Gordita Swan, capítulo 2 by FFAD.
"Vivir con rencor es como querer respirar bajo el agua, siempre terminarás ahogándote."
Bella Swan.
Muévete cariño, muévete cariño, estoy enamorada
Estoy enamorada
Estoy enamorada
En la Costa Oeste tienen sus íconos
Sus estrellas plateadas, sus reinas de Saigón
Y tú tienes la música
Tienes la música en ti, ¿no es cierto?
Lana del Rey - West Coast.
Capítulo beteado por Zaida Gutiérrez Verdad
Betas FFAD www .facebook groups / betasffaddiction
Me da tanta gracia ver como esas idiotas mujeres se le insinúan a mi novio, casi puedo leer sus mentes y saber que piensan que ésta gordita no les va a decir nada y bajará su cabeza intimidada por su siliconas. Se equivocaron, soy como Bruce Willis en Duro de Matar,podría patear sus traseros rellenos con su propia grasa en cualquier momento, cosa que no voy a hacer, porque es evidente que Edward tiene cara de hastío, la verdad es que creo que las chicas que lo acosan creen que es retrasado, porque hace rato está haciendo movimientos extraños con sus manos. Bueno, raro para los demás, porque sé lo que significan, desde que salimos de casa está enojado por lo corto que es mi vestido. Lo siento, mi querido Ken, me gusta ir a la iglesia, pero no soy monja.
Casi vamos a cumplir dos años como novios y prácticamente de vivir juntos, parece mentira que ese hombre que era grosero conmigo ahora sea un cavernícola celoso. No ayuda de que me ex novio que antes vivía en Brasil regresara para acosarme, pero tener un poco de confianza en mí no va a matarlo.
―¿Disfrutas viéndome sufrir? ―¡Dios, mi corazón! Casi me da algo.
―¡Edward, casi me matas del susto! ―su semblante se torna divertido, pero conociéndolo como lo conozco sé que está molesto por algo.
―Bella, es muy mezquino que me dejaras con esa bolas de locas. ¿Tienes idea de las cosas pervertidas que me estaban ofreciendo?, deberías cuidarme más.
―Cuídate tú, eres un hombre hecho y derecho amor, puedes alejar a esas mujeres diciéndoles que eres gay. Yo estoy trabajando, Rose está de vacaciones y sabes que me dejó de encargada en el bar. Además, ¿desde cuándo no puedes espantar a locas excitadas por tu cuerpo? ¡Confiésalo! Estás enojado porque me puse esta falda un poco más corta de lo normal.
―Ya que lo mencionas, he notado que se te sube cuando caminas, mira a esa manada de pubertos de preparatoria mirándote el trasero. Mi trasero ―casi me río, casi... Pero no podía ser sumisa en ciertas cosas.
―Amor, lee mis labios. Hace cinco meses no podía ponerme esta falda, literalmente no me pasaba por las piernas. Hemos estado yendo al gimnasio y he bajado de peso, lo sabes, déjame disfrutar un poco, porque lo más seguro es que el mes que viene me aburra de ir y engorde de nuevo lo que había bajado. Además mi cuerpecito es todo tuyo, tengo un mordisco en mi nalga para probarlo ―beso delicadamente sus labios mientras siento la tensión liberarlo.
―Lo sé y lo siento, estoy trabajando en todo estos nuevo sentimientos, nunca había amado tanto, es confuso y bueno a la vez.
―Y excitante, no olvides que también es excitante ―él ríe fuertemente y eso provoca varias miradas hacia nosotros.
―Hasta verte dormir es excitante para mí, gordita ―amo cuando me dice de esa manera, de un modo tan tierno e impregnado de amor. Viéndolo desde afuera es cursi, pero yo estoy adentro, así que no me juzguen.
―Mucha conversación, tengo que cerrar caja antes de irme y pasar mi turno a Emmett, ¿por qué no vas a la oficina y recoges mis cositas que están todas esparcidas por el escritorio? ―muerdo su barbilla por el puro placer de poder hacerlo y me voy a ver por qué una familia que acaba de entrar no ha sido atendida.
Media hora después por fin entro al oficina de mi jefa, sólo para encontrar a un muy concentrado Edward leyendo un libro de... ¡Maldición! es mi novela de Sylvia Day, Desnuda ante ti.
―Así que mi novia es una gordita pervertida ―no puedo evitar ponerme roja, lo dice una forma tan seria que parece un delito.
―Dame ese libro ―camino a su encuentro para tomar el libro, pero él es mucho más rápido y se aleja mientras lee un fragmento.
―No tengo condones acá ―murmura antes de cerrar sus labios sobre un...*
―¡Basta! deja de leer partes de mi libro ―corro hacia él y tomo de un manotazo el libro, pero el muy idiota logro atraparme en sus brazos.
―¿Así que lees porno para mujeres? ―me volteo entre sus brazos y lo golpeo con el libro.
―No es porno, es literatura erótica.
―Lo llamas diferente, pero viene siendo lo mismo.
―¡Lo que sea! Ya vámonos a casa o te dejaré tirado ―la mejor estrategia era hacerse la digna. Hay dos cosas que jamás compartiré, mis libros y el chocolate.
Salgo rápido del lugar, esperando que el tonto de mi novio me siga y lo hace, no sin antes reír como loco. Escucho esa risa y sus bromas todo el camino a casa, para cuando estamos en nuestra dulce morada mi enojo emerge como lava quemando todo a su paso.
―¡Me tienes harta! Deja de joder con lo mismo, el único que se beneficia con mi lectura eres tú. ¿O es que quieres que te diga que todo lo que sé lo aprendí con otros hombres? ―dije tirado las verduras que cortaba sobre la tabla de madera y caminé con paso firme a mi habitación.
―Bella, sólo estaba molestándote.
―Lo lograste, lárgate y déjame sola.
―Cariño, ¿por qué te enfadas? Nunca antes te he visto de esta forma, tan alterada ―él tiene razón, mis viejos complejos salen a cualquier hora. ¡Malditos!
―Tienes razón, soy una tonta. Ya sabes, hubo un tiempo en que no estaba conforme conmigo misma, los niños pueden ser muy crueles, no llevo bien las bromas.
―Lo siento, soy un idiota y, en mi defensa, sólo puedo decir que soy un hombre ―no puedo evitar reír por su mala broma. Lo que hace el amor.
―Edward, no es tu culpa ―me acerco a él y lo beso, siempre me debato entre las dos sensaciones que provoca en mí, he llegado a deducir que puede ser deseo y ternura.
―¿Eso quiere decir que no me dejarás sin sexo? ―imito lo que hizo en la oficina de Rosalie y salgo de la habitación riéndome.
. . . . . . .
Estoy tranquila y concentrada leyendo Cincuenta Sombras de Grey cuando un emocionado Edward entra como loco a la casa, rápidamente guardo el libro debajo de un enorme almohadón.
―¡Nos vamos a la playa! ―en todo el tiempo que llevamos juntos jamás había estado tan emocionado.
―¿En serio? ¿A quién asaltaste?
―Que graciosa, estaba a punto de terminar mi turno en el bar cuando me dirigí a atender la mesa cinco y me encontré con Jacob ―creo que nota que está de pie desde que entró, pues se sienta junto a mí y me coloca en su regazo. Me siento mal cuando hace esto, no es que no me guste, pero no soy tonta, sé que peso y siento que le causaré dolor.
―No eres un elefante que va a quebrar mis piernas Bella, lo que estás pensando circula en el aire. Como te iba diciendo, me encontré con mi viejo amigo Jacob...
―Espera, ¿el que miraba el trasero siempre y me invitó a salir dos veces? ―debí cerrar la boca, Edward ya no está tan feliz como hace unos segundos.
―¡Hijo de puta! ¿Cómo se atreve? Ya no iremos a ningún lugar, olvídalo ―trata de quitarme de su regazo, pero me adhiero a su cuello como una serpiente.
―Bien, contemos hasta diez. Vamos, hazlo conmigo. Uno, dos, tres...
―No está funcionando.
―Por lo menos sabemos que aprendiste a contar ―usualmente mis bromas son bien recibidas, pero hoy no está de humor bromista.
―Te lo resumo, Jacob me cae muy bien, siempre fue un buen amigo y nos invitó a su cumpleaños en la casa de playa que tiene en Miami. Pensé que sería genial tener unas pequeñas vacaciones, ya sabes, sol, arena, hacer en amor en una cama de hotel con aire acondicionado...
―¿Esa es tu fantasía? Hacer el amor con aire acondicionado.
―Bella, hablo en serio, no pienso ir a ningún lado con ese cerdo.
―Es muy infantil de tu parte, de cualquier forma, en aquél entonces no eras más que un Ken engreído, no éramos pareja. ¿En verdad crees que Jacob va a intentar algo conmigo sabiendo que soy tu novia? ―está pensándolo y sé que llegará a la conclusión más lógica.
―Tienes razón, me enloquece que alguien quiera competir conmigo por tu amor. Siempre saldré perdiendo, era mezquino y grosero contigo y el miedo de que lo recuerdes y me odies me persigue siempre ―observo al hombre frente a mí y no lo reconozco. ¿En dónde demonios tenía guardado ese miedo?
―Edward, sé que nunca hemos hablando sobre perdones o si hay algún resentimiento, pero amor, es porque no los hay ―su agarre en mi cintura se vuelve más fuerte, clara señal de que la tensión y preocupación no lo han abandonado.
―¿Que es peor, saber que eres decepcionante para ti mismo o para los demás? Muchas personas dirían que para ellos mismos, pero Bella, me mata saber que antes lo era para ti. Si quieres saber la verdad, me atormenta el tiempo que perdí hiriéndote, es como una pena natural, mi castigo es vivir con los recuerdos de las ofensas que en su momento te dije, cuando te veo dormir después de hacer el amor se intensifica el remordimiento. Y pienso, ¿cómo eres capaz de tocarla? No eres digno de ese privilegio.
―Edward, por favor...
―No Bella, déjame terminar. Si algún día quieres irte de mi lado, hazlo, porque tú mereces algo mil veces mejor que yo.
―¡Basta! Estás divagando y diciendo tonterías. Nadie es perfecto, creí que los dos lo teníamos cien por ciento claro. Nos amamos, lo que éramos antes y lo que somos hoy son parte importante de nuestras vidas, todos nuestro errores formarán a los Edward y Bella del futuro. No te tengo ningún rencor, no es que sea una santa, pero no me he aferrado nunca a las palabras que no me aportan nada, hace mucho tiempo aprendí a amarme y complacerme sólo a mí, a ser egoísta con lo que quiero y no cargar rencores, porque prácticamente es como tratar de respirar bajo el agua. Te amo y si quieres alguna penitencia, puedes empezar por quitarte la ropa ―le sonrío mientras beso sus labios con apuro.
―Bella, es en serio... ―corto su parloteo quitándome la blusa, dejando expuestos mis senos.
―Mi excitación también es en serio Edward, sólo necesito que me ames con respeto, que te ames tú para que puedas ser feliz conmigo ―no me responde con palabras, simplemente siento su rendición en la manera en que besa mis senos, con una devoción tan potente que provoca ternura en mí. Beso su cuello hasta que me aburro y le quito la camisa, restregando nuestros pechos y ahora que él tiene sus manos en mi trasero. Nos desnudamos en cuestión de minutos, sólo para retomar la posición inicial, me aferro a sus hombros y siento que me muero lentamente cuando entra en mi cálido interior, nos miramos unos segundos, absorbiendo el placer que nos une y asimilando lo especial que es que podamos conectar nuestros cuerpos de tal forma de parecer uno solo. Cuando siento sus manos en mis muslos ni siquiera doy muestra de que me moleste que toque las imperfecciones de mi piel, él me hace sentir amada, hace que ame mi cuerpo. Al ser levantada y bajada por sus manos los gemidos que salen de mi boca son inevitables. Los escucho gruñir y morder mi cuello, sé lo que quiere decir, lo quiere más rápido, más fuerte… Lo complazco, encontrando sus estocadas con mis empujes y mientras el placer nos reclama no puedo evitar cantar en su oído.
Muévete cariño, muévete cariño, estoy enamorada.
Estoy enamorada.
Estoy enamorada.
Lo escucho reír mientras, en mi vientre, se desata la muy conocida tormenta de delirio que siempre arrasa con él al mismo tiempo.
Descansado mi cuerpo sobre el suyo dejo que Morfeo me reclame.
―En ocasiones creo que eres como la chica de la película de La Huésped y que Lana del Rey habita en tu cuerpo ―fue lo último que escuché antes de sucumbir al sueño.
. . . . . . .
―¿En serio crees que eso me importa? Me dejaron a mi suerte, sus asquerosas vidas no van a manchar lo que tengo con ella.
Me despierto sobresaltada a escuchar a Edward gritar como loco, estoy desorientada un momento hasta que reconozco la suave textura debajo de mí, evidentemente Edward nos movió de lugar y dormimos en la gran alfombra peluda de la sala, al sentarme me doy cuenta de que también nos cubrió con unas mantas que siempre descansan en el sillón.
―¿Y sólo porque esa estúpida es hija de sus amigos tengo que follármela? ¡No soy puto! ―muy bien, eso suena bastante mal, recorro la sala con la mirada y encuentro mi objetivo, la camisa de Edward en el respaldo del sillón. Me cubro con ella y, al salir de la habitación, veo claramente donde está mi novio. Mi muy enojado novio, si me permiten recalcar.
―No me hagas reír, si no fuera por esa pelota, como tú ignorantemente la llamas, estaría muriéndome de hambre, estaría podrido espiritualmente. No me llames más y, si por error del destino nos encontramos por la calle, por favor evítame tener que pecar y romperte la cara por insultar a mi mujer ―corta la llamada y observo sus movimientos, respira rápidamente, sus manos están apoyadas en el desayunador y sus cabeza está baja, mirando el suelo.
―Deduzco que la pelota soy yo y que tus padres quieren venderte por internet ―alza la cabeza y su dolor se convierte en mío.
―No quería que escucharas nada de eso.
―Mi amorcito, casi puedo jurar que te escucharon en la casa blanca ―acorto la distancia que nos separa y lo abrazo, colocando mi mejilla en su espalda―, no te agobies, mejor preparo el desayuno y me cuentas con más calma ¿de acuerdo? ―beso su espalda y, sin esperar respuesta, comienzo con lo que prometí, momentos más tarde un Edward aún enojado está sentado en uno de los bancos del desayunador, tomando café―. Entonces... ―lo animo a contármelo mientras me siento frente a él.
―Quieren relacionarme por la fuerza con una tonta hija de sus amigos adinerados, uno pensaría que esas porquerías sólo se ven en la telenovelas, pero en la vida real existen padres sin moral.
―¡Lo que hace la pobreza! No entiendo por qué gastas energía gritándole a tu padre, podrías haber colgado y listo, pero no, te quedas absorbiendo energía negativa ―para este momento me siento un poco molesta.
―¡Él te insulto! ¿Querías que me quedara callado?
―Lo que no quiero es que insultes a tus padres, ni por mí ni por nadie.
―Debe ser una maldita broma, ellos fueron mezquinos conmigo y crueles en la forma en que se refieren a ti, no se merecen mi respeto.
―¿Cuando has visto a un mal hijo que termine bien su vida?... Mierda, me parezco a mis padres cuando predican, el costo de ser hija de pastores ―el muy tonto de mi novio se ríe de mi monólogo.
―¿Quien podría haber adivinado que me acostaría con la hija de un pastor?
―Cierra la boca, quiero verte reír cuando mis padres vengan a visitarme. Pero no estábamos hablando de mis padres, sino de los tuyos y tu falta de sensatez.
―No quiero seguir tocando el tema.
―Pastorcita Bella te va a dar algo para que reflexiones. Pero te lo advierto, si mis padres llegan a enterarse de esto terminaré contigo. Creo en Dios y lo amo, pero ni por un millón de dólares voy a ir por la vida diciéndoles hermanito y hermanita a las personas que no conozco.
―¿Por qué se dicen así? ―a estas alturas el tonto no para de reír.
―Ya sabes, porque todos somos hijos de Dios y bla bla bla, pero basta, voy a darte mi mensaje.
―Adelante, te escucho ―dice y cruza los brazos mientras apoya su espalda en el refrigerador.
―Dios nos dio libre albedrío para hacer lo que nos diera la gana ¿Entonces por qué insistimos en permitir que otras personas afecten nuestro ánimo?, es como saber que por un camino hay un agujero enorme y aun así caminas hacia él, ¿porque corres hacia lo que te hace mal? Tus padres te afectan de forma negativa, pero apenas te provocan tú los confrontas, sabiendo que están lastimándose. Te amo y quiero que arregles las cosas con tus padres, pero nunca sacrifiques tu paz mental por nadie ―joder, me salió largo el discurso.
Edward no dice nada, sólo me observa con una enorme sonrisa, camina hacia mí y me envuelve en sus brazos.
―Mi gordita sabia ―susurra, me besa de forma nada cristiana y amo cada segundo.
Nota:
No tengo condones acá ―murmura antes de cerrar sus labios sobre un...* : Es una parte del libro que Edward encontró y lee en voz alta.
