- Tú… ¡Maldito arrogante! –

Tashigi se enfurecía por la soberbia de Zoro. De nuevo, lo tenía frente a ella, y de nuevo, sus personalidades chocaban de manera arrolladora, alterando todo a su alrededor. La capitana apretó, con fuerza, su mano alrededor de la empuñadura de su espada, desenvainándola ligeramente.

- Yo no soy arrogante, quizás eres tú, que no estás a mi altura –

- Ro-ro-ro…¡Roronoa! –

El ambiente se tensó alrededor de ellos, sus compañeros comenzaron a violentarse. Era cierto que eran piratas y marines, dos polos completamente opuestos, pero, Zoro y Tashigi, parecían llevarse especialmente mal. La capitana, tan impulsiva como siempre, terminó de desenvainar su espada, y se abalanzó sobre Zoro, sin ni siquiera pensar en una estrategia.

- ¿Ah? Pensaba que habías mejorado un poco, pero te veo igual de impulsiva… mujer imitadora

Tashigi frunció el ceño y apretó fuertemente los dientes. Subió sus brazos y, con toda su fuerza, descargó un ataque sobre Zoro, pero éste era rápido, y con un grácil movimiento de muñeca, desenvainó sólo lo suficiente de su espada para frenar el ataque de la capitana.

- ¡Zoro! ¡Se puede saber qué haces, idiota! ¡No es tiempo para estar peleándonos con la Marina! Tenemos un GRAN problema que resolver –

- ¡Vamos, capitana-chan! ¡Tú puedes con el cazador de piratas! –

- ¡Ánimo, Tashigi-chan! Patéale el trasero al kuso-marimo –

- Oi, oi, oi… Sanji, quien es de los nuestros es Zoro –

Para ambos pelear, con aquella ropa tan mullida, era difícil, aunque lo cierto era que más que de una pelea, se trataba de un rifirrafe, una provocación por parte del espadachín. Tashigi tomó distancia de él, para justo después volver a dejar caer su katana sobre su rival. Los dos comenzaron a entremezclarse en una lluvia de frenéticos ataques, tan rápidos que resultaban imperceptibles para muchos de los espectadores. Aunque Zoro no lo quería admitir, sentía una indescriptible sensación agradable cuando ella se encontraba cerca. Era cierto que le irritaba, que le resultaba cargante y le evocaba antiguos y dolorosos recuerdos, pero su carácter tenía un punto mordaz, atrevido y reivindicativo, su espíritu era arrollador. No pudo evitar dejar salir una sonrisa torcida de entre sus labios al observar el rostro consternado y enfurecido de la capitana, que caía, sin apenas pensarlo, en sus provocaciones.

Pero aquel duelo duró apenas unos segundos, pues se vio interrumpido por la llegada de Smoker, el vicealmirante de la Marina y superior de Tashigi. Venía acompañado de un hombre anciano, de baja estatura y un vientre increíblemente prominente. Su rostro, cuyas mejillas eran increíblemente carnosas y coloreadas de un intenso rojo, estaba prácticamente tapado por una espesa barba totalmente blanca. Llevaba, sobre la cabeza, un viejo gorro de lana, de un brillante color rojo, y un grueso abrigo del mismo color.

- ¡Abuelo, por fin te encuentro! – Dijo Elin, mientras salía a correr y se lanzaba sobre los brazos del rollizo tipo – Te he estado buscando por todas partes, hay alguien que necesita tu ayuda –

- ¡Elin! Ho, ho, ho, ¡Parece que me has echado de menos! –

Elin intentó continuar la conversación con su abuelo, pero el ambiente se tensó aún más entre los presentes, tanto, que llamó, irremediablemente, la atención de ambos, y de toda la aldea. Zoro y Tashigi aún continuaban con sus espadas desenvainadas, a la vanguardia de sus respectivos grupos, en pose de defensa. Miraban a su alrededor, y observaban que sus superiores se miraban con recelo, a la espera de dar el primer paso.

- ¿Qué haces aquí, Mugiwara? Esta no es, precisamente, una aldea a la que se pueda acceder fácilmente –

- ¡E-e-e-e-eso no es asunto vuestro, marines! – Gritó Usopp, visiblemente asustado, mientras se escondía tras su capitán – Luffy, ¡Estamos en problemas! Si se enteran de lo que nos ocurre, estaríamos en una situación aún más complicada… ¡Es imposible en estos momentos que salgamos de la isla! –

- Usopp tiene razón, esto no es Punk Hazard, ahora volvemos a ser completamente enemigos –

Los aldeanos empezaron a reunirse, rápidamente, alrededor de los dos bandos. No entendían muy bien qué ocurría, de hecho, ni siquiera sabían, todavía, quién era Luffy y el resto de su banda. Al escuchar a Smoker pronunciar la palabra Mugiwara, comenzaron a atar cabos entre ellos, a descubrir su identidad, y, con ello, que dedicaban su vida a la piratería.

- ¿Smoker-san ha dicho Mugiwara? –

- Sí, no hay duda, ha dicho exactamente eso –

- Pero… ¿Los mismos Mugiwara qué… ya sabéis? –

- ¡Pero son piratas! –

- Hace años que no vemos pasar piratas por aquí –

- ¿Sabéis qué significa eso? ¡La Marina está aquí, es irremediable que luchen entre ellos! –

- Pero eso sí que es horrible, ¡Los que más perderemos somos nosotros, nuestra aldea quedará destrozada! –

Tashigi no podía evitar escuchar a la gente inocente que había alrededor de ella. Miraba sus rostros, algunos pensativos, otros horrorizados, y, muchos, expectantes, atentos a la situación, a cómo se iba a desenvolver. La capitana volvió a mirar de nuevo a Zoro, cuyo rostro, en aquellos momentos, estaba serio. Había pasado de una actitud arrogante a una expectación máxima. Quizás habían sido demasiado impulsivos los dos, y habían dado pie a una situación incómoda para los ciudadanos que podía haberse resuelto de otra manera. Pero no, ellos eran piratas, no podían cogerles con la guardia baja. Incluso sus hombres se encontraban en pose de defensa, y Smoker había sacado su jutte.

- ¡Humitos, qué alegría verte, ha pasado tanto tiempo! – Gritó, repentinamente, Luffy, que comenzó a correr con los brazos extendidos, en dirección a Smoker.

- ¿A-ah? –

Luffy estiró su brazo y se enroscó alrededor del torso del marine, para justo después comenzar a palmearle en la espalda.

- ¿Cómo te ha ido todo, Humitos? ¿Ya no tenéis a los niños? ¿Hacemos otra fiesta? ¿Qué tal si hacemos un batalla de bolas de nieve? ¡Los Marines contra los piratas! ¿A que suena divertido? ¡Suena muy divertido! –

Smoker comenzaba a irritarse, sobre todo por la actitud despreocupada de Luffy. Alzó su jutte y lo estampó en la cara del muchacho, haciendo que perdiese, de repente, toda su fuerza debido al kairouseki.

- Aaahhh… m…i…. fu….erza -

Zoro, totalmente alerta, dio un sprint ante el gesto de Smoker, para lanzarse sobre él. Tenía que defender a su capitán, a toda costa, aunque lo más seguro es que fuese una falsa alarma. La capitana, también fiel a su superior, no iba a ser menos, así que interceptó el ataque del espadachín con su espada, evitando que se acercase al vice-almirante. El ambiente se tensaba aún más, sobre todo entre Zoro y Tashigi. La relación que mantenían ambos había evolucionado a lo largo de los encuentros, había empezado a hacerse más íntima, pero era imposible que los dos abandonasen su espíritu de lucha y su rivalidad, lo que les hacía chocar continuamente, a pesar de los acercamientos.

- ¡V-v-v-v-v-v-vice-almirante-san! ¡Por favor, no le haga daño a Luffy! –

Elin se separó de su abuelo y se lanzó sobre el brazo de Smoker, haciendo toda la fuerza posible para que separase el jutte del rostro del chico de goma. El marine, sorprendido por la actitud de la chica, relajó su pose y separó el kairouseki de la cara de Luffy.

- ¡Luffy no quiere hacernos daño! ¡Necesita nuestra ayuda, por eso está aquí! –

- ¿Elin ha dicho Luffy? –

- Es él, ¡sin duda! –

- ¡Pero qué demonios hace aquí una tripulación pirata! –

Elin empezó a sentirse nerviosa al escuchar el creciente murmullo a su alrededor, aparentemente, los aldeanos temían a aquellos piratas, y lo estaban demostrando cada vez más. La situación estaba llegando a su punto más tenso.

- ¿Qué es lo que sucede, Mugiwara? –

- Ahhhh, menos mal, Humitos… - Dijo Luffy, mientras se reincorporaba y palmeaba la espalda de Smoker – Tenemos un problema con nuestro barco, se ha quedado atrapado entre el hielo –

- ¡PERO TE DIJE QUE NO DIJERAS NADA, IDIOTA! ¿Y SI AHORA LA MARINA DESTROZA EL SUNNY, EH? – Gritó Nami, enfurecida, mientras salía corriendo en dirección a Luffy, para zarandearle.

- ¡¿QUÉEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE?! ¡NO, TÚ NO HARÍAS ESO! ¿Verdad, Humitos? –

- ¡ÉL ES UN MARINE, POR SUPUESTO QUE LO HARÍA! – Gritó Usopp, que salió corriendo tras su compañera.

- Es mi trabajo hacer eso, idiota –

- ¡TÚ NO VAS A DESTRUIR MI SUUUUUUPER SUEÑO! – Gritó, esta vez, Franky, mientras se acercaba a Luffy y al resto.

Zoro y Tashigi no daban crédito ante aquella situación, sus compañeros podían llegar a ser incluso más impulsivos y dar pie a situaciones aún más extrañas. No pudieron evitar relajar la postura, hasta el punto en el que bajaron sus espadas, situándose el uno junto al otro para observar la pintoresca escena en la que los cinco discutían cómica y acaloradamente.

- ¡PERO SI SON DE VERDAD LOS MUGIWARA! –

Ante los vítores y gritos de alegría, todos pararon de hacer lo que estaban haciendo, y se centraron en los aldeanos de la isla. No estaban asustados, sino visiblemente alegres de tener, en su aldea, a la tripulación de los sombrero de paja.

- Ahora sí que no entiendo nada – Intervino Tashigi, que se decidió a envainar su espada.

- Yo tampoco – Le contestó Zoro, imitándola.

La capitana no pudo evitar girarse, y mirarle de manera escéptica, mientras enarcaba una ceja.

- ¿Tú y yo… de acuerdo en algo? –

- Esta vez no era tan difícil – Le contestó Zoro, mientras se encogía de hombros.

Luffy, Smoker y el resto pararon de discutir, para justo después mirarse unos a otros. El capitán pirata se frotaba la barbilla, pensativo, intentando asimilar lo que sucedía.

- Claro que somos de verdad, ¿Por qué no íbamos a serlo? –

- Esa no es la cuestión, idiota, la cuestión es que nos están vitoreando –

- Tu compañera tiene razón, Mugiwara… ¿Cómo una aldea tan perdida está tan al corriente de quienes sois vosotros? –

- ¡Ah! Eso puedo explicarlo yo, ho ho ho –

- Ajam, el hombre raro habla – Dijo Luffy, que estaba empezando a perder el interés en todo aquello, seguía empeñado en jugar a tirarse bolas de nieve.

- ¡No es un hombre raro, es el abuelo de Elin! –

- ¡Hola chicos! No he podido presentarme como es debido, mi nombre es Claus, y soy uno de los miembros más veteranos de esta comunidad –

- ¿Eso significa que es muuuuuuuuuuuy viejo, no, Nami? –

- ¡Eso significa que te calles! –

La navegante atizó, con fuerza, al capitán pirata en la cabeza, haciéndolo callar al instante.

- Os estaréis preguntando por qué sois tan aclamados aquí… y, la verdad, tenemos mucho que agradeceros por todo lo que habéis hecho por Dressrosa. Durante muchos años, nuestra isla ha mantenido una relación estrecha y cordial con el reino de Dressrosa, en particular con la familia real Riku. Sus acciones pacíficas han sido vitales para mantener el equilibrio en este mar, y, por tanto, la paz. Como veréis, nuestra isla y nuestra son lugares muy tranquilos, que apenas podrían defenderse. Además, las relaciones económicas con Dressrosa eran la base de la economía de nuestro pequeño país, hemos vivido durante muchos años de las exportaciones de hielo y las importaciones de muchas materias primas… pero todo cambió con la llegada de Doflamingo – Empezó a relatar el viejo Claus, al que todos prestaban una enorme atención – Cortó todas las relaciones con nosotros y el resto de países, y debido a los peligros y al clima nos vimos obligados a cerrarnos al mundo. Ha sido increíblemente difícil sobrevivir sin apenas comercio, pero las cosas han empezado a cambiar gracias al derrocamiento de Doflamingo, ¡y eso os lo debemos a vosotros! –

De nuevo, los aldeanos empezaron a deshacerse en vítores y alabanza hacia los piratas, que nunca hubieran imaginado que derrotar a Doflamingo podía traer tanto bien al mundo, incluso a gente de la que no sabían absolutamente nada.

- Pero… Claus-san, hay algo que no entiendo… si las relaciones con Dressrosa y con el resto vuelven a ser buenas, ¿A qué viene la presencia de la Marina en la aldea, y en la isla en general? Tengo entendido que habéis sufrido una crisis humanitaria –

- Ah, ese es otro de nuestros problemas – Volvió a relatar el anciano, que se cruzaba de brazos – En nuestra isla predomina la estación invernal, pero, aunque la época del año sea siempre la misma, lo cierto es que el clima sufre ciertas fluctuaciones. Los forasteros que visitan una isla un breve periodo de tiempo para que se cargue el Log Pose, no se percatan de los cambios a largo plazo, pero los lugareños sí. Cada isla tiene algún fenómeno característico, y en nuestro caso es la Gran Helada. Cada cierta cantidad de años, el clima aquí se recrudece tanto, que los campos y ríos se congelan permanentemente, convirtiéndose en terrenos totalmente yermos. Hasta la masa de agua adyacente a la tierra se congela, y permanece así durante meses. Eso produce una gran cantidad de daños, y también que muchos viajeros se queden atrapados entre las aguas congeladas de nuestro mar y terminen muriendo –

- N-no… no puede ser –

- Vaya, si se parece a lo que nos ha pasado –

- ¡Es que es exactamente eso lo que nos ha pasado! –

Aunque era difícil de asimilar, era toda una casualidad haber sufrido la Gran Helada, y, por tanto, haber quedado atrapados entre las aguas congeladas de aquella isla. La Marina estaba allí, precisamente, para ayudar a los lugareños que ni siquiera podían plantar en aquellas tierras completamente gélidas.

- Pero hay algo que no entiendo, Claus-san… nuestro barco ha quedado atrapado entre las aguas sólidas, entonces, ¿Cómo es que la Marina ha podido acceder, sin problemas, hasta una aldea que se encuentra en la profundidad de la isla? –

- ¡Eso es todo debido al ingenio de mi abuelo, Robin-san! – Intervino Elin, que presumía de tener un familiar tan inteligente – ¡Es un gran inventor! –

- Ho ho ho, Elin… no exageres –

- ¡Elin tiene razón! –

- ¡Sí, muchas de las cosas que nos facilitan la vida las ha creado Claus-san! –

- Oi, jii-chan, ¡eso es SUUUPER estupendo! A Usopp y a mí nos gustaría escuchar más –

- Bueno, en realidad no soy inventor, sólo soy un juguetero

- ¿Juguetero es quien crea juguetes? –

- Eso parece, Chopper –

- ¡No le hagáis caso al abuelo! Es una persona muy modesta – Rio Elin, que agarraba la mano de su abuelo y se acercaba a los Mugiwara – Es cierto que la mayor parte del tiempo fabrica juguetes, pero también inventa cosas, como el mejor rompehielos del mundo –

- ¿Así ha logrado acceder la Marina al interior de la aldea? –

- ¡Sí, Nami-san! –

- Ya veo…. Eso puede resultarnos muy conveniente –

- ¡Vamos, abuelo, cuéntaselo! –

- Ho, ho, ho… Esket es nuestro rompehielos, el cual utilizamos para movilizarnos cuando llega la Gran Helada. Como habéis comprobado, la temperatura llega a ser tan baja que el hielo que se rompe vuelve a solidificar a los segundos, por eso, la única manera de mantener el agua líquida, es proporcionando una gran cantidad de calor. Esket es una especie de rompehielos que emite calor, por eso puede derretir el agua durante unos minutos, y así avanzar –

- Eso… ¡Eso es simplemente maravilloso, Claus-san! – Gritó Nami, con alegría - ¡Elin tenía razón! ¿Es posible que podamos utilizar a Esket?

- No tengo ningún inconveniente en ayudaros, pero… -

- Oh, no… sabía que habría algún pero –

- Esket necesita una gran cantidad de energía para funcionar, y actualmente sólo funciona con el carbón que extraemos de una de nuestras minas. Acabamos de terminar con todas las reservas del rompehielos al dejar entrar a la Marina hasta aquí, serán necesarios unos días para volver a ponerlo a punto –

- ¿¡PASAR VARIOS DÍAS JUNTO A MARINES!? ¡QUÉ MIEDO! ¿Y SI NOS ASESINAN MIENTRAS DORMIMOS? –

- ¡Nosotros no somos así de ruines! – Le gritó Tashigi, a Chopper, molesta por aquel comentario.

- ¡Pero si da más miedo que Nami! –

- Sí, a mí su rostro también me perturba y me molesta, Chopper –

- ¿Ah? ¡Tu compañero no ha dicho nada de mi rostro, Roronoa! ¿Ya vas a empezar otra vez con eso? –

- Tú sólo deja de poner esa cara –

- ¡Pero si es MI cara! –

- ¡QUERÉIS PARAR LOS DOS! ¡ESTOY TRATTANDO DE ENTERARME! –

Zoro y Tashigi dieron un pequeño respingo ante el grito de Nami. Aunque los dos sintieron ganas de replicarle, decidieron que era mejor callar, el iracundo rostro de la navegante conseguía intimidarles incluso a ellos.

- Nami-san, el log pose tarda cuatro días en cargarse, más o menos el mismo tiempo que tardará mi abuelo en poner a punto a Esket. Ahora mismo estamos celebrando una fiesta importante en Milied, la Navidad, ¿Por qué no os quedáis con nosotros hasta que llegue el momento? –

- Ahhh… ¿Qué dices, senchou? –

- ¡Por supuesto! Shishishishi, ¡QUIERO CELEBRAR LA NAVIDAD! –

- ¡Ho ho ho! Eso es estupendo, ¡acompañadme! –

La nieve seguía cayendo sobre Milied, pero en aquellos momentos, el ambiente estaba increíblemente animado. Aunque tanto Tashigi como Smoker querían cumplir con su deber, a toda costa, admitían que no era ni el mejor momento ni el mejor lugar para empezar una lucha contra los sombrero de paja. De nuevo, tenían que dejar la lucha a un lado y convivir, en la medida de lo posible, pacíficamente con ellos. Luffy y sus compañeros, tras aceptar la ayuda y la invitación de Claus, se acomodaron en una casa que hacía de hostal cuando, raramente, llegaban visitantes a la aldea. Como no era normal recibir a tanta gente en tan poco tiempo, los Mugiwara tuvieron que compartir vivienda con Tashigi, Smoker, y el resto de los marines. En cualquier otra situación, hubiese sido algo increíblemente extraño e inexplicable, pero, después de lo de Punk Hazard, ambos grupos se habían integrado bastante bien, hasta tal punto, que en aquellos momentos, se encontraban a punto de comenzar la tan ansiada pelea de bolas de nieve. Estaban justo delante del gran lago que bañaba la aldea, que en aquellos momentos estaba totalmente congelado, por lo que había gente patinando sobre él.

- ¡Usopp! ¿Ya está listo nuestro fuerte? ¿Ya, ya, ya? –

- Admira lo maravilloso que es… senchou – Comenzó a explicar Usopp, mientras señalaba al muro de nieve que acababa de erigir – Esta es nuestra fortaleza inexpugnable, con ella ganaremos la batalla al G5 –

- ¡PERO CÓMO MOLAAA! – Gritaron Luffy, Chopper y Franky al unísono.

Tanto los Mugiwara como el G5 se adaptaron perfectamente a la situación. Sanji ayudaba a los aldeanos a clasificar y organizar la comida, Nami y Robin se encontraban con Elin en casa de su abuelo estudiando más sobre el rompehielos Esket y el clima de la isla, y Brook aprendía a tocar los instrumentos típicos del lugar. Zoro, se había unido a Luffy y al resto por insistencia de éste, pero en realidad estaba dormitando, sentando, bajo la barrera de nieve. Se encontraba más sereno a aquellas alturas, pero no podía dejar de pensar que todo aquello había sido una increíble casualidad, el volverse a encontrar con ella. Ni siquiera se había repuesto de lo ocurrido en Punk Hazard, y allí se encontraba, delante de él. Pero, lo que más le agitaba, precisamente, era que tuviese que recomponerse de algo, ¿De qué exactamente? ¿Por qué sentía esa sensación con ella y no con otras personas? ¿Por qué le ponía tan nervioso, precisamente a él, que era imperturbable, duro y estoico? No podía utilizar la excusa de Kuina por siempre, mientras más la miraba, más cuenta se daba que había cambiado, al menos, físicamente. ¿De verdad eran tan extrañas las chicas como ella, tan reivindicativas? ¿O es que él sentía una debilidad innata por las mujeres así?

Reflexionar tan profundamente sobre aquello le agriaba el humor, y le hacía enfurecerse. Él no estaba acostumbrado a pensar tanto, a darle tantas vueltas a la cabeza. Siempre vivía relajado, pendiente, únicamente, de sus necesidades más básicas. Tener, constantemente, a una mujer dentro de su cabeza, le resultaba tan increíblemente raro que simplemente le molestaba. Aun así, no podía evitar mirarla de reojo. Su cuerpo, sin que pudiera hacer irremediablemente nada, le pedía estar pendiente de ella, fijarse en cada detalle de sus movimientos. Al tenerla cerca, no podía centrar su cabeza en nada que no fuese ella.

Aunque los marines del G5 ansiaban tener a su capitana dirigiendo su bando en la batalla de bolas de nieve, a Tashigi no le interesaban aquel tipo de enfrentamientos, tan infantiles. Prefería invertir su tiempo ayudando a los lugareños, sobre todo, después de las consecuencias devastadoras de la Gran Helada. El hielo cubría gran parte de las zonas comunes, por lo que era necesario eliminarlo. Como Tashigi era una espadachina, requerían de su habilidad para cortar el hielo en grandes cubos de hielo fácilmente transportable en trineos.

Zoro no se perdía absolutamente nada, de hecho, se sentía incluso molesto porque no hubiesen reparado en él, que también era un espadachín. Observó que alrededor de la chica se había formado un nutrido y curioso grupo, que esperaba, inquieto, poder observar la demostración de poder de la capitana. Tashigi llevó su mano derecha a la empuñadura de su espada, la desenvainó, y la agarró con ambas manos. Justo después, lanzo un fuerte suspiro y dio pie a su ataque.

- ¡Kirishigure! –

Con un rápido ataque, cortó un enorme bloque de hielo en perfectos cubos, haciendo que los aldeanos estallaran en vítores. Con su amabilidad, su candidez y su espíritu amigable, Tashigi siempre congraciaba a la mayoría de la gente, haciéndose alguien muy querido y preciado. Zoro seguía mirando, irritado. No le gustaba admitirlo, pero, en cuestión de fuerza y habilidades, no le gustaba estar en segundo plano. Era increíblemente competitivo, y con ella, más, así que ansiaba, de una manera totalmente infantil, tener su parte de reconocimiento. Se levantó, se desperezó y se unió a sus compañeros, que estaban a punto de comenzar la batalla.

- ¡Vamos, Mugiwara! ¡Comencemos de una vez! –

- ¡Estoy de acuerdo, estoy deseando patearos el trasero! –

En esta ocasión, el revuelo de la batalla fue tan grande, que llamó la atención de los aldeanos que allí se encontraban. Tashigi terminó de cortar los bloques de hielo, envainó su espada, y cruzó los brazos. Aunque ella no era igual que Zoro, aunque ella prefería pasar lo más desapercibida posible, lo conocía lo suficiente como para saber que él no era, en ese sentido, como ella, ¿Por qué si no iba a participar en aquella batalla absurda de bolas de nieve? Ella no se iba a implicar en algo tan infantil, así que se sentó, junto a varios niños, en un banco cercano, y se dedicó a observar.

- ¡Que dé comienzo la batalla! –

Casi al momento, ambos bandos comenzaron a tirarse ingentes cantidades de bolas de nieve. No tenía nada de especial, ni nada de diferente a los que solían hacer los niños, hasta que el bando de los piratas sacó su arma secreta, una enorme bola de nieve que había creado Franky con sus manos gigantes, y que iba a lanzar Luffy.

- ¡Gomu gomu no… Rocket! –

Como si de un tirachinas se tratase, Luffy estiró sus brazos, con ayuda de sus compañeros, mientras sujetaba la bola de nieve. Cuando llegaron a la máxima tensión, soltaron al capitán pirata, haciendo que lanzase la enorme bola, con toda su fuerza, contra el bando marine. Las consecuencias fueron catastróficas, en apenas unos segundos, quedaron completamente sepultados por una montaña de nieve.

- ¡Ganamos, síiiii! Shishishishi! –

- ¡Bien! ¡La primera batalla es a nuestro favor! –

Tashigi seguía observando, mientras enarcaba una ceja, pero por poco tiempo, pues varios de los niños que habían sentado junto a ella, se fueron para volver con un trineo cargado de patines para deslizarse sobre el hielo.

- ¿Qué es esto, niños? –

- ¿Quieres patinar con nosotros, capitana-chan? –

- ¡Vamos! ¡Será divertido! –

- Y-yo… yo… mejor no, soy muy torpe –

- ¡No pasa nada! Nosotros te enseñamos, somos expertos –

Tashigi intentó resistirse, pero los niños comenzaron a quitarle las botas y a tirar de ella. En un instante, se vio caminando, como podía, sobre las cuchillas, mientras la empujaban hacia el lago congelado.

- E-esto… esto no es una buena idea, me voy a matar –

- ¡Ahh! ¡Yo también quiero, capitana! –

- ¿Eeeeeeeeeeeeeh? ¡Si los marines lo hacen, yo también! –

La chica se volteó y observó a la tropa formada por los Mugiwara y sus hombres, abalanzándose sobre el trineo para coger, cada uno, un par de patines. A todos excepto a Zoro, que parecía no interesarle demasiado aquello.

El espadachín se encontraba desilusionado, su esfuerzo para que los demás observasen sus cualidades físicas no había servido de nada, ya se habían olvidado, completamente, de los bloques de hielo, por lo que no necesitaban la ayuda de ningún espadachín. Cansado, y aburrido, se sentó sobre el banco donde justo antes había estado Tashigi, y se dedicó a observarlos a todos, en particular a ella. Recordaba perfectamente su torpeza, así que, no dudó, ni un instante, en que iba a darse más de un golpe contra el hielo.

- ¡Vamos, capitana! –

- Sólo tienes que deslizarte como si estuvieras volando –

- Y-ya… entiendo todo eso, pero decirlo es más fácil que hacerlo –

A pesar del frío, Tashigi notó que el sudor comenzaba a recorrer su espalda. Ese tipo de situaciones se le daba increíblemente mal, en cuanto se pusiese en marcha, se estamparía contra el hielo. Respiró profundamente, cogió algo de impulso, y empezó a deslizarse sobre la pista. Cerró los ojos, de puro miedo, pero al no notar ningún golpe, primero abrió uno, y después el otro. Se deslizaba, con rapidez, sobre el hielo, notando el aire helado sobre su rostro.

- ¡L-lo estoy haciendo, e-e-e-estoy patinando! –

- Pero, capitana-chan, ¡Gira, necesitas girar! –

- ¿Girar? –

- ¡Te vas a chocar! –

Tashigi miró al frente y observó que se dirigía al principio del lago, justo a la orilla. Sus hombres tenían razón, si seguía en esa dirección iba a darse un golpe tremendo. Empezó a ponerse muy nerviosa, y a agitar los brazos, sin ningún orden ni sentido. Su cuerpo se desequilibró tanto, que sus piernas se liaron sobre sí mismas, por lo que terminó cayendo sobre su propio trasero.

- Ayy… q-qué golpe –

- ¿Estás bien, capitana-chan? –

- E-e-e-estoy bien, estoy bien –

Tashigi se levantó, torpemente, se sacudió la nieve y se frotó el trasero. Además de la caída, sentía que algo aún peor iba a suceder, y sabía exactamente qué. Notaba los ojos de Zoro clavados en su nuca, incluso podía adivinar la sonrisa burlona de su rostro. Por eso, principalmente, no quería patinar, lo último que necesitaba era caerse delante de su rival. Se giró poco a poco, hasta que pudo observar su rostro. Se había equivocado, no tenía una sonrisa torcida, pero sí tenía el rostro desencajado.

- ¿Cómo puedes ser tan torpe? ¡Si por poco te matas, onna! –

-¿Q-qué? ¿Y a ti que te importa? –

- ¿Ah? ¿A mí? Nada, pero te voy a demostrar lo fácil que es eso –

- ¿Ah, sí? ¡Vamos, ponte unos patines y ven hasta aquí! –

- En un abrir y cerrar de ojos, mujer –

Zoro, en un alarde de superioridad, cogió un par de patines y se los puso. Estaba seguro de que iba a ser pan comido, que era imposible ser tan torpe. Caminó unos pasos sobre las cuchillas, y se puso sobre el hielo. Iba a patinar con soltura y rapidez, iba a demostrarle que era algo increíblemente fácil. Dio impulso a sus piernas, y se lanzó sobre la pista. Al principio, notó que, más o menos, podía controlar sus movimientos, pero mientras más velocidad cogía, más difícil le resultaba. Además, notaba que su cuerpo estaba rígido, no podía, ni sabía moverse con soltura. Un solo movimiento en falso, y terminaría contra el suelo. Empezó a ponerse muy nervioso, y a moverse con aún más torpeza, bajo ningún concepto podía caerse, algo muy importante estaba en juego, su orgullo.

- Oiiiiii, Zoro… ¡Que tienes un árbol delante! –

- ¡Frena, frena, FRENAAA! –

- ¡Te vas a matar! –

El espadachín agitó los brazos, nervioso, pero no pudo hacer nada, salvo perder lo que le quedaba de equilibrio. Rodó con tanta fuerza, que su rostro se estampó contra el tronco del árbol. La caída de Tashigi había sido aparatosa, pero la suya iba a recordarse en los anales de la historia por ser la caída más solemne ocurrida en todo Milied. Justo después del golpe, cayó de espaldas sobre la nieve, y un fino hilillo de sangre comenzó a salir de su nariz. A su alrededor, empezaron a estallar las carcajadas, sobre todo, por parte de sus compañeros. Había intentado hacer un alarde, y le había salido el tiro por la culata. Casi al instante, el rostro de la capitana apareció en lo alto, y ella sí llevaba una sonrisa torcida.

- Con que fácil… ¿eh? –

- Eso no te hace a ti menos torpe –

- ¿Y? Yo nunca lo he negado, pero ahora has tenido que tragarte tu orgullo… patoso

- ¿Me estás llamando patoso? ¿¡Tú!? –

- Patinas fatal –

- N-n-n-no… ¡No te soporto! –

Zoro se sentía increíblemente ofendido, tanto, que sintió ganas de irse del lugar. Necesitaba poner distancia con todos, en particular con ella, después de que su orgullo saliese tan mal parado. Abandonó el lago congelado, se quitó los patines, volvió a calzarse las botas, y sin saber muy bien hacia dónde caminaba, como era típico en él, comenzó a adentrarse en una frondosa arboleda que se encontraba en la falda del pico más alto de la isla. Tashigi lo observó alejarse, pero no hizo nada por pararle. A pesar de que conocía su pésimo sentido de la orientación, estaba increíblemente disgustada con él como para pararle. Además, aunque nevaba levemente, el cielo se veía relativamente estable y despejado, así que no había nada de qué preocuparse.

Sus compañeros tampoco dieron importancia, al parecer, Zoro solía irse por su cuenta y perderse con facilidad. Les resultaba más interesante seguir jugando con la nieve, la cual no veían muy a menudo y les encantaba. Tashigi decidió divertirse y olvidar lo que había ocurrido, su aparatosa caída y los momentos tensos que había tenido con Zoro. En realidad, eso le entristecía, sin llegar a entender muy bien por qué, sobre todo después de la derrota de Monet. Aunque aún sentía vergüenza por haber sido cargada por él, en su interior, recordar ese momento le reconfortaba. Habían llegado a entenderse, más o menos, sin hacer ninguna referencia al pasado o a alguna situación incómoda o que diese pie a discusiones. De hecho, se había sentido increíblemente cómoda con él. No había esperado, bajo ningún concepto, el encontrarlo allí, por eso, discutir de nuevo, como al principio, más que nada le había entristecido. Pero, ¿Por qué se sentía así? Eran, como mínimo, rivales, incluso podía decirse que enemigos. Ella era marine, él un pirata, su misión era capturarlo. ¿Por qué quería, entonces, pasar un rato agradable y memorable con él? Es más, ¿Por qué quería, simplemente, pasar tiempo con él? Su cabeza no paraba de darle vueltas al tema, mientras ayudaba a los niños a construir un muñeco de nieve. El sol comenzaba a ponerse en el horizonte, mientras seguían jugando, cuando, de repente, una alterada Nami irrumpió entre ellos.

- ¡Chicos! ¡Vamos, entrad ahora mismo, todos, en las casas! –

- ¡Pero si es muy temprano todavía, Nami! ¡Queremos jugar más!

- ¿Es que ocurre algo? –

Tashigi levantó la cabeza, y escuchó detenidamente a la chica, pues sabía que era increíblemente competente.

- ¡Se avecina una horrible tormenta, es necesario que entréis todos! ¡Ya! –

- Pero onee-san, mira qué bien está el cielo –

- Sí, yo creo que te equivocas –

- Minna, si lo dice Nami, es verdad. Vamos, refugiémonos todos – Dijo Luffy, levantándose y dando por terminado el juego.

La capitana dejó caer una bola de nieve que tenía entre las manos. Alzó el rostro y miró hacia el cielo. Sus hombres tenían razón, pero Luffy, y el resto de sus compañeros, parecían confiar ciegamente en la chica. No pudo evitar pensar, de nuevo, en Zoro, que se encontraba ausente en aquellos momentos. Ni siquiera podía moverse debido al pánico que empezaba a invadirla.

- ¡Chicos! ¿Y Zoro? ¿Dónde demonios está Zoro? –

Tashigi se levantó, temblorosa, y se dirigió hacia la navegante.

- Roronoa… Roronoa se ha adentrado en el bosque -


¡Buenas tardísimas noches! Qué mal día (o mejor dicho, noche) hoy para actualizar, que están a punto de venir los Reyes Magos, pero tenía que hacerlo sí o sí. Al final, resulta que con vacaciones escribo menos, siempre me ocurre igual, pero, al menos, he mantenido más o menos el ritmo. Aquí os dejo el segundo capítulo, espero que os haya gustado, empieza ya la tensión de la historia. Muchas gracias a todos por las reviews, en particular a los guest, que no os puedo contestar personalmente. ¡Dentro de poco más! Nos leeeemos ;)