Fic
El Magnate
Por Mayra Exitosa
Entraba a la mansión en Lakewood, los sirvientes lo esperaban, la cochera de la entrada principal, era techada, ella suspiraba y él lo hacía al mismo tiempo. Todo el camino, le hablo de ese hermoso lugar donde ella había vivido, del hogar de no sé qué caballo, de un montón de niños. Para él eran los mismos que deseaba tener en su vientre, y que solo fueran suyos. Luego le dijo que le gustaban los animales, él le pondría un zoológico si se lo pidiera, pero que se quedara a su lado, pensaba ¡Dios! Hazme un milagro, que con ella sí, con ella sí.
Bajaba su rostro negándose a mí mismo los pensamientos, ¡Un milagro! Si estaba re chiquito su cuerpo, Katherine grande y alta le dijo que le saldría por la garganta, imaginaba como le tomaría ella, como un mendigo burro. Yo deseando una mujer así, bonita, sonriente y…
- Entonces ¿te quedaras aquí mucho tiempo? Nervioso y esperanzado, le respondía
- Depende. Respondía resignado, era tan bajita y le miraba con un brillo en su mirada, si supiera que en la cama era un demonio que espantaba.
- ¿Depende de que, señor Albert?
- Bueno, habíamos quedado que me dirías Albert, tienes veintiocho años, nos llevamos pocos, ya a tu edad las mujeres son casadas, ¿Oh no?
- No ha llegado el hombre de mi talla. La quijada se le caía sin esperar y preguntaba,
- ¡De tu talla! Solté casi sin aliento y ella con una sonrisa suave agregaba,
- Si, todos se llevan a las chicas a la cama en cuanto se dejan, la tasa de divorcios se ha incrementado y las mujeres desesperadas por encontrar a un hombre bueno, han optado por el supermercado.
- ¿Super mercado?
- Es algo que no puedo aclararte, pero si te quedas un buen tiempo y… llegamos a ser buenos amigos, pudiera… no sé… depende
- ¿Depende? Dije curioso y ansioso, sentía por un pequeño instante que se interesaba en él.
- Pues si te vas a ir en un mes, no creo que nuestra amistad perdure, aquí hay muy pocos caballeros, muchas mujeres si hay.
- ¿En serio?
- ¡Ah! Estás interesado en chicas, ¿eres mujeriego?
- ¡No! No ando con muchas mujeres, de andar con una mujer, la haría mi esposa y formaría mi familia
- ¡Oye! ¿entonces eres un chico serio y formal?
- Por supuesto, me iba a casar con mi novia, pero…
- ¿Pero qué?
- Me cambio por otro, anulo nuestro compromiso, solo nos alcanzamos a casar por la vía legal, íbamos a casarnos por la iglesia y… Con el tono solidario y parlanchina de la damita, se sentía confiado, era extrovertida, juguetona y sobre todo adivinaba para completarle las frases
- ¿Y la muy descarada te dejo? Asentí suavemente y ella conciliadora me tomo de la mano y le apoyaba,
- No te preocupes… Albert, aquí la olvidarás, veras que no era para ti, eso es todo.
- Te hable mucho de mí, tu no me has dicho nada, ¿has tenido parejas?
- Ahí está el problema, Rubén, el chico que estudiaba enfermería conmigo, me amaba con locura, pero se metió con todas a su paso, y como no me fui a su cama, perdió interés, ahora me alegro, ya lo casaron y aun así anda con varias mujeres, en serio, para que se casan, si van a ser infieles.
- ¿Solo el te traicionó? ¿Hubo alguien más?
- Si, una fila de buenos chicos, sus madres querían casarlos conmigo, pero ellos, son todos iguales, andan de pica flor, con una, con otra y otra, probando cual es la que más le gusta y mientras van dejando un reguero de chiquillos que casualmente…
El rostro de ella se entristecía y sentí deseos de partirles la cara a todos esos que le hicieron daño a la pequeña mujercita. Solo agregue interesado,
- ¿Casualmente?
- Soy de un orfelinato, ya te hable de ese lugar, donde abandonan a los niños que no somos queridos.
- Pero si eres hermosa, alguien debió querer adoptarte, tal vez es porque aquí es un pueblo muy pequeño.
- Tal vez, ¡mira que te dije! no para de llover, espero no se preocupe la hermana María por mí.
- ¿La hermana María?
- Si, es la monjita que nos cuida en el hogar de Ponny, ellas me quieren mucho, como estudie enfermería, pues cuido de los niños, y por mi trabajo en la clínica, les dan servicios gratis de consultas a los pequeños del hogar.
- ¡Eres un ángel! deben quererte mucho en el hogar del caballito ese.
Ella sonreía muy efusiva al escucharme hablar, le dijo que le parecía muy mal que ambos tuviéramos mala suerte en el amor, pero que ella le ayudaría a superarlo y le presentaría a mujeres bonitas. Con tranquilidad y sin pensarlo mucho le dijo que ella era una mujer muy bonita, si conociera a alguien, que mejor que ella, mientras se ruborizaba, y eso fue lo que más me agradaba, definitivamente, tal vez no sería para él, pero la veía en su mente, pequeñita, no le importa, como fuera, le agradaba.
- Sabes Albert, tal vez me veas bonita, pero no te convengo, pertenezco a un hogar muy estricto y los hombres como tú, suelen ser de muchas mujeres, no creo que pienses de manera seria conmigo y aunque soy enfermera, no tengo ideas liberales.
- Te juro que yo tampoco, apenas y me conoces, no puedes decirme que soy como los demás, soy un hombre que sabe lo que quiere, no me gustaría andar con muchas, porque entonces no sabría si realmente me quieren.
- Perdóname, creo que te juzgue deliberadamente, es que hombres atractivos como tú, son los primeros que… ya sabes, son los más asediados y por ende, atrapados…
Albert la miraba hablar y hablar y sus pensamientos solo notaba que le agradaba, ahora le había dicho atractivo y hablaba sin pensar, era de las pocas mujeres auténticas y hermosas, que suerte y que estuviera tan pequeña ese era un problema, que ella aun no veía.
- Yo no soy como esos tipos, espero que ahora que seamos amigos, realmente me conozcas, Candy.
- Eso espero. La tarde se hizo noche, era muy tarde cuando la lluvia se calmaba, le ofrecía una habitación y que llamara al hogar del caballito, de inmediato aceptaba, le contaba que Lakewood en esa temporada era de muchas lluvias, y que en ocasiones en el hospital se quedaba y dormía ahí, le daba tanta ternura, era una mujercita delicada y a la vez tan fuerte. Su mascota el cachorro blanco, no se le separaba de su regazo, para él fue muy instructivo, debía conseguir uno así, si le cubría el regazo, le salvaría de algunos accidentes evidentes, claro que debía entrenar al animalito para no asustarse con los movimientos de su amigo, que al parecer ya lo estaba controlando mejor.
La servidumbre la observaba llegar junto al señor de la casa, algo veían extraño, pero cuando le dijo que se podía quedar, fue en otra habitación y el caballero la respetaba, para las personas que trabajaban ahí, fue reconfortante que el dueño resultara todo un caballero. Pues como Lakewood era un pueblo chico, se corrían rumores rápidamente.
- Buenos días, Candy, ¿Dormiste bien?
- Vaya que si, esta cama es tan suave, y el baño tan calientito, no quería salir de ahí.
Cuando la escuchó hablar y decir la respuesta tan expresiva, apretaba las quijadas y se endurecía de inmediato, la imaginaba en su cama y también en el baño, aspiraba fuertemente y trataba de disimular, la servilleta se la ponía en el regazo y sonreía con respeto, no quería que notara cuan desesperado estaba, su amigo y él, siempre solos, y ella hablando tan femenina, era un infierno, pero ella era un precioso ángel y soltando lentamente la respiración pudo contener, olvidando sus pensamientos sobre ella, miraba hacia otros lugares del comedor.
- Me alegro que lo hayas pasado bien, puedes venir cuando quieras, serás mi invitada siempre que lo necesites, ahora que se que te quedo de paso, lo cierto es que… es muy largo el camino hasta el hogar del caballito. Ella sonreía efusiva, solo por cambiarle el nombre al hogar de Ponny, así que lo haría continuamente, si con eso podía alegrarle el día.
- La verdad es que si, la hermana María deseaba rentar un lugar para mí en el pueblo, pero se ve muy mal que una mujer se encuentre sola, ya sabes, una sale de noche y pueden darle un susto algún listo.
- Tiene razón, si es así, puedo ir por ti y llevarte, mientras este en Lakewood.
- No, no te molestes, vienes a descansar, no ha trabajar y dártelas de chofer.
- Bueno, no conozco este lugar, contigo… supongo que me ayudarías a conocerlo.
- Tendríamos que… pedir permiso y… no es correcto que una mujer este con un hombre sola.
- Bueno, seremos amigos.
- Si, tienes razón, pero me respetaras, pase lo que pase, serás respetuoso conmigo. No quiero que resultes un… abusivo de esos que obligan a…
- ¡Oh no! Eso jamás, te respetare siempre, te doy mi palabra.
- Bueno, si tengo tu palabra, supongo que vale mucho. Pero te advierto, en el pueblo corren rumores…
- ¿Sobre qué?
- Pues eso, que si andamos solos, que si me pierdo contigo, sería bueno, no sé invitar alguno de los niños, cuando te lleve a conocer los lugares lejanos
- Por mi está bien. No permitiría que hablaran mal de ti, se ve que eres una persona muy respetuosa.
- Me educaron bien, aunque digan que ya soy una solterona… eso a mí no me importa, no seré monja, pero si tengo mis principios, el padre Miguel, me aprecia y sabe que soy una buena cristiana.
- Eres católica. Supongo que vas a la iglesia
- Si, todos los domingos, cuando tengo libre, si me llaman del hospital, tomo la misa los sábados por la tarde.
- Pues también… soy católico. Mi Tía me educo en la fe.
- Eso habla bien de ti, ahora ya me tengo que ir. El de inmediato la llevaba y conocía el lugar tan pobre y falto de recursos, aun así contaba a la distancia a más de cuarenta niños y una casa tan pequeña.
Los días en Lakewood, fueron como un sueño, ella vestía de pantalones flojos y camisas sueltas, ropa desgastada y vieja, no se compraba muchas cosas y no era vanidosa, donaba las cosas que no usaba y era muy caritativa, el uniforme de enfermera, era el único que la ponía bastante atractiva, a tal grado que ya la tenía en sus mente cada que estaba en la tina.
- ¡Candy! ¡Candy! ¡Caaann dy!
. . .
Ojala y les agrade este fic, tengo una amiga que si no ve que llegan sus fics a cierta cantidad de comentarios,
no los actualiza, piénsenlo chicas, es estimulante leerlas
Un Abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
