal vez podría sacar algunas cosas en claro de lo que acontecería en los próximos días.
. . .
Martes:
—De esta manera, de acuerdo a la estrategia de enfoque o concentración, la empresa puede obtener rendimientos superiores satisfaciendo más eficientemente las necesidades de un mercado específico, lo cual logra a través de una posición de costos bajos en ese mercado, una gran diferenciación, o ambas cosas.
El profesor asintió complacido ante la correcta exposición, anotando algo en su libreta.
—Perfecto Gohan, de nuevo apruebas con la más alta calificación. Puedes tomar asiento.
Gohan inclinó levemente la cabeza, encaminándose hacia los escalones que conducían a la sección superior del aula. Los murmullos resonaron en torno a él a medida que se acercaba a su lugar, lo cual no le pasó desapercibido en absoluto.
— ¿Escucharon eso?—oyó decir a uno de sus compañeros—. La más alta calificación…era de esperarse de Gohan.
—Sí, es imposible seguirle el ritmo—comentó otro—. Se encuentra en otro nivel, en todas las asignaturas…
— ¡Sí! ¿No es adorable?—aportó una de las chicas—. ¡Tan apuesto como inteligente!
Gohan se rascó nerviosamente una mejilla, intentando hacer caso omiso de los comentarios de admiración de sus compañeros. No tuvo demasiado éxito. En cuanto se sentó en su pupitre, ubicado junto al de Videl, una ola de cuchicheos femeninos le llegó desde las filas a sus espaldas. Videl se cruzó de brazos.
—Así que admiradoras, ¿eh?
Gohan la observó abochornado.
—Por favor… No digas eso…
— ¿Y por qué no? —replicó alegremente Erasa, asomándose por detrás de Videl—. Es lo más normal del mundo tratándose de una dulzura como tú, Gohan.
Videl echó una fulminante mirada a su amiga, y una similar al semi-Saiyajin al ver como éste sonreía estúpidamente, llevándose una mano detrás de la cabeza. Erasa contuvo una carcajada al ver la reacción de su compañera, guiñándole un ojo a ambos con picardía.
—Vamos, chicas—comentó el siempre altanero Sharpner, cruzando ambas manos detrás de su cabeza—. No irán a creer que Gohan es más popular que yo, ¿verdad? Eso sí que sería tener mal g…
—Oye, Gohan. —Las palabras de Sharpner fueron interrumpidas por una de las muchachas sentadas en la fila detrás de ellos—. ¡Esa exposición estuvo genial! ¿Podrías explicarnos un poco a mí y a mis amigas en el recreo?
Gohan se rascó nuevamente la mejilla, observando de la inesperada chica a Videl, cuyos ojos azules lo perforaban como un taladro.
—Ehh…sí, claro, supongo que no habrá problema…
— ¡Genial!—exclamó la muchacha, observándolo con ojos brillantes—. ¡Le diré a mis amigas!
—Mmm…de acuerdo.
Mientras la chica y su grupo de amigas celebraban exaltadas, Videl resopló despectivamente, desviando la mirada hacia el pizarrón con ambos brazos cruzados sobre el pecho. Gohan la observó confundido.
— ¿Sucede algo, Videl?
La alegre carcajada de Erasa no tardó en llegar a sus oídos.
—Hay Gohan, eres tan tierno e inocente…no serías capaz de ver el mar aun estando parado en medio de la playa.
— ¿Y qué demonios significa eso?
—Ushhhhh…olvídalo.
Gohan se encogió de hombros, centrando su atención en Videl nuevamente.
— ¿Te encuentras bien?
Videl lo observó de reojo, sonriendo agriamente.
— ¡Oh, Gohan! ¿Por qué no me explicas un poco a mí también en el recreo? —susurró en tono sarcástico, alzando ambas manos en el aire.
El Saiyan parpadeó varias veces, observándola de arriba a abajo. ¿El mar en la playa?
—Si no te conociera tan bien…diría que estás celosa—comentó en voz baja.
Videl lo atravesó con una altanera mirada.
—Eso quisieras…
—Además—prosiguió Gohan, haciéndose el inocente—, ¿qué tendría que explicarte? El profesor ya te tomó la lección, y aprobaste.
La muchacha no tuvo respuesta para eso. Se limitó a sonreír un poco, observándolo de reojo con picardía. Él también sonrió, gustoso de ver que volvía a ser la misma de siempre.
—Oh, ya veo lo que ocurre aquí—dijo en tono gracioso—. Estás enojada porque saqué mejor nota que tú en el examen, ¿verdad?
Ella le dio un suave puñetazo en el hombro.
—Ya veremos si sigues diciendo eso en la clase de educación física.
— ¡Desafío aceptado!
Videl ensanchó aún más su sonrisa, complacida. Sin embargo, no tardó en entornar un poco la mirada, entrecerrando los ojos.
—Dime… ¿de verdad vas a explicarle a esas chicas durante el recreo?
Gohan se llevó una mano detrás de la cabeza con cierto nerviosismo. Se había convertido en un acuerdo tácito entre ambos almorzar juntos y compartir el tiempo del recreo. Pensando lo que pensaba, y sintiéndose como se sentía, no parecía del todo correcto dejarla plantada para explicarle algo a un grupo de niñas escandalosas, más teniendo en cuenta que, de seguro, a ellas no les importaba en lo más mínimo dicha explicación.
—Mmmm…supongo que no será necesario—dijo finalmente—. Puedo prestarles mis apuntes y listo.
— ¡Allá arriba!—exclamó de repente el profesor—. ¡Guarden silencio de una buena vez!
Gohan y Videl se hundieron en sus asientos, sumamente avergonzados. No obstante, cuando el profesor reanudó la lección, ambos compartieron una última mirada de soslayo. No pudieron evitar sonreír nuevamente.
.
— ¡Vamos Gohan!
— ¡Sí, ánimo Gohan, tú puedes!
— ¡Consigue el primer home run para nuestro equipo!
— ¡Adelante!
Gohan avanzó lentamente hacia la posición de bateo, sonriendo con algo de vergüenza. Aquella era la última clase del día, educación física, y todos parecían muy ansiosos por verlo desplegar sus habilidades como bateador. En el extremo opuesto del campo de juego, Videl lo siguió atentamente con la mirada, sonriendo desafiante.
— ¿Ese es su jugador estrella? —preguntó uno de los chicos de primer año, observando el juego desde la banca de suplentes—. No parece la gran cosa.
— ¡Ja! Eso es lo que dicen todos—exclamó Erasa, cruzándose de brazos con una gran sonrisa—. Espera a verlo en acción.
Gohan se colocó en posición de bateo, acomodando la visera de su gorra deportiva. Como en cada clase de aquella asignatura, llevaba una holgada camiseta azul de manga larga, junto con un par de pantalones negros. Varios metros por delante de él, Sharpner sonrió desafiante, pasándose una mano por su larga cabellera rubia.
— ¡Aquí voy, Gohan! ¡No creas que la tendrás tan fácil esta vez con mi famosa bola curva!
Gohan sonrió, afirmando su agarre.
—Cuando quieras, Shapna.
— ¡Aquí voy!
Echando un brazo hacia atrás, Sharpner arrojó la pelota a una increíble velocidad, seguro de haber superado los finos reflejos de su contrincante. No obstante, en el último segundo, Gohan reaccionó de manera explosiva, golpeando la bola con un batazo espectacular. La pequeña pelota atravesó el campo de juego como una bala de cañón, elevándose varios metros por sobre el nivel del suelo. Gohan no tardó en echar a correr tranquilamente hacia primera base, extendiendo ambos brazos hacia arriba con los dedos índice y mayor en forma de V.
— ¡BIEN!
— ¡Así se hace!
— ¡Home run!
Aquellas fueron algunas de las emocionadas exclamaciones de sus compañeros de equipo, los cuales chocaron palmas y alzaron puños en el aire.
— ¡Maldición!—protestó Sharpner, arrojando su guante al suelo.
— ¡Vaya!—se asombró el muchacho de primer año—. Ese flaquito sí que sabe batear…
Erasa soltó una chillona carcajada, cruzándose de piernas en la banca.
— ¿Acaso no te lo dije? Ustedes los de primero tienen mucho que aprender aún. ¡Gohan es…! —La chica calló repentinamente sus palabras, abriendo los ojos como platos—. ¿PERO QUÉ DIABLOS?
Tanto Erasa como todos los presentes observaron asombrados hacia arriba. Sobre sus cabezas, contra el intenso azul y blanco del cielo, Videl se encontraba suspendida unos ochos metros por sobre el campo de juego… ¡y en su diestra sostenía la pelota que Gohan acababa de golpear!
—Bien… ¡Aquí voy!
Sin perder un segundo, la joven arrojó la pelota a toda velocidad hacia segunda base, donde uno de sus compañeros de equipo la tomó ágilmente, eliminando a Gohan antes de que lograra llegar a salvo.
— ¡Out! —exclamó el árbitro, abriendo ambos brazos hacia los lados.
Todos guardaron un profundo silencio, contemplando anonadados la escena. Gohan, en cambio, observó con una gran sonrisa como Videl descendía hábilmente sobre sus pies, desatando de inmediato una avalancha de aplausos y exclamaciones.
— ¡WOW, increíble Videl!
— ¿Vieron el salto que dio para alcanzar esa pelota? ¡Fue fantástico!
— ¡No podía esperarse menos de la hija del gran Mr. Satán!
—Veo que no bromeabas en la clase anterior, Videl—comentó con toda sinceridad Gohan, rascándose la nuca—. Eso estuvo muy bien. Neutralizaste totalmente mi home run.
Videl lo señaló como si le apuntara con una pistola imaginaria, guiñándole coquetamente un ojo. Gohan rio en forma nerviosa, con las mejillas visiblemente sonrojadas.
—Pero mira a esos dos—bufó Sharpner, acercándose a Erasa con el ceño fruncido—. ¿Ni siquiera en el campo de juego dejan de coquetear un minuto?
— ¡Hay, sí!—exclamó la muchacha rubia, entrelazando ambas manos a la altura del rostro—. ¿No son adorables?
— ¡Bahhhh!
. . .
Gohan acomodó cuidadosamente sus libros en el interior de su casillero, ajustando la correa de su mochila. Aquel había sido un largo día… Entre los exámenes y lecciones de las tres primeras clases y la hora extra de educación física, sin mencionar que Erasa y Sharpner no los habían dejado solos un segundo durante el almuerzo y el recreo, casi no había tenido tiempo para hablar tranquilamente con Videl. Suspiró, observando la fotografía colgada en la cara interna del casillero. En verdad se veían bien en ella. Al verla, siempre había sentido como si…se complementaran. Sonaba increíblemente cursi, pero, así y todo, en el fondo sabía que era cierto. Quizás si él…
—Un juego cerrado el de hoy, ¿eh?
Gohan cerró la puerta metálica de su casillero, volteando lentamente. Videl había reemplazado su ropa deportiva por una blusa de un amarillo muy claro, a juego con la falda corta de color blanco. El joven Son parpadeó varias veces, mirándola de arriba a abajo. Vaya…eso en verdad se le veía muy bien. Videl inclinó la cabeza hacia un lado, frunciendo ligeramente el ceño.
— ¿Qué?
Gohan volvió a parpadear, intentando disimular un poco su bochorno.
—Ehhh, sí, tienes toda la razón, sí que fue un juego cerrado.
Videl le sonrió, dándole un suave puñetazo en el hombro,
— ¿Qué sucede? ¿Molesto porque tu equipo no pudo ganar hoy?
— ¡Eso mismo!—exclamó la inconfundible voz de Sharpner.
Gohan volteó, viendo como el muchacho rubio y Erasa se acercaban hacia ellos a través del pasillo.
—Hoy no pudiste lucirte, Gohan—continuó Sharpner en tono altivo—. Gracias a las grandes atrapadas de Videl, y a mi excelente actuación, nuestro equipo pudo ganar hoy. ¿Qué tal eso, eh?
Videl y Erasa lo observaron de brazos cruzados, negando levemente con la cabeza. Gohan, por su parte, se limitó a sonreír en modo amistoso.
—Fue un muy buen partido.
—Que no pudiste ganar—continuó el joven de cabellos rubios, llevándose ambas manos a la cintura—. Todos saben que eres un gran jugador, pero no tienes nada que hacer si te comparamos conmigo. ¿No es así, chicas?
— ¡No!—lo cortó de improviso Erasa, jalando a Sharpner de la oreja—. Y de seguro Gohan y Videl tienen mucho de qué hablar. ¡Nos vamos!
— ¡Hey! ¡Eso duele!—se quejó el rubio, arrastrado por su compañera hacia la entrada del colegio.
Erasa volteó hacia la asombrada pareja, guiñándoles un ojo con picardía.
— ¡Nos vemos mañana!—Alzó una mano—. ¡Cuídense!
—Ummm, sí, hasta mañana—saludó algo confuso Gohan. A pesar de que hacía tiempo que los conocía, Sharpner y Erasa a veces actuaban de un modo bastante…extraño. Carraspeó ruidosamente, volviéndose hacia su compañera—. Ven Videl, te acompaño a la salida…
Videl asintió, sonriéndole de oreja a oreja, lo cual volvió a jugar otra mala pasada en las mejillas del muchacho.
El cielo se veía anaranjado en el exterior de la escuela, levemente cubierto por una capa de nubes rosas y naranjas. La lluvia de los días anteriores por fin se había dado por vencida, y los cientos de alumnos del Instituto Estrella Naranja salían apresurados del edificio, contentos de que el largo día de clases y exámenes por fin hubiera terminado. Gohan se detuvo en la acera, observando a Videl con cierto nerviosismo. Había anhelado todo el día una oportunidad para hablar en forma distendida con ella, y ahora, que Erasa se las había dado, no sabía que decir.
"Tranquilízate Gohan…tendrás muchas oportunidades en los próximos días para aclarar un poco tu cabeza".
Eso se decía, pero en ese momento resultaba bastante difícil para él encontrar las palabras adecuadas.
—Emmm bueno, supongo que nos veremos mañana—atinó a decir finalmente, maldiciéndose en silencio por su falta de coraje.
"Genial, escapa como un cobarde, ¿qué te detiene?"
No obstante, en cuanto hizo ademán de voltear, Videl lo sujetó firmemente por la manga de su camisa. Gohan se quedó literalmente clavado al suelo, observándola directamente a los ojos.
—Espera Gohan… —susurró ella—. ¿Acaso olvidas lo que me prometiste ayer? ¡Hoy mismo comenzaremos con el entrenamiento!
Gohan abrió grandemente los ojos, sorprendido.
— ¿Hoy? Pensé que querías empezar una vez que las clases hubieran terminado…
Videl afirmó el agarre sobre su manga, mirándolo fijamente. Gohan dio un leve respingo ante esto. Había algo en esa mirada que lo hizo sentir un poco más nervioso que de costumbre.
—No… Me gustaría comenzar hoy—replicó ella en voz muy baja—. ¿Acaso…no quieres?
Para su gran asombro, Gohan se sintió repentinamente e inexplicablemente seguro de sí mismo. Con un muy lento movimiento, levantó la mano en la cual Videl sujetaba su manga, rozando apenas sus dedos suaves y femeninos con los propios.
—Claro que quiero, Videl…—contestó, sin dejar de mirarla directo a los ojos— ¡Comencemos con el entrenamiento!
.
Continuará…
.
