La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer.
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Tío Edward
Capítulo 2: Novio
Di unas cuantas vueltas frente al espejo de cuerpo entero e hice una mueca. No es que me quedara mal la ropa que Alice había escogido; un pantalón corto y una camiseta de tirantes con escote, no obstante, me preguntaba cómo saldría de casa, sin que mis padres me preguntaran por mi nuevo modelito. Cogí el móvil y llamé a Alice, pues ella había sido la que me había metido en todo este lío, y sería ella quien me sacaría.
Después de tres pitidos a la espera, la voz cantarina de mi amiga sonó al otro lado de la línea.
- Dime, ¿Qué tal ha ido? – preguntó, y me la imaginé dando pequeños saltos.
- Pues no sé cómo voy a salir de casa sin que mis padres me acosen a preguntas. ¿Alguna idea, genio?
Estuvo uno segundos en silencio, hasta que soltó un grito de júbilo.
- ¿Por qué de repente empiezas a ponerte otro tipo de ropa? – preguntó enigmáticamente.
- ¿Por qué quiero conquistar a Edward? – la indecisión estropeó la seguridad de mi voz.
- Sí, pero eso es un secreto. Cuando te vean lo primero que pensaran es que tienes novio...
- O en cualquier de los casos que me has comido la cabeza para que me vista como siempre has querido – Alice gruñó al otro lado del teléfono algo que no entendí, sin embargo, luego, me dictó unas órdenes que debía cumplir a raja tabla.
- En fin, tu sal como siempre, como si llevaras tus trapos de abuela – fruncí el ceño ante el apodo injustificado de mi antigua ropa; no era de abuela, era lo que me gustaba ponerme.
- ¿Y qué hago luego?
- Desayunas, hablas de cualquier cosa y te despides. Luego, te encontrarás con Edward, quien muy amablemente se a ofrecido a acompañarnos al colegio en su flamante Volvo, ¿Qué te parece?
- ¡Pues muy mal! Voy ha hacer el ridículo – agregué entre dientes.
- ¡Que no! – tarareó –. A menos cinco estoy en tu casa con Edward, así que más vale que estés lista – rodé los ojos, no tenía la más mínima idea de cómo se las había ingeniado Alice para que Edward se prestara a acompañarnos al instituto. No lo sabía, y no quería saberlo.
Colgué el teléfono en cuanto sentí que la línea se cortaba.
Armada de valor, salí de mi habitación y bajé las escaleras. Desayuné con las miradas de mis padres sobre mi nuevo atuendo, intenté varias veces desviar la atención de mi aspecto, sin embargo, mis padres se apañaban para quedar en silencio y seguir mirándome, pidiéndome una explicación con los ojos, algo que nunca tendrían.
- Mamá, ¿Ya has encontrado trabajo? – pregunté con los ojos en mi desayuno.
- ¿Eh? No, no – sacudió la cabeza, y encendió la televisión.
En mi casa, cada vez que había una situación vergonzosa o un tema de conversación, del cual, no quieres pertenecer, encendías la televisión y la mirabas ajeno a todo lo que sucedía a tu alrededor. Algunas veces era un ventaja que eso pasara, pues podías seguir con tus cosas, pero muchas otras, era un gran error. Después de desayunar, me despedí de Renée y Charlie, y salí de casa.
Alice me esperaba apoyada en el Volvo de Edward, y el corazón comenzó a martillearme fuertemente dentro del pecho. La figura de mi amiga, se dirigió hacia a mi, dando pequeños saltos y me sonrió como una cría.
- Ponte delante, y hazme caso – comencé a negar con la cabeza, pero Alice ya había comenzado con su plan –. Entra en el coche y dile que me han llamado, y que entraré en seguida. Y cuando puedas atacas – me empujó hacia la puerta, mientras veía como de soslayo, hacía su papel de sacar su móvil y comenzar una conversación imaginaria.
Entre en el coche, y me sonrojé como siempre acostumbraba hacer cuando Edward se encontraba cerca.
- Hola, Edward – saludé en un murmuro.
- Buenos días, Bella – me miró de arriba a bajo y me sonrió cálidamente, cosa que aumentó el color de mi cara.
- Alice entrará en seguida, la han llamado, no sé quién ni por qué – balbuceé. Edward asintió, apoyó su rostro sobre su puño, y contempló la vista a través de la ventanilla.
Entonces él te mirara hambriento y lujurioso y, justó ahí, le tiras los tejos.
Cuando os encontréis, en el momento en que te mire, verás, que su mirada no es la misma que la de siempre, y, ahí, hasta alguien tan ingenua y torpe como tu, sabré que hacer.
Las palabras de Alice comenzaron a resonar en mi cabeza, y me pregunté si ya me habría mirado con deseo. Aún seguía contemplando por la ventanilla, sin ademán de mirarme. No tenía ni idea de chicos, y ahora Alice, quería que me lanzara como un león a la caza de su presa. Suspiré silenciosamente, y puse mi mirada en mi regazo.
Venga, Bella, tú puedes, ataca. Pon las cartas sobre la mesa, me animé internamente, y me giré para observarlo.
Su hermoso rostro bañado por la luz matinal de sol, me desconcentró de mi tarea auto impuesta. Cerré los ojos, obligándome a mi misma a insinuarme.
- Ed-Edward – le llamé en un tartamudeo, éste me miró curioso, y tuve que desviar la mirada –. Es-Esto... ¿Q-Qué te parece mi aspecto? Quiero decir, mi ropa, bueno, la ropa en si no, sino cómo me queda a mi, no cómo esta mi cuerpo y tal, sino si es justo lo que necesitaba. ¿Sabes? Creo que voy a irme andando así me da un poco el aire. Porque creo que estoy haciendo el ridículo – mascullé por lo bajo, antes intentar salir a la calle.
- Te queda bien – me congelé en el sitio, y mi cara enrojeció.
Le miré y sonreí como una tonta.
- ¿D-De verdad? ¿Me queda bien?
- Sí, Alice ha hecho un buen trabajo – sonrió, y una hilera de relucientes dientes blancos, me deslumbró, dejándome con un la mente parada, sumida en el caos.
Ahora o nunca.
- ¿S-Sabes p-por qué he hecho este cambio? – pregunté, armando de de valor. Me miró con curiosidad, y proseguí –: Porque... y-yo... t-tú... bueno...
En ese momento, la puerta del asiento delante se abrió, dejando paso a una voz escandalosa. Alice, se precipitó hacia delante, interponiéndose entre mi perfecta visión del rostro de Edward.
- ¿Qué? ¿Ya nos podemos ir? ¿Habéis hablado mucho? ¿En serio? ¿De qué? – preguntó con una sonrisa ingeniosa.
- Bella me iba a contar ahora mismo a qué se debía su cambio de ropa y aspecto.
El coche hizo un sordo ronroneo y salió disparado. Me puse el cinturón frenéticamente; no me gustaba la velocidad, ni el estilo de conducir de Edward.
- Oh, ¿No se lo has contado? – los ojos de Alice brillaron, y algo en mi interior me avisó de que nada bueno se avecinaba –. Bella tiene novio.
Abrí los ojos desmesuradamente, y le pregunté con la mirada a mi amiga a qué se debía su respuesta no expuesta en su plan, pero Alice no me miraba, tenía la vista fija en Edward y en sus reacciones. El coche se había sumido en un silencio espectral, y cuando encontré mi voz, me apresuré a especificar ese 'Bella tiene novio'.
- N-No es mi novio – aclaré.
- No seas modesta, Isabella – Alice me sonrió ingenuamente, y tuve ganas de estrangularla.
- No soy modesta ni nada de nada – fruncí el ceño –. No tengo novio. Es un amigo, pero...
- Os gustáis, pero ninguno de los dos se atreve a dar el paso. Les falta un empujoncito – la rabia comenzó a correr por mis venas, y me recordé que en cuanto saliera del coche y Edward desapareciera, mataría a Alice y luego lo simularía como un suicidio.
Iba a contestar, pero el coche se detuvo, y Alice saltó del coche como alma que lleva el diablo. La observé irse con sus pequeños saltos y la asesiné con la mirada. Giré el rostro para observar a Edward, y aclararle en todo el embrollo en el que mi amiga, amablemente, me había metido.
- No tengo novio, Edward – su mirada era curiosa y cálida –. De verdad, es Alice que siempre tiene esas ideas absurdas, pero, te juro que yo no...
- Tranquila, Bella – me cortó con su característica sonrisa cariñosa –. No se lo voy ha decir a tus padres.
- Pero, es que...
- En serio. Entra a clases antes de que llegues tarde.
Obedecí, y salí del coche.
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- Alice, cobarde – siseé por lo bajo, mientras caminaba enfurruñada. Alice se las había ingeniado para esquivarme todo el día, y a la hora de la salida vi un torbellino cruzar el patio delantero a la carrera, y me resigné a verle hoy el pelo. Ya la mataría mañana.
Seguí con mi camino, hasta que me encontré con Jacob, quien se ofreció a acompañarme hasta casa. Intenté negarme cortésmente, pero no quiso escucharme. Desde que hice mi aparición en el instituto, todas las miradas del género masculino me miraban con deseo y lujuria, se me habían presentado chicos que ni si quiera había visto en todos los años que llevaba en esa escuela.
Había recibido innumerables trozos de papeles con números de teléfonos y nombres de chicos, los había ido metiendo uno por uno en el bolsillo pequeño de la mochila, con la intención de tirarlo en cuanto llegara a casa, sin embargo, la situación ya pasaba de castaño a castaño oscuro.
Pero el mayor problema no era los cansinos chicos de mi instituto y sus miradas lujuriosas, ni tampoco el hecho de que Alice me hubiese abandonado a mi suerte durante todo el día, sin saber cómo reaccionar, sino, que casi todas las chicas me miraban entre encolerizadas y envidiosas, lo cual me sorprendió de sobremanera; yo siempre las había visto como un ejemplo a seguir de cualquier chica de mi categoría, eran altas, guapas, rubias, con ojos azules y piel de porcelana.
Entonces, me pregunté, si había causado tal escándalo en mi escuela, ¿Por qué no en la mente de Edward? Había comprendido cómo eran las miradas hambrientas de los chicos, sin embargo, cuando estaba en el coche de mi tío, estaba demasiado avergonzada como para mirarlo a la cara, y observar la expresión que ésta conservaba.
Decidí, en ese momento, en que aprovecharía las oportunidades de estar a solas con Edward al máximo, despediría a la antigua Bella, remplazándola por la que nunca había subido a la superficie. Provocaría y conquistaría a Edward aunque mi vida se basara en sentirme como un trozo de carne a ojos de cualquier chico lleno de hormonas de mi instituto.
- Bella, ¿Me estás escuchando? – la voz de Jacob me trajo de vuelta a la realidad, y le miré atontada.
- Perdón, ¿Qué decías?
- ¿A qué se debe este cambio? – preguntó intentando no romper el contacto visual.
- ¿Eh? Pues... Cosas de Alice, ya la conoces – le resté importancia, moviendo mi mano de un lado a otro.
Jacob Black era un buen amigo, aunque no podía ignorar los sentimientos que él tenía hacia mí. Íbamos al mismo curso, pero a diferentes clases. Lo conocí gracias a Charlie, al ser amigo de su padre, Billy, nos conocimos. Llevábamos juntos desde pequeños, así que no me preocupé en lo que él podría sentir por mí, siempre lo consideré como mi mejor amigo, incluso como a un hermano, hasta que Alice me abrió los ojos, aclarándome que Jake estaba colado por mí.
Nunca entendí, ni entenderé, como alguien como Jacob podía fijarse en mi, yo no era nada del otro mundo, ni si quiera sabía como había conseguido tantos números de teléfonos, ni recibido miradas hambrientas.
- Gracias por acompañarme a casa – agradecí, mientras me giraba sobre mis talones –. Aunque no tenías por qué...
- ¿Y dejarte ir por la calle así? – sacudió la cabeza, y me sonrió ampliamente –. Ni hablar.
- Tampoco voy llamando la atención...
Jacob rió irónicamente, y me palmeó el hombro.
- Te aseguro que el revuelvo que se ha producido hoy en la escuela, no ha sido porque el almuerzo estaba bueno.
- Pero, esos son chicos con las hormonas revolucionadas... A parte...
- Bella, déjalo – me cortó –. No iba a dejarte caminar sola por la calle, con todos los pretendientes que se te han presentado...
Jake fue cortado por una aterciopelada y reconocida voz, que llegó hacía nosotros como música para mis oídos.
- Bella – giré mi cabeza para encontrarme con el rostro hermosamente tallado de Edward.
- Edward – dije como una tonta –, ¿Qué haces aquí?
- Bueno, he quedado con Jasper, pensé que lo sabías. Te lo dije ayer cuando te llamé – me sonrojé por pensar cosas estúpidas ante la relación del 'cuando te llamé'. En realidad llamó a Jasper, pero él estaba ocupado duchándose así que estuve conversando con él hasta que me arrebataron el teléfono.
- Sí, se me había olvidado – me giré hacia Jacob para despedirme, pero éste tenía el ceño fruncido y los ojos entrecerrados, manándole una mirada envenenada a Edward, cosa que no me gustó.
- Ya nos veremos, Bella – habló en un susurro antes de darse la vuelta y marcharse sobre sus pasos.
Parpadeé varias veces atónita.
- ¿Este es tu novio? – la voz de Edward conllevaba un rastro de curiosidad y un sentimiento que se asemejaba con la rabia, pero, eso era imposible. Me olvidé de la expresión de Jacob y negué con la cabeza.
- Yo no tengo novio – puntualicé lentamente cada palabra. Después abrí la puerta y entramos en casa. Sonreí con picardía cuando lo vi subir las escaleras y tuve una perfecta visión de su trasero.
Oh, sí. Esta era mi oportunidad de oro.
Buff.. Me he tardao un montón en subir capítulo, y lo siento, pero tuve unos problemillas en casa, y se me quitaron las ganas de escribir y leer y todo -.-'. Sé que me odiais y me quereis matar, pero no gasteis todas vuestras energías ahora porque me voy de vacaciones y hasta final de este mes no vuelvo a casa, así que no podré subir hasta que vuelva a casa -.-'. Por eso, dejo este capítulo antes de irme (me voy hoy después de comer), mejor algo que nada, ¿No? -.-'
Bueno, espero que sigais leyendo mi fic :)
Gracias a toas las aalertas y reviews y todo :)
Cuidenseee.!!
Marinilla14
