CAPITULO I
La maldición estaba rota. Snow podía sentirlo en su cuerpo, aunque las memorias de ambas vidas seguían en su cabeza.
- Charming – musitó aferrada a los brazos de su marido, como si temiera que él fuera a desaparecer si lo soltará.
- Todo estará bien, amor mío – el príncipe trataba de consolar a su esposa mientras veían como otra nube morada se acercaba.
Cuando todo se disipo, los reyes buscaban a su hija entre la multitud, aun con una duda que se clavaba en sus corazones como miles de flechas envenenadas ¿Dónde estaba Altair? Conocían demasiado bien las vidas que habían llevado en Storybrooke, ni David ni Mary Margaret tenían hijos, ni tampoco nadie que conocieran.
Emma apareció entre la gente, seguida de cerca por Henry, que sonreía abiertamente. Después del reencuentro, Emma se percató que la mirada de su madre y mejor amiga tenía un velo de tristeza, y recordó las imágenes del libro. Snow White y el príncipe jugando con una niña pequeña, de largos cabellos negros y preciosos ojos verde esmeralda.
- ¿Es por ella verdad? – le preguntó a su madre, sin rodeos – Por Altair, ¿no saben dónde está? ¿Cierto? –Snow se quedó congelada, suponía que Emma sabía todo lo que había pasado por el libro, pero no esperaba expresará sus temores en voz alta. Sintió las lágrimas correr por sus mejillas. Emma la abrazó
- Aun no entiendo muy bien que es lo que ha pasado – comenzó Emma – ni siquiera sé si deba creerlo, pero tú eres mi mejor amiga, la única persona que me trató como familia y yo te ayudaré a encontrarla. – Snow le devolvió el abrazo a su hija, sabía que por el momento era lo único que podía pedir.
Entraron a "Granny´s" que estaba vacío en ese momento. Todos se encontraban buscando a sus seres queridos, apartados gracias a la maldición. Sus padres no hablaban, se hallaban sumidos en sus pensamientos que Emma tuvo que hablar un poco fuerte para que le prestaran atención.
- Tienen que hacer un esfuerzo por recordar, ¿a ella también la pudieron llevar al ropero? – preguntó, veía las caras de dolor de sus padres, pero tenía que saber por dónde empezar a buscar. Snow negó con la cabeza, aferrada al brazo de Charming, contenía las lágrimas lo más que podía.
- ¡Eso quiere decir que ella también está congelada en el tiempo! – saltó Henry, - ¡Debe estar en Storybrooke! Y así no será difícil encontrarla. –
- ¡REGINA! – Emma había estado cavilando y no tardo en decir su suposición, ante la mirada atónita de sus padres - ¡Ella sabe quién es quién en el pueblo! ¡Tiene que decirnos donde está la niña!-.
La familia se levantó para ir a casa de Regina y enfrentarla. Snow solo esperaba que no se hubiera atrevido a hacerle daño a Altair, porque entonces olvidaría todo lo que su madre le había enseñado acerca de la bondad y cobraría venganza contra su madrastra. No le importaba todo lo que ella le hiciera, la amenazara, o incluso, le arrebatara; pero no tenía ningún derecho a meterse con sus hijas, le había quitado a ambas y eso no se quedaría así. Cuando iban caminando, se encontraron con la gente que se arremolinaba en las calles, armados con lo que podían. Jimny se acercó a ellos, agitado.
- Sus majestades – dijo entrecortadamente – Tienen que detener esto, la gente va a matar a Regina – exclamó.
Los príncipes corrieron por diversos atajos que conocía Henry. Tenían que evitar que el pueblo se levantará en armas, pues eso solo ocasionaría más caos del que ya había. Llegaron a casa de Regina poco antes de que la gente entrara por el jardín. Charming rápidamente asumió su papel de líder.
- No podemos matarla - gritó a la multitud enfurecida.
- ¿Y que nos detiene? – exclamó Whale, el doctor del pueblo – Ella nos ha tenido congelados durante quince malditos años -. La gente gritaba y trataba de avanzar, pero algo los detenía.
- Nosotros no somos como ella – esta vez la que hablo fue Emma – Regina nos hizo daño a todos, pero tendremos que encontrar un castigo justo -. La gente miraba sorprendida a Emma, pero no se atrevían a contradecirla, después de todo, era su salvadora.
Los príncipes, Emma y Henry entraron a la casa donde Regina se escondía, después de ver que no tenía magia en este lugar.
- ¡QUIERO LA VERDAD REGINA! - exclamó Snow -¿Dónde está hija? – miraba a Regina que se encontraba mirando a la ventana, con un odio del que nunca se creyó capaz.
- Yo pensé que estaba con Abigail – habló por fin Regina – Esa era la idea, que la niña se confundiera y no te reconociera como madre -. Snow tenía lágrimas en los ojos y era sostenida por su hija. Emma mitad agarraba a su madre para que no se desplomara, mitad para que no tratará de hacerle nada a Regina, al menos hasta que terminara de hablar. – Pero cuando tu príncipe despertó, me di cuenta que la niña no estaba con ellos, entonces no, mi querida Snow, no puedo contestar tu pregunta, porque no sé dónde está tu preciosa Altair.-
Una luz de esperanza iluminó los ojos de Snow.
- Tiene que seguir en el bosque encantado entonces – dijo con decisión.
- El bosque ya no existe Snow White -. Le dijo Regina sin dejar de ver a la ventana.
