La bruja entro a un cuarto que había muy cerca del suyo y allí alojo a la pequeña. La acostó en la cama para intentar dormirla entre jadeos y lloriqueos en pedido de su madre. Consiguiéndolo varios minutos después. Luego la arropó y se sentó en la esquina de la cama a verla dormir.
-Bellatrix.- se escucho un grito lejano y furioso posiblemente desde la entrada de la mansión. Era el, había regresado.
Salió del cuarto despacio e intentando hacer el menor ruido. Camino a lo largo del pasillo hasta la escalera que conducía al salón principal en donde estaba la entrada de la casa, allí estaba él, de espaldas al pie de la escalera.
-Si?- Dijo tranquila. Por un segundo intentando erguir su cuello, sólo para dar la imagen de no sentir miedo.
-Ven aquí.- Le indico el mago oscuro. Y ella bajó con cierta gracia señorial hasta que estuvieron frente a frente.- En donde está la niña?- pregunto.
-Ella está durmiendo en un cuarto.- Trato de responder lo más tranquila que pudo.
-... Desobedeciste mis órdenes Bellatrix, me hiciste ver débil frente a los otros, y lo que es peor, trajiste a vivir a nuestra casa a la hija de un traidor.-
-Pero Tom...-
De pronto un ruido seco sonó en el lugar. El mago la había interrumpido con una cachetada.
-Te he dado permiso de hablar acaso?-
-No señor.- Respondió esta masajeando la zona colorada con ambas manos.
-Debes aprender a distinguir que antes de ser tu marido soy tu amo y exijo que me des el respeto que merezco. Esta entendido?-
-Si mi señor.-
-Bien, ahora... Por tu falta de disciplina te daré el castigo más adecuado...- Dijo levantando su varita y en el momento la bruja confirmo lo que pendo que iba a pasar.
-Crusio.- Siseo el hombre haciendo que su vasalla cediera instantáneamente al dolor similar al de miles de cuchillos afilados que atraviesan su cuerpo, cayendo. Entre espasmos, gemidos, alaridos y gritos, la morocha intento formar una frase media coherente de PIEDAD. Intento pedirle disculpas, pero eso no hizo detener a su marido, siquiera lo hizo dudar.
-Crusio.- siguió.
Tras varios minutos de tortura, Voldemort se agacho hasta quedar a la altura de su mujer y le pregunto fatigado.
-Ya... entendiste?-
- Si - Respondió esta con un hilo de voz.
- Responde como corresponde a tu superior.-
- Si mi señor.-
- Muy bien.- Dijo este.- Todos a dormir, mañana veremos que hacemos.- Murmuro en tono irónico, refiriéndose sin rodeo ninguno al asunto de la niña, al mismo tiempo que subía los primeros escalones. -de pie Bella y ve a dormir.- Dijo por ultimo y continuo su camino.
Bellatrix no iba a jugar con su suerte, así que en vez de ir a su cuarto decidió ir al de su nueva protegida. La niña seguía durmiendo. Algo agitada, parecía que tenía pesadillas pero no hizo nada para tranquilizarla. No sabía en realidad, no estaba familiarizada con ello. Se sentó a un lado de la cama, en el suelo, con la espalda contra la misma y allí se durmió, después de estar largo rato llorando. No porque la había golpeado ni porque había utilizado sobre ella la maldición cruciatus , sino que era porque lo había decepcionado, le había fallado.
Por otro lado, sólo en su habitación, Voldemort estaba reflexionando sobre el asunto. Se sentía frustrado y molesto; Por qué es que su más fiel servidora, su esposa, había preferido a la niña antes que al?. Quizás sea algo reprimido, aburrimiento?. El sabía que su esposa era una de las pocas mujeres de linaje puro que no había sido madre y este era su segundo matrimonio. Infertilidad? No, él sabía que era por él. Y de repente un regodeo lo lleno. Por él y la causa ella dejo correr su reloj biológico. Pero por otro lado nadie la obligo a no procrear siquiera a un solo uno barón que siguiera el apellido familiar.
De todas formas él le dijo una cosa y ella desobedeció.
Es de ella la culpa y no iba a dejar que se saliera con la suya. Si era eso lo que quería, la bruja iba a tener que decidir de qué lado estaba su corazón.
A la mañana siguiente Bellatrix se levantó con los primeros rallos de sol del día. Le dolía la espalda por la mala posición en la que había dormido y la cabeza. La pequeña no se había despertado, así que decidió salir de la habitación sin hacer el menor ruido. Bajo al comedor, en busca de su desayuno, pero se encontró con su marido.
- Bella, te despertaste.- Dijo sorbiendo una taza de café.
- Mi señor...- respondió esta cabizbaja y haciendo una profunda reverencia.
- Ven.- Le dijo el mago haciendo que la silla a su derecha se moviera hacia atrás para darle un lugar. Dudosa finalmente avanzo hacia él y se sentó.-Has dormido bien?- Su pregunta en realidad era para romper el silencio del lugar, pues se notaban en su cara las ojeras y el cansancio.
- No mi señor, no he dormido nada bien.- Respondió la bruja.
- Si, lo note; cambiando de tema, Bellatrix... Que decidiste hacer con la cría.- Preguntó intrigado, aunque por un lado presentía saber la respuesta.
- Quiero quedarme con ella.-
- Que?!- Voldemort se encontró furioso y desconcertado ante tal respuesta. - De verdad?-
- Mi lord...- dijo poniéndose de pie a toda velocidad y automáticamente se arrodilló frente a él con mirada suplicante.-Permítame quedarme con ella, yo haré lo que sea por usted, sólo le pido que me deje tenerla.-
- Por que es que quieres a esta hija de traidores? Es que acaso ya no quieres ser parte de nuestro mundo, nuestra ideología? Porque conoces las reglas.!-
- Mi señor conozco las reglas si, y usted sabe más que nadie que yo quiero lo mejor para la causa, pero esta niña es de sangre pura y es tan pequeña, de seguro no recordara nada de lo que ayer aconteció.-
- Mi amada Bella, si pudiera hacer algo para que deseches esa idea lo haría.- Murmuro el mago mientras acaricio el pelo de su vasalla.- pero sé que no hay nada que yo pueda hacer, me desobedeciste, nunca pensé recibir tal disgusto de ti, me has roto el corazón.- y es en ese presido momento en que el señor oscuro tomo el cabello de su nuca y lo jalo hacia atrás para lograr que lo mire a los ojos.-Bien Bellatrix quédate con la niña, vivirás bajo mi techo, pero ... , con la condición de ocultarla de la vista pública, no quiero que mis hombres digan que fui débil contigo, tampoco quiero oírla en la casa y tu ... mas te vale que nadie se entere de esto...!- repitió. Y sus ojos se tornaron de un color rojo tan amenazantes como su voz. Y ella supo que hablaba más en serio que nunca. Pero aun así, como pudo con su cabeza inmovilizada asintió.
La soltó casi arrojándola a un lado.
Gracias, gracias mi señor.- Murmuro esta y se levanto para después sentarse nuevamente a su lado para disfrutar del desayuno.
Termino su comida y se disculpo con su marido para ausentarse, llevándose consigo una servilleta con la que había envuelto unos cuantos panecillos y pedazos de pastel.
