Capítulo I.
¿Conocidas desconocidas?
—Y-Yo... n-no quise hacerlo... f-fue u-un accidente...— lloraba un pequeño peli rojo bajo la mirada feroz de uno de los escolta de su padre.
—Arashi-san, su hija estará bien. Solo tiene un brazo roto. Con un poco de reposo podrá sanarse —dijo su compañera que en esos momentos aplicaba su ninjutsu medico en las heridas menores de la niña.
Al escuchar aquello, el mayor respiro con alivio y desvío su mirada del peli rojo a su hija que seguía en el suelo.
—Bien… la llevare al hospital para que ahí atiendan —anunció, acercándose hacia su hija para levantarla y cargarla con cuidado en sus brazos, mientras el pequeño pelirrojo seguía observando con tristeza el cuerpo inconsciente de su amiga—. Sera mejor que regreses con Yashamaru —le recomendó el Jounin, girándose para ver su rostro una última vez.
—L-Lo siento —se disculpó de nuevo el pequeño, dejando caer sus manos temblorosas a cada los de su cuerpo; luchando por no derramar las lágrimas que intentaban escapar de sus ojos.
Su compañera —que observo al chiquillo desde la parte de atrás— lo miro con desagrado mientras que Arashi lo estudio por unos segundos.
—…Lo sé —susurró el mayor antes de dar media vuelta y comenzar a saltar entre los tejados.
Gaara que abrió sus ojos luego de ese recuerdo, mantuvo su vista clavada en el techo blanco de su cuarto.
Últimamente había estado recordando algunas cosas de su pasado, como aquellos días cuando era vigilado por su padre y tratado como una aberración del mundo ninja. Algunos recuerdos eran difíciles de recordar por completo, como ejemplo el que acaba de tener.
No sabía quiénes eran esas personas, pero suponía que ese día había hecho algo que pudo haber dañado a esa niña.
Gaara sabía que había matado a sangre fría a mucha gente en el pasado, algunas veces habían sido solo accidente. Él jamás había querido dañar a nadie y en aquel tiempo, luego de la muerte de su tío, todo había empeorado en su pequeño mundo.
Sabía que aún había personas que seguían guardándole rencor por aquellos años, gente de su aldea que querían verlo incluso muerto por todas los males que él había causado.
Sabía que era diferente hacerlos olvidar el pasado. Él ahora había cambiado, había madurado y ahora conocía el sufrimiento humano, el dolor. Por eso, intentaba todo el tiempo convivir con la gente de la aldea y conocerlos. Quería darles la paz y tranquilidad que ellos tanto querían para vivir, pero sabía que aquello no era suficiente para la aliviar las heridas del pasado.
El odio era algo que no se iría tan fácilmente, eso lo sabía y lo comprendía perfectamente. Él mismo, en ciertas ocasiones, se había odiado por haberse convertido —por algunos años— en aquella máquina asesina.
— ¡Vamos-dattebayo! —chilló un Naruto extremadamente feliz y animado que caminaba hacia la puerta de la oficina del Kazekage. Luego de eso, el rubio asomo su cabeza por la puerta que entre abrió para ver los pasillos de afuera, esperando que en ese momento nadie apareciera para poder escabullirse fuera de ese edificio.
—Temari vendrá en seguida, no es una buena idea —comentó Gaara que seguía sentado en su silla, con aquella pose ya conocida en él; sin tener intención alguna de moverse de su oficina.
—Ah, ¿Le tienes miedo a tu hermana o qué? —le preguntó el rubio, luego de cerciorarse que no hubiera nadie afuera— ¡Vamos-dattebayo! ¡Es la primera vez que vengo a la aldea de la arena sin ningún tipo de misión y quiero disfrutarlo! ¡Además de que debo aprovechar antes de que Kakashi-sensei aparezca por aquí-dattebayo!
Aquello no le interesaba en lo más mínimo a Gaara que solo mantuvo su rostro serio.
Ya había pasado un día de la llegada del sexto Hokage, Hatake Kakashi —y los demás ninjas que lo acompañaban— a Suna. Apenas un día y Naruto ya estaba molestando al pelirrojo para que este le diera un tour por la aldea.
Sabía que debía ser cortes con sus visitas, pero había un límite y algunas reglas de por medio. Él era el Kazekage, lamentablemente no podía ir y caminar tranquilamente por ahí sin alguna escolta. Además, había un problema mucho mayor y eso Naruto lo sabía a la perfección.
—Habrá una reunión en dos horas, le diré a alguien que te muestre la aldea si quieres —dijo Gaara amablemente y Naruto solo puso mala cara al escucharlo.
— ¡No, no, no! —gritó exasperado; fingiendo arrancarse cabellos rubios— ¡Ya lo dije, tú me mostraras la aldea-dattebayo! ¡Ese es el deber de un Kage!
—Solo quieres ir a probar el ramen de aquí —soltó de pronto Gaara, recordando la última vez que la Quinta había visitado Suna.
— ¡Ja! Bueno, escuche de Tsunade-obasan que la última vez que vino la trajeron a comer ramen-ttebayo —admitió este, sobando la parte trasera de su cabeza con vergüenza al verse descubierto.
—Puedes pedirle a Kankurō que te acompañe —sugirió amablemente—. Él estuvo también ahí y conoce el lugar mejor que yo.
— ¡Ah! ¡Eres un mal amigo, mal amigo-dattebayo! —gritó con falso malestar, al mismo tiempo que lo señalaba con su dedo. Gaara sin decir nada, suspiró y cerró sus ojos con cansancio.
—…De acuerdo —dijo al fin, logrando detener las falsas lágrimas del rubio, luego de que este soltara un par de palabrotas.
— ¡Yoshaaa! ¡Iremos a comer ramen-dattebayo!
— ¿Quién ira a comer ramen? —preguntó de pronto una voz femenina que apareció luego de abrir la puerta.
— ¡Ah! ¡La novia de Shikamaru! —gritó Naruto, asustado por la repentina aparición de la kunoichi— Esto... ¿Cómo te llamabas? —preguntó segundos después, rascándose la mejilla al no poder recordar el nombre de la rubia.
Temari al escuchar eso, frunció su ceño, mostrando una venita peligrosa en ese mismo sitio.
—Gaara, en unas horas tendrás una junta con las personas del consejo y con el sexto Hokage, y tu pensabas salir por un rato con... ¿Este? —cuestionó con enfado, girándose hacia su hermano menor y señalando al rubio bobo de su lado—. Gaara —le llamo al verlo callado.
Gaara que estudio por un rato la situación en la que Naruto lo había metido, trago saliva al no saber cómo salir de esa sin que su hermana se molestara. Era verdad que había accedido al final a acompañar a su invitado al ramen donde alguna vez habían llevado a la Quinta.
…Estaba en problemas serios y él solo se los había ganado.
Temari que seguía a la espera de su respuesta, alzó una ceja y colocó una mano en su cintura, sin despegar su mirada en ningún momento de su pálido rostro.
Antes no le daba importancia las cosas que hacia su hermana o las cosas que le decía a él. La trataba como todos los demás. Una persona débil que asesinaría si llegaba a hablarle de esa forma… como lo hacía ahora, pero en el presente, Gaara temía a una Temari molesta.
Había algo que lo hacía claudicar cuando su hermana mayor le miraba de esa forma.
—…Solo pensaba acompañarlo al puesto de ramen, aquel que llevamos a Tsunade-sama la otra vez. Regresare de inmediato —respondió Gaara, intentando no demostrarse temeroso ante su hermana.
— ¡Eres el Kazekage de la aldea de la arena, mantienes el orden de este lugar! ¡No eres quien va y lleva a los tontos como él a los puestos de ramen!
— ¡Ah! ¡¿A quién le llamas tonto-dattebayo?! —gritaba Naruto, poniéndose a la defensiva; señalándola como ella lo hacía con él.
Gaara que veía la discusión de esos dos comenzaban, suspiró con cansancio y cerro sus ojos de nuevo, esperando que alguno de los dos dejara de gritar por el bien de su cabeza.
— ¡Vaya! Este lugar se parece a Konoha-dattebayo —comentó Naruto caminando al lado del Kazekage—. ¡Pero jamás me acostumbrare al calor que hace aquí! —se quejó minutos después al sentirme morir bajo el sol del desierto, Gaara que se mantenía en silencio observando el camino, no dijo nada.
Naruto al verlo callado como siempre, bajo un poco la velocidad y lo miro de reojo con una mueca al posarse a su lado; manteniendo una caminata lenta como su amigo.
"Siempre esta serio, pero ¿No puede aparentar un poco o algo-dattebayo?", pensó el Uzumaki con frustración.
Luego de haber tenido una discusión con Temari, más bien, luego de la discusión de ambos rubios, Gaara se había cansado de los gritos donde lo que más había podido escuchar era su nombre. "Gaara esto", "Gaara aquello", "¡Gaara!", "¡Gaara...!". No soportaba más los gritos de esos dos y por eso decidió cumplir por una vez el capricho de su invitado, después de todo no demorarían horas comiendo. Al menos eso quería pensar.
Temari tuvo que conformarse con lo que Gaara le había dicho y se había hecho a un lado cuando ambos salían por la puerta de la oficina.
Solamente se había escuchado un: "¡Ja!" por parte del Uzumaki que había acelerado su paso con temor, esperando que a la hermana de Gaara no se le ocurriera corretearlo y le darle en su cabeza con su abanico o algo parecido.
Y ahora ambos caminaban por las calles calurosas de la aldea de la arena, yendo hacia ese puesto de ramen que Naruto quería conocer.
Cuando ambos vieron a un ninja conocido a lo lejos, Naruto observo con picardía a Kankurō al verlo acompañado de dos kunoichi´s.
— ¿Pero qué rayos hacen aquí? ¿…Gaara? — preguntó el marionetista con sorpresa al ver a esos dos juntos por las calles.
— Naruto — fue la respuesta del pelirrojo, girando levemente su cabeza al rubio.
— ¡Eh! ¡No me eches la culpa-dattebayo! —gritó Naruto al escucharlo, comenzando con una pelea mientras las dos mujeres que habían quedado atrás del mayor de los Sabaku, observaban en silencio.
— ¡Tú y tu adicción al ramen! —gritaba Kankurō con enfado al escuchar por qué su hermano se encontraba acompañando al rubio—. Temari se va a volver loca si te encuentra aquí.
—Ella ya lo sabe —respondió Gaara, dirigiendo su mirada hacia las dos personas que seguían detrás de su hermano.
Una de las mujeres al verlo mirar hacia ellas, sonrió como respuesta y Gaara posó su mirada en ella por más tiempo, mientras que la otra se mantenía al margen de lo que pasaba.
—Eh, ¿Y quiénes son ellas-dattebayo? —preguntó Naruto luego de notar como la rubia de atrás le sonreía a su amigo pelirrojo— ¿Unas pretendientas, eh, eh? —bromeó codeando a Kankurō que solo pudo rodar los ojos—. Creo que te las están quitando, mira como esa chica está viendo a Gaara-dattebayo —susurró este en el odio del marionetista que observo de igual forma aquello.
—Idiota, ellas son Kurosawa Eshima y Oshiro Asahi —las presento, colocándose al lado de la más joven, que quedo en medio de su maestra y del hermano de Gaara—. Eshima-sama trabaja en el hospital de Suna y Asahi es su alumna, hace poco regreso a la aldea y estábamos charlando un poco sobre eso antes de encontrarlos a ustedes.
—Mucho gusto —saludó la mayor de ellas, inclinándose hacia el pelirrojo y hacia el rubio con respeto—. Esta es la primera vez que tengo el placer de verlo de cercas, Gaara-sama —comentó sonriendo solamente al Kazekage y Naruto al notar eso, sonrió de lado y rápido llevó su mirada hacia su amigo, pero este en lugar de mostrar lo que el rubio esperaba ver, solo pudo verlo serio. Muy serio en realidad—. Es un gusto hablarle al fin.
—El gusto es mío —respondió Gaara en voz baja —solo por cortesía—, observando con firmeza los ojos amarillos, casi felinos de la mujer.
Había algo en ella que a Gaara se le hacía familiar, y el sentimiento que la mujer le transmitía no era precisamente algo bueno, no, en lo absoluto. La mirada de esa mujer era peligrosa, casi como la que él había tenido de niño… Y eso podría llegar a ser malo en su momento.
Asahi que seguía al margen de todo, escucho rápidamente como Kankurō retomaba el control de la plática y le decía un par de cosas a su hermano sobre aquella junta que habría en unas horas. Luego de otro intercambio de palabras y bromas del rubio, Kankurō decidió acompañarlos a ese condenado puesto de ramen. Por ningún motivo dejaría solo a su hermano con ese chico, podría hacerlo llegar tarde a esa importante reunión.
— ¿Están seguras? Pueden acompañarnos, este chico de aquí es inofensivo, solo tiene cara de bobo pero no es dañino —decía este, en un intento de molestar a Naruto, una vez de haberles preguntado a las dos kunoichi´s si querían acompañarlos a comer ramen.
— No, nosotras debemos ir a entrenar. Asahi aún necesita practicar su ninjutsu médico —respondió la mayor y Asahi le dio la razón a su maestro con un asentimiento.
— ¡Vamos-dattebayo! ¡Tengo hambre! —chilló el Uzumaki, colocando de pronto sus manos en su estómago y logrando sacar una pequeña sonrisita en Asahi que vio como Kankurō de nuevo se molestaba con él mientras Gaara solo se encogía de hombros.
—Bueno, nos vemos otro día Eshima-sama, Asahi-san —se apresuró en despedirse el marionetista luego de colocar las manos en la bocaza del rubio que no dejaba de quejarse.
—Nos veremos en alguna otra ocasión —dijo Eshima, despidiéndose con otra inclinación, seguida de Asahi que la imito con gracia—. Con su permiso, Gaara-sama.
Cuando ambas se hicieron camino entre ellos, Gaara frunció lo poco que tenia de ceño, sintiendo un extraño estremecimiento cuando la mujer llamada Eshima pasó por su lado.
…Y mientras su hermano y Naruto seguían discutiendo sobre su falta de cortesía, Gaara giro su cabeza hacia atrás, solo un poco para observar a esas dos mujeres alejarse.
Asahi que sintió la mirada de alguien clavada en ellas, giró su cabeza para encontrarse con los ojos del Kazekage que ahora mismo la miraban solo a ella.
—… Asahi —le llamó su maestra al sentir que no caminaba a su espalda.
— Hai —acató la joven, observando por unos segundos más al pelirrojo antes de retomar su camino por la arena.
Gaara, frunciendo el ceño, las observo hasta que ambas desaparecieron en la lejanía, mientras atrás, sus dos acompañantes, le llamaban para que los siguiera.
¿Por qué sentía que esas dos mujeres le eran conocidas?
Negando con la cabeza ante eso, suspiró frustrado y giró para seguir por fin al rubio que parecía desesperado por una infusión de sabroso y delicioso ramen.
