Capítulo I: No sabía que existías

Llegaron de madrugada al hostal del pequeño pueblo en el cual vigilarían la construcción de un puente… debían asegurarse que los materiales que llegaban al medio día se entregaran bien y sin contratiempo… por fortuna aún les quedaba un poco de tiempo para dormir.

-Estoy agotado –se quejó el rubio -¡¿Era necesario salir al atardecer?! Debimos partir en la mañana…

-Tú querías salir rápido del castillo… yo sólo acordé con Gwendal las cosas cumpliendo con tus deseos.

-Idiota –murmuró mientras sacaba una camisa de dormir de una pequeña bolsa con austero contenido.

-Aún así fue lo mejor… mientras más nos tardábamos en salir… más preguntas angustiosas te hubieran hecho…

-Lo sé… -cerró los ojos, quitándole importancia y se desvistió –que noche más helada –murmuró poniéndose rápidamente la prenda para dormir y metiéndose en la cama.

-¿no deseas… que me acueste junto a ti?... sólo por esta noche… lo prometo…

-Está bien –contestó inmediatamente el rubio –después de todo es lo que hago todos los días… -corrió las cobijas para que su hermano se metiera en estas.

-sí… lo que hacemos… -una vez dentro, lo abrazó y lo aferró junto a su cuerpo.

Wolfram cerró los ojos y dejó que el calor de su hermano lo arrullara, poco a poco se fue durmiendo sintiendo los brazos a su alrededor y las caricias en su cabello que el castaño comenzaba a darle.

-Conrad –murmuró medio dormido- gracias por apoyarme… te he tratado tan mal –confesó en un ataque de sinceridad que al día siguiente no recordaría.

-Eres mi hermano pequeño y yo jamás he dejado de amarte.

-Eres un tipo demasiado noble… no sé cómo no te han matado en el campo de batalla.

-Porque me es imperioso vivir… para proteger el legado que me he esforzado en forjar.

-Por Yuuri –susurró un poco dolido.

-¿Estás celoso? –comentó divertido.

-No te entusiasmes tanto, Lord Weller –Conrad sonrió con ternura… aún dormido él tenía ese adorable mal genio.

-Buenas noches –besó la frente del rubio, pero este ya no estaba despierto.

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Sintió como unos labios comenzaban a recorrer su cuerpo y unas manos traviesas se colaban debajo de la fina camisa de dormir… ¿Dónde estaba… quién era el que le daba esas caricias? Observó al Maoh que lo despertaba de forma que jamás pensó que ocurriría. Gimió despacito cuando esa mano se coló por la pequeña ropa interior y comenzó a masturbarlo.

La sonrisa en los labios de Yuuri, la lengua en su vientre, la mano sobre su miembro más y más rápida.

-Yuuri –gimió despacito y cuando sintió un dedo ensalivado dentro de su cuerpo no pudo más y se corrió fuertemente… estaba tan sorprendido como eufórico ¡Yuuri lo deseaba! Pero lo que vio al levantar el rostro no fueron los bellos ojos negros del Rey, sino unos café, brillantes, que lo miraban con cariño.

El rubio se despertó exaltado… qué había sido eso… por qué su sueño húmedo comenzó con Yuuri y de pronto era Conrad el que estaba manoseándolo… eso estaba mal, era su hermano… ¡Dios! ¡Era asqueroso!

Notó su ropa interior húmeda y se avergonzó por eso… su hermano aún lo abrazaba y se aterró de haber gemido algo en sueños… él solía hablar continuamente y Conrad tenía el sueño liviano. Con cuidado se volteó para quedar de espalda a él, rogando porque no se despertara, pero no tuvo tanta suerte.

-Wolfram… ¿estás bien? Te veo un poco agitado- cómo no estarlo con el patético sueño que vino a estropear las pocas horas que ese día dormiría.

-Nada de tu incumbencia Weller… sólo duérmete…

El castaño sólo suspiró y le rogó que cuando quisiera hablar confiara en él para hacerlo, luego se quedó dormido… Wolfram no tuvo tanta suerte.

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No hubo ningún problema en la entrega de materiales, pero se enteraron por los campesinos que estaban rondando ladrones desde el comienzo de los trabajos del puente.

Ellos se preocuparon… esas obras eran importantes para el crecimiento de Shin Makoku y ellos como representantes del rey debían velar por la seguridad de la obra y del pueblo que trabajaba en construirla.

-Nos quedaremos –dijo firmemente Wolfram –no podemos dejarlos a la merced de esos bandidos… es nuestra misión como soldados el proteger a los súbditos del Maoh.

-No se preocupen, caballeros, nos quedaremos dos días más… lo suficiente para que envíen soldados que vigilen la construcción y los materiales –les sonrió Conrad.

Los aldeanos estaban tan agradecidos que les invitaron el almuerzo con verduras cosechadas en el mismo pueblo. Las mujeres cocinaron alegres y los hombres les brindaron vino y una buena conversación. Estaban felices, porque tenían miedo de que por intentar robar algo, mataran a alguna persona. Conrad y Wolfram entendieron su preocupación… era absolutamente lógica y sabían que estaban haciendo lo correcto.

Luego de eso comenzaron a montar guardia alrededor de la ciudad y del puente a medio construir. El castaño estaba vigilante, como siempre, mas el rubio no hacía más que cabecear… aunque era un soldado, estaba acostumbrado a otro tipo de vida más bondadosa… habían viajado hasta la madrugada… y por si fuera poco ese extraño sueño lo había mantenido despierto mucho tiempo más…

No podía quitarse de la cabeza esas imágenes tan sensuales… y lo peor de todo es que en algún momento sus pensamientos cambiaron a Yuuri de protagonista, por su hermano, imaginando que este besaba su cuerpo y lo tocaba con pasión… ¿así se sentirían sus caricias?

…Por Shinou… ¿estaba bien todo eso?... porque de pronto ya no le parecía ni asqueroso, ni descabellado…

-¡Wolfram! –despertó de su ensoñación y miró desconcertado a Conrad… ¿desde cuándo estaba ahí… él jamás se enteró de nada… ¿acaso estaba tan aletargado?

-Te estás quedando dormido en el caballo.

-L-lo siento….

-Está bien… descansa, acamparemos junto a los materiales… haremos turnos en la guardia… comenzaré yo porque tú te ves muy cansado –el castaño ya había empezado el improvisado campamento y le pidió ayuda al rubio para encender una fogata. Luego de eso al menos tuvo la posibilidad de dormir como la gente… por fin.

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Se movió en sueños mientras descansaba al lado del fuego, murmuró un par de cosas dormido mientras sus mejillas comenzaban a teñirse de rojo. Tenía un reposo inquieto.

Conrad se asustó… ¿y si estaba teniendo una pesadilla? Debía despertarlo… pero de pronto escuchó algo que hizo que lo meditara…

-Un gemido –susurró sonrojado –entonces lo que escuché la otra noche fue eso también… -nervioso…

Suspiró y se concentró en el fuego. No es que fuera casto, ni que no supiera lo que era el sexo… es sólo que un hermano jamás debería escuchar ese tipo de cosas, pero no es que pudiera criticarlo… Wolfram estaba en plena edad donde las hormonas lo traicionaban y aunque fuera un soldado entrenado, nadie jamás dijo que eso implicara no sentir atracción sexual por alguien…

Miró el cielo y sonrió al ver las estrellas que la luz de la fogata aún lo permitía. Estaba despejado… podía adivinar que si no hubiera fuego tendría un techo de estrellas sobre su cabeza.

Otro gemido.ç

Pobre Wolfram… prefería no despertarlo o su hermano jamás volvería a mirarlo a la cara y menos con lo orgulloso que era…

Se calentó las manos en el fuego, mientras una mitad de su mente estaba atenta a cualquier movimiento raro, la otra mitad divagaba en cualquier pensamiento con tal de no escuchar los suspiros placenteros de su hermano. Quizá debería caminar un poco al bosque a ver si encontraba algo extraño, sería rápido, sólo para cerciorarse… por experiencia propia los forajidos se escondía en el espesor del follaje y ahí esperaban el momento de actuar.

No era que estuviera escapando.

Se paró, afirmando su espada con una mano, dispuesto a caminar cuando escuchó algo que jamás creyó posible…

Entre gemidos y suspiros su hermano pronunció su nombre.

-C-Conrad –una y otra vez, cada vez más seguido… eso era un error… eso no podía estar pasando… no esperó a mirar el rostro de su hermano, sólo se impulsó y prácticamente corrió hasta el otro lado del cerro de madera que estaban protegiendo.

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-¡Conrad! –se despertó con un fuerte gemido de placer… y cuando asimiló lo que estaba pasando se aterró de que su hermano lo hubiera escuchado. Se sentó intentando cubrir el pantalón manchado y húmedo y fue un alivio increíble al notar que el castaño estaba montando guardia lejos de ahí. Tenía suerte de llevar un cambio de ropa a mano… en las excursiones siempre terminaban mojados, embarrados e incluso a veces manchados en sangre y aunque era un soldado, antes que nada era un príncipe y debía cuidar su apariencia. De todas formas tendría que lavar esa mancha lo antes posible si no quería que se alguien notara la vergüenza que estos escondían.

Se paró de su puesto y notó que el cielo comenzaba a tomar un tono azul en vez de negro. Se apresuró a cambiar de pantalones y buscó a Conrad para relevarlo… no era justo que sólo él durmiera… dentro de todo ambos eran soldados.

-Conrad –se avergonzó al verlo a lo lejos… su mente lo traicionaba queriendo adivinar si sus besos eran tan apasionados como en sus sueños húmedos… y se sentía asqueado al querer saber esas cosas… porque tenían la misma sangre… porque eran hermanos… porque era prohibido… -Conrad –llegó dónde él y mantuvo la distancia… no quería que su cuerpo lo delatara, que al sentirlo cerca se viera amenazado y lo atacara con su lengua afilada o con un empujón.

-Wolfram… despertaste solo…

-Sí… vine a relevarte… creo que te hace falta, te ves cansado…

-Me siento… -quería decir desconcertado, pero se arrepintió- sí… agotado…

Wolfram no quiso decir más… pero al notarlo tan decaído se asustó un poco… ¿acaso había ocurrido algo en su ausencia? Quizá se sentía mal por estar lejos de Yuuri… ese sólo pensamiento hizo que un nudo en el estómago se le formara y sintiera celos de la situación.

El problema era descubrir si eran por su prometido… o estaba celando a su hermano…

-¡Maldición! ¡No seas idiota! ¡Es obvio que por Yuuri! –pateó el suelo enojado consigo mismo y se marchó a hacer guardia.

A lo lejos y sin que Wolfram supiera que aún estaba ahí, Conrad no pudo hacer más que aceptar que ese berrinche fue adorable.

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Finalmente ninguno pudo descansar bien y aunque Conrad estaba acostumbrado, Wolfram se sentía destruido.

Dejó que el castaño entregara turno a los guardias reales que habían aparecido pasado el medio día y aprovechó de lavar sus pantalones antes de tenderse a la cama y dormir.

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No era extraño ver jugar a Yuuri y a Conrad en el patio del castillo, todos lo sabían y a nadie le sorprendía… que a él le molestara era otra cosa.

No sabía qué le encontraban al baseball, lanzar una pelotita idiota a un receptor aún más idiota… arriesgarse a ser golpeado por una de esas cosas no debía ser gracioso… y menos con la velocidad con que las lanzaban.

Aún así se sentaba a cierta distancia de ambos, generalmente cubierto por las ramas de algún matorral y los observaba de lejos.

La figura de Yuuri cambiaba en ese juego… se volvía armónica y estilizada… tan seguro de sí mismo… quizá eso era lo único bueno que tenía ese tonto juego…

Lo que sí era repetitivo… y eso le molestaba mucho… tampoco le gustaba que cuando estaban juntos y no había nadie más a su alrededor, pero ya se había dado cuenta que no sólo era cuando jugaban… ocurría entre ellos en cada minuto del día… siempre se sentía excluido. Por mucho que había intentado meterse al medio sólo había conseguido sentirse expulsado.

Su hermano mayor quería a un recién llegado más que a él mismo y su prometido quería a su guardia personal más que a la persona con la que se iba a casar.

Así era en todo… desde que Yuuri había llegado a su vida él se sentía absolutamente desplazado por todos… muchas veces se preguntaba por qué no se iba donde su tío… él si lo quería… es más lo amaba con todo su ser… quizá lo consideraba el hijo que nunca tuvo.

Rompió un segundo sus pensamientos y se dio cuenta del silencio que había en el castillo… de pronto las personas, los pájados, el agua corriendo, habían desaparecido a sus oídos.

Miró a todos lados desconcertado. Intentó caminar a algún lado, pero en todas partes era igual.

Agarró su espada… eso lo había dejado inquieto… debía ser que algo andaba mal… su misión más importante era proteger al Maoh mientras ese debilucho se tomaba un recreo de sus obligaciones.

Caminó unos pasos y encontró a Doria, Lasagna, Sangría y Effee sorprendidas y a la vez emocionadas viendo en dirección al patio principal. Volteó lentamente la cabeza y lo que vio le hizo botar la espada e inmediatamente se le llenaron los ojos de lágrimas.

-Yuuri… C-Conrad –frente a él ambos estaban compartiendo un beso dulce, suave y profundo… un beso que parecía ser la promesa de algo más.

Intentó gritar, pero las palabras no lograban atravesar su garganta, intentó correr pero tenía los pies pesados como roca… esa era una pesadilla… tenía que ser una pesadilla.

Se despertó sobresaltado, con los ojos rojos y brillantes y las mejillas mojadas, se sentó en la cama impactado y aún dormido, volteó la cabeza y lo primero que vio fue a Conrad tirado en la cama de al lado, se paró indignado y comenzó a zamarrearlo.

-¡¿cómo te atreves a besar a Yuuri?!

-¡¿Qué?! ¡Wolfram, deja eso!

-No hasta que me digas ¡¿qué estabas haciendo besando q mi prometido?! Es verdad que lo voy a dejar ¡pero es mi prometido!

-Por Shinou –le tomó las manos para que parara lo que hacía y lo miró a los ojos –Wolfram, despierta.

De pronto el rubio se dio cuenta que no estaban en el castillo, recordó el viaje y abrió los ojos, enormes.

-L-lo siento… -le soltó el cuello del traje… se había dejado llevar por una pesadilla… eso era vergonzoso… pero se sentía aliviado.

Conrad se sentó en la cama y le sonrió con ese gesto amable que siempre llevaba en el rostro.

-Has estado muy agitado desde que decidiste romper el compromiso con Yuuri… iré a buscar en la cocina de la posada alguna hierba que te haga dormir sin sueños… lo que necesitas es descansar, no más problemas.

Wolfram asintió, regresó a su cama y se acostó. Se enrolló en sí mismo, escondiendo el rostro en sus rodillas. Estaba asustado… estaba muy asustado. Porque en el sueño sintió que las dos personas que más amaba en el mundo lo estaban traicionando y a Conrad no lo estaba amando como un hermano. Ya no sólo eran esos sueños húmedos… ahora era una cosa de sentimientos y eso lo aterraba.

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En la mañana siguiente, ya habiendo dejado todo en orden y los materiales con resguardo de soldados, volvieron a salir. Gracias a la hierba que el día anterior se consiguió su hermano había logrado dormir con tranquilidad y por fin se sentía descansado, dejando de pensar en cosas que sólo le afectaban… sin cansancio en el cuerpo era mucho más fácil mantenerse cuerdo. Además estaba seguro que los días pasados en ese pueblo había comido más que todos los días en el castillo… se sentía alegre y por fin había recobrado su porte orgulloso y lo más importante, ya no se sentía débil.

Conrad lo miraba de reojo. Estaba aliviado del cambio de actitud de su hermano… se había preguntado si estuvo bien el sacarlo a rastras del castillo y en el primer pueblo no hizo más que dudar si ese era el tipo de misión que necesitaba. Pero el verlo así lo aliviaba y agradecía a Shinou el poder ayudarlo como él necesitaba ser ayudado.

Sólo había una sombra en su corazón y esa era el miedo de perder el rumbo de sus propios sentimientos con respecto al rubio.

Jamás lo habría pensado… pero desde la noche de guardia no había dejado de preguntarse y debatir consigo mismo… primero pensaba sólo en su hermano y qué podría estar sintiendo, pero poco a poco los pensamientos terminaron en su propia persona y se asustó en saber que no le molestaría besarlo.

Tenía que admitir que no había dormido bien por culpa de eso, pero era un soldado con experiencia en el campo de batalla… estando ahí tampoco era posible tener un sueño reponedor y aún con cansancio acumulado debía seguir rindiendo.

A la hora de almuerzo se detuvieron en una posada para comer algo y aprovechar de hidratarse pues el viaje había sido con un sol luminoso sobre sus cabezas.

-Buenas tardes ¿qué desean comer? –la joven que apareció con traje de sirvienta no pudo evitar sonrojarse al ver al mayor –les puedo recomendar el pescado de río que es el mejor de la zona –miró de reojo a Conrad… este sólo le sonrió con la misma gentileza que hacía todo en la vida.

-Yo comeré pescado –la miró directo a los ojos haciendo que la chica quisiera derretirse.

-Yo quiero algo de carne –contestó Wolfram a la sirvienta con un tono enojado, observando cómo esta estaba absolutamente distraída con su hermano.

-Y… ¿para beber?

-Algún jugo de frutas, estamos de servicio, gracias.

La chica se marchó entusiasmada, esperando que le hubiera agradado al castaño, por su parte el rubio clavó una mirada llena de recelo en su hermano quién comenzó a sentirse incómodo con todo eso.

-¿Qué pasa? –Wolfram bufó y se enojó aún más.

-¡Estabas coqueteando!

-¿Qué?

-¡Le coqueteaste a esa chica! ¡¿Qué piensas que soy idiota?!

-¡Claro que no! ¡Sólo fui amable con ella y ella sólo hacía su trabajo!

-¡No! ¡Ella te miraba como si pudiera comerte!

-¿Ah? Wolfram, estás alucinando.

-¡Nada de alucinando! ¡¿Por qué tienes que sonreírles a todos, es necesario ser tan amable con gente que ni siquiera conoces?! Estás igual que ese idiota, debilucho de Yuuri –Conrad lo miró sorprendido… qué le pasaba… de pronto se sintió en la posición del Maoh cuando era el centro de uno de esos atraque.

-… ¿estás celoso? –el castaño lo miraba incrédulo. El príncipe se calló de pronto y abrió los ojos sorprendido… ¡Claro que estaba celoso, pero su hermano no podía saberlo!... Eso era inmoral.

-¡Claro que no!... es sólo que es asqueroso ver como tu hermano coquetea con la primera mujer que se le pone al frente… -desvió la mirada, procurando parecer enojado.

-Tú sabes que no coquetearía de esa manera descarada con nadie y menos estando en servicio.

-¡Eres insoportable! –gruñó y se enojó aún más cuando la chica sirvió los platos con lentitud predeterminada.

-¡Que tengan buen provecho! –con una reverencia se marchó.

-¿Viste?

-Puede ser… pero eso no significa que yo le esté coqueteando de vuelta ¿no crees?

-Cómo sea… -enterró el cuchillo y el tenedor en la carne y comenzó una masacre en su plato… Conrad tuvo que admitir que eso era algo intimidante.

Terminaron y pagaron la cuenta y en cuanto a la mesera se le ocurrió mencionar "por si acaso" que al lado había una posada, Wolfram agarró a su hermano de la manga y lo arrastró al caballo sin siquiera despedirse.

-¡Vámonos! –hizo correr a su animal ¡Es que estaba tan indignado!

-¡Ey! ¡Espera! Este niño –lo siguió por un largo trayecto hasta que llegaron a un río… los caballos estaban cansados de correr y tendrían que detenerse nuevamente por culpa de la carrera -¡Un soldado no puede perder la compostura! ¡Y menos por una tontera! –reclamó el mayor, ahora él también estaba enojado.

-¡Era demasiado el descaro! ¡Y tú no hacías nada por detenerla! ¡¿Por qué, ella era de tu gusto?! ¡Te recuerdo que en este minuto yo soy tu acompañante, saliste del castillo para estar conmigo y no para irte con cualquier mujer que apareciera en tu camino!

-¡Rayos, Wolfram, de qué estás hablando, sólo me miró un poco más de la cuenta, yo no alenté nada! Sólo fui educado, nada más que eso –Conrad estaba sorprendido y frustrado a la vez, lo miró serio… ¿cómo preguntarle con delicadeza qué era lo que sentía por él? … no se le ocurría nada… seguramente no había forma de que lo hiciera sin que saliera corriendo. Todo eso estaba mal… -acamparemos acá, mañana llegaremos al siguiente pueblo… después de todo los caballos necesitan descansar.

Wolfram asintió y decidió que era buena idea ir a recolectar leña… el castaño sólo lo miró irse y se preguntó si es que durarían un mes completo con esa tensión creciente.

Sabía que había una cosa torcida en todo lo que estaba ocurriendo y un presentimiento le dijo que había comenzado algo que no serían capaz de parar… y eso lo tenía descompensado.

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-¿Conrad?

-¿Mmmh? –el castaño lo miró a los ojos… las facciones de su hermano brillaban con la luz que del fuego se desprendía… la noche, muy contrario al buen tiempo que habían tenido en la tarde, estaba fresca.

-¿Tú estabas enamorado de Julia? –el comandante se sorprendió con la pregunta… ¿hasta cuándo su hermanito iba a seguir con ese tipo de cosas?

-No –niegó con la cabeza.

-No te creo –susurra… en su voz esta vez no habían celos, sólo estaba cargada de una especie de pena… a él también le había afectado la partida de la chica… dentro de todo era su maestra.

-Ella estaba comprometida.

-¿Acaso uno puede mandar al corazón? ¿Se le puede decir "tú no puedes hacer esto porque es indebido" y programar de quién te enamoras o no? –Wolfram se sonrojó al decir eso y aunque Conrad pudo notarlo prefirió no decir nada.

-Quizá tengas razón, pero mis sentimientos por Julia no es algo en que desee pensar… menos ahora que no está.

-¡Mentira!... –la voz del rubio sonó como un grito, haciendo callar al crepitar de las llamas mientras él pronunciaba esas palabras –hay una parte de ella en Yuuri… ¿qué es lo que sientes realmente por él?

-Wolfram… -le sonrió… ahora sí eran celos –él es mi ahijado y mi Rey… por lo tanto debo protegerlo, le tengo un cariño especial, pero él no es Julia.

-¿Estás seguro? Porque yo veo que te brillan los ojos cuando juegas con él a lanzarse esa pelotita –el mayor levantó una ceja y luego estalló de la risa.

-Esas son palabras de un prometido celoso, nada de lo que dices está en lo correcto.

Se hizo un pequeño silencio entre ellos… como si ambos pensaran en sus propias cosas.

-Entonces… ¿alguna vez te has enamorado?

-Creo que no.

-¿Y piensas enamorarte alguna vez?

-No es algo que me quite el sueño.

-Es una lástima –susurra, acomodándose para dormir.

-¿Por qué?

-Sé que podrías hacer muy feliz a alguna persona.

Conrad miró el cuerpo ya dormido de Wolfram… como siempre su sueño era rápido y profundo. ¿Hacer feliz a alguien? Ahora sólo se le venía a la cabeza el problema en que se meterían si es que él se enamoraba y eso… no haría feliz a nadie.

Al día siguiente viajaron… y así lo hicieron, por una semana, notando como todo estaba en su lugar y ayudando en lo que podían a los aldeanos de Shin Makoku. Wolfram ya no tenía la mirada perdida y se veía mucho más animado, Conrad llegó a la conclusión de estar atascado en el castillo tanto tiempo había hecho estragos en la fuerte personalidad de su hermanito.

Habían dejado de lado esas tonteras de los sueño… a medida que el rubio recobraba los ánimos, ambos iban dejando dudas tontas atrás y se concentraban en disfrutar del viaje. Al final, y a pesar de los incidentes del principio, Conrad daba las gracias de poder compartir con su hermano todo ese tiempo… de verdad que lo extrañaba… y aunque a veces el carácter del rubio seguía siendo explosivo y orgulloso, ahora podía acercarse a él y este no le gritaba absolutamente nada sobre ser medio humano.

También pudo notar en el ser maravilloso que se había transformado Wolfram… él, el malcriado y caprichoso príncipe de temperamento efervescente, que ponía la sangre y los títulos como carta de presentación de la gente, ahora compartía con las personas del pueblo, jugaban con los niños, dejaba que las madres lo trataran como un querubín y se comportaba caballeroso con las muchachas que se acercaban atraídas por su belleza.

En esas ocasiones no lo escuchó gritar, ni enfadarse, ni ser grosero con nadie y estaba seguro que no era sólo una actuación, sino que lo estaba disfrutando… esa vida humilde, la gente amable, el trabajo bajo el sol. Se acostaba cansado y dormía profundamente para levantarse temprano para trabajar y ayudar en lo que pudiera.

Eso debía agradecérselo a Yuuri… desde que el moreno entró en la vida de Wolfram este comenzó a cambiar su corazón hasta ablandarlo y volverlo bondadoso y gentil. Siempre pensó que su hermano tenía material para ser una excelente persona, pero que al habérsele dado todo se volvió un ser egoísta. Dentro de todo era el favorito de su madre… y no podía culparla ya que Wolfram era varios cientos de años menos que él o que Gwendal.

¿Realmente le iba a hacer bien al rubio dejar a Yuuri? Su hermano lo amaba y sabía que lo perseguiría hasta la misma muerte si era necesario… intentaba hablar de eso con él para que pudiera aclarar las cosas, pero cada vez que sacaba el tema este salía con alguna evasiva y eso se estaba convirtiendo en una costumbre… tendría que buscar la forma de recordarle que cuando llegaran al castillo debía que tener el valor de enfrentarse a Yuuri y romper el compromiso o en su defecto, soportar a un Rey que no parecía estar muy interesado en ser novio de un hombre.

…aunque él creía que a Yuuri no le era indiferente Wolfram…

-¿Realmente lo vas a dejar? –susurró Conrad mientras hacían guardia juntos en el pueblo.

-No lo hago por mí… lo hago por él…-

-tú lo amas…

-Jamás lo he negado…

-Pero… ¿qué es lo que quieres en este momento?

-¿En este momento?... –lo miró un segundo, pensando, perdiéndose en los ojos del mayor- en este momento… pues… esto –Conrad fue empujado a un callejón oscuro y besado de manera brusca por los labios de su hermano.

Wolfram en ningún minuto cerró los ojos ni dejó de fruncir el ceño… prácticamente estaba esperando el empujón y los sucesivos reclamos enojados del mayor, pero eso nunca ocurrió… en cambio sintió como los brazos de del castaño le rodeaban su fina cintura y comenzaba a responderle el beso con lentitud y mucho cariño.

Cuando se separaron ambos estaban sonrojados y sorprendidos.

-M-me respondiste –susurró como si le reclamara algo…. Quizá sí le estaba reclamando… Wolfram estaba seguro que si Conrad lo rechazaba podría dejar de pensar en eso pues ya lo había intentado… pero no fue así.

-Me besaste –el mayor apoyó la frente en la frente del menor y le sonrió con dulzura. El rubio desvió la mirada sonrojado y dejó que el silencio de la noche invadiera el espacio tan íntimo y los rodeara aislándolos del resto de la tranquila ciudad.

-¿no… no me dirás nada?... ¿no me vas a preguntar o… reclamarme?

-No…

-¡Pero somos hermanos!

-Lo sé…

-Pero… ¡Pero tendremos que estar ocultándonos siempre!

-No me importa.

-Pero, Conrad… -los labios de Wolfram fueron silenciados por otro beso, más profundo, con más experiencia, con más deseo. Un beso con mucha lengua, labios y saliva, lleno de inconsciencia, uno que le estaba robando la lucidez y de paso los miedos y las angustias… ¿Dónde había aprendido a besar así si se la pasaba en misiones?

-Vamos a la pensión…

-¡¿Qué?! –intentó soltarse indignado -¡Pervertido, qué estás pensando!

-No haremos nada –se rió al ver la reacción de su hermanito- sólo es hora de dormir –le acaricia el rostro.

-Esto es asqueroso Conrad… somos hermanos…

-¿Tanto te disgustó el beso? –la reacción abatida de Wolfram le confirmó que no había sido así –a mí también me gustó…

-¿Por qué?...

-¿Por… qué?

-¿Por qué me correspondiste?

-La verdad es que no estoy seguro del porque, sólo sé que aunque no sea lógica esta situación quiero estar contigo… así pasa con todas las cosas importantes en la vida ¿no? Llegan de improviso y generalmente son decisiones permanentes en el tiempo… decisiones impulsivas e imprudentes, pero que no se puede escapar de ellas…

-Yo también quiero estar contigo –susurró acurrucándose en el cuerpo de su hermano - ¿serás mi bastón en este momento tan difícil?

-Wolfram… desde un principio he estado ahí para ti, es sólo que tu orgullo no te ha dejado verlo…

-Gracias… -el aliento de ambos cuerpos fue robado nuevamente en un beso que sellaba el pacto adquirido entre ambos.

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-¿Gwendal? –el Maoh observaba fijamente el patio desde la ventana de su oficina… desde que los dos se habían ido que no dejaba de mirar el lugar donde se escondía Wolfram del resto de los habitantes del castillo.

-¿Qué, su majestad?

-¿Has recibido noticias de tus hermanos?

-Supe que esta tarde llegaban al pueblo de Oni, un pequeño pueblo costero que subsiste de la pesca, estamos construyendo un puerto ahí, su posición es estratégica para dar con naciones humanas aunque nunca se había desarrollado el interés en eso porque estábamos en guerra. Se han informados de bandidos comunes que llamados por la enorme cantidad de materiales y de carrozas con metales preciosos y piedras, han estado usurpando envíos, casas y locales. Los envié junto a Yozak a evaluar la situación y dependiendo de su respuesta enviaremos refuerzos.

-¿Conrad te ha escrito algo de Wolfram?

-Dice que ha estado comiendo bien y durmiendo correctamente, que aumentó de peso y vuelve a verse vigoroso, a su criterio regresó a su porte orgulloso y se encuentra alegre ayudando a las personas de los pueblos.

-Wolfram ya no es el mismo niño caprichoso que conocí al llegar acá.

-Esa transformación ha sido gracias a su majestad… desde que es su prometido ha aprendido a confiar en las personas y a intercambiar ideas y conversación con estas, sin importar la raza, la condición política o económica.

-Mmmmh… creo que podríamos sorprenderlos con una visita esporádica ¿no lo crees?

-Pues… sé que es una irresponsabilidad, pero… creo que estoy de acuerdo con usted ya que sigo preocupado por Wolfram.

-Si sé… yo también… además los extraño… -Gwendal lo miró de manera inquisitiva.

-¿A Conrad?

-Y a Wolfram también… se siente grande la cama sin él… es increíble que lo reconozca, pero tanto tiempo durmiendo en el mismo lugar se comienza a extrañar.

-¿No será… -comenzó el mayor, pensando bien cada palabra que diría –que a su majestad no le es tan indiferente su prometido?

-¡¿Qué?! No, no, no de la forma que dices. Él es un excelente amigo que siempre está ahí para mí, pero nada más, es cierto que lo estimo mucho, pero de una forma absolutamente fraternal… dentro de todo… somos dos chicos.

-Oh.

-Pero como amigo me asustó mucho la actitud de Wolfram… así que deberíamos ir a verlo para quedar tranquilos… siempre es bueno saber las cosas de primera mano… no es que no confíe en mi padrino pero en cartas tan pequeñas no basta para relatar todo.

-Muy bien, partiremos mañana en la mañana.

A la mañana siguiente, dejando atrás a Gunter, con sus clases de historia, sus lágrimas de nostalgia por Yuuri y su gran amor por este, se encaminaron con algunos hombres al pueblito costero que albergaba a su guardia personal.

Viajaron todo un día y finalmente con el cansancio de media noche llegaron a lo que parecía un campamento. Yozak se sorprendió al verlos, pero sonrió complacido y les dio la bienvenida, invitándolos a acercarse al fuego.

-Acampamos aquí para hacer guardia –explicó el pelirrojo –aunque Wolfram se esté quejando continuamente –se rió.

-¿Dónde están? –preguntó impaciente el Maoh.

-Pues yo vigilo el campamento y el acceso principal del pueblo por si entra alguien extraño… ellos se encargan del bosque que al ser espeso es especial para esconder bandidos.

-¡Pues iré a verlos!

-Deberíamos esperar hasta mañana, ya es de noche y es peligroso –murmuró con voz seria Gwendal.

-Tranquilo, sólo veré si están cerca, si no los encuentro por alrededor regresaré y los vemos mañana –se fue corriendo en dirección del bosque gritando un "gracias Gwendal" mientras se perdía entre los árboles.

-Nunca le hace caso ¿no? –comentó, sonriendo Yozak.

-Nunca hace caso a nadie… -suspiró cansado el moreno.

Caminó buscándolos en la oscuridad del bosque… rayos… cómo era tan idiota de no llevar consigo una linterna o algo para alumbrar… a veces pensaba que el rubio tenía razón y era un enclenque… caminó un poco más ya dándose por vencido… no quería perderse y luego recibir una reprimenda por parte de Gwendal.

Comenzó a caminar hacia el campamento… había montado todo un día, quizá estaba bien primero descansar. Casi llegaba con los mayores cuando vio una luz perdida en medio de unos matorrales… ¿serían ellos? Se acercó con cuidado, procurando no hacer ruido ya que si eran ladrones estaba en desventaja él solo.

Lo que vio al asomarse lo dejó congelado en el lugar.

Conrad tenía atrapado a Wolfram entre su cuerpo y un árbol, besándolo de forma profunda, con ambas manos afirmadas sobre la cabeza del rubio quien en realidad no luchaba por escapar.

Un suave gemido escapó de los labios del que se suponía era su prometido y lo vio separarse levemente.

-C-Conrad… dijiste que sólo un poco… -jadeó al sentir los labios sobre su blanco cuello.

-No pasaremos de esto –lo aprisionó un poco más contra su cuerpo.

-D-deberíamos estar montando guardia.

-Ya lo hicimos… volveremos a hacerlo en una hora más.

-E-Está bi… -Conrad volvió a callarlo con un beso.

Yuuri tragó en seco. Retrocedió intentando ser tan sigiloso como cuando llegó y cuando estuvo a una distancia prudente se alejó corriendo del lugar con la cabeza confundida, sin poder olvidar la imagen que acababa de ver, con una presión horrible sobre el pecho y con los ojos ardiéndole.

Qué rayos le pasaba… en vez de sentirse preocupado porque esos dos fueran hermanos, que era inmoral y socialmente reprobado y que ambos compartieran un secreto tan grande, se sentía traicionado y adolorido… y lo peor de todo… ¿esos eran celos?

Cuando llegó al borde del bosque paró de golpe, se secó las lágrimas, se quedó quieto hasta regular la respiración y volvió caminando intentando actuar lo más normal posible. Miró a Gwendal y Yozak entablando una conversación alrededor del fuego.

-No los encontré…

-Lo supuse… está muy oscuro, será mejor que vayamos a la posada y mañana en la mañana hablemos con ellos.

-Sí, es lo mejor.

Se despidieron del pelirojo y se marcharon al hostal, Yuuri estuvo muy meditativo todo el camino y estaban por separarse para dirigirse a sus cuartos cuando él habló.

-Llevo… dos años comprometido con Wolfram ¿no?

-Sí… ¿por? –Gwendal lo miró confundido.

-Creo… creo que es hora de que demos el siguiente paso –murmuró abriendo la puerta de su cuarto.

-¿Siguiente paso?... se refiere…

-Le voy a pedir matrimonio –respiró, retomó su compostura y le sonrió –buenas noches –desapareció en la habitación, dejando al moreno asombrado.