Como dije actualizaré todos los martes y los jueves, y como hoy es martes... Bueno aquí en mi país es miércoles pero solo llevamos media hora de miércoles a si que lo dejaremos en que es martes. Y encima es Navidad. Pues espero que os toméis esto como un pequeño regalo; digo pequeño porque los primeros capis del fic son relajaditos introductorios; pero como siempre les pido una oportunidad. Me estoy pensando actualizar dos capitulos hoy, porque estoy deseando que lean, pero la verdad es que me resistiré. De todas formas el jueves tendréis actu otra vez.
Muchas gracias a todas las que dieron follow y dejaron su review. No sabéis hasta que punto me emociona. Muchísimas gracias a todas.
"Paris, Mon amour"
Sin duda, el destino había jugado con él. Ella lo había infectado. Era su droga, su adicción, su enfermedad… Ella recorría su cuerpo al igual que lo hacía su propia sangre. Le había entregado todo, su cuerpo, su alma y su corazón.
Él la había hecho, la había transformado en lo que era ahora, había ensuciado su pura alma con sangre… Y no se arrepentía de ello, él era así, Draco Malfoy simplemente Draco Malfoy, un asesino con un oscuro pasado, y nada ni nadie podría cambiarlo…
Ella era su droga, su adicción, su enfermedad…
I.Último examen, después Paris.
Era joven, testaruda, disciplinada… Había pocas cosas en el mundo que se le resintieran a Hermione Granger. Enamorada de la cultura se había pasado la mitad de su vida soñando con ser alguien en el mundo, por lo que ese día había sido bautizado como el día más importante de su existencia, pues estaban a punto de anunciarle si su examen final de la carrera de magisterio estaba aprobado. Esperaba ansiosa delante del tablón de anuncios a que pusieran los resultados de las pruebas. Si aprobaba obtendría su título y pronto podría comenzar a trabajar. Oía más los latidos de su corazón que los murmullos del resto del alumnado que se encontraban alrededor suyo.
La luz del sol de la mañana inundaba el pasillo de donde se encontraba la castaña. Los alumnos se amontonaban con nervios esperando saber que resultados habían obtenido en los exámenes y si obtendrían el aprobado. De repente todo se revolucionó aún más cuando se vio a un hombre con corbata aparecer con varias listas. Intentaba dificultosamente desplazarse entre el alumnado para poner los resultados en el tablón, pero estaba rodeado al completo por los pupilos que no dejaban de gritar histéricos. Hermione intentaba mantener la calma, pero en su interior sentía que quería quitar aquellas hojas a aquel hombre para ver si estaba en la columna de los aprobados. Cuando el hombre consiguió llegar, colocó las listas y una ola de personas gritando se le echó encima.
Hermione corrió empujando a varias chicas que se le pusieron delante y al fin consiguió llegar lo suficientemente cerca como para ver su resultado.
Se escuchaban gritos y llantos, tanto de alegría como de desesperación; Chicas y chicos se abrazaban unos a otros decepcionados mientras que otros llamaban a sus padres gritando.
Hermione vio su nota, esperaba con todo su corazón ser la primera de su promoción pero su nombre se encontraba en segundo lugar. Se sitió algo herida, pero aún así estaba contenta por haber aprobado.
Salió corriendo por el pasillo, el que estaba lleno de vitrinas con medallas y títulos que desde hacía años los alumnos ganaban para la universidad.
La castaña sabía que Harry, su novio desde hacía tres años estaba esperándole con el coche con ansias de saber la noticia. Hermione salió por la puerta principal y bajó todas las escaleras todas las escaleras de la entrada. Desde allí pudo ver al chico que esperaba apoyado en su nuevo Audi negro. Él no tardó en percatarse de que ella estaba allí y al momento salió corriendo a su encuentro.
— ¡Qué! ¿Cómo ha ido?— Dijo sobreexcitado.
—Soy segunda. La segunda de mi promoción.
—Pero eso es genial ¿No?
—Si tú lo dices…—Ambos montaron en el coche y pusieron rumbo a casa de los padres de Hermione.
—No debes preocuparte. Yo fui el décimo y a las dos horas me llamaron y tenía cinco propuestas de trabajo sobre la mesa.
—Pero tú eres ingeniero, sin embargo profesores hay muchos. Puse como opción, "propuestas de trabajo en el extranjero" así tendré más oportunidades de recibir un empleo.
— ¿No querías quedarte en Londres?
—He cambiado de opinión. Cuidado se va a poner el rojo— Dijo Hermione mirando el semáforo de delante suyo. Pararon, y cuando estuvo en verde volvieron a arrancar.
—No lo saques todo tanto de quicio por favor— Dijo Harry fastidiado.
— ¡Es que me enfado! Debería haber sido primera.
—Herms… Lo que deberías hacer ahora mismo es llamar a tus padres que están ansiosos por saber, y dejar de deprimirte a lo tonto. Cariño, eres lista y la mejor ¿Qué importa lo que ponga en una estúpida lista?
Hermione miró a su novio y esbozó una sonrisa.
—A veces haces que me sienta mejor ¿Sabes?— Harry sonrió con profundidad y sin quitar la vista de la carretera.
—Es mi trabajo como novio.
Hermione llamó a sus padres y mantuvo una larga conversación con ellos. Los Señores Granger siempre habían mantenido una buena relación con sus hijas. Marie la mayor se caracterizaba por ser ambiciosa y extrovertida y gracias a eso había triunfado en el mundo del periodismo; Hermione por su parte era más tímida, pero a la vez más inteligente que su hermana mayor; Mientras, Rosalie era la más hermosa y soñadora de todas ellas, pero su mayor defecto era que no paraba de parlotear.
La castaña colgó el teléfono y comentó a Harry.
—Están orgullosos de mí. Mi padre me ha dicho que seguramente reciba varías propuestas en breve, sobre todo si solicité en el extranjero.
—Aún no me puedo cree que quieras dejar Londres— Opinó Harry disgustado.
—Es solo por un cambio de aires. Mi hermana Marie lleva en París dos años y está muy contenta.
—Tú no te pareces en nada a Marie, Herms.
—Lo sé pero…—En ese momento el teléfono móvil de Hermione comenzó a sonar. Ella tomó su bolso de color beis y los buscó removiendo en su interior hasta encontrarlo— ¿Si? ¡Ah! Hola Amaia…— Amaia era la secretaria de la familia Granger, ella llevaba todos los asuntos que tuvieran que ver con los profesional desde las notas de Rosalie, hasta los negocios del Señor Granger—… ¿Qué ya tengo dos mensajes de…? ¡Pero si acabo de recoger mis notas! Bueno ya sé que todo es muy rápido pero… ¡Si! La verdad es que me gustaría trabajar lo antes posible… ¡Bien entonces asunto zanjado! Envía mi aprobación en breve. Muchas gracias Amaia— La castaña miró a Harry y dio un grito de alegría— ¡Me han ofrecido un trabajo! ¡En París! ¡Seré suplente! ¡Si acepto de aquí a cuatro días estaré trabajando! ¡Si! ¡Si! ¡Si!
— ¿Tan rápido piensas aceptar? Te recomiendo que esperes y…
— ¡Por supuesto que voy a aceptar! ¡Es una oportunidad única! ¿Entiendes? ¡Única! ¡Voy a dar clases en Hogwarts! ¡Un colegio de élite en París! ¡Es única!
—Vale, vale, ya lo he pillado— Dijo él intentado calmar a su novia— Pero ¿Cómo lo vas a hacer? No tienes piso…
—…Marie me buscará uno…
—Ni billete de avión…
— ¡Tomaré el euro túnel!
Harry miró a su novia con seriedad.
—Vas a irte aunque te lo pida de rodillas ¿Verdad?
Hermione lo miró con lástima.
— ¿Vendrás a verme alguna vez?
— ¿A caso lo dudas?
La chica esbozó una grandísimo sonrisa.
— ¡No, por supuesto que no lo dudaba!
...
...
El conductor del taxi le abrió la puerta. Una fuerte ola de calor le dio en la cara y agradeció llevar sus Ray-Ban nuevas. Puso los pies en el suelo, y sintió como tenía las piernas algo entumecidas después de tres horas de viaje. Hermione tomó sus dos maletas, una con cada mano. Habría asegurado que el día anterior cuando las había hecho no pensaban tanto. Buscó en su bolso de mano dinero para pagar al amable taxista pelinaranja que la había llevado hasta allí. A París.
— ¡Hermione!— Oyó como una voz la llamaba e instintivamente se giró para ver. Era su hermana Anne Marie. La encontró igual que siempre, con piel blanca y aterciopelada, ojos pardos, más oscuros que los suyos y una melena castaña chocolate semi-rizada con alguna mecha color caramelo.
— ¡Marie!— Hermione soltó sus maletas y corrió a abrazar con ilusión a su hermana mayor—¡Oh Marie! ¿Cómo estás? ¡Te eché tanto de menos!— Ambas se abrazaron con cariño y después Marie habló. Se notaba ilusionada.
— ¡Herms! ¡Estoy desenado contarte! ¡Hermione la vida no puede sonreírme más ahora mismo! ¡Es increíble! Estoy deseando que le conozcas…— La castaña frunció el ceño, por supuesto que se trataba de algún hombre, pero decidió hacerse la tonta para no quitarle la ilusión a Marie.
— ¿A quién?
— ¡A mi hombre! ¡Es el amor de mi vida! ¡Tenemos tantas cosas en común! Es ambicioso, trabajador, decidido… ¡Y además es guapísimo! Y… No sé lo digas a nadie… Pero también tiene mucho dinero— Dijo la mayor haciéndose la interesante.
— ¡No sabes lo que me alegro por ti hermana! En verdad te lo mereces después de lo de…
—… ¡Va! ¡Olvídate de Stephan! Y ahora me doy cuenta de que hombres como él no vale la pena lo más mínimo.
—Te doy la razón.
— ¡Bueno no nos demoremos más!— Dijo tomando las maletas de Hermione y metiéndolas en el maletero de su coche— Hoy comeremos en la casa de mi novio, y si no te importa también dormirás allí. Mañana te llevaré a tu nuevo apartamento. ¡Verás! Es preciosos, te o he buscado con unas vistas preciosas. No está precisamente en la mejor zona de París, pero no por eso el barrio es poco elegante… Es un ático ¿No importa verdad? —Continuó—… Cuando sea de noche podrás abrir la ventana y ver la torre Eiffel iluminada ¡Te encantará! —Ambas chicas montaron en el coche de la mayor. Hermione se sentía más relajada que nunca, le encantaba París, y estaba segura de que iba a ser muy feliz en aquella ciudad; Aunque en su interior, tenía que aceptar que su instinto le advertía problemas…
— ¡Cuéntame más cosas sobre tú novio! Porque es tu novio ¿Verdad?— Dijo la castaña a Marie con ilusión. Esta respondió con alegría.
—Se llama Draco. Draco Malfoy. ¡Es un encanto! ¿Qué más podría decirte? Tiene treinta y dos años, dos hijos y es perfecto, perfecto y perfecto.
— ¿Ti-tiene dos hijos?— Dijo Hermione extrañada y bastante sorprendida.
—Si, son maravillosos. Luccia y Scorpius tienen dieciséis años, a veces la convivencia con ellos es difícil, no te voy a mentir, pero al fin y al cabo…
—Espera que me aclare. Tu novio, Draco, te saca ocho años, tiene dos hijos adolescentes a los que tienes que aguantar y…
— ¡No lo pongas así Herms! ¿Y tú eres la que quiere ser profesora? Además deberías saber que ellos van al instituto donde vas a dar clase. Al… ¿Cómo se llamaba?
— ¿A Hogwarts?
— ¡Si! Y…
—Marie, por favor ¿Quieres mirar la carretera?
— ¡No te preocupes hermanita! Esto es París y…
— ¡Qué sea París, no implica que no podamos tener una accidente de tráfico!
—Mira, ya estamos llegando…—Dijo Anne Marie ignorando a su hermana. Llegaban a una zona residencial de casas elegantes, todas ella s casi siempre rodeadas por jardines preciosos, llenos de plantas estupendamente cuidadas y en flor, que daban un ambiente precioso. Una par de coches de lujo les adelantaron; La gente caminaba por las aceras paseando tranquilamente con sus mini perritos y otros bajaban de autos elegantes cargados de bolsas.
—Parece una zona agradable— Comentó Hermione.
—Lo es. Cuando vinieron papá y mamá la última vez les presenté a Draco y cenamos aquí en su casa, que ahora es nuestra casa, les encantó…
— ¿Él o la casa?— Dijo Hermione riendo.
— ¡Ambas cosas! Pero no hablemos más de mí, cuéntame algo de tu vida ¿Qué tal con Harry?
—Bien, como siempre ya sabes. Es un chico sencillo. Vendrá a verme dentro de tres semanas, no viene antes por trabajo…
—Lo entiendo. Ser ingeniero es duro ¿Crees que aguantarás un mes sin verlo?
—No lo sé hermanita. En verdad, de los tres años que llevamos juntos esta es la primera vez que estamos tanto tiempo separados…
—Oh, lo siento. ¡Ya estamos!— Marie aparcó el coche justo enfrente de una altísima verja de forja, que a Hermione le pareció increíble. Por lo que veía la mansión Malfoy contaba por lo menos con dos alas y tres o cuatro pisos, y al fondo divisó lo que parecía una pequeña torre. El estilo de la mansión era austero aunque cálido al a vez, justo el estilo de Paris. Hermione se fijó en que para llegar a la casa tenían que recorrer un camino totalmente rodeado de plantas silvestres preciosas. Varios jardineros pasaban el cortacésped por la gran explanada de hierba, evitando ser salpicados por los aspersores que regaban el suelo dando una sensación de frescor bastante agradable a un día tan caluroso.
—No puedes vivir aquí— Dijo Hermione mientras observaba a través del cristal alucinada.
— ¡Es fantástica! ¿Verdad?— Gritó Marie— Pues verás cuando veas la parte de atrás. Por las paredes suben rosales trepadores, hay árboles frutales y ¡Una piscina! Siempre que quieras podemos desayunar allí. ¡Entremos! Estoy deseando que conozcas a Draco y a sus hijos…
Marie abrió verja con una llave que sacó de su bolso y ambas caminaron por le camino que daba la bienvenida. Justo cuando estaban a unos metros de la casa, la puerta principal se abrió y un grupo de tres mujeres apareció para darles la bienvenida. Una de ellas se veía mayor pero aún así conservaba un aspecto estirado y miraba con superioridad. Otra era oriental y tendría más de cincuenta años, permanecía callada con una expresión afable. La tercera mujer se adelantó a las demás, era algo más joven, pero también era la más rellenita, aprecia francesa y esto se confirmó con un fuertísimo acento que marcaba cada r convirtiéndolo en una g muy sonora.
— ¡Señorita Marie! Es un placer verla, hoy se fue pronto y no pude darle los buenos días…
— ¡No tiene importancia Florián! Fui a busca a mi hermana Hermione que venía desde Londres.
— ¡Oh!— Dijo la mujer teatralmente— ¡La Señorita Marie, nos habló mucho de usted! ¡Dice que es una mujer muy inteligente!
—Son halagos que no merezco Florián— Expresó Hermione sonriendo.
— ¡Y encima modesta! ¡No es menos que usted su hermanita, Señorita Marie! ¡Pero pasen! ¡Pasen! El Señor Draco está en su estudio, lleva allí encerrado toda la mañana.
—Es normal en un hombre tan atareado como el Señor. Por favor, no se demoren más y pasen— Habló Aimeé la criada más mayor. No poseía acento alguno por lo que Hermione supuso que era inglesa. Su voz sonaba fuerte y seca, e incluso autoritaria.
Florián y la otra sirvienta oriental sonrieron a ambas hermanas Granger cuando entraron. Sin embargo Aimeé permaneció recia cuando estas entraron en la mansión. Su expresión no cambió al entrar al entrar Marie, pero cuando Hermione pasó por delate suyo notó como su expresión tornaba sorprendida y luego nerviosa. Hermione se preguntó a que vendría tal reacción, pero decidió ignorar y continuar su camino.
La mansión era mucho más oscura por dentro que por fuera. El sol penetraba por las ventanas e iluminaba la gran escalera de mármol blanco que daba paso al piso de arriba. Hacía el lado izquierdo se podía ver un arco sin puerta que mostraba lo que parecía una gran estancia amplia y algo oscura, llena de cuadros y tapizada en verde oscuro, en el centro había una gran mesa de madera pulida. La castaña supuso que se trataba del comedor donde los platos ya estaban dispuestos para la comida.
—El Señor Draco está con la pequeña Luccia. Llevan discutiendo dos horas, el Señor está muy enfadado— Dijo Florián informado a Marie en un susurro.
De repente tres personas bajaron las escaleras. La primera era más madura y formada, un hombre rubio, con camisa blanca y pantalón beis. Hermione se quedó bastante sorprendida, le pareció especialmente atractivo. En la forma en la que se movía, en como caía su brillante pelo rubio por la cara,pero lo que más le llamó la atención fue su madurez, tenía esa característica especial de los hombres de su edad, ese gesto que mezclaba la experiencia y la juventud. La pareción especialmente guapo.
Detrás venían sin duda los que serían sus dos hijos: Luccia poseía la misma seriedad y elegancia que su padre, pero con una notable feminidad. Era unos centímetros más alta que Draco, y eso se acentuaba aún más debido a los altísimos estiletos que llevaba puestos. Su pelo rubio más claro que el de su progenito, casi blanco caía hasta su media espalda dibujando unas ondas claramente artificiales.
Scorpius sin embargo era bastante diferente a su hermana. Su pelo era del mismo color que el de Draco aunque lucía un corte despeinado y juvenil. Poseía lo que el llamaba "su característica risa burlona". Al contrario que su hermana, Scorpius tenía los ojos castaños verdosos. Su contorno corporal denotaba su juventud, los hombros eran menos anchos, los brazos poco definidos y menos musculosos que los bien formados de Draco, pero aún así era un chico muy atractivo. Heminone le describiría como el típico chulito de instituto.
—Draco mira, te presento a mi hermana, Hermione… Es la mediana, a Rosalie ya la conociste cuando vinieron mis padres…
De repente Scorpius soltó una risotada estúpida que no venía a cuento, y Luccia le dio un sonoro codazo que por su expresión le dolió bastante.
Hermione se dispuso a estrechar la mano de su cuñado, pero para su sorpresa se cruzó con la mirada de él. Al igual que anteriormente había ocurrido con Aimeé, su mirada mostraba sorpresa para luego dejar paso a los nervios, y más tarde mostró una intensidad que la castaña nunca había visto en los ojos de ningún ser humano. Cuando las manos de ambos se tocaron y se estrecharon, Hermione tiritó durante un momento. Sintió una chispa, una presión que le subía desde las piernas hasta la nuca y le hacía marearse ligeramente. Las piernas le flageaban. Se sintió algo estúpida cuando le dedicó una sonrisa tímida...
—Es un placer— Era la primera vez que le oía hablar. Su voz sonaba elegante y masculina. Apenas tenía acento pero aún así en su voz se notaba que el inglés no era su idioma materno.
Ambos se soltaron, y tras ese leve contacto el rostro de Draco se volvió oscuro de nuevo.
— ¡Señores la comida está lista! Pasen por favor— Todos entraron en el comedor. Luccia y Scorpius pasaron por delante de Hermione y la ignoraron, ni siquiera se dignaron en saludarla.
El ambiente era horrible, todos comían en silencio. Hermione se sentía una intrusa, Draco permanecía serio, Marie totalmente indiferente, Luccia se veía claramente enfadada y Scorpius se aguantaba la risa mientras comía, lo que era verdaderamente desagradable.
— ¿Podemos hablarlo otra vez?— Pidió la joven rubia sin quitar la vista de su padre.
—No— La voz de Draco sonó fuerte y clara. Hermione tenía ganas de que se la tragara la tierra, se sentía una intrusa de pies a cabeza, no sabía como Marie podía soportarlo.
— ¡Pero papá, será solo hasta las 10, no entiendo porque…!
—He dicho que no Luccia, ¿No crees que hemos discutido ya lo suficiente?
— ¡Tengo dieciséis años! ¡Y apenas me dejas hacer nada!
—Ya hemos hablado cientos de veces sobre lo de salir sola y sabes cual es mi opinión.
— ¡Por qué me haces esto? ¿Por qué eres tan protector! ¡Nunca nos dejas hacer nada! ¡Nunca! ¿Qué te da miedo! ¿De que tienes miedo!
—A tu cuarto— Dijo Draco sin perder la calma
— ¿Qué! ¡No tengo cuatro años!
—A tu cuarto Luccia…
— ¡No pienso ir!
—Señorita Luccia, haga el favor de hacer caso a su señor padre y subir a su habitación— Cuando Aimeé habló la chica cayó al instante.
—Si Aimeé— La chica no tardó en desaparecer y cuando lo hizo Scorpius tomó la palabra.
—Está enfadada porque su novio Cormac estuvo anoche restregando su gordo culo con una rubia en una discoteca… Y ahora ella cree que es tu culpa porque no le dejas salir lo suficiente…
—Que salgáis solos es muy peligroso Scorpius…
—No entiendo porqué, pero bueno… Aún así no tengo tiempo para hablar me voy…—Dijo el chico levantándose de la mesa—…Volveré pronto.
— ¿Quieres que te pase a recoger?— Se ofreció Draco.
—Está bien. Voy a estar con los chicos por ahí tomando un café, hace un gran día para salir…
—Nos vemos, Scorp— Se despidió Marie. El chico no dijo nada, simplemente salió por la puerta sin despedirse de nadie más que no fueran su padre y Aimeé.
En su corta estancia en la mansión Hermione había notado dos cosas: Draco era extremadamente protector con sus hijos, más que extremadamente; Y la segunda fue que, por alguna extraña razón, tanto Aimeé como el rubio se sentían molestos con su presencia…
¿Un review? No cuesta nada chicas.
Proxima actu: Jueves 27/12
