Capítulo I: Recordando Una Canción de Cuna

ROSALIE'S PoV

Abrí los ojos después de haber tomado una pequeña siesta. Estábamos en las vacaciones de otoño, para comenzar el invierno y este año sería una alumna de último año lo cual era un gran privilegio con respecto a el estatus social, eso era más que una dicha ya que ahora no existía nadie encima de mí, con la vaga excepción de la miserable de Bella que nunca 'aceptaría' que era popular pues siempre continuaba con su fachada de niña buena pero yo sabía que para lo único que podía llegar a ser buena era para ser una zorra, ya no quería pensar de ella y contaminar mis pensamientos con ese estúpido e innecesario drama.

Me levanté de la cama y me acerqué hasta mi mesita de noche donde siempre estaba ese adorado retrato, el único que tenía de mi mamá. Tomé el objeto y la observé, miré atentamente su perfecto y pulido rostro; se mostraba sonriente con un brillo mágico en sus ojos azul claro, su cabello rubio y ondeado parecía moverse con el viento, llevaba un vestido y pendientes de color amarillo, su color favorito. Se llamaba Lillian y era tan bella como su propio nombre.

Ella murió hace doce años de cancer al útero, recuerdo aún como peinaba suavemente mi cabello con una delicadeza inigualable, ella me abrazaba y besaba con tanto afecto cuando estaba feliz o triste, como si yo fuera el milagro que afortunadamente llego a tener y debía de proteger como a un diamante. Ella era una de las mejores madres que alguien pudiera desear y yo la había tenido conmigo por tan pocos años de mi vida, era casi imperdonable. Recordé su última semana conmigo, ella había decidido dejar el hospital y quedarse en casa pues sabía que moriría pronto y quería pasar sus últimos días conmigo y papá, aunque él no me dejaba entrar a verla y hasta me lo prohibió eso me asustó pues siempre solía ser cariñoso conmigo pero comenzó a cambiar desde que descubrieron la enfermedad de mamá. Una mañana entré a escondidas a su habitación, y ahí estaba ella postrada en esa cama con poca luz de sol y entre penumbras, ella seguía sonriéndome como antes; se levantó con dificultad de su cama sacó una muñeca de unas cajas que estaban debajo de su cama y me la dio poniéndose a mi altura.

- Cuídala mucho, mi amor – dijo ella acariciando mi rostro con un apego parcial, la muñeca era de porcelana con cabellos ondulados y de oro, con un vestido rosa pálido renacentista, era muy bonita; levanté la vista para mirarla a ella y vi unas pequeñas lágrimas correr por su rostro – esta muñequita te recordará a mí para siempre cuando estés sola – creo que notó que miraba sus lagrimas y se secó los ojos un poco – ahora ve al kinder con tu amigita, adiós

Ese día en clases de pintura con mi amiga, Bella, le mostré la muñeca de mamá y ella me la pidió pero yo no quería despegarme de ella así que le dije que no, pero ella se veía tan interesada que se la presté por un momento para que la protegiera. Fui un momento por la pintura amarilla pues estaba haciendo un dibujo de mamá pero comenzó a sonar la campana del recreo, noté como los niños pasaban y hacían un ruido raro al correr hacía la salida del salón, vi el piso luego de que salieron viendo a la muñeca de mamá hecha pedazos medianos con el vestido sucio y el cabello desordenado, parada al frente mío estaba Bella con cara de culpabilidad, me molesté mucho con ello y salió corriendo del lugar mientras yo recogía los pedazos guardandolos en mi pequeña mochila. Llegué a casa dejé mi mochila en mi habitación y me dirigí a escabullirme a la habitación de mamá para contarle lo que había sucedido, pero noté que papá estaba allí llorando desconsoladamente al lado de la cama de mamá donde ella se encontraba pálida recostada con los ojos cerrados pareciendo ser la 'Bella Durmiente', entonces papá me vió escondida con la puerta entre abierta y me miró con tal odio que me hizo sobresaltarme en pánico.

– ¡Te dije que no vinieras! ¡Maldita sea! – gritó él logrando asustarme, se acercaba a mí con rapidez – ¡Fue tu culpa! ¡Tu la mataste! – me señalaba con el dedo indice y no podía creer lo que me decía, me siguió hasta que me encontraba fuera de la habitación – ¡Tu la mataste! ¡Ahora lárgate!

Cerró la puerta y me fuí corriendo hasta mi habitación donde me encerré y me puse a llorar en exceso. Había perdido a mamá, ella ya no estaría para abrazarme para mostrarme su cariño materna, ya no habrían 'te quiero'. Solo habría odio, solo existiría el remordimiento y su recuerdo de mamá modelo; recordaba las palabras de papá diciendo que yo la había matado, yo no quería. Entonces recordé a la muñeca, saqué los pedazos de la mochila y los fuí pegando con un poco de pegamento que tenía en mis cajones, me faltaba una partecita de su pecho donde habitaba el corazón y se veía pálida al igual que mamá. Ahora estaba segura de que Bella había traído el dolor y la muerte a mi casa destrozando lo único que me quedaba de mamá, lo único que la mantenía viva.

Coloqué el retrato nuevamente en su lugar. Tomé mi bolso rosa de 'Balenciaga', y me acerqué al espejo enorme que estaba en mi habitación desde que tenía once años, me miré con detenimiento, mi cabello estaba suelto pero con una cinta celeste en él, lo había planchado hace unas horas antes de la siesta así que mis rizos naturales no salían a la luz, también tenía puesto una falda pequeña y delgada de algodón color purpura azulino, debajo de eso tenía puesto un enterizo delgado color plomo claro con tirantes y unas zapatillas de ballet para mis clases que llevaba desde que ella murió, papá me inscribió para que no lo agobiara en vacaciones con mi presencia.

Salí de mi habitación y fuí escaleras abajo, sin siquiera responder el saludo de Carmen Fleek, la prometida de mi padre, quien se había mudado a mi casa con su hijo Royce de veinte años; odiaba que haya gente en mi espacio personal pero lo que más detestaba era que mi padre ya hubiera buscado una especie de 'reemplazo' para mamá. Aunque ella siempre intentaba ser mi amiga, y se comportaba decentemente conmigo yo me negaba a aceptarla como una madrastra. Recordaba la primera vez que ella vino a casa, ingresó con un vestido dorado que parecía ser de los 60′s o del musical 'Chicago', con su cabellera color café y lacia brillando al compas de sus ojos verdes, y sonriendome con sinceridad que se notaba a metros de distancia. Era divorciada y tenía un hijo que ya debería estar en la universidad pero aún vivía con su mami. Un día estaba dispuesta a tolerarla pero luego trajo a su estorbo de hijo a vivir a 'mi' casa; él solo se parecía a su madre en el cabello y los ojos pues el resto era de su padre, según mi investigación rigurosa. Sabía que lo de los hermanastros era una fantasía para cualquier ninfómana pero tan solo digamos que Royce no era para nada mi tipo, a parte de que odiaba que me mirara como un pervertido todo el tiempo, pero sabía que era tan idiota como los demás que siempre estaría detrás de mí, aunque había algo en él que hacía sus miradas asquerosas demasiado intensas.

Conduje mi nuevo Volvo plomo hasta la única academia de ballet seria de todo el maldito estado de California. Miré mi reloj y noté que llegaría a tiempo a mis clases pues erán las cinco de la tarde y mis clases comenzarían en unos cinco minutos hasta las ocho en punto de la noche. Ingresé al establecimiento sin mostrar mi carnet de la academia como el resto siempre hacía, pero yo era la más antigua ahí así que ya ni me lo pedían. Al entrar al salón 4A todos se me quedaron viendo, incluyendo a cierto nerd con lentes enormes llamado Emmett que sabía que estaba en mi misma secundaria y era un amigo cercano de la zorra de Bella y la nuged ridícula; Madame Karakova entró al salón haciendonos poner atención como si fueramos militares en entrenamiento y nos hizo comenzar a practicar los pasos y el orden del espectáculo que se daría sabado en el anfiteatro de la academia, ella había sido mi maestra desde hace unos cinco años atras, era rusa, pálida, seria, con una nariz fina y de cabello castaño que siempre estaba atado por un moño, quizá tenía unos treinta años; había estudiado en la Academia de Ballet Nacional de Rusia hace años. Comencé a bailar con Emmett pues el sería mi pareja en el espectáculo junto a Alec, un chico hermoso y casi perfecto, tenía el cabello caoba y ondeado y unos ojos celestes penetrantes que iban combinados con su singular sonrisa picara y encantadora.

Este año presentaríamos el ballet de 'Alicia en el País de las Maravillas' y obviamente yo sería Alicia mientras que Emmett, el nerd sería el 'Sombrerero Loco' y Alistair el asistente de la reina roja cuyo nombre es muy complejo o se me había olvidado. La reina blanca sería Angela, una chica delgaducha casi anorexica que sobresalía por sus grandes ojos azulinos oscuros, la reina roja sería Victoria, una muchacha pequeña y pelirroja pero no tenía pecas asi que estaba bien junto a sus labios gruesos que siempre llevaban labial rojo, el conejo blanco sería Eleazar, un chico español de cabello negro y abdominales de envidia, por último estaba el gato sonrisas que sería interpretado por Garret, un chico que había admitido su homosexualidad desde que nació, era el único que me hablaba con confianza y se podía llegar a llamar un casi amigo para mí. El resto serían cartas rojas o blancas, o sea solo extras para mi espectáculo protagónico; no había notado que Garret se me acercó mientras descansaba y practicaba a solas un poco en la barra antes de que comenzara a parlotear como usualmente hacía.

- Al parecer, cierto principe de 'Disney' te admira notoriamente – dijo él con malicia mientras, yo confundida, lo volteaba a ver con algo de molestia también, pues me estaba interrumpiendo los conteos minuciosos que elaboraba en mi mente

- ¿Qué? – dije observandolo a los ojos viendolo sonreír, mientras paraba mi entrenamiento para prestarle un poco de mi atención

- Solo digo que Alistair se está confundiendo cuando practica con la pequeña pitufa roja porque te mira durante todo su coreografía, y que eso es muy obvio hasta para Karakova – me señaló mirando hacía un punto en específico, miré hacía donde su mirada me guíaba logrando capturar a Garret en el acto pues me estaba mirando constantemente con un ojo ya que su personaje llevaba un parche negro en el ojo izquierdo pero aún se veía enormemente atractivo, y Victoria se veía molesta por eso, luego él me sonrió; madame lo hizo concentrarse con sus gritos y sus miradas de enojo y desesperación, y siendo honestos nadie podía dejar de hacer su trabajo cuando ella mostraba su verdadero ser

Luego, Garret se alejó de mí y yo le sonreía a Alistair respuesta. Sentía otra mirada en mí, volteé a mi izquierda y noté a Emmett mirandome embobado, era raro pero no me sentía incómoda más bien me comenzaba a sentir importante como nunca me sentí con cualquier otro chico del equipo de futbol de la secundaria. Seguí con lo mío en la barra hasta que la Madame dijo que ya había terminado la clase (practica) y esperaba que todos bailaran tan perfectamente como yo en el día de la presentación, lo cual resultó siendo realmente alagador de su parte. Luego nos dio las invitaciones para los familiares, sabía que por mí, mi padre no vendría pero igual lo recibía y no perdía nada con intentar captar su atención con esto para que aunque sea vea que su dinero estaba siendo muy bien gastado.

Me quedé hasta el final sacando mi chaqueta rosada oscura, que casí podría pasar como roja, para colocarmela encima por el frío que haría afuera, me quité la cinta de mi cabello pero esta se me cayó asi que la fuí a recoger del piso cuando noté que Alistair estaba frente mío, no le di importancia y solo le daba volumen a mi cabello con mis manos. Y como de sorpresa, él tomó mi rostro entre sus manos y me besó apasionadamente, sabía que provocaba eso en los chicos y me encantaba hacerlo con él, yo también acariciaba su cabello como respuesta mientras él ahora colocaba sus manos en mi cintura haciéndo que un ángulo perfecto se formara entre nosotros. El beso finalizó, lamentablemente, Alistair me observaba con sus ojos preciosos como si yo fuera una adoración hacía una piedra preciosa validada en mil millones de euros.

- Te veo mañana en la pista de baile – dijo él sonriendo antes de irse coriendo con su mochila en su hombro derecho como si estuviera emocionado, pude notar que se había colocado una capucha color negra encima de sus letardos azules, solo sonreí para mí misma creyendo que así podría comenzar un nuevo año mucho mejor que el pasado gracias a ese impresionante e inesperado beso que tuvimos la gloria de compartir ambos

Caminé hasta la salida por el pasillo, sentía el frío provocando que las ojas secas y naranjas cayeran aun más rápido que siempre y también lograban que mi cabello se despeinara y se esponjara con resultados lamentables, algo me decía que el invierno vendría un poco antes de lo esperaba y eso me encantaba en exceso pues a parte del verano me agradaba ese cambio brusco en la temperatura.

Ingresé a mi auto y comencé a conducir hacía casa con el ritmo de una canción poco conocida de 'Fransisca Hall', no había tanto tráfico por el odioso clima, aunque debía admitir que mi mes favorito se acercaba con una velocidad paralizante. Llegué, abrí la puerta como siempre, con algo de dificultad, noté que no había nadie, seguro tenían una cena 'familiar' a la cual claramente no me habían invitado pues para mi padre yo no era parte de su familia ya que yo la había arruinado pues al nacer había hecho débil y un punto clave a mi mamá con lo del cáncer, yo había matado. Coloqué las invitaciones en la pequeña mesita de centro de la sala princial para que alguien las viera, fuí a la cocina por un red bull dietético y me puse a beber un poco; después de esto fuí hacía mi habitación, cerré la puerta con seguro y saqué la muñeca de mamá de una caja para objetos frágiles como porcelana china importada, o vidrios costosos, o incluso implantes quirúrjicos para las celebridades que vivian en Los Angeles.

Hacía mucho tiempo que la había mandado a una renovadora de muñecas antiguas para que limpiaran y arreglaran su vestido, la pulieran y le cubrieran con pintura las rajaduras que indicaban su ruptura pero aún conservaba el espacio de la pieza faltante aunque habían puesto porcelana liquida esperando que secara bien pero siempre se derramaba hacía adentro provocando que siguiera habiendo un hoyo simbolizando el corazón que había perdido y sin el cual no podía vivir, al igual que mi madre. La miré y ví que debajo de sus pequeños zapatos pegados había una notita que decía: ¨Cumplirás dieciocho y yo volveré en tus pensamientos, mi pequeña. En mis cosas revivirás mi vida a tu edad, te quiero¨.

Estaba escrito con el puño y letra de mi mamá, sentía una pequeña lágrima salir de mi ojo derecho mientras una sonrisa se formaba en mi rostro; tomé la muñeca para volver a leer lo que decía su pequeño zapato pero ahora recostada en mi cama, luego levanté la vista llegando a observar mi reflejo en el espejo.