Charlie dio unos pasos hacia atrás, largando un jadeo por la sorpresa.
― ¡Ah!― gritaron al mismo tiempo cuando Wonka vio a Charlie.
Wonka estaba en una posición sentada sobre la cama, mirando a Charlie fijamente con los ojos muy abiertos. Pero los ojos de Charlie se desviaron a… la camisa desabrochada del señor Wonka. Su perfecta piel pálida y lisa hizo a Charlie sonrojarse ferozmente. Su pecho era plano y de un color pálido poco natural, seguido por su abdomen, y… la maravillosa vista se cortaba por el pantalón del pijama. Estaba mirando el torso de Wonka descaradamente y, al parecer, él se dio cuenta porque rápidamente se cerró la camisa, sacando a Charlie de su transe.
― ¿Qué estás haciendo aquí, Charlie?― preguntó nerviosamente el chocolatero.
― Y-Yo sólo… Usted me dijo que venga… Era tarde y entonces… ― tartamudeó Charlie, sintiendo que su cara se quemaría. No podía decir nada coherente, su mente estaba abrumada, ocupada sólo por la imagen del pecho desnudo de su mentor. Y mucho menos cuando esos ojos color chocolate estaban fijos en él. ¡No podía quedarse allí! ¡Tenía que salir!― No quise despertarlo. Lo siento.― dijo Charlie rápidamente y salió corriendo de la habitación.
¿Por qué había entrado? ¿En qué estaba pensando? ¡Acababa de hacer el ridículo! ¿Qué pensaría ahora el señor Wonka de él? De hecho… ¿Qué era lo que pensaba él mismo? ¿Por qué había reaccionado así?
Charlie, realmente confundido y abrumado, simplemente corrió sin rumbo alguno. Quería huir. Estaba enojado consigo mismo. Probablemente el señor Wonka también estaba enojado con él… ¡Claro que lo estaba! A nadie le gustaría que entren en su habitación cuando uno está durmiendo. ¡Y menos al señor Wonka! Él era muy reservado. Sí. Probablemente ni siquiera dejaba a los Oompa Loompa entrar. ¡Y Charlie irrumpió en su habitación sin ningún permiso! ¿Y si estaba tan enojado que ya no quería que Charlie fuese su heredero? No… no podía estar tan enojado… Ya estaba comenzando a exagerar. Sin darse cuenta, Charlie comenzó a desacelerar su paso. Tal vez sólo tenía que disculparse y Wonka no estaría tan enojado con él…
Sí, el señor Wonka… Wonka… Wonka y su liso torso… Wonka y su suave piel… Wonka y… Charlie se detuvo. ¿En qué diablos estaba pensando? ¡El señor Wonka era su mentor! ¿Por qué no podía sacarse de la cabeza la imagen de su torso semidesnudo? ¿Por qué su cuerpo reaccionaba de manera tan extraña cada vez que lo pensaba? ¿Por qué sentía que hacía tanto… calor?
Charlie se dio cuenta que por algún tiempo estaba inmóvil mirando hacia el espacio. No tenía idea de en dónde estaba. Miro hacia todos lados tratando de orientarse, pero no reconoció el lugar. Al perecer nunca había estado aquí. Y no podía regresar en sus pasos porque estaba demasiado absorto en sus pensamientos como para prestar atención a dónde iba. En el tiempo que había estado viviendo en la fábrica, Charlie comenzó a conocerla mejor, pero aún así era demasiado grande y no la conocía completamente.
Tal vez debería quedarse y despejar un poco su mente. Pero luego recordó que tenía que llegar a tiempo para el almuerzo. ¿Cuánto tiempo había pasado? No podía quedarse allí y esconderse como una rata. Él no era ningún cobarde. Además… ¿por qué tenía tanto miedo de encontrarse con el señor Wonka? No. No lo tenía. Sólo era la confusión actuando.
Por suerte encontró a un Oompa Loompa trabajando en el lugar y le enseñó el camino de regreso a su casa. No estaba muy lejos… Se sintió un poco avergonzado. Llegó justo para el almuerzo. La mesa ya estaba servida y todos estaban por empezar a comer. Charlie se sentó en su lugar y notó que afortunadamente Wonka no estaba. Tal vez sí estaba enojado… Pero si estuviese presente, Charlie no hubiera podido tragar ni un solo bocado.
― ¿Y cómo va el trabajo, Charlie?― dijo la señora Bucket.
― Um… Bien― dijo Charlie sonrojándose. Se había olvidado completamente de eso. En su mente sólo estaba Wonka y… Charlie sintió que su cara comenzaba a arder. ¡No! No puede pensar en eso, por lo menos no ahora. Rápidamente se recompuso y comenzó a tragar algunos bocados.
El día había pasado rápidamente para Charlie. Pasó todo el día en su casa ayudando a su madre en el trabajo doméstico como excusa para no salir. Durante el día, sus padres le preguntaron por qué Wonka no había venido a las comidas, pero Charlie dijo algo sobre que estaba muy ocupado con papeleos y rápidamente cambiaba de tema. Ahora habían terminado de cenar y Charlie se encontraba en su cama reflexionando.
Estaba pensando en una disculpa para decirle al señor Wonka. Probablemente él estaba tan enojado con Charlie que no quiso verlo en todo el día. Tal vez debería decir algo al respecto. ¿O tal vez debería actuar como si nada hubiese pasado e ir a trabajar al día siguiente normalmente? A su mente vino repentinamente la imagen del señor Wonka durmiendo. ¿Por qué al verlo sintió la necesidad de tocarlo? Él no era así. Nunca le había pasado antes. Como tampoco su cuerpo había reaccionado antes… así. También recordó el torso semidesnudo de Wonka. Se preguntó si el resto de su cuerpo también era tan suave… Todo el cuerpo de Charlie se estremeció ante la sola idea del cuerpo desnudo de Wonka. Rápidamente sacó ese pensamiento de su cabeza. Probablemente sólo eran sus hormonas comenzando a funcionar. En la escuela le había enseñado algo acerca de esto.
Charlie rodó sobre su costado y con un suspiro decidió que dejaría de pensar en eso y ver qué sucedería la mañana siguiente.
Charlie estaba en la habitación de su mentor. Frente a él estaba el señor Wonka, vestido con su pijama, y con la prenda superior desabrochada. Estaban solos, rodeados por una cálida atmósfera. De repente Wonka empezó a caminar silenciosamente hacia Charlie, quien estaba quieto mirando con expectación. En unos pocos pasos llegó a Charlie, entonces lo tomó por los hombros y lo empujó contra la pared, haciendo que el muchacho deje escapar un jadeo. Luego deslizó una mano por debajo de su camisa, acariciando suavemente su piel. La cara de Wonka vagó por el cuello del niño, haciéndole cosquillas, y luego se detuvo en su oído, susurrándole:
― ¿Te gusta?
― Sí…― dijo, o más bien jadeó Charlie. Se dio cuenta que desde hace algún tiempo sentía los pantalones apretados en la entrepierna. El cuerpo de Wonka estaba presionando contra el suyo, y Charlie quería sentir la cálida piel de su mentor. Esa piel lampiña y brillante que parecía llamarlo. Hipnotizado, lentamente levantó una mano, deseando tocarlo, pero una fuerte voz no se lo permitió:
― ¡Charlie, hora de levantarse!
Charlie abrió los ojos, pero inmediatamente los volvió a cerrar, ya que la luz aún era muy fuerte. Parpadeando, comenzó a despertarse y, luego de un bostezo, se sentó en la cama. Sintió algo pegajoso y miró hacia abajo, y con los ojos muy abiertos notó que… Había tenido un sueño húmedo. Entonces comenzó a recordar partes borrosas del sueño. Recordó que había visto al señor Wonka, estaba en su pijama, era una situación similar a la de ayer, pero… Wonka lo había tocado. Y a Charlie le gustó. Los ojos del muchacho se abrieron mucho y ante la sola idea de Wonka tocándolo lo hizo estremecerse de pies a cabeza. Había soñado otras veces con su mentor, pero nunca… de esta manera. ¿Por qué había soñado eso? ¿Qué significaba? Por supuesto que no significaba nada, era sólo un estúpido sueño de adolescente. Sólo eran sus hormonas mezclándose con lo que había pasado el día anterior. Sólo un insignificante sueño. No importaba.
Charlie bajó a desayunar y notó que, nuevamente, Wonka no estaba. Era de esperar. Pero decidió que hoy hablaría con él y arreglaría las cosas. Después de todo era su heredero. No podía simplemente dejar de hacer su trabajo sólo por su estúpido comportamiento. Decidió que esta vez iría después del almuerzo, no quería que sucediese algo como la vez anterior.
De camino a la oficina del señor Wonka, el sueño que había tenido no abandonó su mente. Estaba asombrado e… intrigado por aquel sueño. Cualquier explicación lógica que trataba de hacer era simplemente absurda. Recordó con horror que el abuelo Joe decía que los sueños siempre significaban algo. La idea de hacer algo así con el señor Wonka era absurda, después de todo era su mentor…
Charlie legó a la puerta de la oficina del señor Wonka. Respiró hondo y tocó la puerta.
― Adelante― se escuchó del otro lado, por lo que Charlie entró.
― ¡Oh, Charlie!― dijo Wonka alegremente. Estaba sentado en su escritorio, al parecer haciendo algunos papeleos. Por lo que veía, el hombre no estaba enojado con él, ya que tenía una sonrisa en el rostro, lo que alivió profundamente a Charlie.
― Hola, señor Wonka― dijo Charlie con una sonrisa.― Si está ocupado puedo volver más tarde.
― Oh, no te preocupes por esto, Charlie. Podemos seguir con nuestro invento ahora mismo― Con esas palabras, Wonka se levantó de su silla y Charlie no pudo evitar mirar a su pecho, tenía su ropa normal, pero Charlie recordaba lo que había debajo, y con eso también recordó su sueño, donde él y Wonka…
― ¿Charlie?― dijo el señor Wonka. Charlie estaba quieto mirando fijamente a Wonka, sonrojado.
― Lo siento. Estoy algo cansado― dijo Charlie sonrojándose más.
― Si quieres entonces podemos seguir mañana. No queremos que te duermas mientras trabajamos― dijo Wonka soltando una risita.
― Oh, no. Estoy bien. Puedo ir― dijo Charlie sonriendo.
― ¡Entonces vayamos!― exclamó Wonka con entusiasmo levantando las manos.
