Capítulo 2 – Los elegidos

Un joven corría a la salida de la facultad para no perder el autobús, no es que fuese muy tarde, pero solo pasaba un autobús a la hora, al menos de la línea que él necesitaba. Era un joven alto y atlético, había sido capitán del equipo de baloncesto en el instituto, y jugaba como reserva en el equipo de la universidad. Alcanzó el autobús por los pelos, no quería llegar tarde a su casa, había tenido que salir para una única clase dejando a Patamon y a Gatomon a cargo de la casa, todavía recordaba la ocasión en la que ese par habían intentado cocinar algo. Por lo menos Gatomon parecía estar bien, siempre que no le nombrasen a Kari, pero en los últimos diez años había perecido la alegría que tenía, estaba triste y algo amargada, Patamon se había convertido en su confidente; TK había percibido como la amistad de esos dos era cada vez más estrecha.

Al bajar del autobús, compró un par de Pizzas; luego caminó hasta el edificio en el que vivía y subió en el ascensor a su apartamento.

- ¡Ya estoy en casa! – Anunció dejando las llaves en el aparador – Traigo la cena.

- Patamon se acercó a él contento, aleteando de forma rápida, Gatomon, en cambio, caminó tranquilamente con la expresión sería que la había caracterizado los últimos años.

(***)

Un chico de cabellos castaños estaba sentado frente a su ordenador revisando los correos electrónicos, sus padres no se encontraban en casa, por lo que podía tomarse su tiempo para hacer sus cosas. Abrió uno de los correos.

Todo sigue igual de bien; el trabajo es duro pero gratificante a fin de cuentas. El otro día hice las pruebas superándolas con buena puntuación, el jefe del equipo encontró eso bueno.

Sobre lo que me contabas, prefiero no hablar, ya sabes que ese es solo asunto mío y preferiría que no interfirieras, no me gustaría que salieses escaldado por ello. Tampoco voy a poder quedar contigo al final, parece que los índices de delincuencia han aumentado últimamente, te mantendré al tanto y se al final puedo iré, ya me conoces.

Era un mensaje breve, el joven suspiró negando con la cabeza, cerró el ordenado al tiempo que oía a sus padres abrir la puerta. Sacó precipitadamente los apuntes de la mochila poniéndose a estudiar; ya respondería a aquel mensaje más tarde.

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Llegaron al restaurante y enseguida fueron sentados en la mesa que habían reservado; era un restaurante bueno, de esos a los que suelen ir las parejas, hacía poco que habían contraído matrimonio y era el momento de hacer planes de futuro, no podían estar viviendo siempre en un apartamento alquilado.

- Le he echado el ojo a una casa, está en las afueras de Odaiba – dijo la mujer con una encantadora sonrisa – también hay una en el centro que está bien, y cerca del trabajo de ambos.

- Podemos ir a verlas cuando quieras; pediré en el trabajo los días de vacaciones que me deben

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En el hospital, las noches eran interminable, y silenciosas, un joven que había comenzado la residencia hacía ya unos años se encontraba en su año de especialización, le había costado mucho decidirse a estudiar medicina, pero finalmente en ella descubrió una vocación que no creía tener. Esa noche le había tocado guardia, como máximo responsable del servicio, por lo que debía controlar a los residentes de menor rango. Llegó al pasillo de quirófanos y escuchó un ruido metálico, con algo de miedo se acercó al lugar, con algo de miedo se acercó al lugar, vio a los residentes más jóvenes jugando a reconocer el instrumental de una de las cajas de cirugía.

- Encargaos de esterilizarlo cuando terminéis.

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En la oficina quedaban pocas personas, una de ellas terminaba un artículo que saldría en la edición de la próxima semana, a primero del mes de agosto, era una publicación mensual, la sección gastronómica. Durante las tres últimas semanas había estado en las distintas pizzerías del país y probando los distintos tipos de pizzas que ofrecían, no era su comida preferida pero era la temática que sus jefes le habían indicado aquel mes. Valoraba cada mes distintas cosas siguiendo unos varemos preestablecidos. Ninguna pizzería sabía que estaba siendo evaluada, lo sabrían en cuanto se publicase la crítica, todas tendrían un lugar en el Ranking y sin importar en cual estuvieran todas tendrían una crítica positiva y otra constructiva; nunca nada encaminado a destruir. Su artículo no hundiría a ninguna.

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En la habitación, tan solo había una cama y un armario algo pequeño en un rincón; el resto de la habitación estaba ocupada por estantes y mesas con ordenadores. Había un muchacho concentrado en lo que estaba estudiando varias cosas al mismo tiempo, cosas aparentemente inconexas, solo él les encontraba algún sentido. Tenía ya un título en ingeniería informática, se lo sacó en un tiempo record. Ahora estudiaba distintos tipos de lenguas arcaicas.