Ella nunca supo lo que era tener una amiga, todas las chicas se alejaban de ella. La llamaban de machona y machota. Se llevaba bien con los chicos, pero, hasta ahí, tampoco le gustaba el hecho de ser categorizada de machota como para estar todos los días con los chicos. Se sentaba sola en la escuela y atendía a las clases. Era una estudiante modelo. Tenía un coeficiente intelectual superior al de la media. Se podía decir que era superdotada. Siempre cuidaba su aspecto, tanto la forma de peinar su cabello como los adornos y accesorios que llevaba. Siempre utilizaba su uniforme, nunca se lo dejaba. En aquel entonces, su cabello le pasaba de la cintura, cosa que la hacía ver más guapa. Era tremendamente hermosa. ¿Por qué la llamaban de machona? Su madre era luchadora, cosa que no les parecía normal a las chicas de la escuela. En cabio, era algo que les encantaba a los chicos. Al poco se supo que su hermana mayor y ella entrenaban también, cosa que no ayudó a su reputación con las chicas. Un día, un grupo de chicas se pusieron a insultarla en medio de la clase. Llevaba mucho tiempo aguantando las burlas de sus compañeras, ya no aguantaba más. Se acercó a una de ellas y le pegó una patada en el estómago. Las demás intentaron pegarle, pero, ella las fue derribando una a otra. Su infancia no fue perfecta. Pero, después de eso, no le volvieron a decir nada. Seguía sin tener amigas, pero, tampoco quería. Y por mucho que los años pasaran, todo seguía igual…
Era de noche. No podía dormir sabiendo que en pocas horas daría su debut en ese continente. Se sentía emocionada. Se sentó en su cama y miró la hora: las doce de la noche. Había oído que en ese hotel había un acuario que estaba abierto las veinticuatro horas. Lo miraría un rato y luego se volvería a acostar. Una vez vestida, cerró su cuarto y fue al acuario. Tenía hidrofobia, pero le encantaban los animales. No miraba a donde se dirigía, cosa que la llevó a chocarse con alguien. Se sobó la cabeza. Se puso nervosa.
-Lo… lo siento…-Se disculpó mirando al suelo.
-No te disculpes, no miré a donde iba...-Dijo la otra persona dándole la mano en son de ayuda.
-Yo tampoco miraba…-Dijo aceptando la mano. -…un momento… ¡Tú eres Dixie Clemets!-
-¿Me conoces?-Preguntó quitándose las gafas de sol. -¿Fan?-Volvió a preguntar. La menor solo negó.
-No… de momento.-Sonrió, a lo que la mayor le devolvió la sonrisa. -Soy Reiko Hinomoto.-
-Hinomoto… La nueva, ¿cierto? Estoy encantada de trabajar con la hija de la legendaria Kamikaze Rose, de quien por cierto, sigo siendo gran fan. Espero que mañana demuestres todo lo que tienes.-Le dijo con una sonrisa. -Me enteré de lo de la desaparición de tu hermana mayor, lo siento.-
-No debes preocuparte, aparecerá…-
-Bueno, ¿cómo es que no estás durmiendo? Deberías descansar para mañana.-Le dijo poniéndose de nuevo las gafas.
-Los nervios no me dejaban dormir. ¿Y usted, señorita Clemets?-Dijo mirándola. Era demasiado alta.
-Lo mismo, de tan solo pensar que iba a conocer a la hija de Kamikaze Rose, se me quitaba el sueño. ¿Quién me iba a decir que yendo a pasear te conocería antes?-Le regalo un sonrisa.
-La vi en el concierto, canta usted muy bien.-
-¿En serio? Yo siempre he pensado lo contrario... Había oído de que eras alta, pero yo te veo baja.-
-¿No será qué usted es demasiado alta?-Rió.
-Posiblemente.-Rió de vuelta. Se miraron unos segundos. -Por cierto, lo siento si soy un poco bruta durante el combate de mañana, es que soy así cuando peleo…-Le informó.
-Lo sé, he leído sobre usted.-
-Y por lo que he leído yo, la mayoría de tus llaves y ataques pertenecían a tu madre.-
-Sí, ella me enseñó a la perfección.-
-Eso espero, ya que nunca me pude enfrentar a ella, espero que mi enfrentamiento contra su hija sea memorable.-
-Lo será.-Dijo pasándose un dedo por debajo de la nariz.
-Bueno, dejando aparte el enfrentamiento, después de pelear me gustaría que fuéramos a tomar un café, para conocernos mejor, ¿Te apetece?-Preguntó sonriendo.
-De acuerdo.-Asintió colocándose el flequillo.
-Genial, será mejor que nos vayamos a dormir.-Le aconsejó.
-Creo lo mismo. Hasta mañana.-Se despidió.
-Hasta mañana.-
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-¡Desde Asia!-Dijo la presentadora a lo que el público comenzó a gritar emocionado. La adrenalina comenzó a correr por las venas de la japonesa. -¡Zero Fighter!-Le encantaba esa sensación. -¡Reiko Hinomoto!- La gran pancarta con su nombre cayó dejando ver la silueta de la morena. La canción Rising Sun comenzó a sonar. Reiko solo miró al frente y comenzó a caminar hacia el ring. Saltó las cuerdas y se puso a estirar. Luego, se lució ante el público. Su intro era sencillo, pero a todos les gustó. -¡De Estados Unidos!- Todo el público se puso a gritar con entusiasmo. -¡3 Count Cowgirl!- Reiko miró a la entrada al ring. Se veía una chica con un sombrero vaquero puesto en la cara. -¡Dixie Clemets!- Acto seguido comenzó a sonar la canción Yankee Roses. La rubia empezó a bailar al ritmo de la música exhibiéndose ante el público. Luego saltó las cuerdas y se subió a una de las esquinas e hizo como que disparaba con sus dedos regalándole una sonrisa a la gente. Una vez colocadas en sus puestos, se miraron unos segundos. Reiko analizó la vestimenta de la mayor… muy propia de una vaquera que se preciara. La rubia hizo lo mismo. Los shorts le quedaban muy bien, aparte de que el rojo le sentaba fenomenal. -Rosas, en sus marcas… ¡A pelear!-Dicho esto, comenzaron a pelear, al cabo de unos minutos ambas estaban cansadísimas. La menor no paraba de ejercer sumisiones mientras que la mayor siempre le asestaba duros golpes a la japonesa. La menor golpeó a la mayor dejándola en el suelo y seguidamente se subió a las cuerdas. Gritó un: ¡Angel Drive!" Y saltó encima de la americana comenzando una cuenta de tres. "Uno… Dos… ¡TRES!" Había ganado. Miró a la rubia, quien intentaba sentarse. Le ofreció una ayuda dándole la mano. La sureña aceptó la ayuda levantándose.
-Buen combate.-La felicitó Dixie.
-Lo mismo le digo.-
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Habían ido a un café, la menor se puso la mano en la espalda.
-Por poco me parte la columna.-Bromeó la japonesa.
-¿No te la partí? Déjame y termino el trabajo.-Rió a lo que la japonesa la miró con cara de "Really?" -Es broma.-
-Sí que es bruta peleando.-
-Te lo advertí.-Dijo poniéndose las gafas de sol. -Y aún así, me ganaste.-
-Bueno, ¿qué tal si me cuenta algo sobre su vida?-
-Yo… desde que nací he sido rica, pero aún así, no he tenido una vida fácil… Mi padre nos maltrataba, y aún me sigue controlando, encima que ya soy mayor de edad.-
-Vaya… Lo siento.-
-Tú no tienes la culpa de que mi padre sea un completo cabrón, así que, no te preocupes. ¿Y tú? Cuéntame sobre ti.-
-Por lo visto, sabe casi todo sobre mí, así que contaré lo que de seguro no sepa… Soy alérgica al pescado, cosa que siendo japonesa es…-Fue interrumpida.
-Una tremenda jodienda, ¿cierto?-
-Sí. Tengo hidrofobia.-Siguió contando. -Imagínese la situación: Mi padre llevándome a la playa, y él no sabía que tenía hidrofobia... Acabé pegando unos gritos…-
-Pobre… Yo tengo fobia a subirme en un avión, lo paso fatal.-
Se pusieron a hablar de cualquier cosa, los bailes de graduación, lugares visitados…
-¿Primer beso?-Preguntó la rubia.
-Nunca, no me interesaba besar a nadie.-
-Yo tampoco tuve nunca un primer beso, no porque no me lo dieran sino porque no quería. Yo reservo mi primer beso a alguien que de verdad me guste.-
-Las chicas de mi clase se reían de Mí todo el rato por lo de que nunca había besado a nadie. Tampoco tuve nunca amigas.-
-¿Nunca?-
-Nunca, siempre estaba sola.-
-Pobre. ¿Y te interesa tener alguna?-
-Sí, ¿Por qué?-
-Te vienes de compras conmigo.- Se levantó. -Venga, te lo vas a pasar bien.-
-…Vale…-
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Fueron a un centro comercial. Miraron muchísimos escaparates, ellas tenían gustos similares, aunque Reiko prefiriera el rojo y Dixie el blanco. Miraron la tienda de animales y susurrando un: "Ooooooh que lindos…" Miraron a varios cachorros de Labrador jugar. Entraron en una tienda de electrónica y al ver el combate de ambas en una tele, se criticaron a ellas misma a broma. Parecía que a Dixie le encantaban los móviles, pero en cambio, Reiko prefería un MP4. Miraron la tienda de trajes de boda pero no entraron, de seguro, si ellas entraban nadie las sacaría. Se comieron un helado sentadas en un banco. Mientras comían, no Dixie podía quitar los ojos de una bebecita. Le gustaban los niños, además de que quería ser madre en un futuro. Miraron en la tienda de videojuegos y tenían los mismos gustos. Una vez terminaron su recorrido por el centro comercial, salieron de él encontrándose a un familiar de Dixie.
-¡Dixie!-Saludó el chico dándole un abrazo a la rubia.
-¡Cuánto tiempo, John!-Correspondió al abrazo -John, ella es Reiko, la hija de Kamikaze Rose; Reiko, él es John, mi hermano gemelo.-
-Encantado de conocer a la hija de mi ídolo.-
-Mucho gusto.-
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Poco a poco, Reiko se fue adaptando a la nueva ciudad en la que estaba, pero, no se podía acostumbrar, tenía que volver a Yokohama en pocos días. Con el pasar de los días, Reiko comenzó a entablar amistad con Dixie. Igualmente hizo con el resto de luchadoras. Le gustaba ese lugar. Y más aún, le encantaba ir de compras con Dixie. Entonces, llegó el día, debía volver. Dixie la acompañó hasta la el aeropuerto.
-Bueno, que te lo pases bien en Yokohama.-Le dijo la rubia intentando romper el hielo.
-Lo haré. Señorita Clemets…-Fue interrumpida.
-Ya que te vas, al menos, deja las formalidades. Llámame Dixie.-
-…Dixie… Ha sido un placer conocerte. Algún día vendré de visita.-
-Eso espero.-
-…- Reiko no sabía qué hacer, terminar de despedirse e irse o… quedarse… -Oye, ¿te puedo dar un consejo antes de irme? No te pongas las gafas de sol, tienes unos hermosos ojos, así que, no los ocultes.-
-¿Te gustan mis ojos?-
-Sí.-
-…-Dixie no quería que Reiko se fuese. Había pasado muy buenas semanas con Reiko, y no quería que eso se acabara. Desde que supo que la hija de Kamikaze Rose era luchadora, comenzó a investigar sobre ella, sin caer en la cuenta de que se había enamorado de la japonesa, y conocer en persona a la morena no ayudó nada. Quería detenerla, pero… sonaba tan egoísta. -…Buen viaje…-Se terminó de despedir. Eso le dolía. Era de locos, la conocía mayormente de revistas y de programas de lucha libre y ya la amaba. Nunca le gustó tanto nadie. Siempre estuvo rodeada de pretendientes, pero nunca eligió a ninguno. Y mucho menos pensó en amar a una chica. Todo fue tan… espontaneo. La vio entrar en el aeropuerto. Las ganas de correr detrás de ella eran inmensas. Se resignó. Se dio la vuelta, pero paró en seco al ver al alguien, era Aisha. -¿Qué haces aquí?-Preguntó pero la otra solo la hizo entrar en el aeropuerto.
-Dix… ¿No decías que ella te gustaba? Vamos ¡Detenla! ¡No te quedes parada!-
-¿Cómo voy a detenerla? Ni que fuera mi novia.-
-Pero tú quieres que lo sea. Y si se vuelve a Japón no conseguirás ser su pareja.-
-¡No le gustan la chicas!-
-¿Acaso te lo ha dicho?-
-…-Se quedó callada.
-Venga, a por ella, yo tampoco quiero que se vaya.-
-Pero, ¿cómo…?-
-Solo detenla.-
-…-Dixie se quitó las gafas. -Vale…- Buscó a Reiko, y la encontró mirando su teléfono. -Reiko.-La llamó, esta solo la observó extrañada. -Reiko… por favor, no te vayas… quédate… todas queremos que estés aquí. Por favor… por mí… Re…-Fue interrumpida por un tierno abrazo de la morena. -Reiko…-
-No me iré… Acabo de hablar con mi padre y le dicho que me quedaré aquí.-
-¿De verdad?-
-Sí, aquí están todas las amigas que nunca tuve, no me pienso ir.-
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Lo sé, final pésimo.
¡Bye! *Kisu*
