CHILDREN OF THE REVOLUTION.

Llegué por primera vez a París hace un año. Era 1899, el verano del amor. Yo no sabía nada del Molino Colorado, Yuri Meichi o de Isuke. Una revolución había arroyado al mundo y yo viajé desde muy lejos por tierra y mar hasta París. Sobre una colina se asentaba el barrio de Mountmartre. Después de todo, no fue tal como mi madre me había dicho...

''¡UN BARRIO DEL PECADO...!''

... Sino, el centro del mundo: Músicos, pintores, escritores, ... Se los conocía como los hijos de la revolución. Pero yo vine más bien a descubrir...

''¡SIEMPRE CON ESA RIDÍCULA IDEA DE VIAJAR PARA ENCONTRAR ALGO MEJOR! ¡SÓLO MALGASTAS DINERO, HIJA! CUARTO VIAJE YA.''

Yo vivía en un piso algo viejo que tenía todas las cosas necesarias para subsistir. Recién me mudé; En cuanto consiguiera más dinero comenzaría con unas tontas reformas... Después de todo mi objetivo fue venir en busca de mejores oportunidades y mandar gran parte del dinero a mi familia. El viajar hasta aquí fue costoso pero sé que por algo valió la pena.

Era de noche. Y por mi fortuna, un martillo que atravesó mi tejado caía junto a una joven la cual lo sostenía y quedaba colgando por una cuerda tensada al llegar a su límite, atada en su tobillo. Entonces, de la ventana salió una chica vestida de ... ¿Gatito? El suelo golpeado por el martillo realmente quedó en grietas.

— ¡Me llamo Nio! Lo siento por tal desastre. Estamos ensayando arriba una obra muy moderna llamada 'Spectacular, spectacular'. Transcurre en Suiza.— Explicaba con un tono bastante alegre y divertido a la vez que miraba a la chica de pelo plateado que colgaba y comenzó a volver al mundo después de un rato de inconsciencia.

¿Spectacular, Spectacular? Realmente no es un título muy... agradable y atrayente al público.

— ¡Esa mierda me ha dolido!— Gritó la de ojos violetas a Nio enfadada y desató el nudo de su tobillo. Haruki no sabía como tomarse todo eso y quedó observando lo que ocurría. Estaba como... ¿Demasiado sorprendida?

Una chica de pelo morado y ojos azules claros se asomó junto a otras tres más por el agujero desde arriba. — ¡Genial! Tenemos el suelo donde ensayamos más que destruido por Shin'ya y parte del libreto no está terminado para mostrárselo mañana a la directora...— Mencionó la de ojos azules claros.

— ¡Ya habrá alguien que lea el papel!— Respondía con ilusión Nio. Pero de repente, una chica que se situaba al costado de la joven de pelo morado, con enfado, gritó desde aquel hueco. — ¡¿Dónde piensas conseguir el papel de una joven romántica y caballerosa para reemplazarla?!—

Todas se estaban poniendo de los nervios, incluyendo a Haruki en cuanto la chica de ojos rojos y pelo rubio, se quedaba mirándola; queriéndole decir con esa observación tan profunda a la vez que sonreía con dientes de tiburón que sería ella.

— ¡Como no te calles pienso con mi martillo dejarte plasmada en el suelo!— Le dijo la de pelo plateado a aquella chica que quería reemplazarla: Shin'ya era la que interpretaba tal papel. Se supone que a quien amenazó es quien lidera tal obra. Pues, después de todo, sin ella nada hubiera comenzado.

El plan era comenzar la obra minutos antes de que salga Shin'ya, para que Mahiru también interprete su papel.

Por algún motivo Haruki siguió a Nio saliendo de su piso y subiendo las escaleras junto a Shin'ya para llegar a la planta de arriba y entrar en el piso que se situaba encima de el suyo. Shin'ya se presentó durante el recorrido.

Después de varios minutos Haruki observando la organización estricta de parte de aquella chica de tan mal genio y que se lo tomaba más que serio, el resultado fue pésimo.

''Las colinas nacen...
Muy felices...''

Cantaban lentamente con desafinadas voces, no al coro. Y muchas de ellas se liaban y decían otra cosa de la que debía o se olvidaban de ello. En el fondo, un paisaje bastante irreal de montañas comenzaba a soltar chispas de las luces simulando algo ''mágico'', pero, de la peor forma. Haruki quedó mirando y preguntándose qué hacía ahí junto aquella gente tan extraña; ¡Debía de reparar su tejado y suelo! Incluso alguna que otra avergonzada de esas chicas dejó de cantar ante tal caos. Entre estas últimas, una estaba al su límite, estallando.

— ¡Basta, bastaaa!— Gritaba la castaña con ojos marrón fuerte. La líder, por supuesto. Vestía de hechicera: Llevaba gafas y un bastón de madera gruesa con alguna que otra hoja incrustada falsa, un vestido largo y de color crema con tonos más oscuros. En su mano izquierda, apoyado un libro abierto se encontraba. — ¿¡Qué creéis que hacéis!? ¡Absurdo!—

— ¡Vamos, iba bien, Shiena!— Decía Nio. — ¡Las colinas recobraban felicidad!—
— Sí, claro... También truenan y de forma muy chispeante.— Mencionaba con ironía la chica de pelo morado mientras miraba como una de las bombillas continuaba fallando, chispeando.
— ¿Qué te ocurre?— Contestó a la de pelo morado de mala gana Nio con una sonrisa y mirada amenazante. — Eso es estúpido.—
— ¡Las colinas se reencarnan en melodía! ¡Eso es lo mejor!— Mencionó Shin'ya ante tal alboroto.

Unos segundos de silencio después de ello, todas empezaron a hablar entre ellas. — Nadie se decide...— Decía con preocupación una pelirroja de dos coletas a una chica de pelo corto azul y ojos azules. — ¿Qué más da? Esto está echado a perder.— Le respondía esta. A la vez de fondo se escuchaban más charlas. — Nio-chan... Pienso hacerte pedacitos. Y lo voy a disfrutar— Amenazaba la de pelo morado a la rubia con unas tijeras en la mano. — ¡Estás actuando muy rara!— Respondió con una sonrisa falsa Nio a esta. — Chitaru-san las cosas están yendo muy mal...— Comentaba una nena con su osito. La pelirroja mencionada la miró y suspiró. — ¡¿Qué de mi idea?! ¡¿Por qué la ignoráis?!— Gritaba enfadada Shin'ya siendo ignorada.

— ¡Bastaaa!— Gritó seguido de Shin'ya la chica llamada Haruki, callando a todas. — Reencarnan por una melodía discante, en eufóricas sinfonías las almas de las colinas.— Todas quedaron mirándola. — Sólo debéis de añadir cosas bonitas...— Mencionó después de ello Haruki. Con una sonrisa vacilante mientras con un ojo cerrado las observaba.

Shin'ya se acercó a ella, al principio parecía enrabiada. Haruki dejó de sonreír y quedó mirándola. — ¡ES HERMOSO!— Gritó y rió Shin'ya de forma muy animada.

— ¿Cómo?— Quedó paralizada Shiena. Parecía que todas lo aceptaban. — ¡¿De verdad?!— Añadió.

— ¡Se oye realmente bonito!— Mencionó la chica pelirroja de coletas sonriendo a Shiena. La chica de pelo azul y ojos azules asentía; la de pelo morado soltaba una risilla por como se estaba agobiando Shiena y la chica tan elegante que se encontraba sentada en un sillón, de pelo ceniza, sonreía. La supuesta nena a la de pelo rojizo le mencionaba que tal idea era perfecta y encajaba en la obra. Suzu y Kouko se miraron sonriendo y asintieron entre ellas.

— Sumireko Hanabusa. Encantada de conocerle.— Ella vestía con un vestido rojo; escasos complementos. Pero relucía una corona en su cabeza.
— Otoya Takechi. — Decía mientras abría y cerraba una tijera. Iba algo informal y parecía ser la mala de la obra por ello.
— Banba. ¡Pero yo, yo soy Shin'ya!— Mencionaba la chica de pelo plateado. Volvía a presentarse por segunda vez. Ella vestía similar a un príncipe.
— Haru Ichinose.— Comentaba mientras sonreía. — Y ella, Tokaku Azuma.—

Haru vestía como una señorita de una época incluso más antigua que la actual. Pero formal. Tokaku parecía una vagabunda.

— Hitsugi Kirigaya.— Decía la chica; y por lo que veía, iba de... Lo que era... ¿niña se podría decir? Tenía un vestido rojo. — Chitaru Namatame.— Dijo la pelirroja alta, sostenía la mano de esa jovencita y vestía muy formal al modo de parecer representar a un noble y no exactamente a una noble; Pantalones y camisa azules, con capa. ¿Noble-príncipe? Realmente soy mala con las explicaciones.

— Kouko Kaminaga.— Decía la chica quien vestía como una monja. — Suzu Shutou.— Seguía después de esta quien parecía ser una bruja.

— Me llamo Shiena Kenmochi.— Dijo algo molesta.

— ¡Iremos genial con tu talento, Haruki!— Comentó Nio después de las presentaciones. No todas asintieron; Shiena no estaba de acuerdo. — ¿Ta-talento?— Preguntaba Haruki. — ¡Claro! ¡Pensamos pagarte lo necesario a cambio de tu talento!—

Un trabajo nuevo a la chica, algo nuevo a descubrir; ¿De verdad? Ella se basaba en la fuerza y nunca imaginó... el redactar... obras.

— No te ofendas, Haruki, pero... ¿Has escrito alguna vez un libreto?— Preguntó Haru.
— ¿Qué?— Respondió la chica pelirroja, ojos de miel, con confusión.
— ¡Bah! ¡La chica tiene talento!— Interrumpió Shin'ya. — ¡Me gusta eso!—
— ¡Ahí está! ¡Con Haruki podremos escribir el espectáculo revolucionario bohemio!— Nio explicó. — ¡Isuke!—
— ¿I-isuke?— Preguntó Shin'ya.

Vestirían a Haruki con el mejor traje que disponían y la harían pasar por una famosa escritora inglesa: Isuke al escuchar su poesía se quedaría atónita y trataría de convencer a su jefa Yuri de prestar fondos económicos a la obra y que participe esta en el Molino Colorado frente a un público más que gigante: Miles de hombres y mujeres. Las compañeras de Haruki se harían pasar por gente a su encargo y vestirían también elegantemente. Todas irían de negro. Alguna que otra utilizaría un vestido pero la mayoría un pantalón. ¡Qué poco femeninas para tal época...!

— ¡Hey, hey! Soy malísima para expresarme... ¿De verdad?— Interrumpió a Nio la chica llamada Haruki. Shin'ya agarró su hombro. — ¡Lo vas a lograr! ¡Al menos de conseguir esto último, pero algo harás!—

Era el plan perfecto también para los intereses de Haruki: Iba a tener una audición ya preparada ante Isuke. Iba a... ¿conquistar a una chica o realmente impresionarla? Ambas cosas eran tan... similares. Pero no importaba: Aceptó al pensar en conseguir llevar todas al éxito la obra para que el dinero sea repartido y al haber cobrado tanto pueda sorprender a su madre y familia.

Mientras hacían cola Haruki pudo observar como un recinto gigante rodeado por muros rojos, con luces más rojas aún en cada rincón y un letrero de luces mencionaba Moulin Rouge, haciendo referencia al molino rojo (o colorado) que ocupaba una parte de el lugar. Cabe mencionar que, después de un largo camino, y otra larga cola, pudieron entrar al Moulin Rouge: Todo era grandioso y muy elegante; Luces por todas partes. Pisabas gloria, no piedras como en la calle. Y con gloria decía un manto rojo.

Pero lo que realmente era incómodo fue que... muchos hombres estaban más que animados. Entre ellos se decían estupideces y cosas no caballerosas... Oh, sí. Recordó que cada uno de ellos estaba ahí por el simple hecho de pasar una noche junto a una bailarina: Lástima por las chicas. Al ver cientos y cientos de hombres, un lugar a punto de petar, que, ocupaba incluso la segunda planta de la cual tú podías ver el espectáculo desde ahí mismo, decidieron sentarse en una mesa vacía de un rincón algo apartado.

Las chicas de Yuri eran llamadas las canes diamantinas. Haruki observaba con las otras compañeras de trabajo entre todos aquellos hombres desesperados como cientas de chicas de todos los aspectos bailaban al compás con llamativos trajes en aquel lugar gigante. El cantante, pasado de edad y obeso, con un traje rojo y pantalones negros, parecía ser el organizador. Vestidos y faldas levantadas por ahí, por allá; cabellos al aire, miradas lujuriosas... El baile de las canes diamantinas era rodeado por otros miles de hombres de clase alta que vestían muy formalmente. Compartían ambos géneros la letra de la canción cantándola a la vez que entre ellos se unían al baile. No era un baile para nada formal... Era uno algo tonto y de críos. No sabían bailar después de todo, o eso creía... Entonces fue darme cuenta de que el cancán existe.

De repente, el obeso cortó el baile levantando su varita. Sí, varita. De mago.

Todos y todas retomaron sus posiciones iniciales: Se habían dejado llevar por un momento.

— ¡CAN-CANCÁN!— Gritó el organizador comenzando las bailarinas, o cortesanas, a bailar.
— ¡Porque bailamos el can-cancán!— Todas se movían y entre ellas pasaban mágicamente sin pisar el vestido de ninguna ni chocándose. Todo sincronizado.

— Haruki... No mires demasiado.— Mencionó Nio. Haruki lo había estado mirando todo y por un momento le dio la razón a su madre.

''¡UN LUGAR DEL DIABLO!''

Se giró a observarla en cuanto escuchó su nombre; Mientras las cortesanas y los hombres se buscaban, ellas dos empezaron a hablar en privado. Las únicas oyentes eran las mismas que participan en la obra. — ¡Verás, ahora...— Se quedó a media frase porque de repente las luces se apagaron y retornaron tomaron un color lila. Del techo caían papeles semitransparentes que reflejaban tal luz junto un humo rosado. — El diamante reluciente.— Comentaba Nio susurrando a Haruki, con una sonrisa de gato.

Todas quedaron sorprendidas, mirando con ojos muy abiertos. Haruki se levantó al verla:

En un columpio sentada se encontraba una pelirrosa; su vestido lila marcaba el cuerpo curvilíneo de esta y sus ojos de color miel penetraban a todos los corazones de cada hombre. Y de una mujer, en especial.