Ship: ScotEng


- No te soporto ¡maldita sea!

- ¡Cómo sí tu fueras un puto algodón de azúcar!, ¡Enano de porquería!

- ¿A quién le dices enano, pedazo de animal? ¡Te recuerdo que te tengo aquí! – el inglés estiró la palma de una mano mientras lo señalaba con el índice de la opuesta- ¡Aquí, imbécil!

- ¿Crees que me tienes en tus manos por estar suscrito a la Union Act? –el escocés se acercó y lo agarró del cuello de la camisa- ¡Eres un maldito idiota!

- ¿Crees que te tengo miedo? –sonrió mientras miraba a los ojos del mayor de sus hermanos- ¿Crees que soy el puto mocoso al que puedes volver a atormentar? ¡Pues no, Alistair! –le golpeó el brazo logrando zafarse del agarre.

Gales e Irlanda del Norte veían, desde el sofá que usaron como barricada, a sus dos hermanos sin saber qué hacer. Nunca supieron como una simple reunión de familia había terminado en tamaña situación…

- De la que se salvó Dylan –el menor de los gemelos susurraba al galés, sin saber que más decir. La verdad es que le entraba algo de miedo cuando veía a Arthur y a Scott pelear de esa forma.

- Tiene sus privilegios el ser independiente… -Thomas afirmaba en el mismo volumen de voz- ¿Cómo diablos terminó el encuentro amistoso de fútbol de sus selecciones en semejante pelea?

- Hay cosas que es mejor no recordar, Gales… en serio que no… -Ian bajó la cabeza a tiempo antes de que una silla voladora lo decapitara.

- Parece que a esos cabezadura no les entra la parte de "amistoso" –se tiró hacia la derecha antes de que el florero le impactara en la cara-

- Tienes razón –suspiró pesadamente el irlandés- siempre poniéndose tan intensos recordando sus absurdas rivalidades…

- ¿Crees que algún día podamos ser alguna familia normal? Ya sabes, con reuniones normales, salidas normales, aficiones normales… sin intentos de matanza y esas cosas… -Thomas se deslizó hasta el piso al ver que lo único que faltaba por lanzar eran los muebles pesados. No le convenía permanecer en aquel escondite, el sofá no aguantaría tanto.

- ¿En serio te lo preguntas? La respuesta es clara, Gales… -Ambos empezaron a gatear en dirección a la puerta de la casa- No sé tú, hermano, pero no pienso quedarme aquí. Si quieren matarse, es su problema. –deslizó sus manos hacia la perilla, girándola y saliendo apresuradamente del hogar del menor de los británicos.

- Podemos llamar en unas horas, por si contestan, y confirmar que siguen vivos… -Gales dio una mirada hacia la escena para luego salir tras el norirlandés.

La sala estaba completamente destrozada. Las sillas tenían las patas rotas, los sofás estaban de cabeza y las cortinas hechas jirones. Sólo estaban ellos dos de pie, jadeando, mirándose sin demostrarle al otro ningún rastro de inferioridad.

El silencio dominaba el ambiente. En toda la edificación sólo se oía la respiración entrecortada de ambos, ni un ruido más. Escocia e Inglaterra sonrieron sin romper el contacto que se había formado entre las dos distintas tonalidades de verde.

Arthur y Scott dieron un paso adelante y luego otro aumentando la velocidad hasta tenerse el uno frente al otro. El pelirrojo tomó de la cintura al más bajo y lo jaló hacia él mientras que el inglés colocó los brazos alrededor del cuello del mayor para acortar la distancia entre sus rostros y lanzarse a besarlo de manera casi desesperada, siendo correspondido por el escocés.

Scott fue guiando al rubio hacia el único sofá que había permanecido de pie, el que minutos antes había sido usado por Gales e Irlanda del Norte para ocultarse. Lo recostó y se colocó sobre él para volver a besarlo con pasión mientras sus manos iban hacia el uniforme del menor y deshacía los botones de la chaqueta, acto repetido por el anglosajón quien ya estaba por terminar de desabotonar el uniforme azul del contrario.

El resto de las prendas fue cayendo hasta quedar desnudos por completo, dejando el paso libre a la lujuria que les había costado tanto reprimir desde la última vez…

El plan de siempre había funcionado dándoles la privacidad justificada y libre de sospechas que necesitaban. Ambos sabían que estaba mal pero simplemente no podían detenerse… no podían frenar aquellas emociones que los embargaban por completo al sentir la proximidad del otro…

En cualquier momento los llamarían o regresarían y tendrían que volver a actuar hasta la siguiente oportunidad y estaban conscientes de eso, pero, hasta entonces, estaban dispuestos a sacarle provecho a cada segundo en el que podían disfrutar del cuerpo del otro sin ningún tabú ni prejuicio, sólo siendo ellos dos…