Cuando todo está perdido ACTO I
Escena 2: Salvado
Larga es la vida del desafortunado, que ve a su alrededor cómo aquellos que ama mueren sin poder hacer algo por ellos. Cómo su fortuna va desapareciendo poco a poco porque no tiene quién hacerse cargo de esta. Sus sueños se desvanecen con el tiempo. No hay razón alguna de peso para que esta noche yazga muerto aquí. Más bien son muchas y todas ellan conforman un cúmulo de dolor que supera mi fortaleza, de la cuál nunca me he sentido orgulloso. Si en algo soy pobre, es en valor. Ninguna palabra será suficiente para pedir perdón. Yo mismo me lancé a la desesperación y encerré mi corazón en soledad, tratando de así jamás sentir dolor. Pero ni en eso fui bueno. He sido dañado muchas veces y creo que este quedó hecho pedazos. Nada puede reconstruirlo. Mis ojos han visto la Muerte, no solamente esta noche. La Dama me acompaña desde mi nacimiento de consciencia. He ido de la mano con Ella hasta que decidí estrecharla entre mis brazos para que me lleve. Tal vez así pueda regresar al lado de esa persona amada. He tratado de redimir mi alma un poco hiendo en contra de mi padre, ayudando a acabar con su maldad de una vez. Pero la traición que llevo a cabo hacia él es otro acto que me llevará directo al Infierno del que jamás saldré, y ni siquiera Dante dará con mi paradero entre las llamas. Confieso que antes estaba de acuerdo con el pensamiento de mi padre. Mataba en nombre de la pureza y traicionaba para servir a un único señor que decía ser el próximo dueño de Todo. Tan equivocado estaba como cobarde soy. Son solo excusas decir que mi enseñanza ayudó a ser así de mente, si hubiera tenido própio pensamiento hubiera renegado de esta dicha. Padre ha matado y destruido en nombre de su gran y adorado Señor Oscuro. Así como yo lo hice. No en su nombre, sino en nombre del miedo a morir. Y, sin embargo, cuál es la ironía de ahora querer morir para terminar con toda esa muerte que me persigue. No quiero volver a levantar la mano para quitar una vida. No quiero volver a violar los derechos de un ser humano con o sin culpa. Así que me doy a manos de la Fortuna para que ella decida. A aquél que lo lea. Le doy las gracias por leer mis últimas palabras, tan insignificantes pero necesarias para mí. No busco su perdón o compasión señor, simplemente transmitir aquello que estos últimos minutos ha llenado mi mente. El veneno descansa ahora en mi cuerpo, no hay vuelta atrás. Tengo miedo, pero también desasosiego. No creo poder liberarme de esta forma, más bien espero recibir mi castigo allá donde vaya. Así que, señor, le ruego no rece por mí. Atte. Draco Malfoy
Cuando terminó de leer la carta, el brazo que la sostenía cayó a un lado, con la vista fija donde segundos antes había estado esta. No era una falsificación. Había visto la firma de Draco en muchos documentos, cuando le investigaron hacía dos años, y era exactamente igual. Sí, se había suicidado.
¿Qué podía decir? ¿Qué tenía que pensar? En los años que hacía que conocía a Draco Malfoy, este no había demostrado más que estar del lado de Voldemort, seguir sus ideales y proclamarlos a toda hora. En Hogwarts demostró su opinión a favor de los sangre pura. Y en más de una ocasión, siendo él ya auror, pelearon varita en mano.
Pero ahora, tras leer esa carta, sus juicios habían sido pateados. ¿Era sincero, Malfoy? No podía ni pensar en que se trataba de una trampa, al fin y al cabo, en esos momentos, el rubio estaba luchando a vida o muerte en un hospital clandestino. Si realmente se había querido suicidar para no seguir con esa vida de mortífago, es que era mucho más orgulloso de lo que le creía. ¿Morir antes de pedir ayuda?
"¿Y se la habrías dado?" Preguntó una vocecita en su cabeza. "¿O habrías desconfiado y le habrías apresado, manteniéndole bajo duros interrogatorios y, finalmente, vigilarle de cerca con la excusa de querer protegerle?" Era cierto. Su instinto natural le obligaba a desconfiar de él, aunque tenía verdaderas razones para ello.
Había desconfiado de Snape durante muchos años. E, irónicamente, no fue hasta que le vio matar a Dumbledore que empezó a verle distinto. Aunque eso era por la carta que le dejó Dumbledore.
Se la había entregado McGonagall una semana después de la muerte del director. Había jurado no abrirla, sólo podía hacerlo Harry y, si este quería, enseñarla. El moreno aún odiaba al viejo por las pocas frases que en ella encontró, como siempre, poco explicativas.
Harry, debes estar leyendo esto después de mi entierro. Espero que haya sido bonito, al menos me hubiera gustado celebrarlo en Hogwarts, ya que fue mi hogar durante cien años. No te sorprendas de que conozca mi muerte antes de haber sucedido. Incluso puedo decirte que sé quién lo ha hecho. No desconfíes de él. Tenía razones de peso para hacerlo. Y, de todos modos, yo no iba a vivir por mucho más. Una enfermedad me estaba consumiendo y había llegado el momento de dejar paso a las nuevas generaciones. Harry, con mi muerte, tal vez la Orden se venga abajo. Los conozco a todos perfectamente para saber que irán a ciegas. A partir de ahora, Lupin se va a encargar de liderarla. Me ha costado mucho decidirme, Snape era mi mejor opción, pero no lo creí conveniente. Si no me equivoco, en estos momentos debe estar bien vigilado por Riddle, que ya empieza a temer por la fidelidad de los suyos. McGonagall no tiene la sangre fría suficiente para hacerlo, y estará demasiado ocupada siendo la directora de Hogwarts, pero Lupin tiene el carácter para afrontarlo. Es por esa razón que no puedo dejarte a su custodia. Aunque puedes ir a vivir con los Weasley, ellos se encargarán del papeleo. Eso sí, a partir de ahora eres miembro honorífico de la Orden del Fénix, poseyendo los mismos derechos que tienen los demás miembros. Sé tan valiente como hasta ahora. Aprende a ver con el corazón y no por los ojos. Acuérdate de todos los errores que hayas cometido para no volver a caer en ellos. Te dejo, Harry, mi chico. Me hubiera gustado poder pasar muchos años más contigo para explicarte más cosas, verte crecer como vi crecer a tu padre. Pero ha llegado mi hora. Cuídate
Atte. Albus Dumbledore
Harry había llorado. Por la muerte del hombre que le enseñó la magia. Por la impotencia de haber odiado tantos años a Snape sabiendo que, en realidad, era lo que Dumbledore siempre dijo que era: un amigo fiel.
Con los años se había ido dando cuenta de las cosas: Snape era el verdadero preferido de Dumbledore. Lo supo enseguida. Así como supo que el profesor de pociones debió haberlo pasado terriblemente mal al tener que matar al que sentía como un padre. Pero se daba cuenta tarde. También se había sorprendido del carácter de Lupin desde su mandado como Fénix. Y de una implacable directora.
Unos golpes en la puerta le sorprendieron.
-Adelante. - Dijo sacudiendo la cabeza para sacarse todos los recuerdos.
-Harry, está todo arreglado – dijo Ron, entrando con una enorme sonrisa, alegrándose de no encontrarse al moreno molesto por la interrupción. - Los mortífagos están siendo interrogados, pero no hay duda que irán directos a Azkaban. - Se cruzó de brazos, orgulloso. El pelirrojo solía comportarse con superioridad cuando terminaba un trabajo con éxito. - Qué lástima que no pilláramos a ninguno de los dos Malfoy, no? - Preguntó cerrando los puños. - Qué ganas tengo de ponerles las manos encima... - dijo con rabia.
-Ya lo creo... - comentó, aún con la vista fija en la mesa.
-Estoy seguro que estamos muy cerca! - Dijo emocionado. - Para tus informes, puedes poner asunto cerrado en el asalto de hoy.
-De acuerdo. - Contestó pensativo, mirando la carta que tenía medio oculta en sus rodillas. No estaba tan cerrado como él quería.
-¿Ocurre algo, amigo? Tendrías que estar contento!
-Sí, no. Perdona, es que estoy agotado. - Medio mintió. - Llevamos meses planeando ataques sorpresas y deteniendo sospechosos y estoy realmente cansado.
-Esta noche quería celebrarlo en casa con Hermione y contigo... no vendrás? - Preguntó apoyándose en la silla.
-Lo siento. Dejémoslo para otro día. - Sonrió.
-Se lo diré a Hermione. Tú procura dormir bien esta noche, te quiero despejado para mañana, "jefe" - Tras una risotada, salió del despacho para ir a contarle a cualquiera que quisiera escucharle lo ocurrido esa tarde.
Harry miró el reloj. Eran las nueve y media. Ni un sólo día de ese mes había cenado o se había ido a dormir a una hora razonable.
Desgraciadamente, esa noche tampoco podría.
Se levantó, guardando la carta en el último cajón, cerrándolo con llave y llevándosela consigo. Una vez recogida su chaqueta y pertenencias, salió del Ministerio despidiéndose de todos para poder aparecerse en el hospital medimago clandestino al que llevó a Malfoy.
Aparentemente, el lugar no era más que una tienda de pega de venta de supuestas pociones curativas, filtros amorosos, amuletos de la suerte, libros de chamanes... todo ello adornado con muchas velas y un fuerte olor a incienso. El tipo que estaba en el mostrador tenía la piel oscura y marcada por arrugas, con una ridícula perilla bajo el mentón. Sus ojos, blancos como si fuesen ciegos, veían a la perfección, y se clavaron enseguida en Harry.
-Buenas noches, señor. - Dijo con voz suave, de ultratumba. - Qué desea?
-Santo y seña: Los cuadros hablan. - Dijo simplemente, caminando directamente hacia la cortina negra detrás del tipo. Entró y todo cambió.
Al fin pudo respirar aire limpio, sin olores fuertes, y varias luces fluorescentes iluminaban el largo pasillo blanco. A derecha e izquierda había varias puertas, y al fondo las cortinas verdes con las camillas, donde dejó a Malfoy. Se fue a paso decidido, abriendo la segunda de la derecha.
-Merlín, qué susto! - Exclamó Spencer, dando un bote.
Timothy Spencer era un mago alto y curvado, de piel cetrina que odiaba afeitarse, y sólo lo hacía cuando le picaba demasiado la barba para soportarla por más tiempo. Llevaba unas gruesas gafas de pasta y parecía que no se duchaba en días. Vestía unos pantalones marrones de pana, una camisa verde desteñida con manchas de sudor y una bata de médico por encima. El cabello, castaño, empezaba a escaquear en la coronilla a la pronta edad de 41 años. Harry estaba seguro que, de ir bien vestido y arreglado, el doctor Spencer tendría éxito entre las mujeres. Mantenía esa consulta ilegal desde hacía años, cuando por culpa de una negligencia médica fue expulsado de San Mungo y del colegio de medimagos. Ahora ejercía la medicina ilegalmente, tratando básicamente a magos que no querían dar explicaciones por algún asunto turbio.
Harry le había encontrado en su primer año de auror, siendo un novato. Persiguiendo a un mago que se dedicaba a hechizar mujeres muggles para acostarse con ellas, había intentado esconderse ahí tras ser atacado por los hechizos de Harry, y el moreno le encontró. Spencer retuvo al tío y le permitió detenerlo. A partir de ese día le daba alguna que otra información de sus clientes, sin ser demasiado explícito para no perder la confianza que algunos de ellos le brindaban, y a cambio Harry no le denunciaba. También se podría decir que Harry le estaba haciendo chantaje, pero eso era lo de menos.
-Por qué has entrado por la tienda? Creí que vendrías como antes, apareciéndote. - Dijo el medimago subiéndose las gafas con un dedo.
-No quería asustarte. - Bromeó, para luego ponerse serio de nuevo. - ¿Ha muerto?
-Más quisieras.
-Merlín no lo quiera, no deseo tener razones para... detenerte. - Ironizó. - Y bien?
-Está bien. El veneno ha estado a punto de matarle, pero he podido sacarlo de su sangre. De todos modos, han quedado restos en el organismo, por lo que va a pasar unos meses bastante jodido.
-Me alegra ver que sigues siendo bueno para algo... - comentó, acercándose al cuerpo inmóvil del rubio. Se le veía cadavérico, más pálido de lo normal y los labios agrietados y morados. Peor incluso que cuando le encontró en la mansión.
-Me ofendes, "señor"! - Se burló. - ¿De dónde has sacado a este desgraciado? - Preguntó rodeando la camilla por el otro lado, no deseando perder de vista al auror.
-Eso, Spencer, no es asunto tuyo. - Dijo alzando una ceja, sorprendido de que alguien tan "ilegal" como él no conociera a uno de los Malfoy. - Por otro lado, - siguió, - quedará algún efecto secundario? - Preguntó temiendo por la salud mental después del desafortunado intento de suicidio del ex sly.
-No conozco muy bien los ingredientes que ha usado, pero si se trata de "El dulce de muerte", como sospecho, no habrá problema. Tal vez pase unas semanas sin poder moverse y ligeros temblores si es un mago mediocre, pero nada más serio. Le costará hablar.
-¿Algún tratamiento?
-Sí, por supuesto. - Cogió una hoja y empezó a garabatear cosas. - Estas son las instrucciones de la medicación. Sobretodo, que se tome cada cosa a su hora. - Dijo depositando una bolsa delante de Harry, por lo visto llena de botes de pociones y pastillas.
-¿Desde cuándo usas remedios muggles? - Preguntó el moreno confuso, mirando un bote de pastillas.
-Desde que los muggles meten las narices donde no les conviene y ven cosas. Las pociones comprimidas en cápsulas son más prácticas. Además, no notas el sabor desagradable.
-Buen punto... ¿Y la comida?
-No va a poder comer sólido en días, solamente triturados o sopas, sin tropezones o su garganta podría atorarse y morir ahogado. - Se calló un momento, observando desde arriba de sus gafas a Harry, sonriendo de repente. - ¿Por qué tantas preguntas? ¿A caso piensas llevártelo y cuidarlo tú mismo? Por lo que veo, este tiene que ser un mortífago o algo peor, un asesino de esos! No puedo creerme lo que veo! Harry Potter, la Gran Esperanza, manteniendo oculto a un mortífago! Por eso has venido aquí, ¿cierto?
-Spencer, tu bocaza algún día va a ganarte un Avada bien recibido. - Amenazó Harry. - Sólo quiero hacerle algunas preguntas antes de que los del Ministerio le condenen. Necesito saber algunas cosas.
-Vale vale, señor autoridad. Sólo era curiosidad... ¿Y te lo llevarás a casa? Mmhh... me encantaría estar presente enfrente de dos hombres... no te pases con él, podrías dañarle – dijo guiñando un ojo, con una gran sonrisa.
Harry le lanzó una mala mirada y sacó la varita, asustando al medimago, y apuntando a Malfoy. Levitó su cuerpo hasta acercarlo al suyo.
-Por supuesto, Spencer, sobra decir que no puedes hablar a nadie de esto...
-Palabrita! - Bromeó.
Con un último vistazo, Harry cogió la bolsa de medicamentos, la hoja y el brazo de Malfoy, Desapareciéndose enseguida para caer de pie en su piso.
El apartamento de Harry era algo más humilde de lo que cualquiera esperaría de él. O eso era lo que solían decirle sus visitas. Las cuales eran pocas, cabe decir. Estaba en el centro de Londres, al edificio de al lado vivían Ron y Hermione. Tenía una cocina americana con un comedor no muy grande, lo suficiente para dos sofás, alguna estantería, un televisor y una mesa con dos sillas. Un pasillo llevaba a dos dormitorios, un cuarto de baño y una terraza que recorría el ancho del apartamento de punta a punta. Había los muebles básicos y varios libros escampados por toda la casa, de temática principalmente Artes Oscuras. Solían serle útiles para el trabajo.
Apenas estaba decorado. No tenía tiempo ni ganas para eso, y Hermione se cansaba de repetirle que faltaba un toque femenino allí. Harry ni siquiera tenía tiempo para citas, como para buscarse pareja. Desde que cortó con Ginny no había vuelto a tener nada serio con nadie. Y de eso hacía exactamente doce años. Aunque sí que algún roce esporádico con alguna chica que conocía en bares donde le llevaba Ron para "despejarse".
Dejó a Malfoy estirado en el sofá mientras le preparaba la que sería su habitación por, esperaba, unos pocos días. Luego ya vería qué hacía con él.
El dormitorio en cuestión no se usaba como tal. Harry lo tenía como despacho, con una gran mesa repleta de papeles, pergaminos y carpetas del trabajo, y un sofá cama contra la pared. Éste último lo transformó en una cama individual después de retirar la mesa hasta la pared, apartándola del paso. No tenía otro sitio donde ponerla. Tuvo que trasladar su mesita de noche al lado de esa cama para poder dejar todos los medicamentos.
Decidió correr las cortinas, verde oscuro, para evitar miradas curiosas. Aunque estaba en una zona muggle y en un noveno piso, nunca se sabía, y más tratándose de Harry Potter. Así que prefería no correr riesgos y guardarse las espaldas. Por lo que también puso algunos hechizos contra aparición y de protección. La única forma de entrar para otro que no fuese él a partir de ahora sería la puerta principal.
Volvió al comedor para llevar a Malfoy a su nueva habitación, cerciorándose de que siguiera respirando. Se lo quedó mirando durante un rato, observando sus facciones angulosas y frías, con el cabello largo cayendo lacio. No le veía desde hacía cosa de dos años, no había tenido la "suerte" de cruzarse con él en alguna otra misión. Por alguna razón, familias como los Malfoy, la misma Bellatrix y algún otro importante en el cerco de Voldemort permanecían muy ocultos, enviando a la carnaza. Eso desesperaba a Harry, que ansiaba capturarles para llegar hacia el Lord.
¿Cuánto hacía que no tenía un enfrentamiento con él cara a cara? ... Sí, desde la muerte de Sirius. El maldito ni siquiera se había aparecido en el ataque a Hogwarts de sexto año. Tras ese incidente en el Ministerio, pareció como si el Lord saliera escaldado de su encuentro con Dumbledore y hubiera preferido refugiarse a tramar un plan más preciso, sin suturas. Sin la profecía, debía estar buscando otra manera de hacerse con el poder. Y tanto los de la Orden como él mismo se sentían frustrados sin tener noticia alguna.
Dejó esos recuerdos a un lado y echó un vistazo a las instrucciones que le dio Spencer. Pasaban las diez y media de la noche, hasta las doce no tenía que darle nada, así que se fue a la cocina a prepararse un sándwich y una cerveza y se tiró al sofá, encendiendo la tele. Luchaba por no quedarse dormido, cambiando de canal y sentándose recto. Le estaba costando no cerrar los ojos. Puso la MTV, donde hacían un concierto en directo de Stereophonics, y en ese momento sonaba High as the Ceiling. Era uno de sus grupos favoritos, además de muchos otros.
Finalmente llegó medianoche y se levantó pasándose una mano por el rostro, despejándose. Cuando entró a la habitación, no se fijó en Malfoy, se dedicó a buscar la poción que le tocaba entre todas las que había. Pero, al voltearse para dársela, se encontró con sus ojos grises clavados directamente en él. No parecía enfadado, aunque tampoco confundido... simplemente sereno.
"Extraño". Pensó Harry conociendo el temperamento del rubio.
-No, no estás en el infierno – le informó Harry bromeando. Luego volvió a sonar normal. - No intentes moverte. Bébete esto, te sentirás mejor. - Le llevó la poción a los labios y ocultó una expresión de sorpresa al ver que el sly bebía sin desconfianza, tragándolo todo poco a poco. - Seguramente debes tener muchas preguntas, pero no vas a poder hablar, estás muy débil... Ya lo solucionaremos mañana...
Vaciló unos instantes ahí de pie, mirando a todas partes menos al rubio, sin saber muy bien qué más decir. Pero, como el sueño le ganaba, decidió que era momento de irse a la cama. Seguramente Malfoy se volvería a dormir en seguida gracias a la poción.
-Buenas noches, Malfoy. - Dijo antes de salir, dejando ambas puertas abiertas por si acaso.
Se puso simplemente el pantalón del pijama y se tumbó en la cama completamente agotado, durmiéndose enseguida.
****************
Parecía que sólo había dormido cinco minutos cuando unos gritos le despertaron. Se levantó de un salto, agarrando la varita y corriendo a la habitación de Malfoy al darse cuenta que los gritos eran suyos.
Cuando entró, dejó caer la varita sintiéndose de golpe como un novato. Corrió al lado de la cama, donde Malfoy había caído y estaba retorciéndose, vomitando sangre. Se agarraba el estómago agonizando de dolor, tenía la frente pegada al suelo, demasiado débil para aguantarse de pie.
-Malfoy! - Gritó, cogiéndole de los hombros para levantarle el rostro. Se estaba ahogando en la sangre. - Mierda, mierda, mierda...
No sabía cómo actuar. Él era auror, no médico! No podía aparecerse con Malfoy en la consulta de Spencer con el rubio en ese estado. Y traer al medimago a su casa era una absurda locura, no dejaría que nadie descubriera dónde vivía. Buscó un cubo o algo parecido colocándolo ante Malfoy para que vomitara ahí dentro, y rebuscó en la hoja de instrucciones algo que le sirviera de ayuda.
En la parte de atrás de la hoja leyó algo que tal vez sería útil.
*En caso de vómitos, fiebre alta o sangrados de cualquier tipo, dar doble dosis de Poción Revitalizante. Si se inyecta en vena actúa más rápido. Los efectos secundarios son una gran mejora del paciente, pero sólo dura unos minutos hasta que vuelve a caer rendido. Su componente básico es anfetamina, por lo que debe usarse con cuidado por...
Harry se puso como un loco a buscar la poción, echando miradas de reojo a Malfoy que seguía gritando, cada vez más afónico, y agarrándose el estómago como si quisiera arrancárselo.
Sus manos se movieron rápido por la bolsa, hasta que encontró en el fondo la Poción Revitalizante, de color rojo, y una de las tantas agujas que había.
-Malfoy, vas a tener que levantarte... - dijo, acercándose.
-No... - exclamó escupiendo más sangre.
-Pues no te muevas... - dijo muy inseguro.
Agarró el brazo del sly y lo contorsionó en una postura extraña, con la palma hacia arriba. Se preparó la dosis en la aguja, aguantándola con los dientes. Apretó con fuerza un poco más arriba del codo del rubio, dándole golpecitos sobre la vena. Cuando esta se hinchó lo suficiente para verla, Harry no se lo pensó dos veces y le inyectó la poción. Se quedó unos segundos viendo al otro, que parecía haberse quedado en silencio e inmóvil.
Hasta que empezó a tener convulsiones y temblores.
-Mierda! - Harry iba a levantarse para cargarse a Spencer, pero Malfoy le cogió del pijama, deteniéndole.
Se quedaron un par de minutos así, y Harry se dio cuenta que poco a poco el rubio se relajaba, quedándose después de cinco minutos totalmente laxo en el suelo, sobre su propio vómito, respirando rápido y todo sudado.
-Ya... está... - dijo en un susurro, sosegado de no sentir al fin dolor. O al menos no tanto como antes.
-Joder, Malfoy, me has pegado un susto de muerte...
-Es una de... mis desve-ventajas...
Harry le cogió de debajo los hombros, levantándole para sentarlo en la cama, apoyado en la pared. Buscó la varita y limpió el suelo con un Fregoteo.
-Espérate aquí un momento.
-Tranquilo... n-no voy a moverme. - Ironizó el otro con una mueca.
Harry fue al cuarto de baño a llenar la bañera de agua caliente, buscando una toalla limpia y una pastilla de jabón, puesto que si Hermione no le iba a comprar, él siempre se olvidaba de las cosas básicas como el gel. Volvió a por el rubio, que estaba con los ojos cerrados respirando aún rápido.
-Vamos. - Dijo cogiéndole de nuevo, esta vez pasando un brazo por su espalda y otro por debajo las rodillas, sorprendiéndose del peso pluma que era aún y medir lo mismo que él. Antes, al sentarlo a la cama, y cuando lo encontró muerto, no se dio cuenta por el nerviosismo de la situación, pero casi podía sentir que si le apretaba más fuerte, le rompería. - Vas a bañarte, así que quítate la ropa. - Ordenó, sentándole en el water.
Malfoy se lo quedó mirando un rato. - Si esperas que... m-me desnude ante ti, lo llev...as claro. Sal.
-Ni te lo creas. No pienso dejar que caigas y te rompas la nuca. O te quitas la ropa ya, o te la quito yo. - Amenazó.
Sin pensárselo dos veces, Malfoy empezó a desbotonarse la camisa, haciendo muecas de asco por las manchas de sangre. Luego siguió con los pantalones, agradecido de no llevar zapatos y así no tener que agacharse a sacárselos. Iba con una lentitud casi desquiciante, pero Harry se mantuvo paciente, esperando.
Harry miró a otro lado, sintiéndose de repente vergonzoso. Acababa de darse cuenta que había llevado en brazos a Malfoy. A un hombre. Mientras el sólo llevaba los pantalones del pijama. Y, encima, estaba esperando ahí de pie a que el otro se desnudara.
Pero ¿a qué venía ese nerviosismo de repente? Había visto miles de veces a sus compañeros desnudarse en los vestuarios, tanto en Quidditch como luego en el trabajo y nunca le importó. Incluso ahora en un principio no le molestaba esperar ahí a que se desnudara. Pero cuando esas manos finas sacaron la camisa de dentro el pantalón, mostrando su perfecto cuerpo, se le contrajo el estómago.
Nunca le había atraído ningún hombre. Nunca. No era como si al mirar a uno sintiera algo. Pero ahora mismo estaba notando un nudo en el estómago que no era normal. Más bien asustaba.
Le miró de reojo. El rubio era igual de alto que él, tal vez sólo un par de centímetros menos. Se le veía mucho más delgado de lo que creía Harry, pero eso, igual que su extrema palidez, eran debido al veneno. Su piel era tersa, fina... como la de una mujer. Igual que sus manos, o su cuello...
-Ya está – dijo el rubio, sorprendiéndole.
Harry no pudo evitar que sus ojos se fueran a la entrepierna del rubio cuando este se giró. Su miembro permanecía flácido entre sus delgadas piernas, coronado por un poco de cabello rubio. Era un poco más largo que el suyo, pero no tan grueso. Se maldijo por ese pensamiento.
Cuando levantó los ojos, vio con horror que Malfoy acababa de pillarle mirándole la entrepierna, y se ruborizó apartando la mirada para diversión del sly, que se metió en la bañera cuán largo era, apoyando la cabeza para no hundirse. Harry se sentó en el water a esperar, aún ruborizado.
-En serio vas a quedarte ahí, Potter?
CONTINUARÁ
